+20 Poemas clásicos cortos de ¡AMOR!

50 años hace

Los poemas siempre han engalanado las plumas más finas de la historia. Es muy común observar que los grandes literatos de la humanidad siempre han tenido algo que ver o algo que decir con respecto a la poesía. Existen cientos de poemas clásicos que nos dejan grandes enseñanzas y enriquecen nuestras vidas.

+20 Poemas clásicos de la mano de grandes plumas

Lo clásico se apodera de los tiempos por ser algo cargado de elegancia, de prudencia, de exquisitez y buen gusto. Repasemos juntos estos poemas clásicos de la mano de distinguidos poetas, españoles, argentinos, venezolanos y más.

Poemas cortos de amor, convertidos en grandes clásicos.

20. Silencio (Andrés Eloy Blanco)

Un poema clásico de amor que, con un gusto excelente, cuenta la historia de quienes se aman y se amarán por siempre en compañía intrínseca del Silencio.

Cuando tú te quedes muda,
cuando yo me quede ciego,
nos quedarán las manos
y el silencio.

Cuando tú te pongas vieja,
cuando yo me ponga viejo,
nos quedarán los labios
y el silencio.

Cuando tú te quedes muerta,
cuando yo me quede muerto,
tendrán que enterrarnos juntos
y en silencio;

y cuando tú resucites,
cuando yo viva de nuevo,
nos volveremos a amar
en silencio;

y cuando todo se acabe
por siempre en el universo,
será un silencio de amor
el silencio.

19. Bosque de música (Vicente Gerbasi)

Gerbasi nos demuestra con este poema clásico que lo inverosímil es punto focal de grandes versos e inspiración para letras hermosas.

Mi ser fluye en tu música,
bosque dormido en el tiempo,
rendido a la nostalgia de los lagos del cielo.
¿cómo olvidar que soy oculta melodía
y tu adusta penumbra voz de los misterios?
He interrogado los aires que besan la sombra,
he oído en el silencio tristes fuentes perdidas,
y todo eleva mis sueños a músicas celestes.

Voy con las primaveras que te visitan de noche,
que dan vida a las flores en tus sombras azules
y me revelan el vago sufrir de tus secretos.
Tu sopor de luciérnagas es lenta astronomía
que gira en mi susurro de follaje en el viento
y alas da a los suspiros de las almas que escondes.

¿Murió aquí el cazador, al pie de las orquídeas,
el cazador nostálgico por tu magia embriagado?
Oh, bosque: tú que sabes vivir de soledades
¿adonde va en la noche el hondo suspirar?

18. Poema XV (Pablo Neruda)

Las palabras que el gran Neruda plasma en este poema clásico dejan al lector ansiando más versos de este poeta del siglo XX.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

17. La vida sencilla (Ocatvio Paz)

Pareciera que Paz da, entre las líneas de este poema clásico, instrucciones o sugerencias de la manera en la que es más pertinente vivir la vida.

Llamar al pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;

reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;

probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes ?papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento?
no son aún el prometido infierno;

que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;

saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;

pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…

Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos y del polvo.

16. El descenso (Juan Ramón Jiménez)

Un verso delicado que habla del amor, de la imaginación, de los sentimientos que plasma el autor en este poema clásico de Juan Ramón Jiménez.

Sí, esta tarde no es imagen,
las nubes son rosas, sí,
las rosas son vida, sí.
Esta tarde tú eres tú,
no es nube el amor en mí,
es vida la rosa en mí.

15. Volverán las oscuras golondrinas (Gustavo Adolfo Bécquer)

Este poema clásico habla del pasado y el futuro, de que vivieron dos seres y lo que podrán vivir pero que a lo sumo no será parecido a lo que perdieron o vivieron.

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres…
¡esas… no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas, cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día…
¡esas… no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas
Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…; desengáñate,
¡así… no te querrán!

14. Autopsicografia (Fernando Pessoa)

En este poema clásico Pessoa  explica que la habilidad de un poeta para expresar sentimientos radica en su capacidad para declararlos aún cuando no partan de experiencias propias.

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente.

Y, en el dolor que han leido,
a leer sus lectores vienen,
no los dos que él ha tenido
sino solo el que no tienen.

Y así en la vida se mete,
distrayendo a la razón,
y gira, el tren de juguete
que se llama corazón.

13. Crisis (Francisco Gálvez)

Con este poema clásico corto Gálvez  expresa, en pocas líneas, la manera en la que el amor se diluye hasta ser solo un recuerdo.

Tu voz parece de otro tiempo,
ya no tiene aquel tono cálido
de antes, ni la complicidad
de siempre, sólo son palabras
y su afecto es ahora discreto:
en tus mensajes ya no hay mensaje.

12. Cultivo una rosa blanca (José Martí)

Martí nos invita a ser francos y bondadosos sin importar a quién se mire con este poema clásico corto.

Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.

11. Para una cubana (Rubén Darío)

Este autor de gran trayectoria nos expresa en este poema clásico su devoción por la mujer cubana, esa que con sus atributos, desarma y seduce a los visitantes de la Habana.

Poesía dulce y mística
busca a la blanca cubana
que se asomó a la ventana
como una visión artística.

Misteriosa y cabalística,
puede dar celos a Diana,
con su faz de porcelana
de una blancura eucarística.

Llena de un prestigio asiático,
roja, en el rostro enigmático,
su boca púrpura finge,
Y al sonreírse vi en ella
el resplandor de una estrella
que fuese alma de una esfinge.

+10 Poemas clásicos de siglos pasados

En este conteo final vamos a encontrarnos con las letras, las palabras, los versos y las rimas finamente enlazadas por plumas de otro siglo. Vamos a cautivarnos con los poemas clásicos más preciosos que Escribirte ha recolectado para ti.

10. El Anauco (Andrés Bello)

Andrés Bello, pluma inminente, fiera y elegante describe con este poema clásico el curso del río Anauco, ubicado en Caracas.

Irrite la codicia
por rumbos ignorados
a la sonante Tetis
y bramadores austros;
el pino que habitaba
del Betis fortunado
las márgenes amenas
vestidas de amaranto,
impunemente admire
los deliciosos campos
del Ganges caudaloso,
de aromas coronado.

Tú, verde y apacible
ribera del Anauco,
para mí más alegre,
que los bosques idalios
y las vegas hermosas
de la plácida Pafos,
resonarás continuo
con mis humildes cantos;
y cuando ya mi sombra
sobre el funesto barco
visite del Erebo
los valles solitarios,
en tus umbrías selvas
y retirados antros
erraré cual un día,
tal vez abandonando
la silenciosa margen
de los estigios lagos.

La turba dolorida
de los pueblos cercanos
evocará mis manes
con lastimero llanto;
y ante la triste tumba,
de funerales ramos
vestida, y olorosa
con perfumes indianos,
dirá llorando Filis:
«Aquí descansa Fabio».

¡Mil veces venturoso!
Pero, tú, desdichado,
por bárbaras naciones
lejos del clima patrio
débilmente vaciles
al peso de los años.

Devoren tu cadáver
los canes sanguinarios
que apacienta Caribdis
en sus rudos peñascos;
ni aplaque tus cenizas
con ayes lastimados
la pérfida consorte
ceñida de otros brazos.

9. La oración del ateo (Miguel de Unamuno)

Este poema clásico de Unamuno nos enseña que realmente no existen los ateos, que siempre le ruegan a alguien, a algo o simplemente terminan hablando con una energía superior en los momentos más difíciles.

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño.

No resistes a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi ama endulzome noches tristes.

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande para abarcarte.

Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.

8. Bailan las gitanas (Miguel de Cervantes Saavedra)

Los celos siempre han sido motivo de muchas acciones poco civilizadas y en este poema clásico, Cervantes nos da una mirada al pasado para ver la forma en la que el poder y los celos conjugan de manera catastrófica.

Bailan las gitanas,
míralas el rey;
la reina, con celos,
mándalas prender.

Por Pascua de Reyes
hicieron al rey
un baile gitano
Belica e Inés.

Turbada Belica,
cayó junto al rey,
y el rey la levanta
de puro cortés;

mas como es Belilla
de tan linda tez,
la reina, celosa,
mándalas prender.

7. Definición del amor (Francisco de Quevedo)

Quevedo hace alarde de su pluma y nos describe con cada palabra escrita en este poema clásico, su concepto e idealización del amor.

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.
Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¿Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

6. Canción de cuna (Federico García Lorca)

Un poema clásico, dedicado a arrullar a los más pequeños para ayudarlos a conciliar el sueño, nos regala García Lorca de la mano de su sublime ingenio.

Ya te vemos dormida.
Tu barca es de madera por la orilla.
Blanca princesa de nunca.
¡Duerme por la noche oscura!
Cuerpo y tierra de nieve.
Duerme por el alba, ¡duerme!
Ya te alejas dormida.
¡Tu barca es bruma, sueño, por la orilla!

5. Dulzura (Gabriela Mistral)

Con estas hermosas palabras Mistral arma un poema clásico dedicado e inspirado a las madres quienes nos dan, día a día, lo mejor de sus vidas.

Madrecita mía,
madrecita tierna,
déjame decirte
dulzuras extremas.

Es tuyo mi cuerpo
que juntaste en ramo;
deja revolverlo
sobre tu regazo.

Juega tú a ser hoja
y yo a ser rocío:
y en tus brazos locos
tenme suspendido.

Madrecita mía,
todito mi mundo,
déjame decirte
los cariños sumos.

4. Bodas (Pablo Neruda)

Las uniones se han establecido desde el inicio de los tiempos y en este poema clásico de Neruda vemos la forma en la que invita a formar parte del ciclo de la vida.

¿De qué sirve un ciervo sin cierva,
de qué sirve un perro sin perra,
una abeja sin su abejo,
una tigresa sin su tigre,
o una camella sin camello,
o una ballena sin balleno
o un rinoceronte soltero ?

¿De que sirve un gato sin gata,
un ruiseñor sin ruiseñora,
una paloma sin palomo,
un caballito sin caballa,
una cangreja sin cangrejo,
un agujero sin raíces?

A casarse, peces del mar,
pumas de la pumería,
zorros de cola engañosa,
pulgas hambrientas de
provincia.

A procrear! dice la tierra
con una voz tan invisible
que todos la ven y la tocan
y todos la oyen, y esperan.

3. Manitas (Gabriela Mistral)

¡Cuánta dulzura exudan estas letras de Mistral dedicadas a los niños! Un poema clásico sentido de esta maravillosa autora que resume mucho del amor por el relevo de la humanidad.

Manitas de los niños,
manitas pedigüeñas,
de los valles del mundo
sois dueñas.

Manitas de los niños
que al granado se tienden,
por vosotros las frutas
se encienden.

Y los panales llenos
de su carga se ofenden.
¡Y los hombres que pasan
no entienden!
Manitas blancas, hechas
como de suave harina,
la espiga por tocaros
se inclina.

Manitas extendidas,
piñón, caracolitos,
bendito quien os colme,
¡bendito!

Benditos los que oyendo
que parecéis un grito,
os devuelvan al mundo:
¡benditos!

2. Rubén Darío (Rimas X)

Con sencillez Rubén Darío escribe este poema clásico que habla de los sentimientos más sublimes del amor.

En tus ojos un misterio;
en tus labios un enigma.
Y yo fijo en tus miradas
y extasiado en tus sonrisas.

1. Amor América (Pablo Neruda)

Este poema clásico relata la vida antes de la conquista de América. Neruda resalta las bondades de la tierra del cono sur antes de la llegada de los colonizadores ambientando al lector en lo delicioso de los parajes del sur.

Antes de la peluca y la casaca
fueron los ríos, ríos arteriales,
fueron las cordilleras, en cuya onda raida
el cóndor o la nieve parecían inmóviles:
fue la humedad y la espesura, el trueno
sin nombre todavía, las pampas planetarias.

El hombre tierra fue, vasija, párpado
del barro trémulo, forma de la arcilla,
fue cantaro caribe, piedra chibcha,
copa imperial o silice araucana.

Tierno y sangriento fue, pero en la empunadura
de su arma de cristal humedecido,
las iniciales de la tierra estaban escritas.

Nadie pudo
recordarlas después: el viento
las olvidó, el idioma del agua
fue enterrado, las claves se perdieron
o se inundaron de silencio o sangre.
No se perdió la vida, hermanos pastorales.

Pero como una rosa salvaje
cayó una gota roja en la espesura
y se apagó una lámpara de tierra.
Yo estoy aquí para contar la historia.

Desde la paz del búfalo
hasta las azotadas arenas
de la tierra final, en las espumas
acumuladas de la luz antártica,
y por las madrigueras despenadas
de la sombría paz venezolana,
te busqué, padre mío,
joven guerrero de tiniebla y cobre
o tú, planta nupcial, cabellera indomable,
madre caimán, metálica paloma.

Yo, incásico del legamo,
toqué la piedra y dije:
¿Quién me espera? Y apreté la mano
sobre un puñado de cristal vacío.
Pero anduve entre flores zapotecas
y dulce era la luz como un venado,
y era la sombra como un párpado verde.

Tierra mía sin nombre, sin América,
estambre equinoccial, lanza de púrpura,
tu aroma me trepó por las raíces
hasta la copa que bebía, hasta la más delgada
palabra aún no nacida de mi boca.

Hemos llegado al final de otra entrega de Escribirte en la puedes encontrar una fina compilación de algunos de los poemas clásicos más relevantes de la historia.

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