+10 Fábulas de la Fontaine [Cortas y largas para niños]

Fábulas de la Fontaine
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¿Quién fue Jean de la Fontaine? ¿Cuáles son sus mejores fabulas? Jean de la Fontaine fue un reconocido fabulista francés de la década de los 70.

El cual escribió un libro titulado Las Fábulas, donde redacto más de 240 historias. Para completar este texto tardo alrededor de once años.

Los animales son los personajes principales en sus fábulas, y tienen fuertes características humanas. La Fontaine es ampliamente reconocido por su forma particular de escribir sus relatos, les impregna un aire muy humano y cercano.

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Hoy en día sus fábulas son publicadas en todo el mundo, y han sido adaptadas a más de 15 idiomas diferentes.

+10 Fábulas de la Fontaine ¡Ideales para niños!

Todas las fábulas de la Fontaine son reconocidas y apreciadas por la literatura infantil. Son historias con grandes enseñanzas y excelentes personajes. En el siguiente listado encontraras las mejores fábulas de la Fontaine

Los zánganos y las abejas

Esta fábula de la Fontaine narra la historia de unas abejas y unos zánganos que se disputaban unos panales de miel.

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Ambos decían que la miel les correspondía, y al no llegar a un consenso deciden llevar su caso ante el tribunal de la avispa.

Esta avista, llama a varios testigos e interroga a ambas partes, pero no logra un veredicto.

Es así como transcurren seis meses, y las abejas al notar la tardanza, proponen que los zánganos y las abejas trabajen conjuntamente para ver quien hace los mejores panales de miel. ¿Sabes que sucedió después?

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Había una vez unos panales de miel que no tenían dueño. Los zánganos los reclamaban y las abejas se oponían, así que se llevó el problema al tribunal de cierta avispa.

Los testigos decían haber visto volando alrededor de aquellos panales a unos bichos alados de color oscuro parecidos a las abejas, pero los zánganos tenían las mismas señales.

La señora avispa, no sabiendo qué decidir, abrió de nuevo el sumario y, para mayor ilustración, llamó a declarar a todo un hormiguero; pero ni por esas se pudo aclarar la duda.

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-¿Me queréis decir a qué viene todo esto?- preguntó una abeja muy lista-. Seis meses hace que está pendiente el problema y estamos como el primer día. Mientras tanto, la miel se está perdiendo. Ya es hora de que el juez se decida; bastante ha tardado ya. Trabajemos los zánganos y nosotras, y veremos quien sabe hacer panales tan buenos y tan repletos de rica miel.

No admitieron los zánganos, demostrando que aquel arte era superior a sus habilidades, y la avispa dio la miel a sus verdaderas dueñas, las abejas.

Moraleja de los zánganos y las abejas: no te creas más que los demás, conoce cual es tu lugar y tus habilidades. Nunca intentes ir en contra de tu propia naturaleza.

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El zorro y la cigüeña

La siguiente fábula de la Fontaine cuenta la historia de un zorro y una cigüeña que eran muy buenos amigos.

Un día el zorro invito a comer a la cigüeña a su casa, sin embargo, como a el le gustaba burlarse de todo y de todos, le sirve la comida en platos llanos, lo que imposibilitaba que la cigüeña pudiera comer.

Es así, como la pobre cigüeña, molesta y avergonzada decide invitar al día siguiente al zorro a su casa. ¿Qué habrá pasado cuando el zorro llego a la casa de la cigüeña?

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El señor zorro, al que le gustaba mucho burlarse de los demás, invitó a comer un día a su amiga la cigüeña. Al llegar a casa del zorro, todo olía de maravilla, pero resultó que todos los platos se sirvieron en platos tan llanos que la cigüeña no pudo comer nada con su largo pico. El zorro, por su lado comió todo lo del plato y chupó hasta los restos.

Para vengarse de esta burla, la cigüeña invitó al zorro a ir a almorzar a su casa al día siguiente. Al llegar, le recibió con mil reverencias, le sentó a la mesa junto a los mejores platos y le sirvió la riquísima comida en platos muy largos y estrechos, donde el pico de la cigüeña entraba perfectamente y el hocico del zorro apenas pasaba el borde.

Avergonzado por su actitud el día de antes, el zorro volvió a su casa hambriento, con las orejas gachas y el rabo entre las patas, como sí, con toda su astucia, le hubiera engañado una gallina.

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Moraleja del zorro y la cigüeña: Nunca hagas lo que no te gustan que te hagan, siempre ten presente que si te burlas de los demás, en algún momento alguien también se burlara de ti.

El lobo y el cordero

Esta fábula de la Fontaine nos sitúa en un pequeño arroyuelo, donde un corderito sediento estaba tomando agua. Justo en ese momento llega un feroz lobo hambriento y molesto.

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Este lobo comienza a pelear con el pobre corderito, acusándolo que muchas cosas, que el corderito nunca había hecho.

Fue tanta la molestia del lobo, que se llevo al corderito a lo profundo del bosque. ¿Qué paso con el corderito?

Un corderillo sediento bebía en un arroyuelo. Llegó en esto un lobo en ayunas, buscando peleas y atraído por el hambre.

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-¿Cómo te atreves a enturbiarme el agua? -dijo malhumorado al corderillo-. Castigaré tu temeridad.

–No se irrite vuestra majestad – contestó el cordero -, considere que estoy bebiendo en esta corriente veinte pasos más abajo, y mal puedo enturbiarle el agua.

–Me la enturbias – gritó el feroz animal – y me consta que el año pasado hablaste mal de mí.

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–¿Cómo había de hablar mal, si no había nacido? No estoy destetado todavía.

–Si no eras tú, sería tu hermano.

–No tengo hermanos, señor.

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–Pues sería alguno de los tuyos, porque me tenéis mala voluntad todos vosotros, vuestros pastores y vuestros perros. Lo sé de buena tinta y tengo que vengarme.

Dicho esto, el lobo coge al cordero, se lo lleva al fondo de sus bosques y se lo come, sin más auto ni proceso.

Moraleja del lobo y el corderito: la lección de esta fábula es que las personas mentirosas y malhumoradas nunca son buena compañía, y a pesar de tener la verdad de tu lado, ellas siempre creen tener la razón.

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Las alforjas

La siguiente fábula de la Fontaine nos narra la historia de que el Dios Júpiter cito a todos los seres a una reunión. Y les pregunto si se sentían cómodos con su físico.

El primero en ser señalado fue el mono, y este dijo que se sentía conforme con su cuerpo, y que se sentía mejor que el oso.

En eso interviene el oso y comenta que su cuerpo es fuerte y que por el contrario, el elefante tiene un aspecto extraño. ¿Qué creen que dijo el elefante?

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Dijo un día el dios Júpiter:

– Vengan a mi todos los seres del planeta. Si en su naturaleza algo falta, díganlo sin empacho: yo pondré remedio. Ven señor mono, mire a los demás animales y dígame si está contento con su cuerpo..

-¿Por qué no?- respondió el mono- ¿No tengo cuatro pies, lo mismo que lo demás? No puedo quejarme de mi estampa; no soy como el oso, que parece medio hecho nada más.

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Llegaba, en esto, el oso y creyeron todos que iban a oír largas lamentaciones. Nada de eso, alabó mucho su buena figura y se metió con el Elefante, diciendo que no sería malo alargarle la cola y recortarle las orejas; que tenía un cuerpo informe y feo.

El elefante, a su vez, a pesar de la fama que goza de inteligente, dijo cosas parecidas, opinó que la señora ballena era demasiado corpulenta. La hormiga, por el contrario, tachó al pulgón de diminuto.

Júpiter, al ver cómo se criticaban unos a otros, los despidió a todos. Pero entre los más presumidos, estaba nuestra especia, la humana. Somos linces para ver los fallos de nuestros semejantes, pero estamos ciegos ante los nuestros.

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Nos lo quedamos todo y a los demás no damos nada. El Señor nos dio a todos los hombres , tanto los de antes como a los de ahora, un par de alforjas: la de atrás para los defectos propios; la de adelante para los ajenos.

Moraleja de las alforjas: el ser humano nunca ve sus defectos, pero si se fija en los defectos de los demás. Siempre se alaba a sí mismo, y se olvida de su prójimo.

La rana que quiso hincharse como un buey

Esta fábula de la Fontaine nos sitúa en una charca donde vivían las ranas.

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En cierto día un buey se acerco a la charca para beber un poco de agua, en eso una rana lo ve y se siente inferir porque es muy pequeña, y no posee un tamaño similar al buey.

Es así como decide hincharse lo más que pueda para poder alcanzar al buey. ¿La rana logrará alcanzar al buey?

Una rana que se encontraba en una charca, vio un día acercarse a un buey a beber un poco de agua, y le llamo la atención el gran tamaño del animal. La ranita era muy pequeña, no más grande que un limón. Al ver al corpulento buey se llenó de envidia y decidió hincharse hasta igualarlo en tamaño.

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La ranita mientras se iba hinchando les preguntaba a sus compañeras:

-¿Me he hinchado bastante para igualarlo? ¿Ya soy tan grande como él?

-No.

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-¿Y ahora?

– Tampoco.

-¡Ya lo logré!

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-¡Aún estás muy lejos!

Y la pobre rana se hinchó tanto que reventó.

Moraleja de la rana que quiso hincharse como un buey: los envidiosos están a la vuelta de la esquina. Sus malas intenciones siempre traen consecuencias para ellos mismos.

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El cuervo y el zorro

Esta fábula de la Fontaine narra la historia de un cuervo que posado en una árbol tenía en su pico un trozo de queso.

Mientras el cuervo estaba en ese sitio, paro por ahí un zorro hambriento, que noto el pedazo de queso que tenía el cuervo.

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Es así como comienza a adular al cuervo, y a decirle que tiene un plumaje hermoso, y que cantará un poco para él. ¿Qué creen que hizo el cuervo?

Estaba un cuervo  posado en un árbol y tenía en el pico un queso. Atraído por el aroma, un zorro que pasaba por ahí le dijo:

-¡Buenos días, señor Cuervo! ¡Qué bello plumaje tienes! Si el canto corresponde a la pluma, tu tienes que ser el Ave Fénix.

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Al oír esto el cuervo, se sintió muy halagado y lleno de gozo, y para hacer alarde de su magnífica voz, abrió el pico para cantar, y así dejo caer el queso. El zorro rápidamente lo tomó en el aire y le dijo:

– Aprenda, señor cuervo, que el adulador vive siempre a costa del que lo escucha y presta atención a sus dichos; la lección es provechosa, bien vale un queso.

Moraleja del cuervo y el zorro: nunca prestes atención a los falsos aduladores, ellos solo quieren que te distraigas, para conseguir lo que desean.

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El mono y el leopardo

Esta fábula de la Fontaine se sitúa en un circo, donde un leopardo y un mono siempre luchaban para ver quien atraía a más clientes.

Ambos animales sabían que entre más personas los vieran más monedas y más comida tendrían.

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Es así como el leopardo haciendo alarde de su hermoso pelaje intentaba llamar la atención del público, sin embargo, el mono tenía algo más que ofrecer. ¿Qué ofreció el mono al público?

El mono y el leopardo trabajaban en un circo, cada uno a su manera trataba de atraer a la gente y así conseguir la mayor cantidad de monedas diarias, que le aseguraban una ración importante de comida.

-¡Señoras y señores, hermoso público! – decía el leopardo -, ¡pasen y vean que bella piel que tengo, armónica en forma y colores, admiren mis delicadas manchas, mis perfectas líneas, es algo nunca visto!.

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El público pasaba y miraba unos segundos pero seguía su camino, sin sentirse muy atraído por el animal. Por otro lado, el mono decía:

-¡Señoras y señores, los invito a ver algo realmente único, bailo, canto, hablo, entiendo su idioma, juego con pelotas y aros; hago muchas cosas divertidas! La diversidad de la piel del leopardo yo la poseo en mi imaginación, que es inagotable y si no se divierten lo suficiente les regresaré su dinero.

Al público le resultaba imposible evadir una invitación tan prometedora, así que el mono gracias a su inventiva conseguía todos los días muchas monedas.

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Moraleja del mono y el leopardo: ofrece más que una simple imagen o vestuario, conoce cuales son tus talentos y aprovéchalos al máximo.

La cigarra y la hormiga

La siguiente fábula de la Fontaine nos traslada a un frio invierno, donde una hambrienta cigarra vagaba en busca de alimento, es así como llega a la puerta de un hormiguero y le pide a las hormigas que le den algo para comer.

A lo que las hormigas respondieron: Acaso que hiciste todo el verano? Por qué no guardaste nada de comida. ¿Y que respondió la cigarra?

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Una vez, al llegar el invierno, una cigarra que estaba muerta de hambre se acercó a la puerta de un hormiguero pidiendo comida. A su pedido respondieron las hormigas, haciendo la siguiente pregunta:

-¿Por qué durante el verano no hiciste tu reserva de alimentos como lo hicimos nosotras?

La cigarra respondió:

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– Estuve cantando alegremente todo el tiempo, y disfrutando el verano plenamente ¡Si hubiera sabido lo duro que es el invierno…!

Las hormigas le dijeron:

-Mientras nosotras trabajamos duro durante el verano para tener las provisiones y poder pasar el invierno, tú disfrutabas y perdías el tiempo. Así que ahora…¡sigue bailando!

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Pero las hormigas sintieron pena por la situación y entendieron que la cigarra había aprendido la lección, entonces finalmente compartieron con ella su alimento.

Moraleja de la cigarra y la hormiga: nunca desperdicies el tiempo, siempre se precavido porque vendrán tiempos difíciles

El asno y su mal compañero

Esta historia habla sobre un joven caballo y un asno viejo, ambos tenían el mismo amo, pero al pobre asno le tocaba la parte más difíciles, debía llevar todo el cargamento el solo.

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En cierto momento, el asno le implora al caballo que lo ayude porque siente que se va a desmayar, sin embargo, el caballo tan arrogante y orgulloso lo ignora y se ríe de él.

Un par de minutos después el asno cae desmallado y fallece. ¿Qué creen que paso con la carga?

Un caballo joven y desconsiderado caminaba felizmente junto a un asno viejo, que iba muy cargado por los fardos que había cargado su amo sobre su lomo. El asno, muy fatigado, imploró ayuda a su compañero, y este le dijo:

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– Te pido, amigo, que me ayudes a cargar la mitad de lo que llevo encima, para ti sería como un juego, en cambio para mi sería un enorme servicio, ya que siento que estoy a punto de desmayarme.

Pero el caballo  se negó a prestarle ayuda, riéndose del burro. Continuaron caminando, hasta que el asno no aguanto más y cayó desfallecido.

Al ver esto, el caballo se dio cuenta de lo mal que había actuado y ahora el amo, quitó toda la carga que transportaba el burro y la colocó encima de él.

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Moraleja del asno y su mal compañero: siempre ayuda a tu prójimo, y nunca te burles de las desgracias ajenas, porque algún día puedes pasar por la misma situación.

El león y el chivo

Esta fábula de la Fontaine nos cuenta la historia de un hambriento león que buscaba a quien devorar. En eso observa a un chivo en la montaña vecina, que se encontraba pastando tranquilamente.

Sin embargo, el león no tenía la fuerza necesaria para ir hasta donde estaba el chivo.

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Es así, como se dispone a engañarlo, invitándolo a comer pasto en su lado de la montaña, porque son más verdes y jugosas. ¿El chivo habrá aceptado la invitación del león?

Un león hambriento caminaba por una montaña en busca, de algún animal que pudiera convertirse en una presa, que calmara su apetito. Decía:

-¡Si encontrara una cabrita o una ovejita…!

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Mientras su estómago no paraba de clamar por alimento de forma urgente. En ese instante vio, que al otro lado, en otra montaña estaba un chivo  pastando tranquilamente. Por fin lo que buscaba, pero su debilidad era tan grande, que no se animaba a saltar. Entonces se le ocurrió una treta y dijo:

-¿Quieres que bajemos al valle, así podremos comer hierbas mas frescas y ricas que las que crecen por aquí?

Pero el chivo advirtió rápidamente las intenciones del león, así que respondió:

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-¡Si! ya se que las hierbas en el valle son mas frescas y ricas que por aquí, pero bajaré cuando tu te encuentres muy lejos.

Moraleja del león y el chivo: nunca aceptes todo tipo de invitaciones, muchas veces son engañosas y pueden traer mucho mal

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