+15 Poemas de navidad para compartir en familia (Cortos, largos)

50 años hace

Poemas cortos, largos o para niños de navidad. Poemas de navidad para la familia ¿Qué es lo primero que pensamos cuando escuchamos el término ”navidad” o cuando estamos conscientes de que la festividad ya se acerca?

Tal vez regalos, bajas temperaturas, olores de platos típicos que perfuman cada espacio del hogar, la calidez de los abrazos de los seres más queridos reunidos, villancicos, las opciones son extensas y variarán de acuerdo al país y cultura.

Independientemente del motivo de la celebración, la navidad constituye una época para celebrar, compartir, disfrutar, analizar y recapacitar sobre aquellos momentos positivos y negativos durante el año y a su vez, renovar las esperanzas y proyectar las metas y sueños al año que pronto llegará.

Listado de poemas de navidad para ¡Compartir en familia!

En Escribirte, te presentamos una colección de poemas de navidad, que puedes compartir, leer o recitar con familiares o amigos, y así regocijarse en esta célebre ocasión.

La navidad es considerada la época más esperada del año, puesto que nos permite descansar y convivir en paz con la familia

15. La navidad me inspira (Jorge Javier Roque)

Muchas veces, el mejor regalo de navidad que puede entregar a un ser querido, más allá de lo lujoso u ostentoso del objeto, es el amor puro y sincero, como lo indica este poema de navidad:

La Navidad me inspira
es este espíritu mágico
que encuentro en cada esquina
el que me lleva a ti de pensamiento.
Ya vislumbro tu regalo
este año más que nunca
una promesa de amor sincera
esta Navidad más que nunca
lo sencillo llega más hondo
lo sencillo no te lo esperas
mi regalo, mi amor: un poema.

14. Nochebuena (Amado Nervo)

Amado Nervo, indica en estas líneas de júbilo y celebración la llegada del ”niño Dios” al mundo, el Mesías, aquel que salvará a la humanidad y traerá bendiciones a todo el que crea en él:

Pastores y pastoras,
abierto está el edén.
¿No oís voces sonoras?
Jesús nació en Belén.

La luz del cielo baja,
el Cristo nació ya,
y en un nido de paja
cual pajarillo está.

El niño está friolento.
¡Oh noble buey,
arropa con tu aliento
al Niño Rey!

Los cantos y los vuelos
invaden la extensión,
y están de fiesta cielos
y tierra… y corazón.

Resuenan voces puras
que cantan en tropel:
Hosanna en las alturas
al Justo de Israel!

¡Pastores, en bandada
venid, venid,
a ver la anunciada
Flor de David!…

13. Árbol de Navidad (Roberto Meza Fuentes)

Decorar el árbol de navidad brinda la oportunidad perfecta a las familias para reunirse y, entre villancicos y alegría, decorarlo con guirnaldas y demás accesorios, Roberto Meza, este poema de navidad resalta lo mágico de llevar a cabo esta tradición centenaria:

Árbol luminoso
de la Navidad,
tu cimera verde
nos dé claridad
y alegría y triunfo
en la tempestad:
Árbol luminoso
de la Navidad.

Eres, árbol claro,
un amanecer:
tu sombra es la fuente
que apaga la sed
y nos hace buenos
hasta sin querer:
Eres, árbol claro,
un amanecer.

Por ti es bello el mundo
y dulce el vivir,
árbol inefable
que no tiene fin,
alta y luminosa
torre de marfil:
Por ti es bello el mundo y dulce el vivir.

Nació en un pesebre
el Dios del amor,
hombre, por nosotros
conoció el dolor,
y alumbró la vida
con su resplandor:
Nació en un pesebre
el Dios del Amor.

Desde ti sonríe
el Niño de Luz,
besa nuestras almas
su mirada azul
y nos hace puros
amando, Jesús:
Desde ti sonríe
el Niño de Luz.

12. Villancico del llanto redentor (Francisco Luis Bernárdez)

Como la religión cristiana lo establece, Jesucristo vino al mundo a sacrificarse por nosotros y expiar nuestros pecados, este niño llegó para salvarnos y guiarnos, el sacrificio del mismísimo Dios de entregar a su hijo, para que la humanidad sea perdonada de todas sus fallas.

En el profundo silencio,
en la inmensa oscuridad,
un niño recién nacido
llora con voz celestial,
para anunciar a los vientos
a las estrellas y al mar
que viene a pagar la deuda
contraída por Adán.

Llora el niño y con su llanto
pagando la deuda irá.

Tan desmesurada es ella,
tan fuera de lo normal,
que sólo un ser infinito
la podría solventar;
un ser como el ser que acaba
de nacer en Navidad
para devolver al mundo
la vida y la libertad.

Llora el niño y con su llanto
la deuda pagando va.

Considerando el exceso
de nuestra necesidad,
Dios baja de su poder
a nuestra debilidad,
y con su llanto comienza
la tarea de pagar
por quienes no lo quisimos
reconocer ni escuchar.

Llora el niño y con su llanto
saldando la deuda está.

La sangre que por nosotros
en Pascua derramará
se anticipa en este llanto
que oímos en Navidad:
llanto que brota en el tiempo
para que la humanidad
merezca ser algún día
feliz en la eternidad.

Llora el niño y con su llanto
la deuda cancelará.

11. Romance del Nacimiento (San Juan de la Cruz)

En una humilde posada, la Virgen María trae al mundo al salvador. Ese encuentro sublime entre madre e hijo y a su vez  entre el hijo de Dios y la humanidad, se puede notar en este poema de navidad corto:

Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer había,
así como desposado
de su tálamo salía,

abrazado con su esposa,
que en sus brazos la traía,
al cual la graciosa Madre
en su pesebre ponía,

entre unos animales
que a la sazón allí había,
los hombres decían cantares,
los ángeles melodía,

festejando el desposorio
que entre tales dos había,
pero Dios en el pesebre
allí lloraba y gemía,

que eran joyas que la esposa
al desposorio traía,
y la Madre estaba en pasmo
de que tal trueque veía:

el llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro
tan ajeno ser solía.

10. Al nacimiento de Cristo (Lope de Vega)

Lope de Vega expresa en este poema aquel momento trascendental en el que Jesús llega al mundo, un instante que a través de los años ha ido trasmutando hasta convertirse en una fecha de compartir y amor por sobre todas las cosas con los más pequeños del hogar.

Repastaban sus ganados
a las espaldas de un monte
de la torre de Belén
los soñolientos pastores,

alrededor de los troncos
de unos encendidos robles,
que, restallando a los aires,
daban claridad al bosque.

En los nudosos rediles
las ovejuelas se encogen,
la escarcha en la hierba helada
beben pensando que comen.

No lejos los lobos fieros,
con los aullidos feroces,
desafían los mastines,
que adonde suenan, responden.

Cuando las oscuras nubes,
de sol coronado, rompe
un Capitán celestial
de sus ejércitos nobles,

atónitos se derriban
de sí mismos los pastores,
y por la lumbre las manos
sobre los ojos se ponen.

Los perros alzan las frentes,
y las ovejuelas corren
unas por otras turbadas
con balidos desconformes.

Cuando el nuncio soberano
las plumas de oro escoge,
y enamorando los aires,
les dice tales razones:

«Gloria a Dios en las alturas,
paz en la tierra a los hombres,
Dios ha nacido en Belén
en esta dichosa noche.

»Nació de una pura Virgen;
buscadle, pues sabéis donde,
que en sus brazos le hallaréis
envuelto en mantillas pobres».

Dijo, y las celestes aves
en un aplauso conformes
acompañando su vuelo
dieron al aire colores.

Los pastores, convocando
con dulces y alegres voces
toda la sierra, derriban
palmas y laureles nobles.

Ramos en las manos llevan,
y coronados de flores,
por la nieve forman sendas
cantando alegres canciones.

Llegan al portal dichoso
y aunque juntos le coronen
racimos de serafines,
quieren que laurel le adorne.

La pura y hermosa Virgen
hallan diciéndole amores
al niño recién nacido,
que Hombre y Dios tiene por nombre.

El santo viejo los lleva
adonde los pies le adoren,
que por las cortas mantillas
los mostraba el Niño entonces.

Todos lloran de placer,
pero ¿qué mucho que lloren
lágrimas de gloria y pena,
si llora el Sol por dos soles?

El santo Niño los mira,
y para que se enamoren,
se ríe en medio del llanto,
y ellos le ofrecen sus dones.

Alma, ofrecedle los vuestros,
y porque el Niño los tome,
sabed que se envuelve bien
en telas de corazones.

9. Resplandor del ser (Rosario Castellanos)

La fe es intangible, poderosa y no necesita grandiosas demostraciones, solo ese sentimiento en nuestros corazones de amor incondicional. Demostrado en un poema de navidad corto:

Para la adoración no traje oro.
(Aquí muestro mis manos despojadas)

Para la adoración no traje mirra.
(¿Quién cargaría tanta ciencia amarga?)

Para la adoración traje un grano de incienso:
mi corazón ardiendo en alabanzas

8. Jesús, el dulce, viene (Juan Ramón Jiménez)

El niño Dios llega con felicidad, iluminando todo a su paso, trayendo felicidad y bendiciones. Jesús es esa representación de pureza y bondad, alegría y esperanza, demostrado en estas rimas:

Jesús, el dulce, viene…
Las noches huelen a romero…
¡Oh, qué pureza tiene
la luna en el sendero!

Palacios, catedrales,
tienden la luz de sus cristales
insomnes en la sombra dura y fría…
Mas la celeste melodía
suena fuera…
Celeste primavera
que la nieve, al pasar, blanda, deshace,
y deja atrás eterna calma…

¡Señor del cielo, nace
esta vez en mi alma!

7. Los tres reyes magos (Rubén Darío)

Cuenta la historia que viajaron desde muy lejos a ofrecerle presentes al rey recién nacido, los tres Reyes Magos, siguieron la estrella que los llevó al maravilloso encuentro con el gran salvador. Este poema de navidad lo relata:

—Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!

—Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. El es la luz del día.
¡La blanca flor tiene sus pies en lodo
y en el placer hay la melancolía!

—Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. El es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.

—Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor, ya su fiesta os convida.
¡Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la Vida!

6. Instante navideño (George Pellicer)

¿Qué hace de la navidad una festividad tan cálida y especial? Seguramente es esa unión familiar, la mezcla de amor, cariño y alegría que armoniza cada hogar alrededor del mundo, a esto se refiere este poema de navidad:

Mi Navidad no necesita árbol ni frío,
solo el calor de mis seres queridos,
a los que aprecio todo el año,
pero disfruto un instante y llenan mi vacío.

5. Villancico de las manos vacías (José María Pemán)

El mejor regalo que podemos dar, es aquel que sale desde lo más profundo de nuestro corazón, sin alardear, solo demostrar nuestros sentimientos más puros y reales:

Yo tenía
tanta rosa de alegría,
tanto lirio de pasión,
que entre mano y corazón
el Niño no me cabía…

Dejé la rosa primero.
Con una mano vacía
– noche clara y alba fría –
me eché a andar por el sendero.

Dejé los lirios después.
Libre de mentiras bellas,
me eché a andar tras las estrellas
con sangre y nieve en los pies.

Y sin aquella alegría,
pero con otra ilusión,
llena la mano y vacía,
cómo Jesús me cabía
– ¡y cómo me sonreía! –
entre mano y corazón

4. Soneto del dulce nombre (Francisco Luis Bernárdez)

La Madre de Dios, aquella humilde servidora, llena de pureza, amor, entrega  y devoción, que aceptó el elevado compromiso de llevar al salvador en su vientre, es celebrada, enaltecida y alabada en este poema de navidad de Francisco Luis Bernárdez:

Si el mar que por el mundo se derrama
tuviera tanto amor como agua fría,
se llamaría, por amor, María
y no tan sólo mar, como se llama.

Si la llama que el viento desparrama,
por amor se quemara noche y dia,
esta llama de amor se llamaría
María, simplemente en vez de llama.

Pero ni el mar de amor inundaría
con sus aguas eternas otra cosa
que los ojos del ser que sufre y ama,

ni la llama de amor abrasaría,
con su energía misericordiosa,
sino el alma que llora cuando llama

3. Canción de Navidad (Eduardo Marquina)

El precioso encuentro entre madre e hijo, la unión en alma y espíritu en un acto de amor puro y trascendental, es descrito entre estas líneas:

La Virgen María
penaba y sufría.
Jesús no quería
dejarse acostar
– ¿No quieres?
– No quiero.

Cantaba un jilguero
sabía a romero
y a luna el cantar.
La Virgen María
probó si podía
del son que venía
la gracia copiar.

María cantaba,
Jesús la escuchaba
José que aserraba,
dejó de aserrar.

La Virgen María
cantaba y reía,
Jesús se dormía
de oírla cantar.

Tan bien se ha dormido
que el día ha venido,
inútil ha sido
gritarle y llamar.

Y, entrando ya el día,
como él aún dormía,
para despertarle
¡la Virgen María
tuvo que llorar!

2. Yo vengo de ver (Lope de Vega)

Jesús llega al mundo aquella noche decembrina siendo vulnerable en un humilde pesebre, sin más cobijo que el que ofrece su madre, así lo indica Lope de Vega en este poema de navidad:

Yo vengo de ver, Antón,
un niño en pobrezas tales,
que le di para pañales
las telas del corazón.

1. Nana de la Virgen María (Claudio Rodríguez)

María tuvo la importante labor de traer al hijo de Dios al mundo, pero no por ello fue ajena a experimentar ese sentimiento maternal, de amor arraigado e incondicional hacia su pequeño e inocente hijo, de protegerlo y cuidarlo sobre todas las cosas:

Duérmete, Niño amante
luz de mi sueño.
Duérmete sin cuidados
que yo te velo

Cuando caiga la noche
sobre el silencio,
se hará cojín de espumas
mi blanco pecho.

Cuando frías estrellas
nieven del cielo
será para tu carne
pañal mi beso.

Cuando sepan pastores…
Cuando el misterio…
¡Duérmete, Niño amante,
luz de mi sueño!

¿Por qué tienes los ojos
limpios y abiertos?…
Ya más no puedo darte…
Duerme, lucero.
Duérmete. Mira:
hosannas
dicen los vientos…
(Despacio…
Callad
Despacio,
que está durmiendo…)

La navidad y sus tradiciones nos dan una lección de valores: amor, solidaridad, paz, unión, gratitud, sinceridad. Nos brinda la oportunidad de vivir momentos únicos e inigualables junto a las personas que más queremos y nos permite renovar la fe y la esperanza de que el año próximo podrá ser mejor que el anterior.

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