+2 Ejemplos de poemas de 20 estrofas ¡Fáciles para niños!

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Ejemplo de poemas de 20 estrofas. Fáciles de recitar para niños. La prosa no tiene que venir de la mano de poetas reconocidos para hacer que una persona se identifique con las letras y sienta lo que las palabras comunican.

Es un arte, una oda a los sentimientos y las vivencias, así que la mano solo plasma lo que adentro retumba.

Con este par de poemas de 20 estrofas, vamos a constatar la forma en la que dos poetas nos demuestran que los sentimientos nada tienen que ver con el nombre del poeta.

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Poema de 20 estrofas para enamorar

En estas líneas próximas a ser leías por ti, vas a encontrar delicadas palabras en un poema de 20 estrofas que busca acentuar la visión y el sentir del lector para que se detenga un instante y repase sus propios afectos.

El amor es un sentimiento que logra traspasar barreras con una fuerza fiera y contundente.

Veinte estrofas a una flor (Manuel Bast)

No existe una mejor manera de decirle a una mujer lo hermosa que es que comparándola con hermosos parajes o flores o algún detalle de la naturaleza.

Pues esta última es perfecta tal y como se presenta y es así como lo demuestra el autor con este poema de 20 estrofas.

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Bella flor esplendorosa
jardín de mi ensoñación,
es tu aroma de pasión
el manantial de una diosa.

Diosa que inspira las penas
de un mortal enamorado,
dulce color nacarado
envidia del Azucena.

Azucena y lis germinan
puestas de cara hacia el sol,
la Ixora y el Girasol
por tu belleza declinan.

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Declinan avergonzados,
no se pueden comparar,
aroma del azahar
son tus pétalos rosados.

Rosados como tus pies
son tus labios encendidos,
ante ellos quedan rendidos
el Abedul y el Ciprés.

Ciprés crece en el camino
robando luz a las rosas,
son tus manos primorosas
la ilusión de mi destino.

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Destino del caminante:
lograr el sueño anhelado,
eres Jazmín azulado,
tú Violeta, yo tu amante.

Amante por ser mi amor
no por ser la de segunda,
soy la tierra vagabunda
donde ha de nacer tú flor.

Flor que estás en el capullo
con pétalos mil colores,
te ruego: no te enamores
hasta que pueda ser tuyo.

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Tuyo hasta más no poder,
hasta que la vida quiera,
la Gladiola lisonjera
se embriaga con tu querer.

Querer y ser son dos verbos
de la prosa que engalana,
eres suave cual la grama
en que retozan los ciervos.

Ciervos vienen tras de ti
arramblados por los celos,
mejillas de terciopelo
y perfume de alhelí.

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Alhelí de mi señor
tan selecto como tú,
Amapola del Perú
donde posa el Ruiseñor.

Ruiseñor que en la penumbra
huele el néctar embriagante
a Clavel Rojo radiante
de tu piel que lo deslumbra.

Deslumbra por caridad
mi alma llena de amor,
dame una esperanza Flor
de amarte con libertad.

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Libertad quiero perderte
en los brazos de mi amada,
Preciosa Lila Estrellada
siempre he querido tenerte.

Tenerte y hacerte mía,
esa ha de ser mi condena,
serás Dalia de mis penas,
mi pasión y mi alegría.

Alegría irreverente,
jurando su amor eterno,
un sentimiento tan tierno
que hace temer al valiente.

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Valiente es el sol de oriente
que hace crecer la esperanza,
la luna con su añoranza
tiene cuatro horas, él veinte.

Más contenido que te encantará

Veinte estrofas a una flor,
las compuse para ti,
te suplico: ¡dime sí!
al declararte mi amor.

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Poema de 20 estrofas para sentir

La pluma de Oscar Wilde, reconocida por demás, siempre tiene una prosa digna de leer y releer. En este poema de 20 estrofas, nos invita a adentrarnos en el sentir propio, en lo que nos mueve y en aquello que nos llama.

¿Se puede negar que la vida es una construcción y deconstrucción de experiencias vividas?

(Extracto) Pantéico (Oscar Wilde)

Sentir muchas veces puede llevar a excesos. Las personas pueden perderse entre las mieles de lo prohibido o de lo idílico y terminar en un fondo sin sentido. Con este poema de 20 estrofas Oscar Wilde nos invita a vivir y a sentir.

No, pasemos de un fuego a otro fuego,
de un tormento apasionado a un deleite mortal,
pues muy joven soy para vivir sin deseo,
y tú demasiado joven para malgastar
esta noche estival
en esas ociosas preguntas que los antiguos
hacían a oráculos y augures,
que jamás respondieron.

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Pues, amor, sentir es mejor que saber
y la sabiduría es un legado estéril,
y un sólo latido de pasión, tu primer arrebol,
vale por todos los proverbios del sabio;
no dejes que la muerta filosofía hiera tu alma,
¡tenemos corazón para amar, labios para besar!

Escucha el susurro del ruiseñor
como el agua burbujeando en una jarra de plata,
cuyo canto es tan dulce que la Luna
empalidece de envidia,
esa Luna suspendida en lo alto del cielo
que no puede oír la arrebatadora melodía.
Mira cómo curva cada uno de sus cuernos la niebla, ¡oh, lejana y hacendosa Luna!

¿Acaso los blancos lirios en cuyas copas
sueñan las abejas,
la nieve de pétalos que cae cuando la brisa
agita los castaños o el destello
de las ramas tiernas en el agua no colman
tus anhelos, no bastan a tu deseo?
¡Ay! De sus tesoros ya nada más
ofrecerán los Dioses

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los elevados Dioses hartos ya y pesarosos
de nuestros pecados sin fin,
de nuestro vano intento
por expiar mediante el dolor,
la penitencia o la oración,
los perdidos días de juventud.
Pues ya nunca más
escucharán al bueno o al malo,
y enviarán la lluvia
sobre el justo y el injusto.

Nuestros Dioses descansan tranquilos
esparciendo con pétalos de rosas
su vino oloroso,
y duermen bajo los árboles
que se mecen suavemente,
allí donde los asfódelos y los lotos amarillos se abrazan.
Y se lamentan por los alegres días del pasado,
cuando no sabían de la maldad del hombre y vivían en un sueño.

Y en la lejanía,
contemplan sobre el broncíneo suelo
el enjambre de hombrecillos,
como si fueran insectos,
el hormiguero de minúsculas vidas
y después, hastiados,
regresan a sus refugios, los lotos,
y se besan en la boca y escancían
divino licor de amapola que les sume en un sueño purpúreo.

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El Sol, divino poseedor
del fuego trocado en oro,
enarbola allí su flamígera antorcha,
y cuando las doce vírgenes hubieron tejido
la relumbrante trama del mediodía,
la Luna se desprendió
de los brazos de Endimión
a través de la rosada bruma,
y desfallecieron los Dioses vencidos por pasiones mortales.

Por el prado cubierto de rocío
avanza la Reina Juno,
con los blancos pies salpicados
por el azafranado polen
de los lirios esparcidos por el viento, mientras Ganimedes
brinca en el cálido mosto de ambarina espuma,
desmadejados sus rizos
como cuando al asustado muchacho
se lo llevó el águila a través de las azules auras jónicas.

Oculta en el corazón verde de algún jardín,
la Reina Venus, en compañía del pastor,
con su cuerpo cálido
y suave como una rosa silvestre
cuya blancura el orgullo arrebola,
ríe dulcemente al Amor
mientras la celosa Salmacis
atisba a través de los mirtos y suspira dolorosamente por la perdida felicidad.

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Jamás soplan allí los lúgubres vientos del norte,
que hielan y desnudan nuestras forestas iglesias,
ni cae jamás la ligera nieve de plumas blancas,
ni osa el rayo de dientes rojos sacudir
la noche engarzada en plata mientras yacemos
llorando un dulce y triste pecado, un deleite ya muerto.

¡Ah! Ellos conocen la lejana primavera del Leteo
y los ocultos manantiales de aguas violetas
donde el deshecho y fatigado pie del caminante
descansa y emprende de nuevo el viaje;
y saben de las ocultas fuentes del cristalino brebaje
donde las almas insomnes liban el bálsamo del sueño.

Mas oprimimos nuestra naturaleza y Dios o el Hado
son nuestros enemigos, y desfallecemos o nos nutrimos
en una inútil contrinción. ¡Nacimos demasiado tarde!
¡Y qué bálsamo es el pulverizado sopor de la amapola
para quien en un finito latido del tiempo conjugara
el júbilo del infinito amor y el dolor del infinito crimen!

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¡Oh! Estamos hartos de este sentimiento de culpa,
hartos de los goces desesperados del amante,
hartos de cada templo que levantamos.
Cansados de toda justicia, de las plegarias sin respuesta;
pues el hombre es débil, Dios duerme, y lejos está el cielo.
Un instante intenso: un gran amor, y después sólo morir.

¡Ah! Jamás ningún barquero su negra chalupa
habrá de arrimar a la desierta ribera,
ni moneda de bronce alguna podrá comprar para las almas
la travesía del río de la Muerte hacia la tierra sin Sol;
de nada sirven la víctima, el vino y las promesas;
la tumba está sellada y los muertos, muertos.

Nos movemos en los aires supremos,
estamos hechos de lo que palpamos y vemos,
y con la sangre de nuestras venas se embellece el Sol
y con nuestras fértiles vidas veredan
los árboles henchidos de primavera, y somos hermanos
de las bestias, y la vida es sólo una y todo es mutación.

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Con latidos de sístole y diástole, una gran existencia
palpita en el gigantesco corazón de la tierra
y poderosas las olas del Ser fluctúan
desde el germen enervado al hombre, pues participamos
de cada roca, de cada pájaro, de cada fiera, de cada colina,
unos con la esencia que mata y otros con la que devora.

Desde las íntimas células de la incipiente vida pasamos
a la cumplida perfección; y así envejece el mundo:
los que ahora somos divinos, fuimos informe masa
de bullente púrpura rayada en oro,
insensibles a la desdicha o alegría,
y castigados por la furia de algún mar tormentoso.

Esta dura ardiente llama que nuestros cuerpos quema
inflamará algún día los prados cubiertos de narcisos.
¡Ay! Tu plateado pecho florecerá en nenúfares
y los campos que el arado quiebra
serán provechosos para nuestro amor esta noche;
nada se pierde en la Naturaleza, todo vive de la Muerte.

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El primer beso del joven, la primera campanilla del jacinto,
la última pasión del hombre, la última lanza roja
que emerge del lirio, el asfódelo
que se resiste a dejar florecer sus frutos
por miedo a su excesiva belleza, el tímido pudor
de la novia ante los ojos del amante, todos ellos están consagrados…

Dos poemas y poetas diferentes pero que de igual forma nos llevaron ejemplarmente a conocer su visión y sentir de la vida y nos legaron estas hermosas palabras.

En Escribirte te invitamos a que nos dejes tus comentarios para seguir complaciendo tu amor por las prosas.

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