+19 Poemas en castellano: Amor y sutileza

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La resistencia que ha tenido la poesía en la literatura universal ha hecho que los poemas en castellano representen  una gran influencia para su permanencia.

El castellano, es el dialecto románico nacido en el Reino de Castilla durante la Edad Media.

Probablemente los poetas más conocidos hoy en día no sean poetas actuales, aunque los haya muy buenos. Los poemas escritos en esta lengua universal abarcan trata diversos temas, pueden ir desde cuestiones intimistas.

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Desde el amor, las mujeres, los sentimientos, la sutileza, las cosas, en fin, un sin fin de temas que abordan lo social, lo religioso, lo político, entre otros.

Existen todo tipo de poemas en castellano

La belleza de los poemas en castellano, nos llena de orgullo, ya que expresan en imágenes los sentimientos o ideas de una forma artística.

Los poemas en castellano describen las historias, culturas y costumbres de nuestros pueblos, por lo que ayuda a una mejor comprensión del entorno.

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Poemas en castellano: belleza y sutileza

Teniendo sus orígenes en el Latín, el castellano comenzó a distinguirse en la literatura, con los romances, ya que estos diferían entre uno y otro país.

Por lo que comenzó a denominarse romance castellano, así como el romance leonés, romance aragonés, etc., todo esto durante el siglos IX y X.

La poesía le otorga a los escritores la libertad de apropiarse del lenguaje para re-significarlo.

Es necesario aclarar que también la poesía es un espacio de revolución. En ese sentido, muchos poetas se han comprometido con su tiempo y han escrito para denunciar las injusticias y promover un cambio de actitud.

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20 poemas de amor y una canción desesperada: Pablo Neruda

Como uno de los grandes poetas del español, nos encontramos con el poeta chileno Pablo Neruda, considerado entre los más destacados e influyentes artistas del siglo XX.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

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Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

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El viaje definitivo: Juan Ramón Jiménez

Traemos en este pequeño reencuentro, al poeta español y ganador del premio Nobel de Literatura Juan Ramón Jiménez, quien con la sutileza de su pluma plasma sobre lo que sería un gran viaje.

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando.
Y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

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Se morirán aquellos que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado,

del coche de las cinco, de las siestas del baño,
en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu de hoy errará, nostáljico…

Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

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El niño de la noche: Miguel Hernández

En el siguiente poema, la selección se inclinó hacia el poeta español Miguel Hernández, quien se destacó por la hondura y autenticidad de sus versos, reflejo de su compromiso social y político.

Riéndose, burlándose con claridad del día,
se hundió en la noche el niño que quise ser dos veces.
No quise más la luz. ¿Para qué? No saldría
más de aquellos silencios y aquellas lobregueces.

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Quise ser… ¿Para qué?… Quise llegar gozoso
al centro de la esfera de todo lo que existe.
Quise llevar la risa como lo más hermoso.
He muerto sonriendo serenamente triste.

Niño dos veces niño: tres veces venidero.
Vuelve a rodar por ese mundo opaco del vientre.
Atrás, amor. Atrás, niño, porque no quiero
salir donde la luz su gran tristeza encuentre.

Regreso al aire plástico que alentó mi inconsciencia.
Vuelvo a rodar, consciente del sueño que me cubre.
En una sensitiva sombra de transparencia,
en un íntimo espacio rodar de octubre a octubre.

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Vientre: carne central de todo lo existente.
Bóveda eternamente si azul, si roja, oscura.
Noche final en cuya profundidad se siente
la voz de las raíces y el soplo de la altura.

Bajo tu piel avanzo, y es sangre la distancia.
Mi cuerpo en una densa constelación gravita.
El universo agolpa su errante resonancia
allí, donde la historia del hombre ha sido escrita.

Mirar, y ver en torno la soledad, el monte,
el mar, por la ventana de un corazón entero
que ayer se acongojaba de no ser horizonte
abierto a un mundo menos mudable y pasajero.

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Acumular la piedra y el niño para nada:
para vivir sin alas y oscuramente un día.
Pirámide de sal temible y limitada,
sin fuego ni frescura. No. Vuelve, vida mía.

Mas, algo me ha empujado desesperadamente.
Caigo en la madrugada del tiempo, del pasado.
Me arrojan de la noche. Y ante la luz hiriente
vuelvo a llorar desnudo, como siempre he llorado.

A un olmo seco: Antonio Machado

Tomando en cuenta a los grandes poetas españoles, no podíamos dejar escapar a Antonio Machado,  fue el más joven representante de la generación del 27.

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Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

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Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;

antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino

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y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

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Definición del amor: Francisco de Quevedo

En la selección realizada no podíamos dejar al poeta español, Francisco de Quevedo quien cultivó todos los géneros literarios de su época y fue un hombre de acción envuelto en las intrigas.

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

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Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¿Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

Alma desnuda: Alfonsina Storni

Para este reencuentro de poetas que escribieron en castellano, nos encontramos con la poeta Alfonsina Storni quien tuvo una vida tan dura como apasionante.

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Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.

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Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.

Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.

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Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.

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Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.

Más contenido que te encantará

Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.

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Lo fatal: Rubén Darío

Entre los poemas seleccionados, tenemos el poema Lo fatal del poeta nicaragüense, Rubén Darío, quien fue que fue el iniciador y el máximo representante del Modernismo.

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

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lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…

Canta pájaro amante: Lope de Vega

Entre los clásicos del español, no podíamos dejar escapar el lopecismo o a Lope de Vega. Siendo uno de los mejores dramaturgos de su época, nos trae este poema sobre la naturaleza.

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Canta pájaro amante en la enramada
selva a su amor, que por el verde suelo
no ha visto al cazador que con desvelo
le está escuchando, la ballesta armada.

Tirale, yerra. Vuela, y la turbada
voz en el pico transformada en yelo,
vuelve, y de ramo en ramo acorta el vuelo
por no alejarse de la prenda amada.

Desta suerte el amor canta en el nido;
mas luego que los celos que recela
le tiran flechas de temor de olvido,

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huye, teme, sospecha, inquiere, cela,
y hasta que ve que el cazador es ido,
de pensamiento en pensamiento vuela.

Cultivo una rosa blanca: José Martí

Entre los poetas representantes del español, ubicamos al cubano y revolucionario José Martí, quien a través del poema Cultivo una rosa blanca, nos habla de cultivar el amor.

Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

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Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.

Acabar con todo: Octavio Paz

Junto con Pablo Neruda y César Vallejo, Octavio Paz conforma la tríada de grandes poetas que, tras el declive del modernismo,. En este poema de Octavio Paz nos brinda un poema para la reflexión sobre las cosas.

Dame, llama invisible, espada fría,
tu persistente cólera,
para acabar con todo,
oh mundo seco,
oh mundo desangrado,
para acabar con todo.

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Arde, sombrío, arde sin llamas,
apagado y ardiente,
ceniza y piedra viva,
desierto sin orillas.

Arde en el vasto cielo, laja y nube,
bajo la ciega luz que se desploma
entre estériles peñas.

Arde en la soledad que nos deshace,
tierra de piedra ardiente,
de raíces heladas y sedientas.

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Arde, furor oculto,
ceniza que enloquece,
arde invisible, arde
como el mar impotente engendra nubes,
olas como el rencor y espumas pétreas.

Entre mis huesos delirantes, arde;
arde dentro del aire hueco,
horno invisible y puro;
arde como arde el tiempo,

como camina el tiempo entre la muerte,
con sus mismas pisadas y su aliento;
arde como la soledad que te devora,
arde en ti mismo, ardor sin llama,
soledad sin imagen, sed sin labios.

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Para acabar con todo,
oh mundo seco,
para acabar con todo.

Alma ausente: Federico García Lorca

Como parte de la selección de los grandes poetas españoles, nos encontramos con el poema El ausente del poeta Federico García Lorca, quien fue el poeta de mayor influencia y popularidad de la literatura española del siglo xx.

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No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.

No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y montes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.

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Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.

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A un general: Julio Cortázar

En este repertorio de poemas en castellano, no podía faltar el argentino Julio Cortázar con el poema A un general, que responde a un poema de corte político y o revolucionario, como prefieren otros autores.

Región de manos sucias de pinceles sin pelo
de niños boca abajo de cepillos de dientes
Zona donde la rata se ennoblece

y hay banderas innúmeras y cantan himnos
y alguien te prende, hijo de puta,
una medalla sobre el pecho
Y te pudres lo mismo.

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Despedida: Alejandra Pizarnik

De la poeta argentina Alejandra Pizarnik, extraemos el poema Despedida, que en pocas palabras nos introduce en la tristeza de lo que significa el abandono.

Mata su luz un fuego abandonado.
Sube su canto un pájaro enamorado.
Tantas criaturas ávidas en mi silencio
y esta pequeña lluvia que me acompaña.

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Síndrome: Mario Benedetti

Igualmente, incluimos al dramaturgo uruguayo, Mario Benedetti, con el poema Síndrome que representa una visión holística del poeta sobre su vida y su historia.

Todavía tengo casi todos mis dientes
casi todos mis cabellos y poquísimas canas
puedo hacer y deshacer el amor
trepar una escalera de dos en dos

y correr cuarenta metros detrás del ómnibus
o sea que no debería sentirme viejo
pero el grave problema es que antes
no me fijaba en estos detalles.

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Rima LX: Gustavo Adolfo Bécquer

Este poeta español, uno de los últimos representantes del Romanticismo del siglo XIX, cobró reconocimiento luego de su muerte. Su poema Rima LX que muestra a veces el infortunio que se recorre en el camino.

Mi vida es un erial,
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.

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La montaña rusa: Nicanor Parra

Y continuando con la línea, el poeta chileno, quien fue polifacético, que se dedicó a la poesía, las matemáticas y la física con similar éxito y reconocimiento, taremos La montaña rusa que describe el tormento de la poesía.

Durante medio siglo
La poesía fue
El paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
Y me instalé con mi montaña rusa.

Suban, si les parece.
Claro que yo no respondo si bajan
Echando sangre por boca y narices.

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En el árbol de mi pecho: Gloria Fuertes

Gloria Fuertes García fue una popular poeta española incluida en la ‘Generación del 50’, posterior al movimiento literario de la primera generación de posguerra.

En este poema En el árbol de mi pecho, describe a través de una metáfora la opresión o la presión que tiene como poeta.

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En el árbol de mi pecho
hay un pájaro encarnado.
Cuando te veo se asusta,
aletea, lanza saltos.

En el árbol de mi pecho
hay un pájaro encarnado.
Cuando te veo se asusta,
¡eres un espantapájaros!

El poeta es un fingidor: Fernando Pessoa

Aunque Fernando Pessoa, es un escritor portugués, tiene escritos en castellano. En el poeta es un fingidor, describe la posición que tiene el poeta frente a su audiencia.

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El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente.

Y, en el dolor que han leído,
a leer sus lectores vienen,
no los dos que él ha tenido,
sino sólo el que no tienen.

Y así en la vida se mete,
distrayendo a la razón,
y gira, el tren de juguete
que se llama corazón.

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Desvelada: Gabriela Mistral

Poetisa y educadora chilena, fue galardonada en 1951 con el Premio Nacional de Literatura de Chile. En el poema Desvelada, nos narra  sobre el desvelo y la espera.

Como soy reina y fui mendiga, ahora
vivo en puro temblor de que me dejes,
y te pregunto, pálida, a cada hora:
«¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!»

Quisiera hacer las marchas sonriendo
y confiando ahora que has venido;
pero hasta en el dormir estoy temiendo
y pregunto entre sueños: «¿No te has ido?»

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