+7 Fábulas de dinosaurios ¡Fáciles para niños!

Fábulas de dinosaurios
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¿Qué son las fabulas de dinosaurios? Las fábulas de dinosaurios suelen ser poco comunes, los niños no suelen asociar una fábula con un dinosaurio, y esto sucede, porque la mayoría de las fábulas tienen como protagonista a un animal.

Sin embargo, estas historias presentan grandes lecciones, y sobre todo se presentan datos curiosos sobre la vida de los dinosaurios, y su comportamiento.

Estas fábulas suelen ser un poco más extensas de lo normal, sin embargo, cuentan con un lenguaje sencillo, y muy fácil de leer.

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+7 Mejores fábulas de dinosaurios

Es muy probable que nunca hayas leído una fábula de dinosaurios, es por esto que a continuación te presentamos un listado con las mejores siete. No te las puedes perder.

El dinosaurio y el pequeño pez

La siguiente fábula de dinosaurios narra la historia de un dinosaurio que estaba sumamente sediento, y decide ir a un estanque cercano para beber algo de agua.

Sin embargo, por el gran tamaño del animal este se bebió la mitad del estanque. Viendo aquella situación el rey pez estaba sumamente preocupado porque el día siguiente regresara ese dinosaurio e hiciera desaparecer todo el estanque.

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Es así como su hijo, el pez más pequeño le dice que se va a enfrentar al dinosaurio para que no beba toda el agua. Al día siguiente el dinosaurio apareció de nuevo, y sumamente sediento. ¿Qué creen que paso luego?

Un día, un gran dinosaurio que vivía en el bosque, llegó hasta el estanque. Tenía tanta sed que comenzó a beber el agua del estanque, tanta bebió que acabó con la mitad del agua.

Los peces, preocupados por que el dinosaurio pudiera volver al día siguiente y terminar de beberse el agua del estanque fueron a ver al rey en busca de ayuda. Sin embargo, el pez rey no encontraba la solución. Entonces, el pequeño pez, hijo del rey, dijo:

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– Oh padre, tengo una idea. Voy a derrotar al dinosaurio.

Al día siguiente, el dinosaurio volvió al estanque dispuesto a beber de su fresca y rica agua, pero entonces apareció el pequeño pez, que muy valiente y decidido se plantó delante de él y le dijo: 

– Estimado amigo Dino, por favor, no bebas el agua de este estanque.

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El dinosaurio, comenzó a reír a carcajadas y le dijo que no se iría hasta terminar con toda el agua. Pero el pececillo siguió y siguió insistiendo, tanto lo hizo que al final el dinosaurio le propuso un trato:

– Vamos a hacer una carrera desde esta orilla al otro extremo del estanque. Si gano yo, beberé toda el agua que quiera, si ganas tú, me marcharé y no volveré.

El pez aceptó el desafío y comenzó la carrera. El dinosaurio no tenía dudas de ganar porque era muy grande y con sólo unas zancadas llegaría al otro extremo. Pero al comenzar la carrera, el pez nadó tan rápido como pudo. El dinosaurio, sin embargo, era tan pesado, y lento dentro del agua, que por mucho que intentó avanzar, iba más lento que el pez, que finalmente ganó la carrera.

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Así el dinosaurio tuvo que darse la vuelta derrotado ante su pequeño contrincante y buscar otro estanque.

Moraleja del dinosaurio y el pez pequeño: siempre hay una solución para cada problema. Y nunca debes subestimar las habilidades de seres más pequeños que tu.

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El dinosaurio torpón

Esta fábula de dinosaurios nos relata la historia de Dino, un dinosaurio bastante grande y alegre que vivía en armonía con todos los otros animales.

A pesar de ser más grande que un castillo, este dulce e inocente dinosaurio gozaba de saltar, brincar, y darle alegría a todo ser vivió.

Cierto día, sin darse cuenta Dino aplasto a una hermosa flor, la cual, no soporto el peso de la pisada y murió.

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Desde ese día Dino se entristeció tanto, que ya no quería hacer nada. Todos sus amigos lo animaban, diciéndole que fue un accidente, pero aun así, Dino seguía triste, hasta que un día un saltamontes tuvo una idea. ¿Cuál fue la idea del saltamontes?

Existió una vez un dinosaurio, apodado Dino, que era tan grande como un castillo. A pesar de su tamaño Dino era un dinosaurio bueno y muy feliz, y amaba tanto a la naturaleza que era absolutamente incapaz de hacerle daño ni a un molesto mosquito.

Se pasaba el día tan alegre que saltaba y danzaba por doquier animando a cuantos pasaban a su alrededor.

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Sin embargo, un día ocurrió un accidente terrible. Dino, en uno de sus joviales paseos, pisó sin querer, con su gran pie, una preciosa flor que había junto al camino. La bella flor no pudo soportar la fuerza de aquella pisada, y aquel terrible accidente supuso el fin de la alegría para Dino.

A pesar de que todos le animaban diciéndole que había sido un percance desafortunado y que podía haberle pasado a cualquiera, Dino no se consolaba y no se perdonaba a sí mismo el no haber estado más atento.

De esta forma, Dino se sentía cada vez más triste y desolado, y sus vecinos que le querían mucho, no podían aguantar aquella situación. De manera que decidieron tramar un plan para acabar con la tristeza de Dino, pero no eran capaces de dar con él.

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Hasta que un día a un saltamontes se le ocurrió lo siguiente:

Tal vez la solución sería que Dino caminase de un lado a otro dando saltos y cabriolas, como a él le gusta. De esta forma, no podrá hacer daño nunca a nadie más- Exclamó orgulloso de su idea.

Y tenía motivos para estar orgulloso, ya que a todos les pareció una fantástica idea, incluso al mismísimo Dino que, a partir de entonces, fue de acá para allá saltando y bailando siempre, y con muchísimo cuidado, de puntillas.

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Y de esta sencilla forma, Dino recuperó su alegría y se reconcilió con la naturaleza a la que tanto quería

Moraleja del dinosaurio torpón: los verdaderos amigos siempre te ayudaran a estar alegre y contento, a pesar de las circunstancias.

El dinosaurio Nico

Esta fábula narra la historia de Nico un dinosaurio rodeado de grandes amigos, una hermosa casa, que vivía su vida feliz y alegre.

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Todos los días Nico se preparaba un vaso de jugo de naranja, y unas tostadas. Su vida estaba casi completa, porque el pensaba que necesitaba una compañera de vida, sin embargo, no pensaba mucho en ello.

Cierto día cuando fue a recoger las naranjas para su jigo ve a una hermosa dinosaurio que tenía una canasta llena de naranjas. ¿Qué creen que paso con aquellos dos dinosaurios?

Había una vez un dinosaurio muy alegre, llamado Nico que se levantaba por las mañanas siempre cantando. Aún en pijamas, le encantaba prepararse un rico desayuno con jugo de naranja, con tostadas y así sonriendo y bien alimentado comenzaba su día de trabajo.

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Tenía grandes y viejos amigos, una casa muy bella, rodeada de arboles, pinos y flores, y a pesar de todo, él insistía en que quería un amor en su vida, que era eso lo único que le faltaba para ser completamente feliz.

Una mañana muy parecida a las demás, Nico se dirigió a recoger naranjas para su jugo, cuando de repente vio una señorita dinosaurio, muy hermosa y con una canasta llena de naranjas.

No podía creer aquella coincidencia, fue así que se pusieron a conversar y al poco tiempo se encontraron compartiendo no sólo los jugos de naranja sino también un hogar y como no, las tostadas. Nico se convirtió en el dinosaurio más feliz y comprendió que el amor puede llegar cuando uno menos se lo espera.

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Moraleja del dinosaurio Nico: el amor siempre tocara tu puerta en el momento que menos lo piensas.

¡Dino Rex! deja de ser desobediente

La siguiente fábula de dinosaurios cuenta las locuras del joven Dino Rex, su mama lo aconsejaba todo el tiempo, y le decía que tenía que ser un niño obediente, pero Dino Rex nunca prestaba atención a los consejos de su mama.

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En la escuela tampoco eres obediente, siempre desobedecía a su profesora y le hacía travesuras pesadas a sus compañeros.

Cierto día en una excursión Dino Rex, quiso hacerse el gracioso pero algo salió mal. ¿Qué creen que paso con Dino Rex?

La pobre mamá de Dino Rex era la señora Tiranosauria de Rex y digo pobre porque este era el más desobediente de todos los dinosaurios. 

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En la escuela, la profesora Triceratops estaba cansada de pedirle que no le hiciera maldades a los demás dinos del salón.

Un día programaron en la escuela una salida de campo, Dino Rex estaba feliz porque saldrían de la ciudad y estarían cerca de la naturaleza.

Cuando estaban saliendo en el bus de la escuela, la profe Triceratops advirtió a todos los dinos que por favor no se fuesen a separar de ella y que siguieran sus indicaciones.

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Como era de esperar, Dino Rex se bajó del bus y lo primero que hizo fue jugarle una broma a Joselito Alosauro y luego se fue corriendo a esconder tras un enorme baobab.

El pequeño Dino no sabía que allí había un pozo de arena movediza y esta comenzó a tragárselo lentamente.

¡Ayúdenme, ayúdenme, profe Tricera, profeeee, ayudenmeeeee! – gritaba el desconsolado y desobediente Dino Rex.

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Después de mucho gritar y llorar, por fin lo escuchó Joselito quien llamó de inmediato a la profe Triceratops.

Todos tomaron una soga y sacaron al pobre, asustado y desobediente Dino Rex.

Cuando ya estaba a salvo, Dino Rex miró con mucho cariño a esos dinosaurios que le salvaron la vida.

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Prometió nunca más hacer broma a los otros dinos y además dijo que sería el mejor dino del mundo.

Desde ese día doña Tiranosauria Rex no sería más la pobre mamá de Dino Rex, a partir de ese día sería la mamá más feliz del mundo y la profe Triceratops ¡También!.

Moraleja de ¡Dino Rex! deja de ser desobediente: siempre debes respetar y a los mayores, además de apreciar los consejos que te dan. Ser desobediente no te llevará a ningún lado.

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La casa en el árbol

Esta fábula de dinosaurios nos habla de Pablo, Camila y Juancito, tres jóvenes dinosaurios que eran muy buenos amigos.

Un día se les ocurre la idea de hacer una casa en el árbol, así tendrían un lugar donde reunirse, sin que nadie los molestara. Poco a poco fueron recolectando la madera, los clavos, y todo lo que necesitaban.

Sin embargo, cierto día los visito Iguanodón un dinosaurio burlón y pedante que solo quería molestar. En su afán por llamar la atención les rompe los materiales para la casa del árbol. ¿Cómo creen que sigue la historia?

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Esta es la historia de tres dinosaurios:

Juanchito, Pablo y Camila, eran muy buenos amigos, siempre estaban juntos, hacían las tareas juntos y además eran vecinos en el vecindario. 

Un día a Juanchito se le ocurrió la idea de que construyeran una casa en el árbol, era una fantástica idea porque así tendrían un club donde reunirse.

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Camila y Pablo estuvieron de acuerdo y de inmediato se pusieron manos a la obra.

Consiguieron tablas, clavos, martillo, hojas de palma y otras cosas más. Mientras estaban construyendo su casa en el árbol apareció Iguanodón que era uno de esos dinos bromistas y malcriados que andan por ahí haciendo maldades.

En un descuido de los tres amigos Iguanodón les tumbó las tablas que habían montado en una rama del árbol y además les escondió el martillo.

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Juanchito tenía mucha rabia y quería pelearse con Iguanodón.  En ese momento a Pablo y Camila se les ocurrió una idea, una mágica idea.

Oye Iguanodón ¿Quieres acompañarnos a construir nuestra casa en el árbol? – le dijeron con entusiasmo, a lo que Iguanodón asintió.

No fue Fácil trabajar con Iguanodón, pero fue la mejor idea, porque así se evitaron una pelea y además construyeron una hermosa casa en el árbol.

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Una vez terminaron de construir la casa convidaron a Iguanodón para que fuese su amigo.

Sin pelearse y con la amistad como acompañante estos cuatro amigos fueron felices en su casa en el árbol.

Moraleja de la casa en el árbol: hacer nuevos amigos siempre será la mejor opción. No hay porque pelear cuando se tiene un gran corazón y muchos amigos.

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Palabras feas para dinos feos

Esta fábula de dinosaurios nos relata la historia de Pedrito un estegosaurio que decía muchas malas palabras.

Sus padres y su profesora estaban cansados de las groserías que decía Pedrito, pero no había manera alguna de que las dejara atrás.

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Todos los días Pedrito le gritaba a todos malas palabras, hasta cierto día, que un amable humano le mostro un extraño artefacto. Donde cualquier cosa se podía reflejar.

Al colocarlo delante de Pedrito, el humano le pidió que dijera sus palabrotas, y al hacerlo Pedrito se asusto mucho. ¿Creen que Pedrito cambio?

Mamá estegosaurio y papá estegosaurio estaban cansados de las malas palabras del pequeño Pedrito, como habían llamado a su pequeño estegosaurio. 

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En la escuela las profesoras no soportaban sus insultos y en la casa las malas palabras siempre estaban en la boca de Pedrito.

Un día el pequeño Pedrito se encontró un humano que llevaba un artefacto que multiplicaba los dinosaurios y las personas. 

Se llama espejo, ¿lo quieres conocer? – le preguntó el amable humano.

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El grosero de Pedrito primero lanzó una de sus horribles palabras y luego dijo que sí.  El humano lo miró con picardía y le puso al frente el espejo, cuando lo hizo le dijo: ¡vamos!, di esas palabras feas que sabes decir.

Pedrito comenzó a gritar y a decir sus palabrotas y en ese momento un monstruo horrible comenzó a transfigurarse desde el espejo.  Pedrito se asustó mucho y comenzó a llorar, y gritaba: cállenlo, cállenlo, es muy grosero.

¡Tranquilo! Deja de decir esas palabrotas y verás como te conviertes de nuevo en el pedrito bueno- le dijo el humano.

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Desde ese día Pedrito nunca más volvió a decir palabrotas, ya sabía que las palabrotas hacían feos a los dinos.

Moraleja de Palabras feas para dinos feos: las malas palabras hacen que te veas feo. Si eres educado y cortes todos te querrán.

El velociraptor vanidoso y el Sauropodo

La siguiente fábula de dinosaurios narra la historia de un Sauropodo, uno de los dinosaurios más lentos en el mundo. Posee un enorme cuerpo, patas gruesas y un cuello largo.

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Es tanto su peso que sus pasos son sumamente lentos y cortos. Sin embargo, este Sauropodo tenía un gran corazón y todos lo querían. Pero un cierto día un Velociraptor se topa con este lento dinosaurio, y este alardea de lo rápido que es.

Es tanta su vanidad y orgullo que reta al Sauropodo a una carrera. ¿Qué creen que paso luego?

El Sauropodo siempre se caracterizó por ser uno de los dinosaurios más lentos, con su enorme cuerpo, sus patas gruesas y su cuello larguísimo pareciera que no se pudiese mover.

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Sin embargo, era un dinosaurio con un gran corazón pues siempre era amable y siempre estaba ayudando a los demás.

Un día mientras comía unas frutas se encontró con el vanidoso y veloz Velociraptor.

Oye lento amigo, ¿qué tal si apostamos una carrera para ver quién gana? – le dijo el Velociraptor a nuestro amigo.

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No me molesta la idea, pero si te ganó me debes abastecer de frutas por un año – le respondió con humildad el Sauropodo.

Me parece muy buena tu idea, y si te gano tu me debes llevar a parajes con carne fresca ¿Te parece? –  concertó el velociraptor mientras sonreía con malicia, ¡Claro! Era muy veloz y lo más probable es que fuese a ganar.

Llegó el día de la carrera, todos los dinosaurios creían saber quien iba a ganar la carrera, de hecho, las apuestas iban todas en favor del velociraptor. 

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A sus marcas, listos, ¡Fuera! – gritó con mucha energía el Tiranosaurio Rex.

Los primeros minutos no eran para nada emocionantes pues el velociraptor llevaba la delantera por muchos metros de ventaja.

Lo que nadie sabía es que la vanidad y la confianza se iría a apoderar del velociraptor.

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De acá a que este sonso me alcance yo estaré muy tranquilo en casa, así que echaré a dormir una siestita acá– se dijo el velociraptor quien se acostó bajo una palmera.

Mientras el velociraptor iba entrando en un sueño profundo, nuestro amigo, el Sauropodo, fue cogiendo ventaja y hasta se animó para caminar un poco más rápido, incluso hasta pudo trotar.

El velociraptor pudo soñar que el Sauropodo le traía unos suculentos platos con carme fresca y sabrosa, mientras soñaba sonreía. 

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Lo que no sabía es que a unos escasos centímetros de la meta el Sauropodo estaba llegando ya.

Animo Sauropodo que nada se a perdido, un esfuerzo más y ya lo habrás vencido-gritaban desde las tribunas todos los dinosaurios.

Ese bullicio despertó al velociraptor que de inmediato se puso en marcha para alcanzar la meta, pero no, ¡ya era muy tarde! Sauropodo ya había ganado la carrera y la apuesta.

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Desde ese día el velociraptor debió buscar frutas para el Sauropodo mientras comprendía que ser vanidoso y fanfarrón no era tan bueno.

Moraleja del velociraptor vanidoso y el Sauropodo: ser vanidoso y fanfarrón nunca trae nada bueno. Siempre debes ser humilde y apreciar las cualidades y virtudes que hay en los demás.

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