+8 Fabulas de Samaniego (Las más populares)

Fabulas de Samaniego
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¿Cuáles fueron las mejores fabulas de Samaniego? Felix María Samaniego fue un reconocido escritor español que dejo al menos nueve libros completamente llenos de fábulas.

Las fábulas era un género que lo apasionaba y por lo tanto, a lo largo de su carrera literaria escribió un total de 157 fábulas.

Sus relatos se caracterizan por dejar grandes enseñanzas, además de estar interpretados en su mayoría por animales y personajes fantásticos.

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Una de las grandes características de los escritos de Samaniego, es que no poseen un tono ingenuo, sino que utiliza frases más implacables. Pero siempre dejando un mensaje relacionado a los valores o el amor.

+8 Fabulas de Samaniego (Cortas y Largas)

Samaniego se popularizo por el hecho de mostrar historias irreverentes y llamativas, que rompían con el esquema de las fábulas tradicionales.

¿Haz leído alguna fábula de Samaniego? A continuación te presentamos las 8 mejores.

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El ciervo y los bueyes

Esta fábula de Samaniego narra la historia de un ciervo que huye de cazadores y se refugia en un establo, en este lugar un sabio buey le dice que se vaya pronto, que si los hombres lo ven lo mataran para comérselo.

El ciervo un tanto confiado le dice que descansara un rato y luego se ira al bosque. En eso entran algunos criados y revisan el lugar sin notar su presencia.

El ciervo, contento y alegre, cree que el peligro ha pasado, sin embargo, el buey le advierte que el dueño del establo todo lo ve, y le dice que se vaya. En eso entra el dueño ¿Creen que vio al ciervo?

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Con inminente riesgo de su vida,
un Ciervo se escapó de la batida,
y en la quinta cercana, de repente,
se metió en el establo incautamente.

Dícele un Buey: «¿Ignoras, desdichado,

que aquí viven los hombres? ¡Ah, cuidado!
Detente, y hallarás tanto reposo
como perdiz en boca de raposo».

El Ciervo respondió: «Pero, no obstante,

dejadme descansar algún instante,
y en la ocasión primera
al bosque espeso emprendo mi carrera».

Oculto entre el ramaje permanece.

A la noche el boyero se aparece;
al ganado reparte el alimento,
nada divisa; sálese al momento.

El mayoral y los criados entran,

y tampoco le encuentran.
Libre del aquel apuro,
el Ciervo se contaba por seguro.

Pero el Buey más anciano

le dice: «¡Qué! ¿Te alegras tan temprano?
Si el amo llega, lo perdiste todo.
Yo le llamo Cien-ojos por apodo.
Más, ¡chitón, que ya viene!»

Entra Cien-ojos, todo lo previene;

a los rústicos dice: «¡No hay consuelo!
¡Las colleras tiradas por el suelo;
limpio el pesebre, pero muy de paso;
el ramaje muy seco y muy escaso!
Señor mayoral, ¿es éste buen gobierno?».

En esto mira el enramado cuerno

del triste ciervo; grita, acuden todos
contra el pobre animal de varios modos,
y a la rústica usanza
se celebró la fiesta de matanza.

Moraleja del ciervo y los bueyes: la enseñanza de esta historia es que el amo, o dueño nunca debe confiar en el ojo ajeno. Siempre debe fiarse de lo que él mismo ve.

El labrador y la providencia

La siguiente fábula de Samaniego narra la historia de un cansado labrador que se recuesta debajo de una encina.

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Contemplando todo su trabajo en la tierra, comienza a analizar porque la providencia había colocado a los melones en el suelo y no en lo alto, como a las bellotas.

En eso, la cae una bellota en la nariz y el labrador comprende porque la providencia coloca cada cosa en su lugar.

Un labrador cansado,
en el ardiente estío,
debajo de una encina
reposaba pacífico y tranquilo.

Desde su dulce estancia

miraba agradecido
el bien con que la tierra
premiaba sus penosos ejercicios.

Entre mil producciones,

hijas de su cultivo,
veía calabazas,
melones por los suelos esparcidos.

«¿Por qué la Providencia

-decía entre sí mismo,-
puso a la ruin bellota
en elevado y preeminente sitio?

¿Cuánto mejor sería

que, trocando el destino,
pendiesen de las ramas
calabazas, melones y pepinos?».

Bien oportunamente,

al tiempo que esto dijo,
cayendo una bellota,
le pegó en las narices de improviso.

«¡Pardiez! -prorrumpió entonces

el labrador sencillo-

¡Si lo que fue bellota

algún gordo melón hubiera sido,
desde luego pudiera
tomar a buen partido,
en caso semejante,
quedar desnarigado, pero vivo!».

Aquí la Providencia

manifestar quiso
que supo a cada cosa
señalar sabiamente su destino.

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Moraleja del labrador y la providencia: el hombre no puede comprender la majestuosidad y la grandeza de la naturaleza y de los frutos de la tierra.

Es por esto, que no debe cuestionar el orden y el por qué de las cosas.

El asno y el lobo

La fábula de Samaniego nos sitúa en una encrucijada, donde un pobre burro cojo noto que un feroz lobo lo esta siguiendo para comérselo.

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Es así como llega el lobo frente al burro, y el pobre burro le dice que tiene un clavo en una de sus patas, que por favor lo ayude a sacárselo, para no morir tan dolorosamente.

El lobo todo confiado y soberbio, le dice que le quietara el clavo y luego se lo comerá. Cuando el lobo se agacha para sacar el clavo. ¿Qué creen que hizo el burro?

Un Burro cojo vio que le seguía
un Lobo cazador, y, no pudiendo
huir de su enemigo, le decía:

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«Amigo Lobo, yo me estoy muriendo;
me acaban por instantes los dolores
de este maldito pie de que cojeo.

Si yo me valiese de herradores,
no me vería así como me veo.
Y pues fallezco, sé caritativo:
sácame con los dientes este clavo.

Muera yo sin dolor tan excesivo,
y cómeme después de cabo a rabo».
«¡Oh!, dijo el cazador con ironía,
contando con la presa ya en la mano,

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¡No solamente sé la anatomía,
sino que soy perfecto cirujano!
El caso es para mí una patarata:
La operación, no es más que de un momento.

¡Alargue bien la pata,
y no se acobarde, buen jumento!».
Con su estuche molar desenvainado,
el nuevo profesor llega doliente;
mas éste le dispara de contado
una coz que le deja sin un diente.

Escapa el cojo; pero el triste herido
llorando se quedó su desventura.
«¡Ay, infeliz de mí! ¡Bien merecido
el pago tengo de mi gran locura!

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¡Yo siempre me llevé el mejor bocado
en mi oficio de Lobo carnicero!
Pues si pude vivir tan regalado,
¡a qué meterme ahora a curandero?».

Moraleja del asno y el lobo: nunca seas soberbio y altivo, a pesar de ser inteligente, siempre podrás ser engañado por alguien más pequeño e indefenso.

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El viejo y la muerte

La siguiente fábula de Samaniego relata la historia de un pobre viejo que apenas levantarse podía, tenía que cargar leña hasta su hogar.

Siendo tan desdichado e infeliz decide invocar a la muerte para que se lo lleve. Al momento de presentarse la muerte, el pobre viejo se asusto en gran manera. ¿Qué le dijo el viejo a la muerte?

Entre montes, por áspero camino,
Tropezando con una y otra peña,
Iba un viejo cargado con su leña,
maldiciendo su mísero destino.

Al fin cayó, y viéndose de suerte

Que apenas levantarse ya podía,
Llamaba con colérica porfía
Una, dos y tres veces a la Muerte.

Armada de guadaña, en esqueleto,

La Parca se le ofrece en aquel punto;
Pero el Viejo, temiendo ser difunto,
Lleno más de terror que de respeto,

Trémulo la decía y balbuciente:


«Yo … señora… os llamé desesperado;

Pero…», «Acaba; ¿qué quieres, desdichado?»
«Que me cargues la leña, solamente».

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Moraleja del viejo y la muerte: Por más desdichado, infeliz o enfermo te encuentres, no hay nada mejor que estar vivo.

El perro y el cocodrilo

Esta fábula de Samaniego posee un tono un tanto gracioso, y cuanta la historia de un perro sediento que decide beber agua del Nilo, sin embargo, este perro no esta quieto, bebe agua y corre al mismo tiempo.

Mientras sucede todo esto un cocodrilo le aconseja que no corra, que tome el agua tranquilo, sin embargo, el perro se mofa de él y no le hace caso.

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Bebiendo un Perro en el Nilo,
al mismo tiempo corría.
«¡Bebe quieto!», le decía
un taimado Cocodrilo.

Dijole el Perro, prudente:
«Dañoso es beber y andar;
pero, ¿es sano el aguardar
a que me claves el diente?»

¡Oh; qué docto perro viejo!

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Yo venero su sentir
en esto de no seguir
del enemigo el consejo.

Moraleja del perro y el cocodrilo: Nunca confíes de lo que te dicen tus enemigos, ya que, ellos siempre procuran tu mal.

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El hacha y el mango

Narra la historia de un hombre que tenía un hacha sin mango, y le imploraba a los arboles que le dieran de la mejor madera para hacerle uno.

Los arboles al oír la suplica desesperada del hombre, le dan un buen trozo de madera. En eso el hombre comienza a acomodar su hacha. ¿Y que hace luego de tenerla lista?

Un hombre que en el bosque se miraba
con un hacha sin mango, suplicaba
a los árboles diesen la madera
que más sólida fuera
para hacerle uno fuerte y muy durable.

Al punto la arboleda innumerable

le cedió el acebuche, y él, contento,
perfeccionando luego su instrumento,
de rama en rama va cortando a gusto
del alto roble el brazo más robusto.

Y a los árboles todos recorría,

y mientras los mejores elegía,
dijo la triste Encina al Fresno: «¡Amigo,
infeliz del que ayuda a su enemigo!».

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Moraleja del hacha y el mango: Nunca debes confiar en tus enemigos, por más desesperados y suplicantes que los veas. Ellos siempre estarán velando por sus intereses.

El zagal y las ovejas

La siguiente fábula de Samaniego narra las travesuras de un joven pastorcito, el cual, gritaba alarmantemente diciendo que venía el lobo a comerse su ganado.

Sin embargo, siempre que llamaba era de mentiras, solo quería fastidiar y molestar a los demás.

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Sin embargo, cierto día un lobo real asechaba a su ganado, y al pedir auxilio. ¿Quién cree que fue a ayudar al pastorcito?

Apacentando un joven su ganado, gritó desde la cima de un collado:
«¡Favor!, que viene el lobo, labradores».
Estos, abandonando sus labores,
acuden prontamente,
y hallan que es una chanza solamente.

Vuelve a clamar, y temen la desgracia;

segunda vez los burla. ¡Linda gracia!

Pero, ¿qué sucedió la vez tercera?

Que vino en realidad la hambrienta fiera.

Entonces el zagal se desgañita,

y por más que patea, llora y grita,
no se mueve la gente escarmentada,
y el lobo le devora la manada.

Moraleja del zagal y las ovejas: nunca mientas, porque el día que digas la verdad nadie te creerá.

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La tortuga y el águila

Esta fábula de Samaniego cuenta la historia de una tortuga que se consigue con una poderosa águila, y le pide que le enseñe a volar.

Que le de a penas cuatro lecciones para que pueda ver el cielo, las estrellas, y contemplar todo en la tierra.

El águila se ríe del pedido de la tortuga, sin embargo, la tortuga insiste hasta que el águila la toma en sus garras y la lleva a lo más alto en el cielo. ¿Qué creen que paso con la tortuga?

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Una Tortuga a un Águila rogaba le enseñase a volar;
así le hablaba:
«Con sólo que me des cuatro lecciones
ligera volaré por las regiones:
ya remontando el vuelo
por medio de los aires hasta el cielo.

Veré cercano el Sol y las estrellas

y otras cien cosas bellas.
Ya, rápida, bajando,
de ciudad en ciudad iré pasando:
y de este fácil delicioso modo
lograré en pocos días verlo todo».

El Águila se rio del desatino.

Le aconseja que siga su destino
cazando torpemente con paciencia,
pues lo dispuso así la Providencia.
Ella insiste en su antojo ciegamente.

La reina de las aves prontamente

la arrebata, la lleva por las nubes.
«Mira, – le dice – mira cómo subes».
Y al preguntarle, dijo: «¿Vas contenta?»
Y la deja caer y la revienta.

Moraleja de la tortuga y el águila: nunca desprecies el consejo de los más prudentes

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