+15 Poemas vanguardistas ¡Revolucionarios en su época!

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¿Cuales son los mejores poemas vanguardistas? Ejemplos, poemas cortos, por Pablo Neruda, latinoamericanos o de amor. El vanguardismo llegó a europa a principios del siglo XX para innovar e imponerse sobre lo establecido, romper los esquemas y el status quo, hablar de lo que se consideraba tabú.

Escapar de los convencionalismos y adaptar los ámbitos culturales, políticos, literarios y hasta filosóficos del continente a esta nueva forma de ver y crear.

Cuando se habla de vanguardismo, en el caso de la poesía, se asocia con experimentar con técnicas y formas inexploradas anteriormente, sin establecer un orden, o sentido, un poco de anarquía podría decirse.

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En sus obras, los principales artistas a través de metáforas, implementaban situaciones un poco surreales.

+15 Ejemplos de poemas vanguardistas por escritores famosos

Desde Escribirte, te traemos una recopilación de poemas vanguardistas que marcaron un antes y después dentro de la historia, quebrantaron las reglas, tocaron temas sensibles para su época y revolucionaron este maravilloso arte.

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15. Poema XX (Pablo Neruda)

Esa melancolía, la nostalgia de un amor perdido, algo que pudo haber sido y no fue, ese recuerdo doloroso de todo el amor que existió pero que, como todo en esta vida, tuvo que acabarse, es expresado en estas tristes líneas del gran Pablo Neruda:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

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En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.

Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

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Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.

Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos
árboles.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

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De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.

Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis
brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

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14. ¡Qué Lástima! (León Felipe)

La protesta también fue un tema recurrente entre el movimiento vanguardista, las líricas servían para transmitir los sentimientos de desesperanza, injusticia, reclamo ante las inmoralidades cometidas en aquella época:

Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!

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¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!

¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza, como pasan
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.

¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!

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Debí nacer en la entraña de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.

Después… ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta para poder cantar siempre en
la misma tonada al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.

¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
(que me contaranviejas historias domésticas
como a Francis Jammes y a Ayala)
y el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla.

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¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra en el puño de la espada!

Y, ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque… ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?

¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!

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Sin embargo…
en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.

Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala
tan amplia
y tan blanca…

Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.

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Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente a través de la ventana.

Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.

Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.

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¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.

¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa…

Ella entonces me llama
¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para
en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.

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Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.

Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban
en una caja
muy blanca…
En una caja
muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.

Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana…
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
tan blanca.

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Todo el ritmo de la vida pasa
por el cristal de mi ventana…
¡Y la muerte también pasa!

¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa…
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!

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13. El sueño (Jorge Luís Borges)

Según estudios, Borges solía analizar mucho sobre los sueños, con este poema vanguardista, como muchos otros, dio rienda suelta a sus profundas observaciones incluso filosóficas sobre la vida y los sueños:

Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que solo es traducible
en un sopor que la vigilia dora
de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra
y que el día deforma en sus espejos.

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¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?

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12. Mariposa (Nicolás Guillén)

”Mariposa” no es más que el deseo de transformarse para abarcar todos los aspectos del ser al que se ama, de acercase cada vez a su esencia, ser esa presencia tangible o intangible:

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Quisiera hacer un verso que tuviera
ritmo de Primavera;
que fuera como una fina mariposa rara,
como una mariposa que volara
sobre tu vida, y cándida y ligera
revolara sobre tu cuerpo cálido
de cálida palmera
y al fin su vuelo absurdo reposara
–tal como en una roca azul de la pradera–
sobre la linda rosa de tu cara…
Quisiera hacer un verso que tuviera
toda la fragancia de la Primavera
y que cual una mariposa rara revolara
sobre tu vida, sobre tu cuerpo, sobre tu cara.

11. Cómo no ser romántico y Siglo XIX (Nicolás Guillén)

Para el poeta, ensayista y activista cubano Nicolás Guillén, al amor no se le dice que no, sin importar la época, el momento o el lugar, estos sentimientos jamás deben ocultarse:

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Cómo no ser romántico y Siglo XIX,
no me da pena,
cómo no ser Musset
viéndola esta tarde
tendida casi exangüe,
hablando desde lejos,
lejos de allá del fondo de ella misma,
de cosas leves, suaves, tristes.

Los shorts bien shorts
permiten ver sus detenidos muslos
casi poderosos,
pero su enferma blusa pulmonar
convaleciente
tanto como su cuello-fino-Modigliani,
tanto como su piel-margarita-trigo-claro,
Margarita de nuevo ( así preciso ),
en la chaise-longue ocasional tendida
ocasional junto al teléfono,
me devuelven un busto transparente
( Nada, no más un poco de cansancio ).

Es sábado en la calle, pero en vano.
Ay, cómo amarla de manera
que no se me quebrara
de tan espuma tan soneto y madrigal,
me voy no quiero verla,
de tan Musset y siglo XIX
cómo no ser romántico.

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10. El espejo de agua (Vicente Huidobro)

Este poema vanguardista también incluye la metáfora, en el que el poeta, se ve alejándose a sí mismo, perdiéndose, sin poder hacer mucho para cambiarlo:

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Mi espejo, corriente por las noches,
Se hace arroyo y se aleja de mi cuarto.
Mi espejo, más profundo que el orbe
Donde todos los cisnes se ahogaron.

Es un estanque verde en la muralla
Y en medio duerme tu desnudez anclada.
Sobre sus olas, bajo cielos sonámbulos,
Mis ensueños se alejan como barcos.

De pie en la popa siempre me veréis cantando.
Una rosa secreta se hincha en mi pecho
Y un ruiseñor ebrio aletea en mi dedo.

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9. Balada del ausente (Juan Carlos Onetti)

Onetti le dedica este poema vanguardista a su amor Idea Vilariño, otra poetisa uruguaya, quienes, durante muchos años atravesaron una relación de altos y bajos, de felicidad y tormento. En este texto, Onetti le expresa que a pesar de todo siempre la esperará, pero ese reencuentro es incierto:

Entonces no me des un motivo por favor
No le des conciencia a la nostalgia,
La desesperación y el juego.
Pensarte y no verte
Sufrir en ti y no alzar mi grito
Rumiar a solas, gracias a ti, por mi culpa,
En lo único que puede ser
Enteramente pensado
Llamar sin voz porque Dios dispuso
Que si Él tiene compromisos
Si Dios mismo le impide contestar
Con dos dedos el saludo
Cotidiano, nocturno, inevitable
Es necesario aceptar la soledad,
Confortarse hermanado
Con el olor a perro, en esos días húmedos del sur,
En cualquier regreso
En cualquier hora cambiable del crepúsculo
Tu silencio…

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8. Cada canción (Federico García Lorca)

Todo en esta vida tiene un reflejo, una contraparte, un complemento, que existen en perfecta armonía, perfectamente lo refleja García Lorca en este poema corto vanguardista:

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Cada canción
es un remanso
del amor.
Cada lucero,
un remanso
del tiempo.
Un nudo
del tiempo.
Y cada suspiro
un remanso
del grito.

7. Por siempre (Mario Benedetti)

El amor no se extingue, no muere, sólo se transforma, pasa por una metamorfosis, para Benedetti en este poema vanguardista, indica que el amor es una fuente inagotable y eterna, sin verse afectada por el curso del tiempo:

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Si la esmeralda se opacara, si el oro perdiera su color, entonces, se acabaría nuestro amor.

Si el sol no calentara, si la luna no existiera, entonces, no tendría sentido vivir en esta tierra, como tampoco tendría sentido vivir sin mi vida, la mujer de mis sueños, la que me da la alegría…

Si el mundo no girara o el tiempo no existiese, entonces, jamás moriría, tampoco nuestro amor…

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Pero el tiempo no es necesario, nuestro amor es eterno, no necesitamos del sol de la luna o los astros para seguir amándonos…

Si la vida fuera otra y la muerte llegase, entonces, te amaría hoy, mañana… por siempre… todavía.

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6. Amor (Pablo Neruda)

¿Qué no haríamos por amor? Iríamos a los lugares más recónditos, enfrentaríamos nuestros más profundos miedos, atravesaríamos cualquier dificultad, todo por estar cerca del ser amado, y entregarnos completamente, como este poema vanguardista de Neruda:

Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte
la leche de los senos como de un manantial,
por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte
en la risa de oro y la voz de cristal.
Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos
y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal,
porque tu ser pasara sin pena al lado mío
y saliera en la estrofa -limpio de todo mal-.
Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría
amarte, amarte como nadie supo jamás!
Morir y todavía
amarte más.
Y todavía
amarte más
y más.

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5. El amor que calla (Gabriela Mistral)

Otro poema vanguardista de amor, pero en este caso, Mistral refleja lo doloroso que puede ser ocultarlo, no ser capaz de exteriorizarlo y demostrarlo, convirtiéndose así en una carga:

Si yo te odiara, mi odio te daría
En las palabras, rotundo y seguro;
¡Pero te amo y mi amor no se confía
A este hablar de los hombres tan oscuro!
Tú lo quisieras vuelto un alarido,
Y viene de tan hondo que ha deshecho
Su quemante raudal, desfallecido,
Antes de la garganta, antes del pecho.
Estoy lo mismo que estanque colmado
Y te parezco un surtidor inerte.
¡Todo por mi callar atribulado
Que es más atroz que entrar en la muerte!

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4. Guitarra (Nicolás Guillen)

Guillén le dedica este poema vanguardista a la fiel compañera de cualquier músico, aquel instrumento que acompaña y está presente en cada canción, cada tonada, que, con sus cuerdas, es capaz de darle el tono más feliz o más triste a una lírica:

Tendida en la madrugada,
la firme guitarra espera:
voz de profunda madera
desesperada.
Su clamorosa cintura,
en la que el pueblo suspira,
preñada de son, estira
la carne dura.
¿Arde la guitarra sola?
mientras la luna se acaba;
arde libre de su esclava
bata de cola.
Dejó al borracho en su coche,
dejó el cabaret sombrío,
donde se muere de frío,
noche tras noche,
y alzó la cabeza fina,
universal y cubana,
sin opio, ni mariguana,
ni cocaína.
¡Venga la guitarra vieja,
nueva otra vez al castigo
con que la espera el amigo,
que no la deja!
Alta siempre, no caída,
traiga su risa y su llanto,
clave las uñas de amianto
sobre la vida.
Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcohol la boca,
y en esa guitarra, toca
tu son entero.
El son del querer maduro,
tu son entero;
el del abierto futuro,
tu son entero;
el del pie por sobre el muro,
tu son entero. . .
Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcohol la boca,
y en esa guitarra, toca
tu son entero.

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3. Y el pan nuestro (Juan Carlos Onetti)

Cuando amamos, cualquier objeto, esencia, lugar, nos invita a pensar en ese ser al que amamos, con el que compartimos tantas cosas, y con el que queremos paralizar el tiempo para inmortalizar esos momentos de felicidad y paz, tal como lo indica aquí Onetti en este poema vanguardista:

Sólo conozco de ti
la sonrisa gioconda
con labios separados
el misterio
mi terca obsesión
de desvelarlo
y avanzar porfiado
y sorprendido
tanteando tu pasado
Sólo conozco
la dulce leche de tus dientes
la leche plácida y burlona
que me separa
y para siempre
del paraíso imaginado
del imposible mañana
de paz y dicha silenciosa
de abrigo y pan compartido
de algún objeto cotidiano
que yo pudiera llamar
nuestro

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2. El cómplice (Jorge Luis Borges)

Para ser un cómplice, se debe acompañar y participar junto a otra persona en algún hecho, para Borges en este poema vanguardista, se ve como el cómplice de todas las vicisitudes de la vida, buenas o malas:

Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.
Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.
Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.
Mi alimento es todas las cosas.
El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.
Debo justificar lo que me hiere.
No importa mi ventura o mi desventura.
Soy el poeta.

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1. Inscripción sobre un sepulcro (Tristan Tzara)

Este poeta rumano, además de ser defensor del movimiento vanguardista también abrió el camino para el dadaísmo, basaba sus obras en pensamientos nihilistas, reflexivos y profundos:

Y sentía tu alma pulcra y triste
como sientes la luna que se desliza calladamente
detrás de los visillos corridos.
Y sentía tu alma pobre y encogida,
como un mendigo, con la mano tendida delante de la puerta,
sin atreverse a llamar y entrar,
y sentía tu alma frágil y humilde
como una lágrima vacilando en el borde de los párpados,
y sentía tu alma ceñida y húmeda por el dolor
como un pañuelo en la mano en el cual gotean lágrimas,
y hoy, cuando mi alma quiere perderse en la noche,
solamente tu recuerdo lo detiene
con invisibles dedos de fantasma

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El vanguardismo no sólo se trató de un mero acto de rebeldía, también sirvió como un modelo de protesta a travez de poemas vanguardistas ante las injusticias que sucedían en ese tiempo.

Las guerras, los prejuicios y los estándares establecidos para las distintas expresiones artísticas que resultaban ser algo limitantes.

Es por ello, que el surgimiento de esta corriente abrió un abanico de oportunidades para salir de ese molde, siendo Francia y España los primeros escenarios donde se desarrolló, hasta contagiar el resto del viejo continente y expandirse alrededor del mundo.

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