+11 Poemas de Vicente Aleixandre ¡Sobre amor!

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¿Qué caracteriza la obra poética de Vicente Aleixandre? Este escritor español fue galardonado con numerosos y prestigiosos premios.

Entre los que se encontraron el Nacional y el Nobel de Literatura, esto debido a la espectacular colección de obras destacadas principalmente por el uso de la metáfora.

Desde pequeño se sintió atraído por el mundo de las letras, pero a pesar de su amor por la literatura, estudió derecho y trabajó durante varios años en los juzgados.

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Fue una grave enfermedad en los años veinte, que permitió el encuentro del escritor con la literatura y a partir de entonces no pudo separarse de ella.

¿Qué hizo Vicente Aleixandre?

Vicente Aleixandre padeció una tuberculosis que le afectó un riñón y provocó que le tuvieran que extirpar este órgano.

Mientras ocurría su recuperación, escribió algunos poemas que comenzaron a darle gran fama hacia 1926.

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Además de su talento innato para la escritura, el autor de obras como “Ámbito”, “Espadas como labios” y “Sombra del paraíso”, supo rodearse de personas que favoreciera su interés hacia las letras.

Su amistad con el también poeta Dámaso Alonso y sus inquietudes literarias le llevaron a leer y a estudiar a los grandes poetas de la literatura universal, como Bécquer y Rubén Darío.

No muchos escritores tienen la dicha de decir que fueron miembros de la Real Academia Española durante varios años, pero Vicente Aleixandre goza de esa dicha.

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Además se lo considera una figura indiscutible de la poesía de la Generación del 27.

Poemas de Vicente Aleixandre de amor

Vicente Aleixandre fue un poeta total, entregado de lleno al cultivo de la poesía, ya que a diferencia de otros autores de sus época, éste no escribió obras en otros géneros.

En la literatura de Vicente Aleixandre podemos ver ciertos temas que de manera recurrente aparecen una y otra vez dejando claras cuales eran las preferencias y preocupaciones de este reconocido poeta español.

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El amor es una de ellas y se muestra en sus trabajos poéticos con una fuerte carga erótica que marca el deseo como el motor de este sentimiento.

Además se trasmite como fuente de vida y de vitalidad, destacando en varias ocasiones la destrucción que puede generar los impulso amorosos.

Si bien es cierto que el amor no fue la única temática que abordo éste escritor, hoy queremos resaltar algunos poemas de este tipo escritos por la mano de Vicente Aleixandre.

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Por estas razones y por el amplio repertorio de textos poéticos que el escritor dejó a favor de la literatura y la poesía, hoy queremos rendir homenaje recordando algunos de sus poemas más destacados.

Poemas de Vicente Aleixandre de amor

Después del amor

Elemento eróticos son los que le dan vida a este poema de Vicente Aleixandre que al mismo tiempo esta lleno de romance y pasión.

Se trata de un texto que describe los sucesos luego del acto amoroso entres un hombre y una mujer. En él también se describe la belleza del cuerpo desnudo envuelto en placer y gozo.

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Tendida tú aquí, en la penumbra del cuarto,
como el silencio que queda después del amor,
yo asciendo levemente desde el fondo de mi reposo
hasta tus bordes, tenues, apagados, que dulces existen.

Y con mi mano repaso las lindes delicadas
de tu vivir retraído.
Y siento la musical, callada verdad de tu cuerpo, que hace
un instante, en desorden, como lumbre cantaba.

El reposo consiente a la masa que perdió por el amor su
forma continua,
para despegar hacia arriba con la voraz
irregularidad de la llama,
convertirse otra vez en el cuerpo veraz que en sus
límites se rehace.

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Tocando esos bordes, sedosos, indemnes, tibios,
delicadamente desnudos,
se sabe que la amada persiste en su vida.

Momentánea destrucción el amor, combustión
que amenaza al puro
ser que amamos, al que nuestro fuego vulnera,
sólo cuando desprendidos de sus lumbres deshechas

la miramos, reconocemos perfecta, cuajada, reciente
la vida, la silenciosa y cálida vida que desde su
dulce exterioridad nos llamaba.

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He aquí el perfecto vaso del amor que, colmado,
opulento de su sangre serena, dorado reluce.

He aquí los senos, el vientre, su redondo muslo,
su acabado pie, y arriba  los hombros, el cuello
de suave pluma reciente, la mejilla no quemada,
no ardida, cándida en su rosa nacido, y la frente
donde habita el pensamiento diario de nuestro
amor, que allí lúcido vela.

En medio, sellando el rostro nítido que la tarde
amarilla caldea sin celo,
está la boca fina, rasgada, pura en las luces.

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Oh temerosa llave del recinto del fuego.
Rozo tu delicada piel con estos dedos que temen y saben,
mientras pongo mi boca sobre tu cabellera apagada.

Como la mar, los besos

El romance impregna este poema de Vicente Aleixandre en su totalidad, usando un lenguaje sencillo y apasionado revela la magia escondida en los actos amorosos, una temática bastante frecuente en los escritos del autor.

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No importan los emblemas
ni las vanas palabras que son un soplo sólo.
Importa el eco de lo que oí y escucho.
Tu voz, que muerta vive, como yo que al pasar
aquí aún te hablo.

Eras más consistente,
más duradera, no porque te besase,
ni porque en ti asiera firme a la existencia.

Sino porque como la mar
después que arena invade temerosa se ahonda.
En verdes o en espumas la mar, se aleja.
Como ella fue y volvió tú nunca vuelves.

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Quizá porque, rodada
sobre playa sin fin, no pude hallarte.
La huella de tu espuma,
cuando el agua se va, queda en los bordes.

Sólo bordes encuentro. Sólo el filo de voz que
en mí quedara.
Como un alga tus besos.
Mágicos en la luz, pues muertos tornan.

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Se querían

Este poema de Vicente Aleixandre describe como dos almas entrelazan sus sentimientos haciendo que el romance brote por los poros.

Aquí el escritor utiliza elementos de la naturaleza, así como fragmentos del día para explicar la formo como se querían.

Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

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Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente sólo.

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Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando…
se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.

Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.

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Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

Triunfo del amor

Si las almas supieran su destino en la tierra, los caminos fueran más sencillos de transitar y se borrara el sufrimiento de las almas.

Este poema de Vicente Aleixandre describe una situación amorosa, pero a diferencia de algunos de sus escritos, en este se enfrenta a una realidad conflictiva donde no todo es color de rosas pero que a pesar de las circunstancias el amor siempre triunfa.

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Brilla la luna entre el viento de otoño,
en el cielo luciendo como un dolor largamente sufrido.

Pero no será, no, el poeta quien diga
los móviles ocultos, indescifrable signo
de un cielo líquido de ardiente fuego que anegara
las almas,
si las almas supieran su destino en la tierra.

La luna como una mano,
reparte con la injusticia que la belleza usa,
sus dones sobre el mundo.
Miro unos rostros pálidos.
Miro rostros amados.

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No seré yo quien bese ese dolor que en cada rostro asoma.
Sólo la luna puede cerrar, besando,
unos párpados dulces fatigados de vida.

Unos labios lucientes, labios de luna pálida,
labios hermanos para los tristes hombres,
son un signo de amor en la vida vacía,
son el cóncavo espacio donde el hombre respira
mientras vuela en la tierra ciegamente girando.

El signo del amor, a veces en los rostros queridos
es sólo la blancura brillante,
la rasgada blancura de unos dientes riendo.

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Entonces sí que arriba palidece la luna,
los luceros se extinguen
y hay un eco lejano, resplandor en oriente,
vago clamor de soles por irrumpir pugnando.

¡Qué dicha alegre entonces cuando la risa fulge!
Cuando un cuerpo adorado;
erguido en su desnudo, brilla como la piedra,
como la dura piedra que los besos encienden.

Mirad la boca. Arriba relámpagos diurnos
cruzan un rostro bello, un cielo en que los ojos
no son sombra, pestañas, rumorosos engaños,
sino brisa de un aire que recorre mi cuerpo
como un eco de juncos espigados cantando
contra las aguas vivas, azuladas de besos.

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El puro corazón adorado, la verdad de la vida,
la certeza presente de un amor irradiante,
su luz sobre los ríos, su desnudo mojado,
todo vive, pervive, sobrevive y asciende
como un ascua luciente de deseo en los cielos.

Es sólo ya el desnudo. Es la risa en los dientes.
Es la luz o su gema fulgurante: los labios.
Es el agua que besa unos pies adorados,
como un misterio oculto a la noche vencida.

¡Ah maravilla lúcida de estrechar en los brazos
un desnudo fragante, ceñido de los bosques!
¡Ah soledad del mundo bajo los pies girando,
ciegamente buscando su destino de besos!

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Yo sé quien ama y vive, quien muere y gira y vuela.
Sé que lunas se extinguen, renacen, viven, lloran.
Sé que dos cuerpos aman, dos almas se confunden.

Poemas de Vicente Aleixandre inspiradores

Vicente Aleixandre cuenta con escasos textos en prosa que describen a otros poetas y escritores que conoció y marcaron su vida al igual que sus trabajos.

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Su obra se caracteriza por el uso de la metáfora, por lo que se le reconoce como el principal poeta surrealista español.

Poemas de Vicente Aleixandre inspiradores

Se dice que su trayectoria se divide en etapas, una primera de poesía pura influenciada por grandes escritores como Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas y Jorge Guillén.

Tiempo después, se separó de la llamada poesía pura y adoptó la experiencia renovadora del surrealismo, con una visión panteísta de la naturaleza y un erotismo romántico, que se puede considerar como una segunda etapa de su poesía.

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A ti viva

Nuevamente llega a nosotros un poema de Vicente Aleixandre que involucra elementos eróticos y que describe la belleza desnuda del cuerpo humano.

Pero al mismo tiempo son explicadas las diferentes sensaciones producidas por el amor.

Es tocar el cielo, poner el dedo
sobre un cuerpo humano.
Novalis

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Cuando contemplo tu cuerpo extendido
como un río que nunca acaba de pasar,
como un claro espejo donde cantan las aves,
donde es un gozo sentir el día cómo amanece.

Más contenido que te encantará

cuando miro a tus ojos, profunda muerte o vida
que me llama,
canción de un fondo que sólo sospecho;
cuando veo tu forma, tu frente serena,
piedra luciente en que mis besos destellan,
como esas rocas que reflejan un sol que nunca se hunde.

Cuando acerco mis labios a esa música incierta,
a ese rumor de los siempre juvenil,
del ardor de la tierra que canta entre lo verde,
cuerpo que húmedo siempre resbalaría
como un amor feliz que escapa y vuelve…

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Siento el mundo rodar bajo mis pies,
rodar ligero con siempre capacidad de estrella,
con esa alegre generosidad del lucero
que ni siquiera pide un mar en que doblarse.

Todo es sorpresa. El mundo destellando
siente que un mar de pronto está desnudo, trémulo,
que es ese pecho enfebrecido y ávido
que sólo pide el brillo de Id luz.

La creación riela. La dicha sosegada
transcurre como un placer que nunca llega al colmo,
como esa rápida ascensión del amor
donde el viento se ciñe a las frentes más ciegas.

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Mirar tu cuerpo sin más luz que la tuya,
que esa cercana música que concierta a las aves,
a las aguas, al bosque, a ese ligado latido
de este mundo absoluto que siento ahora en los labios.

Al cielo

Este poema de Vicente Aleixandre describe elementos inspiradores que llenan de esperanza la vida de los seres humanos.

El puro azul ennoblece
mi corazón. Sólo tú, ámbito altísimo
inaccesible a mis labios, das paz y calma plenas
al agitado corazón con que estos años vivo.

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Reciente la historia de mi juventud, alegre todavía
y dolorosa ya, mi sangre se agita, recorre su cárcel
y, roja de oscura hermosura, asalta el muro

débil del pecho, pidiendo tu vista,
cielo feliz que en la mañana rutilas,
que asciendes entero y majestuoso presides
mi frente clara, donde mis ojos te besan.

Luego declinas, ¡oh sereno, oh puro don de la altura!,
cielo intocable que siempre me pides, sin cansancio, mis besos,
como de cada mortal, virginal, solicitas.

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Sólo por ti mi frente pervive al sucio embate de la sangre.
Interiormente combatido de la presencia dolorida y feroz,
recuerdo impío de tanto amor y de tanta belleza,

una larga espada tendida como sangre recorre
mis venas, y sólo tú, cielo agreste, intocado,
das calma a este acero sin tregua que me yergue en el mundo.

Baja, baja dulce para mí y da paz a mi vida.
Hazte blando a mi frente como una mano tangible
y oiga yo como un trueno que sea dulce una voz
que, azul, sin celajes, clame largamente en mi cabellera.

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Hundido en ti, besado del azul poderoso y materno,
mis labios sumidos en tu celeste luz apurada
sientan tu roce meridiano, y mis ojos

ebrios de tu estelar pensamiento te amen,
mientras así peinado suavemente por el soplo de los astros,
mis oídos escuchan al único amor que no muere.

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Mano entregada

Este poema de Vicente Aleixandre es tan inspirador que de seguro es capaz de cautivar a todos los lectores con el uso correcto de las palabras empleadas por Vicente Aleixandre.

Pero otro día toco tu mano. Mano tibia…
Tu delicada mano silente. A veces cierro
mis ojos y toco leve tu mano, leve toque
que comprueba su forma, que tienta

su estructura, sintiendo bajo la piel alada el duro hueso
insobornable, el triste hueso adonde no llega nunca
el amor. Oh carne dulce, que sí empapa del amor hermoso.

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Es por la piel secreta, secretamente abierta,
invisiblemente entreabierta,
por donde el calor tibio propaga su voz, su afán dulce;

por donde mi voz penetra hasta tus venas tibias,
para rodar por ellas en tu escondida sangre,
como otra sangre que sonara oscura,

que dulcemente oscura te besara
por dentro, recorriendo despacio como sonido puro
ese cuerpo que resuena mío, mío poblado de mis
voces profundas

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¡oh resonado cuerpo de mi amor!, ¡oh poseído cuerpo!,
¡oh cuerpo sólo sonido de mi voz poseyéndole!

Por eso, cuando acaricio tu mano, sé que sólo el hueso rehúsa
mi amor -el nunca incandescente hueso del hombre-.
Y que una zona triste de tu ser se rehúsa,
mientras tu carne entera llega un instante lúcido

en que total flamea, por virtud de ese lento contacto
de tu mano,
de tu porosa mano suavísima que gime,
tu delicada mano silente, por donde entro

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despacio, despacísimo, secretamente en tu vida,
hasta tus venas hondas totales donde bogo,
donde te pueblo y canto completo entre tu carne.

Adolescencia

La adolescencia es quizás la etapa más complicada por la que a traviesa el ser humano, pues estas lleno de complejos y las limitaciones que esto implica, pues eres pequeño para algunas cosas y muy grande para otras.

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Sobre estos conflictos escribió Vicente Aleixandre, este texto utiliza la lírica para enviar un mensaje sobre la adolescencia.

Vinieras y te fueras dulcemente,
de otro camino
a otro camino. Verte,
y ya otra vez no verte.

Pasar por un puente a otro puente.
-El pie breve,
la luz vencida alegre-.

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Muchacho que sería yo mirando
aguas abajo la corriente,
y en el espejo tu pasaje
fluir, desvanecerse.

Ciudad del paraíso

En esta oportunidad nos topamos con un poema de la autoría de Vicente Aleixandre inspirado en la ciudad que lo acogió y fue testigo de gran parte de su infancia y edad adulta.

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En el texto describe su amor por la ciudad y la belleza de sus paisajes.

A mi ciudad de Málaga

Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos.
Colgada del imponente monte, apenas detenida
en tu vertical caída a las ondas azules,
pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas,

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intermedia en los aires, como si una mano dichosa
te hubiera retenido, un momento de gloria,
antes de hundirte para siempre en las olas amantes.

Pero tú duras, nunca desciendes, y el mar suspira
o brama por ti, ciudad de mis días alegres,
ciudad madre y blanquísima donde viví, y recuerdo,
angélica ciudad que, más alta que el mar, presides sus espumas.

Calles apenas, leves, musicales. Jardines
donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas.

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Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas,
merecen el brillo de la brisa y suspenden
por un instante labios celestiales que cruzan
con destino a las islas remotísimas, mágicas,
que allá en el azul índigo, libertadas, navegan.

Allí también viví, allí, ciudad graciosa, ciudad honda.
Allí donde los jóvenes resbalan sobre la piedra amable,
y donde las rutilantes paredes besan siempre
a quienes siempre cruzan, hervidores de brillos.

Allí fui conducido por una mano materna.
Acaso de una reja florida una guitarra triste
cantaba la súbita canción suspendida del tiempo;
quieta la noche, más quieto el amante,
bajo la lucha eterna que instantánea transcurre.

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Un soplo de eternidad pudo destruirte,
ciudad prodigiosa, momento que en la mente de un dios emergiste.
Los hombres por un sueño vivieron, no vivieron,
eternamente fúlgidos como un soplo divino.

Jardines, flores. Mar alentado como un brazo que anhela
a la ciudad voladora entre monte y abismo,
blanca en los aires, con calidad de pájaro suspenso
que nunca arriba. ¡Oh ciudad no en la tierra!

Por aquella mano materna fui llevado ligero
por tus calles ingrávidas. Pie desnudo en el día.
Pie desnudo en la noche. Luna grande. Sol puro.
Allí el cielo eras tú, ciudad que en él morabas.
Ciudad que en él volabas con tus alas abiertas.

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Diosa

La pasión y el erotismo nuevamente invade la mente de Vicente Aleixandre y lo inspira para crear una muy buena composición poética en la que reina estos dos elementos recurrentes en varias de sus obras.

Dormida sobre el tigre,
su leve trenza yace.
Mirad su bulto. Alienta
sobre la piel hermosa,
tranquila, soberana.

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¿Quién puede osar, quién sólo
sus labios hoy pondría
sobre la luz dichosa
que, humana apenas, sueña?

Miradla allí. ¡Cuán sola!
¡Cuán intacta! ¿Tangible?

Casi divina, leve
el seno se alza, cesa,
se yergue, abate; gime
como el amor. Y un tigre

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soberbio la sostiene
como la mar hircana,
donde flotase extensa,
feliz, nunca ofrecida.

¡Ah, mortales! No, nunca;
desnuda, nunca vuestra.
Sobre la piel hoy ígnea
miradla, exenta: es diosa.

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Amante

Lastimosamente hemos llegado al final de la lista de los poemas de Vicente Aleixandre inspiradores que hemos recopilado para ti, pero cerramos este recorrido con un texto inspirado por el amor.

Lo que yo no quiero
es darte palabras de ensueño,
ni propagar imagen con mis labios
en tu frente, ni con mi beso.

La punta de tu dedo,
con tu uña rosa, para mi gesto
tomo, y, en el aire hecho,
te la devuelvo.

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De tu almohada, la gracia y el hueco.
Y el calor de tus ojos, ajenos.
Y la luz de tus pechos
secretos.

Como la luna en primavera,
una ventana
nos da amarilla lumbre. Y un estrecho
latir parece que refluye a ti de mí.

No es eso.
No será.

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Tu sentido verdadero
me lo ha dado ya el resto,
el bonito secreto,
el graciosillo hoyuelo,
la linda comisura
y el mañanero
desperezo.

¿Cuándo nació Vicente Aleixandre?

Este reconocido poeta surrealista español, nació en Sevilla el 26 de abril de 1898. Sin embargo es en la ciudad de Málaga en donde transcurrió toda su infancia y parte de su juventud.

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Fue hijo del ingeniero de ferrocarril, Cirilo Aleixandre Ballester, y perteneció a la burguesía media acomodada.

Pero a pesar de su cómoda posición los hechos desafortunados azotaron a su familia, pues varios hermanos de Aleixandre murieron en el periodo infantil.

Durante toda su vida contó con el apoyo y la amistad de ciertas figuras imprescindibles de la lírica malagueña como Emilio Prados y Manuel Altolaguirre.

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Fue hospitalizado de urgencia el 10 de diciembre de 1984, en la Clínica Santa Elena, con hemorragia intestinal, en donde muere tres días de su ingreso, en la noche del 13 de diciembre.

Un dato curiosos que ronda al rededor de la figura de Vicente Aleixandre, es que tras la muerte de su gran amigo Carlos Bousoño, se empezaron a hacer públicos los versos y las cartas de explícito contenido amoroso y homoerótico que Aleixandre le dedicó.

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