+8 Fábulas de perros con moraleja

Fábulas de perros
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¿Cuáles son las mejores fabulas de perros? Las fábulas de perros suelen ser sumamente comunes entre el público infantil.

Los perros son animales confiables, sociables y sumamente obedientes, es por esto, que suelen ser tomados para ser los protagonistas de historias con grandes enseñanzas.

Las fábulas de perros suelen ser claras, no tan largas y sobre todo cuentan con un tono amigable.

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Este tipo de relatos suelen estar presenten es libros de fábulas o pueden aparecer en secciones de periódicos o libros infantiles.

+8 Fábulas de perros

Es probable que ya hayas leído alguna fábula de perros, sin embargo, acá te presentamos las ocho más modernas y actuales. Con enseñanzas y lecciones más centradas a los niños de hoy en día.

El perro y su reflejo en el rio

Esta fábula de perros narra la historia de un perro que estaba caminando a la orilla de un rio, y en su hocico llevaba un trozo de carne. Mientras caminaba, se percato de su reflejo en el rio.

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Al verlo pensó que era otro perro con un trozo de carne más grande que el suyo, luego de analizar por un momento la situación, decidió soltar su pedazo de carne, para quitarle el suyo al otro perro. ¿Qué creen que paso con aquel perro?

Cruzaba un río un perro transportando con su hocico un sabroso pedazo de carne. Al ver su propio reflejo en el agua del río creyó que aquel animal era en realidad otro perro que llevaba un trozo de carne mayor que el suyo.

Y deseando adueñarse del pedazo ajeno, soltó el suyo para arrebatar el trozo a su supuesto compadre.

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Pero el resultado fue que se quedó sin el propio y sin el ajeno:

el último porque no existía, sólo era un reflejo, y el otro, el verdadero, porque se lo llevó la corriente.

Moraleja del perro y su reflejo en el rio: nunca envidies lo que tiene el otro, porque puedes perder aquello que has adquirido con sacrificio y esfuerzo.

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Los perros hambrientos

La siguiente historia no sitúa cerca de un arroyo, donde dos perros muy hambrientos estaban buscando algo que llevarse al hocico.

Caminaban y vagaban por todos lados, sin conseguir nada, hasta que se percataron de que en el fondo de un arroyo se encontraban algunas pieles.

Ambos animales codiciaban aquellas pieles, sin embargo, no podían alcanzarlas.

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Es así como deciden comenzar a beber toda el agua del arroyo para poder alcanzar las pieles. ¿Creen que llegaron hasta donde estaban las pieles?

Vieron unos perros hambrientos en el fondo de un arroyo unas pieles que estaban puestas para limpiarlas; pero como debido al agua que se interponía no podían alcanzarlas, decidieron beberse primero el agua para así llegar fácilmente a las pieles.

Pero sucedió que de tanto beber y beber, reventaron antes de llegar a las pieles

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Moraleja de los perros hambrientos: nunca te fíes de los caminos que parecen cortos porque son pasajeros, en cambio las cosas que se ganan con sacrificio y esfuerzo suelen ser las más duraderas.

El perro cazador y el perro guardián

La siguiente fábula de perros narra la vida de dos perros, uno era un perro cazador, el cual siempre que salía con su amo y lograba cazar algo, era recompensado.

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Mientras tanto el perro guardián siempre recibía recompensas y solo se tenía que quedar en casa. Cierto día, luego de un día productivo el perro cazador se comenzó a quejar con el perro guardián sobre sus condiciones de vida.

El perro cazador estaba muy molesto de tener que salir a pelear, correr y cazar, mientras él solo se quedaba en casa. ¿Qué creen que le respondió el perro guardián?

Un hombre usaba a dos perros, el primero era para cazar y el otro para cuidar su casa.

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Cuando iba con el de caza, y si cogía alguna presa, al volver, el amo le regalaba un pedazo al perro guardián.

No contento el perro de caza por esta acción del cazador, lanzó a su compañero algunos reproches: que sólo era él quien salía y sufría en todo momento, mientras que el otro perro, el guardián, sin hacer nada, disfrutaba del trabajo del perro cazador en el bosque.

El perro guardián le contestó:

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– ¡ No es a mí a quien debes de reclamar, sino al amo, ya que en lugar de mostrarme las técnicas de la caza como a tí, me ha enseñado a vivir tranquilamente del trabajo de otro!

Moraleja del perro cazador y el perro guardián: los adultos siempre tienen cosas que enseñar, acércate a ellos con respeto y pídeles que te enseñen todo lo que saben.

De esta manera estarás aprendiendo habilidades nuevas que te ayudarán en el futuro.

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El perro que deseaba ser un ser humano

Esta fábula de perros narra la historia de un peculiar perro, el cual vivía rodeado de las mejores cosas. Su dueño, un mercader de la Ciudad de México, vivía rodeado de comodidades y lujos.

Era tanta la opulencia que el perro de aquella casa deseaba ser como su amo, y no en el sentido económico, sino que anhelaba poder ser un humano.

Durante años se esforzó por mejorar su postura, ya podía caminar en dos patas, él pensaba que ya le faltaba poco para llegar a ser un humano. ¿Creen que el perro logro ser un humano?

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En la casa de un rico mercader de la Ciudad de México, rodeado de comodidades y de toda clase de máquinas, vivía no hace mucho tiempo un perro al que se le había metido en la cabeza convertirse en un ser humano, y trabajaba con ahínco en esto.

Al cabo de varios años, y después de persistentes esfuerzos sobre sí mismo, caminaba con facilidad en dos patas y a veces sentía que estaba ya a punto de ser un hombre, excepto por el hecho de que no mordía, movía la cola cuando encontraba a algún conocido, daba tres vueltas antes de acostarse, salivaba cuando oía las campanas de la iglesia, y por las noches se subía a una barda a gemir viendo largamente a la luna.

Moraleja del perro que deseaba ser un ser humano: siempre valora lo que era y cual es tu esencia. No intentes imitar a nadie, cada ser es único y especial.

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El lobo y el perro

Esta fábula de perros narra como un hambriento lobo, todo flaco y desnutrido caminaba por el campo, cuando de repente observa un perro regordete, rozagante y lleno de mucha vida.

Se acerca hasta donde esta el perro, y alaga su figura saludable y repuesta, no como la de él, que parece muerto en vida. El perro agradeció los halagos y explico que su condición se debe a toda la comida que sus amos le dan.

Insto al lobo a que dejara su vida en el campo y fuera a la ciudad a buscar algún buen amo, así estaría saludable y con mucha comida. ¿El lobo se habrá ido a la ciudad?

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En busca de alimento
iba un Lobo muy flaco y muy hambriento.

Encontró con un Perro tan relleno,

tan lucido, sano y bueno,
que le dijo: ‘Yo extraño
que estés de tan buen año
como se deja ver por tu semblante,
cuando a mí, más pujante,
más osado y sagaz, mi triste suerte
me tiene hecho retrato de la muerte’.

El Perro respondió: ‘Sin duda alguna

lograrás, si tú quieres, mi fortuna.

Deja el bosque y el prado;

retírate a poblado;
servirás de portero
a un rico caballero,
sin otro afán ni más ocupaciones
que defender la casa de ladrones’.

‘Acepto desde luego tu partido,

que para mucho más estoy curtido.

Así me libraré de la fatiga,

a que el hambre me obliga
de andar por montes sendereando peñas,
trepando riscos y rompiendo breñas,
sufriendo de los tiempos los rigores,
lluvias, nieves, escarchas y calores’.

A paso diligente

marchando juntos amigablemente,
varios puntos tratando en confianza,
pertenecientes a llenar la panza.

En esto el Lobo, por algún recelo,

que comenzó a turbarle su consuelo,
mirando al Perro, le dijo: ‘He reparado
que tienes el pescuezo algo pelado.

Dime: ¿Qué es eso?’. ‘Nada’.

‘Dímelo, por tu vida, camarada’.

‘No es más que la señal de la cadena;

pero no me da pena,
pues aunque por inquieto
a ella estoy sujeto,
me sueltan cuando comen mis señores,
recíbanme a sus pies con mil amores:

ya me tiran el pan, ya la tajada,

y todo aquello que les desagrada;
éste lo mal asado,
aquél un hueso poco descarnado;
y aún un glotón, que todo se lo traga,
a lo menos me halaga,
pasándome la mano por el lomo;
yo meneo la cola, callo y como’.

‘Todo eso es bueno, yo te lo confieso;

pero por fin y postre tú estás preso:
jamás sales de casa,
ni puedes ver lo que en el pueblo pasa’.

‘Es así’. ‘Pues, amigo,

la amada libertad que yo consigo
no he de trocarla de manera alguna
por tu abundante y próspera fortuna.

Marcha, marcha a vivir encarcelado;

no serás envidiado
de quien pasea el campo libremente,
aunque tú comas tan glotonamente
pan, tajadas, y huesos; porque al cabo,
no hay bocado en sazón para un esclavo

Moraleja del lobo y el perro: la libertad no tiene precio. Siempre agradece aquello que tienes aunque sea poco, porque hay quienes lo desean desesperadamente.

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El perro y el cocodrilo

La siguiente fábula de perros cuenta la historia de un perro sumamente sediento, que decide tomar agua en el Nilo, sin embargo, no lo hacia de la manera habitual, el tomaba agua mientras corría.

Esta actitud llamo la atención de un cocodrilo, quien le dijo que descansara un poco y que tomara agua tranquilo y quieto. ¿Qué creen que hizo el perro?

Bebiendo un Perro en el Nilo,
al mismo tiempo corría.
«¡Bebe quieto!», le decía
un taimado Cocodrilo.

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Dijole el Perro, prudente:
«Dañoso es beber y andar;
pero, ¿es sano el aguardar
a que me claves el diente?»

¡Oh; qué docto perro viejo!
Yo venero su sentir
en esto de no seguir
del enemigo el consejo

Moraleja del perro y el cocodrilo: nunca te dejes engañar por lo consejos de las personas malvadas, ellos siempre esperan perjudicarte y beneficiarse ellos.

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Las dos perras

Esta fábula de perros narra la historia de dos perras, una vivía en la calle y otra tenía una pequeña choza donde reposar.

Cierto día la perra que vivía en la calle se acerca a la otra en compañía de sus cachorros recién nacidos y le pide posada.

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A lo que la perra acepta sin mucho esfuerzo. La condición era que se fuera en unos pocos días. Sin embargo, la perra no se quería ir, y siempre colocaba plazos que ella misma incumplía.

Es así como paso el tiempo y los cachorros se convirtieron en unos grandes y feroces perros. ¿Cómo sigue la historia?

Una perra solicitó de otra permiso para echar en su choza la cría, favor que le fue otorgado sin dificultad alguna; pero es el caso que iba pasando el tiempo, y nunca llegaba el momento de abandonar la choza que tan generosamente se le había cedido, alegando, como razón de esta demora, que era preciso esperar a que los cachorrillos tuviesen fuerzas para andar por sí solos.

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Como se le hiciesen nuevas instancias, pasado el último plazo que ella misma había fijado, contestó arrogantemente: «Me saldré de aquí, si tienes valor para luchar conmigo y con mi turba.»

Moraleja de las dos perras: nunca le des entrada a las personas malas a tu casa. Si lo haces jamás podrás sacarlas de ella.

El herrero y su perro

Esta fábula de perros cuenta la historia de un herrero y su compañero fiel.

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Este herrero tenía un pequeño y adorable perro que mientras el trabaja el perro dormía, pero cuando el se sentaba a comer, el perro se despertaba y movía su cola, en señal de que él también quería alimento.

Tras pasar un tiempo en esta situación el herrero hablo con su perro. ¿Saben que le dijo?

Un herrero tenía un pequeño perro, que era un gran favorito para su amo, y su compañero constante.

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Mientras él martilleaba sus metales el perro permanecía dormido; pero cuando, por otra parte, el herrero iba a la comida y comenzaba a comer, el perro se despertaba y meneaba su cola, como pidiendo una parte de su comida.

Su amo un día, fingiendo estar enojado y golpeándolo suavemente con su palo, le dijo:

-¡Usted pequeño holgazán desgraciado! ¿Qué le haré? Mientras martilleo en el yunque, usted duerme en la estera; y cuando comienzo a comer después de mi trabajo duro, usted se despierta y menea su cola pidiendo el alimento.

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¿No sabe usted que el trabajo es la fuente de cada bendición, y que ninguno, sólo aquellos que trabajan tienen derecho a comer?

Moraleja del herrero y su perro: hay que esforzarse y ayudar en el trabajo, debido a que, el que no trabaja no tiene derecho a comer.

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