+12 Poemas de Dámaso Alonso ¡Poesía y guerra!

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¿Cuál es el estilo predominante en la obra de Dámaso Alonso? Como poeta destacó y formó parte de la Generación del 27 y como escritor, cultivó tanto la poesía como el estudio de la lengua.

Dámaso Alonso nacido en Madrid el 22 de octubre de 1898, estudió dos carreras, Derecho y Filosofía, las cuales le otorgaron sus dos licenciaturas, además incursionó en las letras y también cursó estudios de Historia.

Su legado literario incluye obras de orientación poética, de las que es característico el realismo léxico, pero también escribió composiciones inspiradas en la historia y la crítica en el campo de la estilística, estudiando a los poetas clásicos españoles y la lírica de tipo popular.

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Seguramente en alguna clase de literatura escuchaste su nombre, pero quizás sean pocas las producciones de este escritor que conoces.

Te traemos algunas de las más destacadas para que aumentes tus conocimientos sobre poesía pura y desarraigada.

Poemas de Dámaso Alonso sobre la guerra

Como poeta, Dámaso Alonso plasmó en sus obras creatividad, un alto de grado de pasión y profundidad.

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Además su poesía se inspiró en las vivencias propias de su existencia y es por esta razón que con el tiempo evolucionó y cambió.

Con el suceso de la guerra en España y todas las consecuencias que traen consigo los conflictos bélicos, el espíritu de Dámaso cambió, y eso tuvo influencia en su obra que estuvo marcada por estos hechos.

Después del conflicto su poesía mostraba sentimientos fuerte de dolor y a la vez de rabia.

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Esa poesía de posguerra del autor fue denominada por él como poesía desarraigada puesto que no fue protegida por el gobierno fascista.

El escritor siempre tuvo a lo religioso como punto importante, sobre todo la figura divina de Dios en su obra y es precisamente a éste al que señala reiterada veces como el culpable de la situación de caos que vivía el mundo.

Por todas estas razones, fue común en ese momento el uso de un lenguaje subido de tono y violento que gritó en cada palabra y cada verso estar en desacuerdo con la injusticia y angustia.

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Poemas de Dámaso Alonso sobre la guerra

Insomnio

Este poema de Dámaso Alonso esta inspirado en los hechos y acontecimientos relacionados con la guerra, pero principalmente esta enfocado en la ciudad de Madrid.

Además el escritor aprovecho la oportunidad para cuestionar a Dios debido a las millones de vidas perdidas por los conflictos.

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
(según las últimas estadísticas).

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A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este
nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los
perros, o fluir blandamente la luz de la luna.

Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como
un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre
caliente de una gran vaca amarilla.

Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por
qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta
ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.

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Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?

Pausa

Una rima un poco subida de tono que describe elementos grotescos vividos en durante los conflictos bélicos de España y que afectaron, sin lugar a duda, la personalidad y la obra del escritor español.

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Pausa, espantosa pausa
de párpados de plomo,
tromba dormida al aire,
pompa de paños, polvo,

donde irrumpen frenéticas
cien mil cristalerías
de fábricas de viento,
que el huracán derriba,

y un martillo de sangre
-¡clo!- que estrangula a pausas
-¡morir!- las simas súbitas
-silencio- de la ráfaga.

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Dolor

Este poema de Dámaso Alonso describe un sentimiento muy frecuente en enfrentamientos violentos, pero en este caso el autor no da definiciones explicitas.

Por el contrario, Dámaso proporciona historias para ejemplificar la intencionalidad.

Hacia la madrugada
me despertó de un sueño dulce
un súbito dolor,
un estilete
en el tercer espacio intercostal derecho.

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Fino, fino,
iba creciendo y en largos arcos se irradiaba.
Proyectaba raíces, que, invasoras,
se hincaban en la carne,
desviaban, crujiendo, los tendones,
perforaban, sin astillar, los obstinados huesos,
durísimos
y de él surgía todo un cielo de ramas
oscilantes y aéreas,
como un sauce juvenil bajo el viento,
ahora iluminado, ahora torvo,
según los galgos-nubes galopan sobre el campo
en la mañana primaveral.

Sí, sí, todo mi cuerpo era como un sauce abrileño,
como un sutil dibujo,
como un sauce temblón, todo delgada tracería,
largas ramas eléctricas,

que entrechocaban con descargas breves,
entrelazándose, disgregándose,
para fundirse en nódulos o abrirse
en abanico.

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¡Ay!
Yo, acurrucado junto a mi dolor,
era igual que un niñito de seis años
que contemplara absorto
a su hermano menor, recién nacido,

y de pronto le viera
crecer, crecer, crecer,
hacerse adulto, crecer
y convertirse en un gigante,
crecer, pujar, y ser ya cual los montes,
pujar, pujar, y ser como la vía láctea,

pero de fuego,
crecer aún, aún,
ay, crecer siempre.
Y yo era un niño de seis años
acurrucado en sombra junto a un gigante cósmico.

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Y fue como un incendio,
como si mis huesos ardieran,
como si la médula de mis huesos chorreara fundida,
como si mi conciencia se estuviera abrasando,
y abrasándose, aniquilándose,
aún incesantemente
se repusiera su materia combustible.

Fuera, había formas no ardientes,
lentas y sigilosas,
frías: minutos, siglos, eras: el tiempo.
Nada más: el tiempo frío, y junto a él un incendio
universal, inextinguible.

Y rodaba, rodaba el frío tiempo, el impiadoso tiempo
sin cesar, mientras ardía con virutas de llamas,
con largas serpientes de azufre,
con terribles silbidos y crujidos,
siempre, mi gran hoguera.

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Ah, mi conciencia ardía en frenesí,
ardía en la noche,
soltando un río líquido y metálico
de fuego, como los altos hornos
que no se apagan nunca,
nacidos para arder, para arder siempre.

Yo

Este es un poema de Dámaso Alonso que deja la imaginación abierta, pues tiene un enfoque ambiguo entre el amor y el odio.

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Mi portento inmediato,
mi frenética pasión de cada día,
mi flor, mi ángel de cada instante,
aun como el pan caliente con olor de tu hornada,
aun sumergido en las aguas de Dios,
y en los aires azules del día original del mundo:

dime, dulce amor mío,
dime, presencia incógnita,
45 años de misteriosa compañía,
¿aún no son suficientes
para entregarte, para desvelarte
a tu amigo, a tu hermano,
a tu triste doble?

¡No, no! Dime, alacrán, necrófago,
cadáver que se me está pudriendo encima
desde hace 45 años,
hiena crepuscular,
fétida hidra de 800.000 cabezas,

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¿por qué siempre me muestras sólo una cara?
Siempre a cada segundo una cara distinta,
unos ojos crueles,
los ojos de un desconocido,
que me miran sin comprender
(con ese odio del desconocido)

y pasan:
a cada segundo.
Son tus cabezas hediondas, tus cabezas crueles,
oh hidra violácea.

Hace 45 años que te odio,
que te escupo, que te maldigo,
pero no sé a quién maldigo,
a quién odio, a quién escupo.

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Dulce,
dulce amor mío incógnito,
45 años hace ya
que te amo.

De “Hijos de la ira”

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Poemas de Dámaso Alonso breves

El estilo literario de Dámaso Alonso, en el caso de la poesía, se orientó más a la emoción que a la belleza, pero a la vez consideró que la realidad perfectamente podía formar parte de ella.

El lenguaje que empleó en sus primeros trabajos fue sencillo y cargado de emoción, tal es el ejemplo de Poemas puros.

Luego su obra cambió y pasó a ser más cristalina y humana, Dámaso Alonso jugó mucho con la lírica.

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Poemas de Dámaso Alonso cargados de emoción

Es necesario hacer mención a su estudio sobre la estilística, importante en el desarrollo de su trabajo, se trata del análisis del lenguaje en cuanto al uso de elementos artísticos y estéticos, con el fin de hacer más fácil la comprensión del mensaje.

Para Alonso la estilística estaba relacionada con la intuición, y a la vez con las emociones, los significados y la imaginación.

Conoce algunos de sus poemas breves y descubre todos los elementos que aguardan su estilo único.

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Viento de noche

La imaginación de Dámaso Alonso traspaso límites y nos regalos hermosos ejemplares poéticos dignos de admiración.

Como es el caso de este poema que describe entre elementos naturales la profundidad de la noche.

El viento es un can sin dueño,
que lame la noche inmensa.
La noche no tiene sueño.
Y el hombre, entre sueños, piensa.

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Y el hombre sueña, dormido,
que el viento es un can sin dueño,
que aúlla a sus pies tendido
para lamerle el ensueño.

Y aun no ha sonado la hora.

La noche no tiene sueño:
¡alerta, la veladora!

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Ciencia de amor

Este poema de Dámaso Alonso es una hermosa composición romántica dedicada principalmente al amor y las incógnitas que giran alrededor de este sentimiento que ha inspirado a innumerables escritores.

No sé. Sólo me llega, en el venero
de tus ojos, la lóbrega noticia
de dios; sólo en tus labios, la caricia
de un mundo en mies, de un celestial granero.

¿Eres limpio cristal, o ventisquero
destructor? No, no sé… De esta delicia,
yo sólo sé su cósmica avaricia,
el sideral latir con que te quiero.

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yo no sé si eres muerte o eres vida,
si toco rosa en ti, si toco estrella,
si llamo a Dios o a ti cuando te llamo.

Junco en el agua o sorda piedra herida,
sólo sé que la tarde es ancha y bella,
sólo sé que soy hombre y que te amo.

Vida

Una muy clara crítica a la religión es la que tenemos en esta oportunidad, pues son recitados elementos descritos en la biblia como parte de la creación, lo que el autor utiliza para contar un pensamiento romántico.

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Entre mis manos cogí
un puñadito de tierra.
Soplaba el viento terrero.
La tierra volvió a la tierra.

Entre tus manos me tienes,
tierra soy.
El viento orea
tus dedos, largos de siglos.

Y el puñadito de arena
-grano a grano, grano a grano-
el gran viento se lo lleva.

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¿Cómo era?

El también poeta español Juan Jiménez recibió un homenaje por parte del escritor Dámaso Alonso, éste lo hizo a través de sus poesía y le dedicó un verso inspirado en sus personalidad.

¿Cómo era Dios mío, cómo era?
JUAN R. JIMÉNEZ

La puerta, franca.
Vino queda y suave.
Ni materia ni espíritu. Traía
una ligera inclinación de nave
y una luz matinal de claro día.

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No era de ritmo, no era de armonía
ni de color. El corazón la sabe,
pero decir cómo era no podría
porque no es forma, ni en la forma cabe.

Lengua, barro mortal, cincel inepto,
deja la flor intacta del concepto
en esta clara noche de mi boda,

y canta mansamente, humildemente,
la sensación, la sombra, el accidente,
mientras ella me llena el alma toda.

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Mujeres

La figura femenina ha sido motor de inspiración para muchos escritores que han compuestos maravillosos textos enfocados en la belleza e importancia de la mujer dentro de la sociedad y las diferentes épocas.

Este poema de Dámaso Alonso es uno de ello y describe la pasión que las mujeres pueden despertar.

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Oh, blancura. ¿Quién puso en nuestras vidas
de frenéticas bestias abismales
este claror de luces siderales,
estas nieves, con sueño enardecidas?

Oh dulces bestezuelas perseguidas.
Oh terso roce. Oh signos cenitales.
Oh músicas. Oh llamas. Oh cristales.
Oh velas altas, de la mar surgidas.

Ay, tímidos fulgores, orto puro,
quién os trajo a este pecho de hombre duro,
a este negro fragor de odio y olvido?

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Dulces espectros, nubes, flores vanas…
¡Oh tiernas sombras, vagamente humanas,
tristes mujeres, de aire o de gemido!

Amor

El amor es otro de los elementos frecuentes en la poesía, pues es la pasión y la euforia que produce este sentimiento en los seres humanos el que motiva a muchos escritores.

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¡Primavera feroz! Va mi ternura
por las más hondas venas derramada,
fresco hontanar, y furia desvelada,
que a extenuante pasmo se apresura.

¡Oh qué acezar, qué hervir, oh, qué premura
de hallar, en la colina clausurada,
la llaga roja de la cueva helada,
y su cura más dulce, en la locura!

¡Monstruo fugaz, espanto de mi vida,
rayo sin luz, oh tú, mi primavera,
mi alimaña feroz, mi arcángel fuerte!

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¿Hacia qué hondón sombrío me convida,
desplegada y astral, tu cabellera?
¡Amor. amor, principio de la muerte!

Burla

Estamos llegando al final del recorrido por los poemas de Dámaso Alonso, pero traemos a relucir un texto llenos de inspiración.

Por las praderas hondas,
avizor y azoradas
-oh ciervas en huída-
las ideas se escapan

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con tan ligeros pies,
que si se abate el rayo,
raptor del alto cielo,
no encuentra más que campo:

paréntesis de cauce,
asomos de colina,
árbol agudo, huella
de pie veloz: sonrisa.

Gota pequeña, mi dolor…

Dámoso Alonso fue un escritor que vivió los estragos causados por la guerra en su país y estos acontecimientos influyeron tanto en su personalidad como en su obra.

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Este poema en particular es quizás puede servir de ejemplo para determinar la profundidad de esto.

Gota pequeña, mi dolor.
La tiré al mar.
Al hondo mar.
Luego me dije: ¡A tu sabor
ya puedes navegar!

Más me perdió la poca fe…
La poca fe
de mi cantar.
Entre onda y cielo naufragué.

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Y era un dolor inmenso el mar.

¿Quién fue Dámaso Alonso?

Dámaso Alonso y Fernández de las Rendondas gozó de una larga vida, dedicada completamente a la literatura, a enseñar e investigar, lo que le trajo grandes satisfacciones.

Fue un lingüista, poeta, profesor, crítico literario español, y además, miembro de la Generación del 27.

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Provino de una familia de buena reputación y solidez económica. Su padre fue Dámaso Alonso y Alonso, ingeniero de minas, y su madre se llamó Petra Fernández de las Redondas Díaz.

El amor también figuro en la vida del escritor. Se casó en marzo de 1929 con Eulalia Galvarriato, escritora española, quien se convirtió en su inseparable compañera de vida.

Sin embargo, su salud comenzó a deteriorarse y cuando iniciaba su novena década falleció de un infarto el 25 de enero de 1990.

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No queda duda de que este escritor dejó un legado formidable, ¿opinas lo mismo? Déjanos un comentario y cuéntanos que piensas.

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