+10 Poemas de Manuel José Othon (Cortos y largos)

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¿Qué inspiro a Manuel José Othon? ¿Cuáles son sus mejores poemas? Influenciado por los tiempos en que vivió, Manuel José Othon se apegó a dos corrientes literarias que serían la columna vertebral de sus trabajos poéticos.

El romanticismo y el modernismo, llevando a posicionar sus poemas y su labor literaria como digna de reconocimiento y admiración.

La habilidad con la que contaba el escritor para componer prosas interesantes la descubrió desde muy joven.

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Comenzó a escribir aun en sus adolescencia, a la edad de trece años e incluso antes de iniciar su carrera de leyes ya había publicado si primer libro de poema.

Los trabajos poéticos de Manuel José Othon se caracterizan por tener como centro temas enfocados en la naturaleza y la relación del ser humano con la misma.

Aspectos que les brindaron el reconocimiento que hoy poseen y por lo que en este artículo recordamos los poemas más populares del escritor.

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Variados poemas de Manuel José Othon

La formación humanista que recibió el escritor lo llevó a desarrollar la lírica clásica inspirada en poetas del siglo de oro, que ajustó a su carrera como novelista.

Razón por la cual es considerado como uno de los poetas mexicanos más influyentes del siglo XX.

La poesía de Manuel José Othon se caracteriza por su originalidad y singularidad y expresan un hermosos homenaje nacionalista inspirado al paisaje mexicano.

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Canto nupcial

Este primer poema de Othon viene con dedicatoria incluida, un homenaje que el escritor quiso hacerle a Ladislao Gómez Palacio tras su fallecimiento.

Un nuevo hogar es huerto florecido
de jazmines, y lirios, y azahares,
entre cuyas alburas estelares
se estremece el amor como un latido.

Surge de cada flor, de cada nido,
un verso del Cantar de los Cantares
y pasan, del Hermón por los pinares,
suspirando los vientos un gemido.

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De Galaad por los collados bajan
triscando las ovejas. En las viñas
de Engaddi el zumo los racimos cuajan;
mientras la esposa ve, desde el umbroso
retiro, que atraviesa las campiñas
y se acerca a sus puertas el esposo.

Oh esposa virgen y radiante!, mira:
el amor en sus ojos centellea
y el coro de los sueños le rodea
y a su oído solícito suspira.

A infundirte su alma sólo aspira.
Su cerebro, que es urna de la idea,
cual una forja ignífera chispea.
Canta su corazón como una lira.

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¡El coro de los sueños! Los amigos
del esposo, que en júbilo inundados,
de su dicha inmortal serán testigos…

Los recuerdos del niño, los anhelos
viriles que le ascienden, ya encarnados,
en su viaje contigo, hasta los cielos.

Y a ti, joven y fuerte, en los umbrales
del sagrado refugio, jubilosa
te espera amante la rendida esposa
bajo los resplandores otoñales.

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Tampoco sola está: las virginales
compañeras, de frente ruborosa,
tienden sobre ella su dosel de rosa
al compás de los cánticos nupciales.

Son las ansias sin fin, las esperanzas,
las ilusiones del amor, venidas
de azules y profundas lontananzas.

Todas alzan un himno al varón fuerte
que ha de llevar dos almas y dos vidas
a través de la vida y de la muerte.

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En la estepa maldita

Un poema de Othon que deja en claro el grandiosos estilo que este escritor plasmaba en cada una de sus obras y en las que le colocaba siempre su toque único y original.

En la estepa maldita, bajo el peso
de sibilante brisa que asesina,
irgues tu talla escultural y fina
como un relieve en el confín impreso.

El viento, entre los médanos opreso,
canta como una música divina,
y finge bajo la húmeda neblina,
un infinito y solitario beso.

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Vibran en el crepúsculo tus ojos,
un dardo negro de pasión y enojos
que en mi carne y mi espíritu se clava;
y destacada contra el sol muriente,
como un airón, flotando inmensamente,
tu bruna cabellera de india brava.

Invocación

Un poema de Othon romántico que con palabras dulce hace un elogio a su musa, uno de los elementos más importantes si de inspiración se trata.

No apartes, adorada Musa mía,
tu divino consuelo y tus favores
del alma que, nutrida en los dolores,
abrasa el sol y el desaliento enfría.

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Aparece ante mí como aquel día
primero de mis jóvenes amores
y tu falda blanquísima con flores
modestas u olorosas atavía.

¡Oh, tú, que besas mi abrasada frente
en horas de entusiasmo o de tristeza,
que resuene en tu canto inmensamente
tu amor a Dios, tu culto a la Belleza,
alma del Arte, y tu pasión ardiente
a la madre inmortal Naturaleza!

Ocaso

Otro poema del escritor mexicano que incluye una dedicatoria, pero en esta oportunidad la misma se mantiene bajo anonimato pues Othon solo señala que es para un pintor, más no especifica su nombre.

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He aquí, pintor, tu espléndido paisaje:
un lago oscuro, ráfagas marinas
empapadas en tintas cremesinas
y en el azul profundo del celaje,

un tronco que columpia su ramaje
al soplo de las auras vespertinas,
y manchadas de verde las colinas
y de amarillo el fondo del boscaje;

un peñasco de líquenes cubierto;
una faja de tierra iluminada
por el último rayo del sol muerto;

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y de la tarde al resplandor escaso,
una vela a lo lejos, anegada
en la divina calma del ocaso.

Voz interna

La oscuridad y los sentimientos profundos se apoderan de la mente del escritor que entre pensamientos sombríos compone este poema.

En las noches tediosas y sombrías
buscan su nido en mi cerebro enfermo,
plegando el ala ensangrentada y rota,
mis antiguos recuerdos.

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No vienen como alegres golondrinas
de la rústica iglesia a los aleros,
trayendo de la rubia Primavera
las blandas brisas y los tibios besos.

Vienen, como los pájaros nocturnos,
a acurrucarse huraños y siniestros
de la musgosa tapia en las ruinas
o de la vieja torre entre los huecos.

Más contenido que te encantará

¡Que vengan en buena hora, que no tarden!
¿Por qué no se apresuran? ¡Los espero!…
¡Hace ya tantos años que dormito!
¡Hace ya tanto tiempo!

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El negro muro del hendido claustro,
aunque roto y abierto,
aún se mantiene en pie, y en las ojivas
del campanario viejo,

si no hay esquilas que a la misa llamen
al asomar el matinal lucero
o anuncien la oración al campesino
y la hora del regreso
a las muchachas de la azul cisterna,
al pastor y al vaquero;

si ya no hay campanitas que repiquen
del santo titular a los festejos,
hay oquedades hondas y sombrías
que abrigarán en sus oscuros senos
a las lechuzas pardas y siniestras
y a los pájaros negros…

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Poemas de Manuel José Othon cortos e interesantes

La variedad de temas y giros inesperados que contiene las composiciones líricas hacen de la poesía textos interesantes y cautivadores.

La producción poética del autos mexicano, Manuel José Othon no escapa de esta realidad con su toque de originalidad activa la curiosidad de los lectores.

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Los poemas que se encuentra en esta sección son perfectos para ampliar la psiquis.

Pues con elementos bien utilizados y las correctas palabras harán volar tu imaginación y te invitaran a razonar pero siempre dejando un toque de romance.

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Envío

Un corto pero muy interesante poema de Othon que deja abierta la imaginación pero mantiene presente el romance con palabras apasionadas.

En tus aras quemé mi último incienso
y deshojé mis postrimeras rosas.
Do se alzaban los templos de mis diosas
ya sólo queda el arenal inmenso.

Quise entrar en tu alma, y qué descenso,
¡qué andar por entre ruinas y entre fosas!
¡A fuerza de pensar en tales cosas
me duele el pensamiento cuando pienso!

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¡Pasó…! ¿Qué resta ya de tanto y tanto
deliquio? En ti ni la moral dolencia,
ni el dejo impuro, ni el sabor del llanto.

Y en mi ¡qué hondo y tremendo cataclismo!
¡Qué sombra y qué pavor en la conciencia,
y qué horrible disgusto de mi mismo!

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El ruiseñor

Un bello poema de Othon que tiene su centro en la hermosura de los paisajes mexicanos y el amor que el escritor siente por su patria querida.

Oid la campanita, cómo suena,
el toque del clarín, cómo arrebata,
las quejas en que el viento se desata
y del agua el rodar sobre la arena.

Escuchad la amorosa cantilena
de Favonio rendido a Flora ingrata
y la inmensa y divina serenata
que Pan modula en la silvestre avena.

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Todo eso hay en mis cantos. Me enamora
la noche; de los hombres soy delicia
y paz, y entre los árboles cubierto,

sólo yo alcé mi voz consoladora,
como una blanda y celestial caricia,
cuando Jesús agonizó en el huerto.

La cruz sola

Otro poema del escritor mexicano que plasma sentimientos oscuros pero en esta oportunidad se debe a la muerte, elemento que acompaña e inspira muchos textos poéticos de la época.

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Negro el altar, la bóveda desierta,
el resplandor del moribundo día
penetra por la angosta celosía
de la alta nave sobre el muro abierta.

Allá en la triste soledad incierta
se levanta la cruz negra y sombría;
Cristo, la inmensa luz que en ella ardía,
descansa ya bajo la losa yerta.
¡Ay!, del mundo en el viaje solitario
una luz nos ayuda en lontananza
a cargar con la cruz hasta el osario.

Y cuando al mal el corazón se lanza,
así de nuestra vida en el calvario
queda la cruz y muere la esperanza

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¡Es mi adiós…! Allá vas, bruna y austera…

Este poema de Othon digno del estilo peculiar y la originalidad que lo caracteriza, y que merece todos los reconocimientos.

¡Es mi adiós…! Allá vas, bruna y austera,
por las planicies que el bochorno escalda,
al verberar tu ardiente cabellera,
como una maldición, sobre tu espalda.

En mis desolaciones ¿qué te espera?
-ya apenas veo tu arrastrante falda-
una deshojazón de primavera
y una eterna nostalgia de esmeralda.

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El terremoto humano ha destruido
mi corazón y todo en él expira.
¡Mal hayan el recuerdo y el olvido!

Aún te columbro, y ya olvidé tu frente;
sólo, ay, tu espalda miro cual se mira
lo que huye y se aleja eternamente.

La campana

Otro poema de Othon dedicado a la muerte y todos los elementos oscuros que la acompañan, en el deja plasmado su visión de esta realidad.

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¿Qué te dice mi voz a la primera
luz auroral? “La muerte está vencida,
ya en todo se oye palpitar la vida,
ya el surco abierto la simiente espera”.

Y de la tarde en la hora postrimera:
“Descansa ya. La lumbre está encendida
en el hogar…” Y siempre te convida
mi acento a la oración en donde quiera.

Convoco a la plegaria a los vivientes,
plaño a los muertos con el triste y hondo
son de sollozo en que mi duelo explayo.

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Y, al tremendo tronar de los torrentes
en pavorosa tempestad, respondo
con férrea voz que despedaza el rayo.

El 18 de noviembre de 1906 el mundo sufrió la lamentable perdida de un importante literato que dejó un increíble legado cultural y poético beneficiosos para muchas generaciones.

Al igual que muchos reconocidos escritores, sus restos descansan en el Rotonda de Hombre Ilustres junto a los grande de la literatura mexicana.

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