+15 Poemas con metáforas (Cortos y para niños)

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Las metáforas suelen utilizarse en la lingüística y la literatura para establecer y aplicar una conexión o semejanza entre dos objetos (algunas veces sin ser nombrados directamente), en el que uno de ellos es empleado literalmente y el otro en sentido figurado.

Muchos poetas y escritores emplean la metáfora en sus obras para crear vínculos entre ideas, palabras, conceptos o cosas, o para atribuirles cualidades nuevas a lo que a simple vista puede ser ordinario y cotidiano, y que a su vez sean percibidas por el lector mediante su uso de razón.

Listado de los mejores poemas con metáforas

Las metáforas, nos ofrecen una amplia gama de posibilidades para ver el mundo desde una perspectiva nueva, de encontrar maravillas en lugares o cosas inesperadas.

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En Escribirte, a continuación te presentamos algunos poemas con metáforas, para que los disfrutes, compartas e incluso dediques.

Los poemas con metáforas son una forma de mezclar dos términos diferentes que estén en sintonía.

15. Alguien trajo una rosa (Vicente Gallego)

Saudade es un término portugués sin traducción que define esa sensación de melancolía, el anhelo de volver a experimentar o tener algo, tangible o no, pero, también poseer cierta certeza de que ese algo (o alguien) no regresará.

En este poema con metáforas, Vicente Gallego recuerda con nostalgia aquel sentimiento de bienestar, aquellos días claros del pasado en los que sólo es posible aferrarse a través de los recuerdos. Las rosas, tal como las vivencias de la vida, no poseerán el color, forma u olor característico de una primera vez.

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A carlos aleixandre
alguien trajo una rosa
hace ya algunos días, y con ella
trajo también algo de luz;
yo la puse en un vaso y poco a poco
se ha apagado la luz y se apagó la rosa.

Y ahora miro esa flor
igual que la miraron los poetas barrocos,
cifrando una metáfora en su destino breve:
tomé la vida por un vaso
que había que beber
y había que llenar al mismo tiempo,
guardando provisión para días oscuros;
y si ese vaso fue la vida,
fue la rosa mi empeño para el vaso.

Y he buscado en la sombra de esta tarde
esa luz de aquel día, y en el polvo
que es ahora la flor, su antiguo aroma,
y en la sombra y el polvo ya no estaba
la sombra de la mano que la trajo.

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Y hoy veo que la dicha, y que la luz,
y todas esas cosas que quisiéramos
conservar en el vaso,
son igual que las rosas: han sabido los días
traerme algunas, pero
¿qué quedó de esas rosas en mi vida
o en el fondo del vaso?

J.R.J. (Angel González)

La poesía, más allá de ser un conjunto de palabras adornadas, puede llegar convertirse en un trabajo que se forja con las manos. Un vehículo para expresar emociones, experiencias, una ventana a la mente y alma del escritor, quien te guía a entender lo que siente y expresa.  Ángel González, mezcla estos dos términos en este poema con metáfora.

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Debajo del poema laborioso mecánico,
apretaba las tuercas a un epíteto.

Luego engrasó un adverbio, dejó la rima a punto,
afinó el ritmo y pintó de amarillo el artefacto.

Al fin lo puso en marcha, y funcionaba.
No lo toques ya más,se dijo.

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Pero no pudo remediarlo: volvió a empezar,
rompió los octosílabos, los juntó todos,
cambio por sinestesias las metáforas,
aceleró…

Mas nada sucedía. Soltó un tropo,
dejó todas las piezas en una lata malva,
y se marchó, cansado de su nombre.

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El enamorado (Alfredo Fressia)

¿Dedicarías estas hermosas líneas del poeta y ensayista uruguayo Alfredo Fressia?

El cuerpo es un templo en el que
Te busco en el castillo de mi cuerpo, soy
un rey abandonado en su palacio,
soy el tirano de mis mudos huesos.

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Clausurado en mi cuerpo, te persigo
en la carrera de mi sangre,
te veo en los ojos que me arden
hasta girar la órbita de su reposo último,
te siento impenetrable entre mi vientre
como una dura catedral de vino.

Rey demente en su país de sangre,
te recorreré por estancias agrietadas
hasta que estalles la frontera de mi piel,
hasta que alumbres mi hueso con tu hueso,
hasta que oigan caer el esqueleto
tu acantilado varón
y mi destierro.

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El amor de las selvas (José Santos)

Este poema con metáfora refleja el deseo de abarcar cada aspecto de la vida, del más grande al más pequeño, con tal de estar junto a alguien que se ama, una entrega total:

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Yo apenas quiero ser humilde araña,
que en torno tuyo su hilazón tejiera;
y que, como explorando una montaña,
se enredase en tu misma cabellera.

Yo quiero ser gusano: hacer encaje;
dar mi capullo a las dentadas modas;
y, así, poder, en la prisión de un traje,
sentirte palpitar bajo mis sedas…

Y yo quiero también, cuando se exhala
toda esta fiebre que mi amor expande,
ir recorriendo la salvaje escala,
desde lo más pequeño a lo más grande.

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Yo quiero ser un árbol: darte sombra;
con mis ramas en flor hacerte abrigo;
y, con mis hojas secas, una alfombra,
donde te echaras a soñar conmigo…

Yo soy bosque sin trocha: ¡abre el sendero!
Yo soy astro sin luz: ¡prende la tea!
Cóndor, boa, jaguar, ¡yo apenas quiero
ser lo que quieres tú que por ti sea!

Yo quiero ser un cóndor: hacer gala
de aprisionar un rayo entre mi pico;
y, así, soberbio,… regalarte un ala,
para que te hagas della un abanico.

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Yo quiero ser un boa: en mis membrudos
lazos ceñirte la gentil cintura;
envolver las pulseras de mis nudos;
y morirme, oprimiendo tu hermosura…

Yo quiero ser jaguar de tus montañas;
y arrastrarte a mi propia madriguera,
para poder abrirte las entrañas…
¡y ver si tienes corazón siquiera!

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Te recuerdo como eras el último otoño / Poema 6 (Pablo Neruda)

Una prenda, un olor, un sabor, nos puede transportar a una época en específico, y al revivir esos recuerdos, ya no se sientan tan lejanos y quedan inmortalizados como una película que sólo nosotros podemos proyectar:

Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
y las hojas caían en el agua de tu alma.

Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.

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Siento viajar tus ojos es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos

y caían mis besos alegres como brasas.

Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma.
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.

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Mientras por competir con tu cabello (Luis Góngora)

En este soneto, Góngora refleja lo efímera que es la belleza y la juventud, es por ello que, esa etapa debe disfrutarse mientras dura, sin pensar mucho en las consecuencias:

Mientras por competir con tu cabello
Oro bruñido al sol relumbra en vano,
Mientras con menosprecio en medio el llano
Mira tu blanca frente al lilio bello;

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Mientras a cada labio, por cogello,
Siguen más ojos que al clavel temprano,
Y mientras triunfa con desdén lozano
Del luciente cristal tu gentil cuello,

Goza cuello, cabello, labio y frente,
Antes que lo que fue en tu edad dorada
Oro, lilio, clavel, cristal luciente,

No sólo en plata o vïola troncada
Se vuelva, más tú y ello juntamente
En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

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Rimas (Gustavo Adolfo Bécquer)

Existen tantos términos y maneras de definir el amor, pero algo que sí puede denominarse como un factor común, es esa sensación de alteración del orden y que da paso al estruendo, esa certeza de que en efecto, lo sientes:

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Los invisibles átomos del aire
En derredor palpitan y se inflaman;
El cielo se deshace en rayos de oro;
La tierra se estremece alborozada;
Oigo flotando en olas de armonía
Rumor de besos y batir de alas;
Mis párpados se cierran… ¿Qué sucede?
— ¡Es el amor que pasa!

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El día que me quieras (Amado Nervo)

Todos hemos imaginado ese momento en que el amor llega a ser correspondido, ese alguien especial nos dice ”sí” y todo de repente es mágico, el poema con metáfora ”El día que me quieras” es el reflejo perfecto de lo idílico que puede llegar a ser:

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El día que me quieras tendrá más luz que junio;
la noche que me quieras será de plenilunio,
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo
sus inefables cosas,
y habrá juntas más rosas
que en todo el mes de mayo.

Las fuentes cristalinas
irán por las laderas
saltando cristalinas
el día que me quieras.

El día que me quieras, los sotos escondidos
resonarán arpegios nunca jamás oídos.
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras
que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras.

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Cogidas de la mano cual rubias hermanitas,
luciendo golas cándidas, irán las margaritas
por montes y praderas,
delante de tus pasos, el día que me quieras…
Y si deshojas una, te dirá su inocente
postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente!

Al reventar el alba del día que me quieras,
tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras,
y en el estanque, nido de gérmenes ignotos,
florecerán las místicas corolas de los lotos.

El día que me quieras será cada celaje
ala maravillosa; cada arrebol, miraje
de “Las Mil y una Noches”; cada brisa un cantar,
cada árbol una lira, cada monte un altar.

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El día que me quieras, para nosotros dos
cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.

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Amor constante más allá de la muerte (Francisco de Quevedo)

Este poema con metáfora refleja una verdad inminente: todos los cuerpos perecerán algún día, pero sin ser fatalista:

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

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Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

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Tu me quieres blanca (Alfonsina Storni)

La psicología del color asocia el blanco con la pureza, inocencia, bondad, prudencia. Storni refleja en este poema con metáfora, que no siempre se debe esperar algo de alguien más, sin haberlo demostrado primero:

Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada .

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.

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Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua:

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Habla con los pájaros
y lévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

Mujer, perfúmame el campo (Juan Ramón Jiménez)

Entre rimas, Jiménez expresa el deseo de que su amor sea quien cure todos sus males, quien, con su gracia y atributos, ofrezca el antídoto a sus lamentos:

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Mujer, perfúmame el campo;
da a mi malestar tu aroma,
y que se pongan tus manos
entre el tedio de mis rosas.

Olor a carne y romero,
traje blanco y verdes hojas,
ojos negros entre todo
lo que azula y lo que dora!

Y tu risa de amor, y
tus concesiones de novia,
y el bien que siempre me has hecho
con el clavel de tu boca!

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Ay, corazón, que mal lates!
oh, mujer, cómo me llora
el alma entre tu fragancia,
cazadora blanca y rosa!

Pero mátame de carne,
que me asesine tu boca,
dardo que huela a tu sangre,
lengua, espada dulce y roja!

Mujer, perfúmame el campo;
da a mi malestar tu aroma,
y que se pongan tus manos
entre el tedio de mis rosas.

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Si me quieres, quiéreme entera (Dulce María Lyonaz)

Para querer no existen condiciones ni tabúes, es el dar todo o nada, sin excusas, ni preguntas, ni porqués, ni tal vez:

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!

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Si me quieres, no me recortes:
¡quiéreme toda… o no me quieras!

Mía: así te llamas (Rubén Darío)

Dos cuerpos, dos almas, dos corazones, en sintonía y armonía se vuelven uno y esta unión sublime, no puede ser efímera:

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Mía: así te llamas.
¿Qué más armonía?
Mía: luz del día,
Mía: rosas, llamas.

¡Qué aroma derramas
en el alma mía
si sé que me amas,
¡oh Mía!, ¡oh Mía!

Tu sexo fundiste
con mi sexo fuerte,
fundiendo dos bronces.

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Yo triste, tú triste…
¿No has de ser entonces
mía hasta la muerte?

Aeropuerto (Joaquín Gianuzzi)

Entre estas líneas Gianuzzi compara el desprendimiento de la unión física con la mental, en la que los involucrados se dirigen a caminos diferentes, hacia polos completamente opuestos:

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En la partida
el último tema de tu cabeza
en mi costado soñador.
El mundo
que se dispone a dividirse en dos;
y el avión
que suavemente se desprende
de estas consistencias
amarradas entre sí.
Y el azul que te alza y te devora
mientras yo desciendo
a la mitad sombría del planeta.

Poema (Carlos Oquendo de Amat)

El amor a veces nos hace idealizar a nuestra pareja, agregarle (o exagerarle) cualidades, en esta ocasión, la mujer, tal como una diosa, florece, enamora, magnifica y encanta todo a su paso, como lo expresa este poema con metáfora:

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Para ti
tengo impresa una sonrisa en papel japón

Mírame
que haces crecer la yerba de los prados

Mujer
mapa de música
claro de río
fiesta de fruta

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En tu ventana
cuelgan enredaderas de los volantes de los automóviles
y los expendedores disminuyen el precio de sus mercancías
déjame que bese tu voz

Tu voz
que canta en todas las ramas de la mañana

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En definitiva, la poesía y la metáfora se entrelazan para expresar mucho diciendo poco, llevando al lector a comprender ideas complejas, al compararlas con cotidianidades.

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