¿Cómo escribir una carta al director y que sea publicada?

50 años hace

¿Quieres escribir una carta al director? Estas cartas suelen ser escritas por expertos del cine, o simplemente por espectadores, donde se da una opinión respecto a una película u obra teatral

Estas cartas suelen ser enviadas a los directores de cine o teatro para elogiar o criticar su trabajo. Estas cartas suelen ser breves o no poseer una estructura muy determinada.

Por lo general el lenguaje puede llegar a ser muy informal, y suelen ser un listado de críticas o recomendaciones, a veces, sin fundamentos. Estas cartas suelen ser bastantes emocionales.

Los diarios o periódicos suelen tener una sección llamada Cartas al Director, y es una de las columnas más leídas en los diarios. Si eres fan de las películas o piezas teatrales y necesitas dar tu opinión al respecto, descubre como redactar una carta del director

Carta para un director

Muchas de estas cartas son enviadas a diarios o directamente a los directores de las películas u obras teatrales. En cualquiera de los casos, este tipo de carta cumple con algunos parámetros básicos. Entre ellos:

  • Debe ser una carta sincera, es decir, que no exagere en lo ocurrido
  • No debe extenderse tanto, debe tener un máximo de 20 líneas, o 250 palabras
  • Debe ser constante, si la persona realmente desea que su carta sea leída, debe escribir varias y enviar una por semana, ya sea al diario o al director
  • Debe ser una carta original y espontanea
  • Además de presentar los datos completos del redactor
  • Las criticas o sugerencias son el centro de la carta y deben estar bien fundamentadas

Carta al director corta

Aquí se encuentran algunos ejemplos de cartas al director. Fíjate de estos modelos para que puedas diseñar la tuya

1. Mi lista de deseo para las europeas, autónómicas y municipales

A muchos, los resultados de las votaciones generales del 28-A nos han parecido apropiados; creemos que salió lo que nos convenía. Y ahora ya veo por el retrovisor que las votaciones europeas, autonómicas y municipales (26-M) están muy cerca.

Después de ellas y respecto a los resultados, me encantaría poder escribir estas mismas cuatro palabras: “nos han parecido adecuados”.

Como catalán, barcelonés y europeo, desearía que en las autonómicas se constatara que el independentismo unilateral va de baja y que afloraran las ganas de dialogar sin líneas rojas, sin nervios y sin prisas.

Respecto a las municipales, me gustaría que la alcaldía de Barcelona la ocupara un equipo de profesionales preparados. Mujeres y hombres capaces de entender que Barcelona, con el independentismo, ha retrocedido una barbaridad.

Los buenos especialistas (urbanistas, arquitectos, etcétera) ya se contratarán después.

Ahora, lo más urgente es que gane la alcaldía una persona preparada e inteligente que domine lo global, o sea, que se dé cuenta que jugando al independentismo Barcelona cada vez está peor.

Y sobre Europa, confío en que el hombre de Waterloo y sus secuaces no salgan victoriosos.

2. El país que quiero (y sé cómo puede realizarse)

Quiero un país que me permita elegir cuándo parir, cuándo morir y cuándo denunciar la violencia; un país en el que mi familia reciba la ayuda y la atención médica que necesite; un país por el que haya valido la pena morir en el pasado; un país cívico y educado; un país en el que el agresor tenga que demostrar su inocencia; un país que cuide de nuestro planeta; un país en el que pueda seguir estudiando sin hipotecarme; un país en el que tenga un trabajo digno en el que se me trate y se me remunere según mis capacidades; un país en el que pueda vivir de alquiler, como viven todos los jóvenes en el resto de Europa; un país que fomente el desarrollo intelectual de las personas; un país que apoye la innovación tecnológica y la investigación científica, para no depender siempre del turismo; un país al que vuelvan mis amigos; un país en el que haya justicia fiscal; un país sin precariedad laboral; un país que no indulte el discurso del odio ni la simbología fascista; un país que no sea racista. Quiero un país multicultural, tolerante, solidario e inclusivo que ame y cuide a todas las personas. Quiero un país como España, gobernado por la izquierda.

3. La avaricia de los ricos y la complicidad del sistema, contra el bienestar de las personas

Hace unos días hemos tenido que cambiar a nuestra madre de 90 años de residencia. ¿Por qué? Por la avaricia de los ricos y este sistema que lo permite.

La Residencia de Roger de Flor, en Barcelona, se ha visto obligada a cerrar porque el dueño del inmueble ha rescindido el contrato de alquiler, sin más, con ánimo especulativo, después de 25 años de actividad, con sensibilidad cero por las personas mayores con sus familias.

El resultado, 25 ancianos a la calle, todo el personal trabajador despedido y el cierre del negocio. No es el único caso.

También en la Dreta de l’Eixample ha cerrado otra residencia por los mismos motivos algunos de estos ancianos pidieron de entrar en la residencia de nuestra madre-.

Esta es la avaricia de personas que siempre quieren más y más dinero sin importar el coste humano, junto con un sistema que prima la ética del dinero por encima del bienestar de las personas.

¿Hasta cuándo? ¿No haremos nada por nuestras madres y padres ancianos? Al menos, vota por el partido que defienda a las personas en primer lugar. Por sus hechos los reconoceréis.

4. Compartir una sexta parte de nuestras vidas con… el móvil

Actualmente, nuestra realidad está sometida en gran medida al uso y atención constante hacia las nuevas tecnologías. Así nos lo hacen saber los estudios oficiales, afirmando que podemos llegar a mirar nuestro teléfono móvil una media de 150 veces al día.

Pasamos alrededor de cuatro horas al día mirando las pantallas de nuestros móviles, que sería aproximadamente una sexta parte de nuestro tiempo total de vida. Además, la constante revisión de nuestro móvil también causa estrés.

Sin embargo, no somos capaces de vivir sin el apoyo que nos otorgan los dispositivos móviles. Por ejemplo, ¿cuántas veces hemos salido de casa sin el móvil encima? Pocas, por no decir ninguna.

Y si ha habido alguna vez, seguramente hemos tenido que retroceder a buscarlo por tal de no entrar en un ataque de pánico. Por otro lado, ¿quién no revisa el móvil antes de ir a dormir? O, mejor dicho, ¿qué es lo último que ves antes de cerrar los ojos?

Definitivamente, esta tendencia de prestar más atención al móvil que a nuestro entorno proviene del pensamiento y la sensación de que, si no usas el móvil, parece que te estés perdiendo algo.

Los dispositivos móviles llegaron para facilitarnos la vida y la comunicación entre nosotros, pero también nos ha causado un alto grado de dependencia y una total desconexión con la realidad.

5. La madurez: el equilibrio que se está desequilibrando

En ocasiones, se habla de madurez frente a un adulto o un adolescente aduciendo que es inmaduro o por el contrario muy maduro, respectivamente. ¿Pero dónde están los límites en cada persona?

La evolución psicológica de la persona está marcada por la afectividad de la infancia. En esa fase, la labor de los padres en el desarrollo de su razón y su voluntad es fundamental.

La madurez debe encontrar un equilibrio entre los dos ingredientes de una persona: la cabeza (razón y voluntad) y el corazón (afectividad), y dicho equilibrio, a la vez, debería ser jerárquico, dado que la razón es lo que nos diferencia del resto de animales.

En este proceso de maduración, es capital la educación del carácter que permite que la razón vaya ganando terreno a la afectividad, y en las etapas de la infancia y la adolescencia es cuando dicho carácter determina el tipo de personalidad del futuro de ese niño o adolescente.

Lo que no se aprende de niño es más difícil aprenderlo de adulto. Este tema es importante dado que la sociedad actual tiende a regirse por satisfacciones, emociones e incluso rivalidades que llevan al menor a una desestabilidad que ni él mismo reconoce.

Siempre es bueno conocer las opiniones de los espectadores, sobre todo cuando se vive en un mundo lleno de ideas. Muchas personas escriben al director para elogiar su trabajo, ya sea para exaltarlo o incentivarlo a seguir así

Por el contrario a personas que escriben para desmotivar y criticar fuertemente a los directores. Cualquiera que sea tu caso, espero que puedas utilizar estos conocimientos para elaborar una carta al director, que se positiva