+5 Autores de poemas famosos (Poemas y más)

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El talento de los poetas rebasa las barreras de lo personal y sus poemas llegan a ser parte de cada uno de sus fieles lectores. En sus poemarios o en poemas lanzados a la luz de la inspiración de media noche, los grandes autores de poemas del mundo nos regocijan con sus versos.

Desde Europa a América, de Asia a Oriente Medio, los autores de poemas llevan en sus idiomas originales o en las traducciones y adaptaciones, sentimientos de amor, desdicha, alegría, entusiasmo, desamor, tristeza, desesperanza.

¿Cuales son los autores de poesía mas famosos?

Autores de poesía hay millones. Unos conocidos por sus nombres, otro, como en el caso de Pablo Neruda, por sus seudónimos, algunos más, son autores de hermosos versos desde el anonimato.

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Entre los nombres de autores de poemas famosos podemos encontrarnos con: Mario Benedetti, Pablo Neruda, Octavio Paz, Gabriela Mistral, William Shakespeare, Federico García Lorca, Julio Cortázar, Gloria Fuente y pare usted de contar, pues nuestra lista sería interminable para tan grandes genios.

En Escribirte te daremos un repaso por cuatro grandes autores de poesía: Pablo Neruda, Emiliy Dickns, Yukio Mishima y Julio Cortázar.

Sabemos que no será suficiente, sabemos que hay muchos más nombres, pero estas son nuestras propuestas.

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4.- Pablo Neruda

Nacido bajo el nombre de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto el 12 de julio de 1904, en Santiago de Chile, escogió el nombre artístico de Pablo Neruda.

Premio Nobel de Literatura 1971, Neruda murió en los primeros días de la dictadura militar de Augusto Pinochet.  Aún hoy, existen dudas sobre si su muerte fue causada por agentes pinochetistas o de verdad falleció de causas naturales.  Fue autor de unos 45 poemarios que hoy en día están traducidos a 35 idiomas.

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Entre los mejores poemas de Pablo neruda nos encontramos con:

Soneto 22

“Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,
sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,
en regiones contrarias, en un mediodía quemante:
eras sólo el aroma de los cereales que amo.

Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa
en Angola, a la luz de la luna de Junio,
o eras tú la cintura de aquella guitarra
que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido.

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Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.
En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.
Pero yo ya sabía cómo era. De pronto

mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:
frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.
Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino”.

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Poema 1

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.

Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar al hijo del fondo de la tierra.
Fui sólo como un túnel. De mí huían los pájaros,
y en mí la noche entraba en su invasión poderosa.

Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.
Pero cae la hora de la venganza, y te amo.

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Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.

¡Ah los vasos del pecho! ¡Ah los ojos de ausencia!
¡Ah las rosas del pubis! ¡Ah tu voz lenta y triste!
Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.

Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue y el dolor infinito.

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Si tú me olvidas

Quiero que sepas una cosa.

Tú sabes cómo es esto:
si miro la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco junto al fuego la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti, como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.

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Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco.

Si de pronto me olvidas no me busques,
que ya te habré olvidado.

Si consideras largo y loco
el viento de banderas que pasa por mi vida
y te decides a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa que en ese día,
a esa hora levantaré los brazos
y saldrán mis raíces a buscar otra tierra.

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Pero si cada día,
cada hora sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.

Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,
en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.

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Poema 12

Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.

Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.

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Es en ti la ilusión de cada día.

Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.

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Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.

Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.

Yo desperté y a veces emigran
y huyen pájaros que dormían en tu alma.

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Puedo escribir los versos más tristes esta noche…

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

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El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.

La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

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3.- Emily Dickinson

Emily Dickinson es considerada una de las grandes autoras de poesía de la literatura estadounidense junto a figuras masculinas como Edgar Allan Poe o Walt Whitman.

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Nació en 1830 y murió 56 años más tardes.  Era conocida por su personalidad que rayaba en el ostracismo, por ello quizás nunca se casó.  En vida no publicó sino una docena de sus más de 1800 poemas.

Entre los mejores poemas de Emily Dickinson nos encontramos con:

Cuando cuento las semillas

Cuando cuento las semillas
sembradas allá abajo
para florecer así, lado a lado;

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cuando examino a la gente
que tan bajo yace
para llegar tan alto;

cuando creo que el jardín
que no verán los mortales
siega el azar sus capullos
y sortea a esta abeja,
puedo prescindir del verano, sin queja.

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Él era débil y yo era fuerte

Él era débil y yo era fuerte,
después él dejó que yo le hiciera pasar
y entonces yo era débil y él era fuerte,
y dejé que él me guiara a casa.

No era lejos, la puerta estaba cerca,
tampoco estaba oscuro, él avanzaba a mi lado,
no había ruido, él no dijo nada,
y eso era lo que yo más deseaba saber.

El día irrumpió, tuvimos que separarnos,
ahora ninguno de los dos era más fuerte,
él luchó, yo también luché,
¡pero no lo hicimos a pesar de todo!

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Ensueño

Para fugarnos de la tierra
un libro es el mejor bajel;
y se viaja mejor en el poema
que en el más brioso y rápido corcel

Aun el más pobre puede hacerlo,
nada por ello ha de pagar:
el alma en el transporte de su sueño
se nutre sólo de silencio y paz.

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La sortija

En mi dedo tenía una sortija.
La brisa entre los árboles erraba.
El día estaba azul, cálido y bello.
Y me dormí sobre la yerba fina.

Al despertar miré sobresaltada
mi mano pura entre la tarde clara.
La sortija entre mi dedo ya no estaba.
Cuanto poseo ahora en este mundo
es un recuerdo de color dorado.

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Certidumbre

Yo jamás he visto un yermo
y el mar nunca llegué a ver
pero he visto los ojos de los brezos
y sé lo que las olas deben ser.

Con Dios jamás he hablado
ni lo visité en el Cielo,
pero segura estoy de adónde viajo
cual si me hubieran dado el derrotero

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2.- Yukio Mishima

Nacido en Japón en 1925, es considerado uno de los grandes autores de poesía de ese país asiático en la post guerra.  Su nombre real era Kimitake Hiraoka, fue candidato en 1968 para el Premio Nobel de Literatura.

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Entre los mejores poemas de Yukio Mishima nos encontramos con:

Icaro

¿Pertenezco yo, entonces, a los cielos?
¿Por qué, sino, deberían los cielos
Fijarme con esta incesante mirada azul,
Tentándonos, a mí y a mi mente, más alto
Aún más alto, arriba en los cielos,
Atrayéndome incesantemente hacia arriba
A lo alto lejos, lejos, lejos de lo humano?
¿Por qué, si el equilibrio ha sido estrictamente estudiado
Y el vuelo calculado con lo mejor de la razón
Hasta que ningún elemento aberrante debiera, por derecho,
[permanecer –
Por qué, aún, debiera la lujuria de la ascención
Parecer, en sí misma, cercana a la locura?
Nada hay que pueda satisfacerme;

Las novedades terrenas se opacan demasiado rápido;
Me veo llevado más y más alto, más inestable,
Más y más cerca de la refulgencia del sol.

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¿Por qué me queman, estos rayos de razón,
Por qué estos rayos de razón me destruyen?
Los pueblos alla abajo y los serpenteantes arroyos,
Se tornan tolerables mientras nuestra distancia crece.

¿Por qué alegan, aprueban, y me tientan
Con la promesa de que puedo amar lo humano
Si sólo se ve, esto, de lejos-
Aunque la meta nunca podría ser el amor,
Ni, si lo hubiese sido, podría yo nunca
Haber pertenecido a los cielos?

No he envidiado a los pájaros su libertad
Ni he sentido nostalgia por la paz de la Naturaleza,
Impulsado por nada salvo este ansia extraña

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De lo más elevado, y lo más cercano, para sumergirme
En el azul profundo del cielo, tan contrario
A todas las dichas orgánicas, tan lejano

De los placeres de la superioridad

Pero más alto, más alto,
Deslumbrado, quizá, por la mareada incandescencia
De las alas enceradas.

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¿O acaso entonces
Pertenezco, después de todo, a la tierra?

¿Por qué, sino, debería la tierra
Mostrar tal ligereza para circundar mi caída?
Sin ofrecer ningún espacio para pensar o sentir,
Por qué entonces la blanda, indolente tierra
Me recibió con el impacto de su plato de acero?
¿Acaso la blanda tierra se volvió acero
Sólo para mostrarme mi propia blandura?
Que la Naturaleza trajera el hogar a mí
Que caer, no volar, está en el orden de las cosas,
Más natural por lejos que aquella imponderable pasión?
¿Es el azul del cielo, entonces, un sueño?

¿Fue diseñado por la tierra, a la que yo pertenecía,
En relación a la fugaz, blanco-quemante intoxicación
Conseguida por un momento por las alas enceradas?
¿Y favorecieron los cielos el plan para castigarme?

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Para castigarme por no creer en mí mismo
O por creer demasiado;

Demasiado anhelante de saber dónde residía mi lealtad
O vanamente asumiendo que ya lo sabía todo;
Por querer partir volando
A lo desconocido
O a lo conocido:
¿Ambos el mismo azul pedacito de una idea?

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Sed de Amor

Ella deseaba una muerte lenta,
gestada durante un dilatado espacio de tiempo,
y no una muerte común, ordinaria.

¿No era, acaso, que buscaba en las profundidades de sus celos
algo que le permitiese no tener que temer ese sentimiento nunca más?
Tras ese sórdido anhelo,
tan miserable como el apetito de carroña,
¿no se escondía un ferviente deseo de tenerlo todo para sí, un ansia sin fin ni propósito?

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1.- Julio Cortázar

Julio Florencio Cortázar fue un escritor argentino nacido en 1914 en Bélgica. Durante la dictadura argentina, sin renunciar a su nacionalidad, tomó la francesa, como una forma de protesta.

Aunque es más conocido por su narrativa, que para la época rompió los esquemas de lo tradicional, fue también un autor de poesía.

Entre los mejores poemas de Julio Cortázar nos encontramos con:

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Happy New Year

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla como un sapito que duerme así contento.

Necesito esa puerta que me dabas para entrar a tu mundo,
ese trocito de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche de fin de año de lechuzas roncas?

No puedes, por razones técnicas.

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Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma y el dorso,
ese país de azules árboles.

Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

Veredas de Buenos Aires

De pibes la llamamos: “la vedera”
Y a ella le gustó que la quisiéramos,

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En su torno sufrido dibujamos Tantas rayuelas.

Después, ya más compadres,
taconeando Dimos vuelta manzana con la barra,

Silbando fuerte para que la rubia
Del almacén saliera, con sus lindas trenzas
A la ventana.
A mí me tocó un día irme muy lejos

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Pero no me olvidé de las “vederas”
Pero no me olvidé de las “vederas”.

Aquí o allá, las siento en los tamangos
Como la fiel caricia de mi tierra.
¡Cuánto andaré por “ ái ” hasta que pueda volver a verlas…!

La lenta máquina del desamor

La lenta máquina del desamor,
los engranajes del reflujo,
los cuerpos que abandonan las almohadas,
las sábanas, los besos,
y de pie ante el espejo interrogándose cada uno a sí mismo,
ya no mirándose entre ellos,
ya no desnudos para el otro,
ya no te amo, mi amor.

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After such pleasures

Esta noche, buscando tu boca en otra boca casi creyéndolo,
porque así de ciego es este río que me tira en mujer
y me sumerge entre sus párpados,
qué tristeza es nadar al fin hacia la orilla del sopor
sabiendo que el sopor es ese esclavo innoble que acepta las monedas falsas,
las circula sonriendo.

Olvidada pureza,
cómo quisiera rescatar ese dolor de Buenos Aires,
esa espera sin pausas ni esperanza.

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Solo en mi casa abierta sobre el puerto otra vez empezar a quererte,
otra vez encontrarte en el café de la mañana sin que tanta cosa irrenunciable hubiera sucedido.

Y no tener que acomodarme de este olvido que sube para nada,
para borrar del pizarrón tus muñequitos
y no dejarme más que una ventana sin estrellas.

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Nocturno

Nocturno

Tengo esta noche las manos negras,
el corazón sudado como después de luchar hasta el olvido con los ciempiés del humo.

Todo ha quedado allá,
las botellas, el barco,
no sé si me querían y si esperaban verme.

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En el diario tirado sobre la cama dice encuentros diplomáticos,
una sangría exploratoria, lo batió alegremente en cuatro sets.

Un bosque altísimo rodea esta casa en el centro de la ciudad,
yo sé, siento que un ciego está muriéndose en las cercanías.

Mi mujer sube y baja una pequeña escalera como un capitán de navío que desconfía de las estrellas.

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Hay una taza de leche,
papeles, las once de la noche.

Afuera parece como si multitudes de caballos se acercaran a la ventana que tengo a mi espalda.

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+5 Poemas cortos de autores de poemas famosos

A veces los poemas cortos son mucho más apasionados y con más sentidos que versos interminables. Los grandes autores de la poesía mundial lo saben, y nos han regalado decenas de cientos.

Acompáñanos a recorres +5 poemas cortos de autores conocidos, y no tan conocidos.

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5.- Cada canción (Federico García Lorca)

De entre los poemas cortos de autores famosos, el español Federico García Lorca destaca.  Tiene varios en su haber, incluso infantiles.  “Cada canción” es romántico y nos traslada a la nostalgia de un amor que ya no está.

Cada canción es un remanso del amor.
Cada lucero, un remanso del tiempo. Un nudo del tiempo.
Y cada suspiro un remanso del grito.

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4.- Aquí (Octavio Paz)

Como parte de nuestros poemas cortos de autores, nos llega desde México lindo y querido Octavio Paz.  “Aquí”, es surrealista y sencillo y  explora los sonidos en la ciudad al caminarla de noche.

Mis pasos en esta calle
Resuenan
En otra calle
Donde
Oigo mis pasos
Pasar en esta calle
Donde
Sólo es real la niebla.

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3.- Fragmento Contigo (Luis Cernuda)

El español Luis Cernuda demuestra en este poema corto,su amor incondicional a una dama, sin la que no concibe la existencia.

¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.
¿Mi gente?
Mi gente eres tú.
El destierro y la muerte
para mi están adonde
no estés tú.

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2.- La montaña rusa (Nicanor Parra)

Nicanor Parra, desde Chile nos lleva en su montaña rusa al mundo de los poemas cortos de autores. Parra es considerado uno de los creadores de la llamada “antipoesía”.

Durante medio siglo la poesía fue
el paraíso del tonto solemne.

Hasta que vine yo,
y me instalé con mi montaña rusa.
Suban, si les parece.
Claro que yo no respondo si bajan
Echando sangre por boca y narices

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1.- Recuerdo que dejo (Nezahualcoyotl)

El rey Nezahualcoyotl  el “rey filósofo”, levanta su voz desde el México aborigen, antes de la colonización española. Un grito desesperado para no desaparecer, para no ser olvidado.

¿Con qué he de irme?
¿Nada dejaré en pos de mi sobre la tierra?
¿Cómo ha de actuar mi corazón?
¿Acaso en vano venimos a vivir,
a brotar sobre la tierra?
Dejemos al menos flores.
Dejemos al menos cantos.

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Y con este recuerdo de los habitantes originarios de América finaliza nuestra muestra de 5 poemas cortos de autores.  Además, conocimos un poco más de la vida y obra de cuatro grandes autores de poesía.

Sigue leyendo nuestros demás artículos, para que termines de enamorarte de la poesía en todas sus facetas.

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¡Esperamos tus comentarios!

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