+10 Fábulas de Esopo ¡Las mejores!

Fabulas de Esopo
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¿Cuáles son las fabulas de Esopo más famosas? Esopo fue un conocido fabulista griego a principios del siglo VI a.C. Es reconocido por su particular forma de redactar, ya que, todas sus obras son en prosa.

Durante toda su vida Esopo se dedico a la creación literaria, sobre todo en el género de las fábulas. Se cree que este fabulista es originario de Frígia.

La narración en sus fábulas es ampliamente elogiada, porque les da a los personajes toques humanos y reflexivos.

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+10 Mejores fábulas de Esopo

Esopo fue un gran fabulista, que en poco tiempo logro escribir grandes historias con profundas reflexiones. ¿Has leído alguna fábula de Esopo?

A continuación te presentamos algunas de las mejores fábulas de Esopo. No te las puedes perder.

El caballo y el asno

La siguiente fábula de Esopo narra la historia de dos buenos amigos, un caballo y un asno que convivían en el mismo establo.

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Ellos se compartían todo, la carga diaria y el trabajo que les correspondían, vivían en completa armonía.

Sin embargo, cierto día, el dueño coloco por error más carga en lo lomo del asno, y esto no se percato de lo sucede sino hasta muchos kilómetros ya transcurridos.

Al notar que se sentía sumamente cansado y fatigado, le pidió ayuda al caballo. ¿Qué le contesto el caballo a su amigo?

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Un caballo y un asno vivían en una granja y compartían, durante años, el mismo establo, comida y trabajo que consistía en llevar fardos de heno al mercado de la ciudad. Todos los días practicaban la misma rutina y seguían por una carretera de tierra llevados por su dueño hasta la ciudad.

Un día, sin darse cuenta, el dueño puso más carga a la espalda del asno que a la espalda del caballo. En las primeras horas nadie se dio cuenta del error del dueño, pero con el pasar del tiempo, el asno empezó a sentirse muy cansado y agotado. El asno empezó a sudar, a sentirse mareado, y sus patas empezaban a temblar.

Cuando el asno ya no podía más, se paró y pidió a su amigo caballo:

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– Amigo, creo que nuestro dueño se equivocó y puso más carga a mi espalda que en la tuya. Estoy agotado y ya no puedo seguir, ¿será que podrías ayudarme a llevar algo de mi carga?

El caballo haciéndose el sordo no dijo nada al asno. Le miró y siguió por la carretera como si nada hubiera pasado.

Minutos más tarde, el asno, con cara de pánico y visiblemente decaído, se desplomó al suelo, víctima de una tremenda fatiga, y acabó muriéndose allí mismo.

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El dueño, apenado y disgustado por lo que había pasado con su asno, tomó una decisión. Echó toda la carga que llevaba el asno encima del caballo. Y el caballo, profundamente arrepentido y suspirando, dijo:

– ¡Qué mala suerte tengo! ¡Por no haber querido cargar con un ligero fardo ahora tengo que cargar con todo!

Moraleja del caballo y el asno: si esta dentro de tus posibilidades ayudar a tu prójimo, hazlo. Porque cada vez que no lo haces el que sale perjudicado eres tu.

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El águila, el cuervo y el pastor

Esta fábula de Esopo narra la historia  de una fuerte y hermosa águila que se abalanza sobre un corderito y se lo lleva, esta escena es vista por un cuervo un tanto egocéntrico, que intenta imitar la hazaña del águila.

Se queda mirando detenidamente a un cordero y se abalanza sobre él, pero siendo tan inexperto y torpe, sus garras quedan atrapadas en la lana.

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Un pastor mira todo lo que sucede, y hace algo con el cuervo. ¿Qué creen que hizo?

Lanzándose desde una cima, un águila arrebató a un corderito.

La vio un cuervo y tratando de imitar al águila, se lanzó sobre un carnero, pero con tan mal conocimiento en el arte que sus garras se enredaron en la lana, y batiendo al máximo sus alas no logró soltarse.    

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Viendo el pastor lo que sucedía, cogió al cuervo, y cortando las puntas de sus alas, se lo llevó a sus niños.

Le preguntaron sus hijos acerca de que clase de ave era aquella, y les dijo:

– Para mí, sólo es un cuervo; pero él, se cree águila.

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Moraleja del águila, el cuervo y el pastor: siempre debes dedicar tus esfuerzos y capacidades en cosas que realmente sabes que te saldrán bien.

No intentes ser algo que no eres porque puedes fracasar terriblemente.

El medico ignorante

Esopo narra en esta fábula como un enfermo busca la opinión de varios médicos, para saber sobre su mal. Todos los médicos concordaron que su enfermedad no era grave, pero que si sería de por vida.

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Sin embargo, un medico ignorante le afirmo que de ese día no pasaba. Al día siguiente, el enfermo se despertó, camino y salió a la calle. ¿Se  imaginan que sucedió?

Érase un enfermo al que muchos médicos habían asegurado que, aunque no estaba en peligro, su mal sería de larga duración; pero había un médico ignorante  que le dijo que tomara todas sus disposiciones porque no pasaría del día siguiente.

Al cabo de algún tiempo, el enfermo se levantó y salió pálido y caminando con dificultad. Nuestro médico le encontró y le dijo:

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-¿Cómo están, amigo, los habitantes del infierno?

– Tranquilos – contestó -, porque han bebido el agua del Lecteo. Pero últimamente Hades y la Muerte proferían terribles amenazas contra los médicos porque no dejan morir a los enfermos, y a todos los apuntaban en su libro. Iban a apuntarte a tí también, pero yo me arrojé a sus pies jurándoles que no eras un verdadero médico y diciendo que te habían acusado sin motivo.

Moraleja del medico ignorante: nunca digas cosas que no sabes, tus palabras sin fundamento pueden dañar o entorpecer la vida de otra persona.

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Se sabio con tus palabras y refrena tu lengua, si no sabes de algún tema.

El padre y las dos hijas

Esta fábula de Esopo cuenta la historia de un padre amoroso y dedicado, que se encargo de la crianza de sus dos hijas. Al cabo del tiempo, sus hijas crecieron y cada una decidió casarse.

La primera se caso con un hortelano y la otra con un fabricante de ladrillos. Con el paso del tiempo, este padre decide ir a visitar a sus hijas para ver como les iba en su matrimonio.

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La primera estaba muy contenta con su esposo, y solo pedía que todos los días lloviera para que su huerto creciera y diera fruto.

Por el contrario, la otra hija pedía que el sol saliera todos los días para que los ladrillos se secaran. ¿Por cual petición se inclinaría su padre?

Había una vez un padre que tenía dos hijas. Desde cuando eran pequeñas, el padre siempre estuvo pendiente de ellas. El tiempo pasó y llegó el día en que las dos hijas se fueron de casa para empezar y construir sus propias vidas. Una de ellas se casó con un hortelano y la otra con un fabricante de ladrillos.

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Al cabo de un tiempo el padre decidió visitar a las dos hijas para saber cómo le iban las cosas. Primero, fue a visitar a la hija que ahora se dedicaba al cultivo de un huerto.

– Hola mi hija, ¿Cómo estás en tu nueva vida?

– Todo está de maravilla conmigo papá, tengo un compañero que me quiere y mucho trabajo en el huerto.

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– Cómo me alegro por ti, hija mía

– Gracias papá. Sólo tengo un deseo especial: que llueva todos los días con abundancia para que así las plantas tengan siempre suficiente agua para crecer. Así no nos faltará verduras para vender en el mercado.

El padre deseó suerte a su hija y se despidió de ella deseando que sus deseos se cumplieran.

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Pocos días después, el padre decidió visitar la otra hija que se dedicaba a construir ladrillos con su marido.

– Hola mi hija, ¿Cómo estás en tu nueva vida?

– Todo está muy bien, papá. Mi marido y yo nos damos bien y la vida nos sonríe. ¡No nos podemos quejar!

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– Qué bien, hija mía. Me alegro mucho por ti.

– Gracias papá. Solo tengo un deseo especial: que los días se mantengan secos, sin lluvia, con sol brillante, para que así los ladrillos sequen y endurezcan más rápido y bien.

El padre deseó suerte a su hija y se despidió de ella deseando que su deseo se cumpliera.

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En el camino a casa, el padre fue pensando en los deseos de sus hijas. Una desea lluvia y la otra desea tiempo seco. ¡Qué gran duda! ¿A cuál de los deseos puedo desear que se cumpla?

La pregunta que se hizo el padre no tenía respuesta. El padre llegó a la conclusión de que debería dejar que decidiera el destino, ya que él no podría hacer nada.

Moraleja del padre y sus dos hijas: la enseñanza de esta fábula es que no se puede complacer a todo el mundo. Hay cosas que se deben dejar conforme a la voluntad de Dios.

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La zorra y el leñador

Esta fábula de Esopo narra la historia de una zorra que era perseguida por un par de cazadores. La zorra corrió lo más rápido que pudo y pidió ayuda a un leñador, el cual le indico un lugar en su cabaña donde podía esconderse.

A los pocos minutos llegaron los cazadores preguntándole al leñador si había visto a la zorra, a lo que contesto que no. Pero sus manos indicaban otra cosa. ¿Qué creen que paso con la zorra y el leñador?

Una zorra estaba siendo perseguida por unos cazadores cuando llegó al sitio de un leñador y le suplicó que la escondiera. El hombre le aconsejó que ingresara a su cabaña.

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Casi de inmediato llegaron los cazadores, y le preguntaron al leñador si había visto a la zorra.

El leñador, con la voz les dijo que no, pero con su mano disimuladamente señalaba la cabaña donde se había escondido.

Los cazadores no comprendieron la señas de la mano y se confiaron únicamente en lo dicho con la palabra.

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La zorra al verlos marcharse, salió sin decir nada.

Le reprochó el leñador por qué a pesar de haberla salvado, no le daba las gracias, a lo que la zorra respondió:

-Te hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca hubieran dicho lo mismo.

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Moraleja de la zorra y el leñador: esta fábula enseña que no puedes decir una cosa, y con tus acciones hacer otra. Debes ser coherente con lo que dices y haces, para llegar a ser una persona confiable y honesta.

Las ranas pidiendo rey

La siguiente fábula de Esopo narra la historia de unas ranas que vivían felices y en paz en un estanque, sin embargo, sentían que todo era un desorden y que necesitan de alguien que las guiara y cuidara.

Es así como deciden pedirle a Zeus que les mande un rey. Zeus responde a su pedido, y les envía un gran tronco de leño. Este tronco fue colocado en medio del estanque.

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Al principio las ranas sintieron miedo, pero al ver que nada pasaba, comenzaron a burlarse del nuevo rey, y regresaron nuevamente a donde Zeus. ¿Qué le pidieron esta vez a Zeus?

En un estanco lejano y muy distante vivían unas ranas libres y felices, pero cansadas del desorden y de la anarquía en que vivían. Y tomaron una decisión: mandaron una delegación a Zeus para que les enviara un rey para cuidarlas.

Zeus, atendiendo a la petición de las ranas, les envió un grueso tronco de leño a su charco.

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Espantadas las ranas por el ruido que hizo el leño al caer, se escondieron donde mejor pudieron. Asustadas, las ranas se acercaron al tronco, y viendo que el leño no se movía, fueron saliendo a la superficie y dada la quietud que predominaba, empezaron a sentir tan grande desprecio por el nuevo rey, que brincaban sobre él y se le sentaban encima, burlándose sin descanso.

Y así, sintiéndose humilladas por tener de monarca a un simple madero, volvieron indignadas donde Zeus, pidiéndole que les cambiara al rey, pues éste era demasiado tranquilo.

Ante la molestia de las ranas, Zeus se enojó y les lanzó truenos y con estos les envió una hambrienta serpiente de agua que atrapó y devoró a todas las ranas, una a una, sin compasión.

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Moraleja de las ranas pidiendo rey: la lección de esta fábula de Esopo, es que siempre será mejor un rey tranquilo y sencillo, que uno arrogante y peligroso.

El avaro y el oro

Esta fábula de Esopo narra la historia de un hombre sumamente avaro que vendió todo lo que le sobraba en su hogar para comprar una pieza de oro. Esa pieza de oro la enterró cerca de una pared, en el piso.

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El avaro iba todos los días a verla y constatar que seguía ahí. Pero sus visitas constantes hicieron que un vecino se acercara al lugar y viera que sucedía. Al acercarse noto la pieza de oro. ¿Qué creen que hizo el vecino?

Un avaro vendió todo lo que tenía de más y compró una pieza de oro, la cual enterró en la tierra a la orilla de una vieja pared y todos los días iba a mirar el sitio. 

Uno de sus vecinos observó sus frecuentes visitas al lugar y decidió averiguar que pasaba. Pronto descubrió lo del tesoro escondido, y cavando, tomó la pieza de oro, robándosela. 

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El avaro, a su siguiente visita encontró el hueco vacío y jalándose sus cabellos se lamentaba amargamente. 

Entonces otro vecino, enterándose del motivo de su queja, lo consoló diciéndole: 

– Da gracias de que el asunto no es tan grave. Ve y trae una piedra y colócala en el hueco. Imagínate entonces que el oro aún está allí. Para ti será lo mismo que aquello sea o no sea oro, ya que de por sí no harías nunca ningún uso de él.

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Moraleja del avaro y el oro: la enseñanza de esta fábula, es que siempre se debe valorar las cosas por lo que son, y no por lo que representan.

El lobo con piel de oveja

Esopo nos muestra por medio de esta fábula, la historia de un lobo hambriento, que no conseguía nada que comer.

Un día, en medio de su hambre pensó que debía cambiar su aspecto para conseguir más alimento, y es así como toma la piel de una oveja y se disfraza.

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Comienza a pastar como una oveja cualquiera, y despista al pastor, sin embargo algo sale mal. Y es encerrado en un corral con todas las ovejas. ¿Qué sucede después?

Un lobo hambriento caminaba por el bosque buscando algo para comer. Cuando ya no podía más, se sentó y fue cuando tuvo una idea. Pensó:

– Si como lobo no puedo agarrar ni una sola presa, entonces cambiaré mi apariencia y con el engaño podré comer.

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Y así fue lo que hizo el lobo para obtener su comida. Se metió en una piel de oveja y se fue a pastar con el rebaño, despistando totalmente al pastor.

Pero su plan no ha salido como él esperaba.

Al atardecer, para su sorpresa, el lobo disfrazado de oveja fue llevado junto a las demás ovejas a un encierro, quedando la puerta asegurada.

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En la noche, buscando el pastor su provisión de carne para el día siguiente, tomó al lobo creyendo que era un cordero y lo sacrificó al instante.

Moraleja del lobo con piel de oveja: esta fábula enseña que según el tamaño del engaño, de ese mismo tamaño serán las consecuencias recibidas.

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El lobo y la grulla

La siguiente fábula de Esopo cuenta la historia de un lobo que mientras comía un hueso, se el queda atascado un pedazo en la garganta. Angustiado y asustado, corre por todos lados pidiendo ayuda.

Hasta que consigue una grulla, y le dice que lo salve, y que le dará una recompensa. Entonces la grulla introduce su cabeza y saca el hueso de la garganta.

Luego de eso, la grulla pide su recompensa. ¿Qué se imaginan que le dijo el lobo a la grulla?

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A un lobo que comía un hueso, se le atragantó el hueso en la garganta, y corría por todas partes en busca de auxilio.

Encontró en su correr a una grulla y le pidió que le salvara de aquella situación, y que enseguida le pagaría por ello. Aceptó la grulla e introdujo su cabeza en la boca del lobo, sacando de la garganta el hueso atravesado. Pidió entonces la cancelación de la paga convenida.

– Oye amiga – dijo el lobo – ¿ No crees que es suficiente paga con haber sacado tu cabeza sana y salva de mi boca ?

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Moraleja del lobo y la grulla: nunca debes confiar en las promesas de personas malvadas o falsas, porque sus promesas son vacías

El naufrago

Esta fábula narra la historia de un rico que estaba en un barco con otros pasajeros. Todos estaban contentos y alegres en medio de aquel barco.

Sin embargo, una tempestad repentina hizo que el barco comenzara a hundirse poco a poco.

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Todos los pasajeros intentaban mantenerse a flote, sin embargo, el rico le estaba pidiendo a la diosa Atenea que lo salvara. ¿Será que Atenea salva al rico?

Navegaba un rico ateniense en una nave junto con otros pasajeros. De pronto, a causa de una súbita y violenta tempestad, empezó rápidamente a hacer agua el navío. 

Y mientras los demás pasajeros, con su esfuerzo, trataban de salvarse a nado, el rico ateniense, invocando a cada instante a la diosa Atenea, le prometía efusivamente toda clase de ofrendas si por su medio lograba salvarse.

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Uno de los náufragos que lo oía a su lado le dijo:

– Pide a Atenea, pero también a tus brazos.

Moraleja de el naufrago: si vas a pedir algo, también debes actuar en pro de ello. Tus acciones tienen que estar en consonancia a resolver tus problemas

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