+10 Poemas de Julia de Burgos ¡Romance y feminismo!

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¿Quién es Julia de Burgos? ¿Cuáles son sus mejores poemas? Como una de las figura más admiradas y fascinantes no sólo de las letras portorriqueñas de la primera mitad del siglo XX.

Sino también de toda la literatura contemporánea de hispanoamerica, Julia de Burgos firmó su legado poético.

La producción de esta mujer talentosa se caracteriza por la fuerza de sus letras expresiva y su apasionado romanticismo que la llevó a componer obras marcadas por la naturaleza y el amor.

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Julia de Burgo no sólo plasmó el sentimiento de amor en su poesía, también inspiró en las mujeres de su tiempo la liberación femenina.

En una sociedad en la que las damas estaban limitadas por un sistema machista, además en sus verso detalló los conflictos que experimentaban las mujeres puertorriqueñas.

Alzando su voz en tono de rebeldía, Julia de Burgo escribió obras fabulosas que iban en contra de las normas sociales y el convencionalismo de la época, ella utilizó su poesía como medio de expresión a favor de los derechos de la mujer.

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Su expendida labor en la literatura merece ser recordada y hoy dedicamos un espacio para resalta algunos de sus poemas más populares y reveladores.

Poemas de Julia de Burgos con temas variados

Julia Constancia Burgos García nació el 17 de febrero de 1914, y es considerada por la crítica literaria como la excelsa poetisa puertorriqueña, por el expendido valor de sus obras poéticas y su destacada participación en la literatura del siglo XX.

La escritora se casó dos veces y gozó de un tercer amor que marcaría su obra dando motivo de inspiración para generar escritos románticos que perdurara hasta nuestros días.

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El mar y tú

Esta composición poética de Burgos plasma el amor y lo compara como la inmensidad del mar, pero no sólo trata al amor como el entregado incondicionalmente en parejas, sino al propio.

La carrera del mar sobre mi puerta
es sensación azul entre mis dedos,
y tu salto impetuoso por mi espíritu
es no menos azul, me nace eterno.

Todo el color de aurora despertada
el mar y tú lo nadan a mi encuentro,
y en locura de amarme hasta el naufragio
van rompiendo los puertos y los remos.

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¡Si tuviera yo un barco de gaviotas,
para sólo un instante detenerlos,
y gritarle mi voz a que se batan
en un sencillo duelo de misterio!

Que uno en el otro encuentren su voz propia,
que entrelacen sus sueños en el viento,
que se ciñan estrellas en los ojos
para que den, unidos, sus destellos.

Que sea un duelo de música en el aire
las magnolias abiertas de sus besos,
que las olas se vistan de pasiones
y la pasión se vista de veleros.

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Todo el color de aurora despertada
el mar y tú lo estiren en un sueño
que se lleve mi barco de gaviotas
y me deje en el agua de dos cielos.

Canción amarga

Este poema de Julia de Burgos que refleja la nostalgia es una de las composiciones más bellas de la escritora puertorriqueña y que además ha sido de las más importante de su autoría.

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Nada turba mi ser, pero estoy triste.
Algo lento de sombra me golpea,
aunque casi detrás de esta agonía,
he tenido en mi mano las estrellas.

Debe ser la caricia de lo inútil,
la tristeza sin fin de ser poeta,
de cantar y cantar, sin que se rompa
la tragedia sin par de la existencia.

Ser y no querer ser… esa es la divisa,
la batalla que agota toda espera,
encontrarse, ya el alma moribunda,
que en el mísero cuerpo aún quedan fuerzas.

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¡Perdóname, oh amor, si no te nombro!
Fuera de tu canción soy ala seca.
La muerte y yo dormimos juntamente…
Cantarte a ti, tan sólo, me despierta.

Yo fui la más callada

Nos topamos nuevamente con un poema de Julia de Burgos inspirado en el amor propio.

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Este es un ejemplo de las composiciones de la escrituras destinada a exalta el papel de la mujer en la sociedad puertorriqueña.

Yo fui la más callada
de todas las que hicieron el viaje hasta tu puerto.

No me anunciaron lúbricas ceremonias sociales,
ni las sordas campanas de ancestrales reflejos;
mi ruta era la música salvaje de los pájaros
que soltaba a los aires mi bondad en revuelo…

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No me cargaron buques pesados de opulencia,
ni alfombras orientales apoyaron mi cuerpo;
encima de los buques mi rostro aparecía
silbando en la redonda sencillez de los vientos.

No pesé la armonía de ambiciones triviales
que prometía tu mano colmada de destellos:
sólo pesé en el suelo de mi espíritu ágil
el trágico abandono que ocultaba tu gesto.

Tu dualidad perenne la marcó mi sed ávida.
Te parecías al mar, resonante y discreto.
Sobre ti fui pasando mis horarios perdidos.
Sobre mí te seguiste como el sol en los pétalos.

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Y caminé en la brisa de tu dolor caído
con la tristeza ingenua de saberme en lo cierto:
tu vida era un profundo batir de inquietas fuentes
en inmenso río blando corriendo hacia el desierto.

Un día, por las playas amarillas de histeria,
muchas caras ocultas de ambición te siguieron;
por tu oleaje de lágrimas arrancadas al cosmos
se colaron las voces sin cruzar tu misterio…

Yo fui la más callada.
La voz casi sin eco.
La conciencia tendida en sílaba de angustia,
desparramada y tierna, por todos los silencios.

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Yo fui la más callada.
La que saltó la tierra sin más arma que un verso.
¡Y aquí me veis, estrellas,
desparramada y tierna, con su amor en mi pecho!

Canción desnuda

Un poema de Julia de Burgos en el que la pasión y el erotismo son el centro de la producción, y que a su ves afirma el valor de la mujer.

Despierta de caricias,
aún siento por mi cuerpo corriéndome tu abrazo.
Estremecida y tenue sigo andando en tu imagen.
¡Fue tan hondo de instintos mi sencillo reclamo!

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De mi se huyeron horas de voluntad robusta,
y humilde de razones, mi sensación dejaron.
Yo no supe de edades ni reflexiones yertas.
¡Yo fui la Vida, amado!
La vida que pasaba por el canto del ave
y la arteria del árbol.

Otras notas más suaves pude haber descorrido,
pero mi anhelo fértil no conocía de atajos:
me agarré a la hora loca,
y mis hojas silvestres sobre ti se doblaron.

Me solté a la pureza de un amor sin ropajes
que cargaba mi vida de lo irreal a lo humano,
y hube de verme toda en un grito de lágrimas,
¡en recuerdo de pájaros!

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Yo no supe guardarme de invencibles corrientes
¡Yo fui la Vida, amado!
La vida que en ti mismo descarriaba su rumbo
para darse a mis brazos.

El hombre y mi alma

Un bello poema de esta talentosa escritora que expone la ferviente pasión impregnada en sus palabras.

¡Qué caricia larga de acción me sube por las venas
anchas de recorrerme!

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Me veo inmóvil de carne esperando la lucha
entre el hombre y mi alma,
y me siento invencible,
porque mi ahora es fuerte columna de avanzada
en la aurora que apunta,
es grito de corazón vacío en la nave del mundo,
es esfuerzo de ola tendido en playa firme
para arrasar calumnias de las conciencias rotas.

Entre el hombre y mi alma
se ha cruzado la espada…
(La mente es una intérprete que traduce la fuerza
en ideas que avanzan.)

De mi lado se bate la conciencia del hombre
en un sol de principios sobre el soy de las almas.

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En la mano del hombre se defiende la hueca
escultura de normas sobre el tiempo moldeada.

Ha sonado la lucha…
Y me siento intocada…
Estoy sobre los siglos con fiereza de olas…
¡Nadie palpe la sombra que mi impulso ahuyentara!

Poemas de Julia de Burgos sobre amor y feminismo

La escritora puertorriqueña fue la mayor de 13 hermano, y un dato curiosos de ella fue que formó parte del grupo “hijas de la libertad” un extensión feminista del Partido Nacionalista de Puerto Rico.

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Ese espíritu feminista se encuentra reflejado en su poesía y al mismo tiempo se encuentra marcada por los amores en sus diferentes matices y la vida apresurada que llevó.

La sensualidad, el erotismo y la pasión son los elementos más frecuentes dentro de sus obras poéticas.

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Amor

Una composición poética de la autoría de Burgos llena de romance y palabras cautivadoras que deja al lector un texto expendido e ideal  para dedicar.

Amor…
única llama que me queda de Dios
en el sendero cierto de lo incierto.

Más contenido que te encantará

Aquí,
desesperada,
me contemplo la vida en un hueco del tiempo.

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Entrecortando pasa el sendero de luz
que esperancé de sueño.

¡Oh mañanas azules que se quedaron muertas,
volando en el espacio!

¡Oh anudada caricia que amaneces dispersa,
cuando despierta el cuerpo!

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¡Oh querer desterrarme de mis pasos turbados…!
¡Multiplican en ecos!

Aquí, junto al continuo gravitar de la nada,
¡cómo asaltan mi espíritu los silencios más yermos!

Mi esperanza es un viaje flotando entre sí misma…
Es una sombra vaga sin ancla y sin regreso.

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Mis espigas no quieren germinar al futuro.
¡Oh el peso del ambiente!
¡Oh el peso del destierro!

¡Amor…!
Hasta la leve ronda de tu voz perturbada,
me partió la ola blanca que quedaba en mi pecho.

Te Quiero

El amor es uno de los sentimientos más fuerte que experimenta el ser humano, los que conocen esta emoción son capaces de romper las barreras más gruesas, y sobre esto habla Julia de Burgos en este inspirador poema.

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Te Quiero
Te quiero… y me mueves el tiempo de mi vida sin horas.
Te quiero en los arroyos pálidos que viajan en la noche,
y no termina nunca de conducir estrellas a la mar.

Te quiero en aquella mañana
desprendida del vuelo de los siglos que huyó su nave
blanca hasta el agua sin ondas donde nadaban tristes,
tu voz y mi canción.

Te quiero en el dolor sin llanto que tanta noche
ha recogido el sueño en le cielo invertido en mis pupilas
para mirarte cósmica, en la voz socavada de mi ruido de
siglos derrumbándose.

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Te quiero (grito de noche blanca) en el insomnio reflexivo
de donde ha vuelto en pájaros mi espíritu.

Te quiero… Mi amor se escapa leve de expresiones y rutas,
y va rompiendo sombras y alcanzando tu imagen
desde el punto inocente donde soy yerba y trino.

Ya no es mío mi amor

El amor vuelve  a ser el protagonista de uno de los poemas de la excelsa poetisa puertorriqueña y en el plasma una reflexión cautivadora.

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Si mi amor es así, como un torrente,
como un río crecido en plena tempestad,
como un lirio prendiendo raíces en el viento,
como una lluvia íntima,
sin nubes y sin mar…

Si mi amor es de agua,
¿por qué a rumbos inmóviles lo pretenden atar?

Si mi amor rompe suelos,
disuelve la distancia como la claridad,
ataja mariposas al igual que luceros,
y cabalga horizontes como cruza un rosal…

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Si el universo es átomo siguiéndome las alas,
¿por qué medirme el trino cuando rompe a cantar?

Si mi amor ya no es mío,
es yo misma borrando las riberas del mar,
yo inevitablemente y fatalmente mía,
germinándome el alma en mis albas de paz…

Si mi amor ya no roza fronteras con mi espíritu,
¡qué canción sin su vida puede ser en mi faz?

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¡Si mi amor ya no es mío!
Es tonada de espumas en los labios del mar…

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese…

Un poema de Julia de Burgos que defiende de una forma particular el valor de la mujer y llama a la aceptación por parte de los hombres.

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.

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Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisoria
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.

A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.

Pero la rama estaba desprendida para siempre,
y a cada nuevo azote la mirada mía
se separaba más y más y más de los lejanos
horizontes aprendidos:

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y mi rostro iba tomando la expresión que le venía de adentro,
la expresión definida que asomaba un sentimiento
de liberación íntima;
un sentimiento que surgía
del equilibrio sostenido entre mi vida
y la verdad del beso de los senderos nuevos.

Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas.

Y fui toda en mí como fue en mí la vida…

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Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes;
cuando ya los heraldos me anunciaban
en el regio desfile de los troncos viejos,
se me torció el deseo de seguir a los hombres,
y el homenaje se quedó esperándome.

A Julia de Burgos

Cerramos la lista con este poema de Julia de Burgos en donde se refleja los sentimientos y las conductas propias de la escritora, se trata de una composición dedica a ella misma.

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Ya las gentes murmuran que yo soy tu enemiga
porque dicen que en verso doy al mundo tu yo.

Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos.
La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz
porque tú eres ropaje y la esencia soy yo; y el más
profundo abismo se tiende entre las dos.

Tú eres fria muñeca de mentira social,
y yo, viril destello de la humana verdad.

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Tú, miel de cortesana hipocresías; yo no;
que en todos mis poemas desnudo el corazón.

Tú eres como tu mundo, egoísta;
yo no; que en todo me lo juego a ser lo que soy yo.

Tú eres sólo la grave señora señorona; yo no,
yo soy la vida, la fuerza, la mujer.

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Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no;
yo de nadie, o de todos, porque a todos, a
todos en mi limpio sentir y en mi pensar me doy.

Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no;
a mí me riza el viento, a mí me pinta el sol.

Tú eres dama casera, resignada, sumisa,
atada a los prejuicios de los hombres; yo no;
que yo soy Rocinante corriendo desbocado
olfateando horizontes de justicia de Dios.

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Tú en ti misma no mandas;
a ti todos te mandan; en ti mandan tu esposo, tus
padres, tus parientes, el cura, la modista,
el teatro, el casino, el auto,
las alhajas, el banquete, el champán, el cielo
y el infierno, y el que dirán social.

En mí no, que en mí manda mi solo corazón,
mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo.

Tú, flor de aristocracia; y yo, la flor del pueblo.
Tú en ti lo tienes todo y a todos se
lo debes, mientras que yo, mi nada a nadie se la debo.

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Tú, clavada al estático dividendo ancestral,
y yo, un uno en la cifra del divisor
social somos el duelo a muerte que se acerca fatal.

Cuando las multitudes corran alborotadas
dejando atrás cenizas de injusticias quemadas,
y cuando con la tea de las siete virtudes,
tras los siete pecados, corran las multitudes,
contra ti, y contra todo lo   lo inhumano,
yo iré en medio de ellas con la tea en la mano.

La extraordinaria capacidad para reflejar los problemas que enfrentaba la mujer de sus tiempo y los circunstancias que rodearon su vida y muerte fueron los aspectos que le brindaron el reconocimiento que hoy posee.

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Uno pensaría que una mujer tan exitosa y reconocida terminaría su vida junto a sus seres queridos, pero la verdad es que el ánimo de la escritora se encontraba bajo y lastimosamente calló en el alcoholismo.

El 6 de julio de 1953, a sus 39 años de edad se desplomó en una acera neoyorquina y murió de pulmonía al ser trasladada al hospital.

El drama se apodero de sus muerte, y es que la escritor no llevaba consigo ningún tipo de identificación y fue enterrada en una tuba anónima, tiempo después sus restos fueron enviados a su país natal.

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