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+11 Poemas de Claudio Rodríguez ¡Versos originales!

  • Poemas
Poemas de Claudio Rodríguez
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¿Cómo puede ser tan cautivadora la poesía de Claudio Rodríguez? La obra de Claudio Rodríguez supuso para la poesía española una segregación completa de la poesía más o menos social realizada a mediados del siglo XX.

Sus cinco libros de poesía han hecho de él un clásico, referente imprescindible en la evolución de la poesía española de su siglo.

Pero a diferencia de muchos otros autores, la obra de Claudio Rodríguez es relativamente breve caracterizada por la esencialidad, el absoluto dominio del ritmo, la sorprendente capacidad imaginativa y la hondura ética.

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La aventura poética de este talentoso escritor español nacido el 30 de enero de 1934, significó una vocación poética temprana y sólida, pero fue muy poco propicio a mostrar sus primeros ensayos y tentativas.

Publicó su primer libro cuando tenía 19 años, se trata de Don de la ebriedad publicado en 1953, el mismo que ha sido valorado por la crítica como uno de los más brillantes de la lírica española en la segunda mitad del siglo XX.

No queda duda de que Claudio Rodríguez, fue una de las mentes más brillantes al tratarse de poesía y literatura, y no hay nada mejor para recordarlo que mostrando sus más maravillosos trabajos poéticos.

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Hoy en Escribirte hemos realizado una recopilación de algunos poemas de Claudio Rodríguez que queremos compartir contigo.

En ello podrás observar ese estilo característico del escritor que lo llevó a ser considerado como uno de los poetas españoles enmarcados en la generación de los 50.

Poemas de Claudio Rodríguez versos puros y originales

Hoy en día la carrera poética de Claudio Rodríguez es considerada como una peculiarisima iluminación simbólica de lo real a través del lenguaje.

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Además algunos piensan que se trata de un intento de desvelar la verdad que se oculta tras la realidad apariencia de las cosas.

¿Bastante interesante no? Pero aún más son los versos de este talentoso escritor. Conoce los poemas de Claudio Rodríguez más puros y originales de la literatura.

Poemas de Claudio Rodríguez talentoso escritor español

Clávame con tus ojos esa nube

Claudio Rodríguez es uno de los poetas más inspirados, puros y originales de los que hoy podemos recordar, y lo podemos observar con tan solo leer algunas pocas líneas de este primer poema de Claudio Rodríguez

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Este texto hace referencia a uno de los aspectos más frecuente de la poesía, los ojos, estas hermosas puertas del alma que han inspirado tantos versos.

Clávame con tus ojos esa nube
y esta esperanza de hombre que me queda.
¿Por dónde yo si estaba en la alameda
de tus ojos mintiendo cuando estuve?

Disciplina de todo lo que sube.
De lo que mira y ve, mientras se enreda
su triste agilidad, como en la rueda
de tus campos del cielo que no anduve.

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Y es por seguir cegueras sin mancilla
por lo que tanta bruma nos separa
y hace del resplandor su maravilla,

su clavel mudo. ¡Y qué ajenos al daño
después, cuando tus ojos son la clara
locura de no verme siempre extraño!

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El baile de Águedas

Águedas es una celebración en la cual las mujeres cobran protagonismo, y durante la cual, sobre todo en los pueblos antiguos, se cedía el gobierno a las mujeres.

Esto se representaba, entre otras cosas, porque las autoridades cedían el bastón de mando de los pueblos al grupo de mujeres. Este poema de Claudio Rodríguez está enfocado en esta celebración tradicional.

Veo que no queréis bailar conmigo
y hacéis muy bien. ¡Si hasta ahora
no hice más que pisaros, si hasta ahora
no moví al aire vuestro estos pies cojos!

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Tú siempre tan bailón, corazón mío.
¡Métete en fiesta; pronto,
antes de que te quedes sin pareja!

¡Hoy no hay escuela! ¡Al río,
a lavarse primero,
que hay que estar limpios cuando llegue la hora!

Ya están ahí, ya vienen
por el raíl con sol de la esperanza
hombres de todo el mundo! Ya se ponen
a dar fe de su empleo de alegría

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¿Quién no esperó la fiesta?
¿Quién los días del año
no los pasó guardando bien la ropa
para el día de hoy? Y ya ha llegado.

Cuánto manteo, cuánta media blanca,
cuánto refajo de lanilla, cuánto
corto calzón. ¡Bien a lo vivo, como
esa moza se pone su pañuelo,
poned el alma así, bien a lo vivo!

Echo de menos ahora
aquellos tiempos en los que a sus fiestas
se unía el hombre como el suero al queso.

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Entonces sí que daban
su vida al sol, su aliento al aire, entonces
sí que eran encarnados en la tierra.

Para qué recordar. Estoy en medio
de la fiesta y ya casi
cuaja la noche pronta de febrero.
y aún sin bailar: yo solo.

¡Venid, bailad conmigo, que ya puedo
arrimar la cintura bien, que puedo
mover los pasos a vuestro aire hermoso!

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¡Águedas, aguedicas,
decidles que me dejen
bailar con ellos, que yo soy del pueblo,
soy un vecino más, decid a todos
que he esperado este día
toda la vida! Oídlo.

Óyeme tú, que ahora
pasas al lado mío y un momento,
sin darte cuenta, miras a lo alto
y a tu corazón baja
el baile eterno de Águedas del mundo,

óyeme tú, que sabes
que se acaba la fiesta y no la puedes
guardar en casa como un limpio apero,
y se te va, y ya nunca…

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tú, que pisas la tierra
y aprietas tu pareja, y bailas, bailas.

Hilando

En este poema de Claudio Rodríguez, el autor describe como poco a poco va sacando hebras para tejer todo un entramado de emociones que se producen del dolor.

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Tanta serenidad es ya dolor.
Junto a la luz del aire
la camisa ya es música,
y está recién lavada,
aclarada,

bien ceñida al escorzo
risueño y torneado de la espalda,
con su feraz cosecha,
con el amanecer nunca tardío
de la ropa y la obra.

Este es el campo
del milagro: helo aquí,
en el alba del brazo,
en el destello de estas manos,

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tan acariciadoras
devanando la lana:
el hilo y el ovillo,

y la nuca sin miedo,
cantando su viveza
y el pelo muy castaño
tan bien trenzado,
con su moño y su cinta;

y la falda segura; sin pliegues,
color jugo de acacia.

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Con la velocidad del cielo ido,
con el taller, con
el ritmo de las mareas de las calles,
está aquí, sin mentira,

con un amor tan mudo y con retorno,
con su celebración y con su servidumbre.

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Cómo veo los árboles ahora…

Los poetas en muchos de los casos se han valido de elementos de la naturaleza para encontrar la inspiración o simplemente utilizarla de metáfora, algunos de los más comunes son las flores, el mar e incluso criaturas.

En este poema de Claudio Rodríguez podemos ver cómo el autor utiliza los árboles para describir una fuerte emoción.

Cómo veo los árboles ahora.
No con hojas caedizas, no con ramas
sujetas a la voz del crecimiento.

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Y hasta a la brisa que los quema a ráfagas
no la siento como algo de la tierra
ni del cielo tampoco, sino falta
de ese color de vida con destino.

Y a los campos, al mar, a las montañas,
muy por encima de su clara forma
los veo. ¿Qué me han hecho en la mirada?

¿Es que voy a morir? Decidme, ¿cómo
veis a los hombres, a sus obra, almas
inmortales? Sí, ebrio estoy sin duda.

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La mañana no es tal, es una amplia
llanura sin combate, casi eterna,
casi desconocida porque en cada
lugar donde antes era sombra el tiempo,
ahora la luz espera ser creada.

No sólo el aire deja más su aliento:
no posee ni cántico ni nada;
se lo dan, y él empieza a rodearle

con fugaz esplendor de ritmo de ala
e intenta hacer un hueco suficiente
para no seguir fuera. No, no sólo
seguir fuera quizá, sino a distancia.

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Pues bien: el aire de hoy tiene su cántico.
¡Si lo oyeseis! Y el sol, el fuego, el agua,
cómo dan posesión a estos mis ojos.

¿Es que voy a vivir? ¿Tan pronto acaba
la ebriedad? Ay, y cómo veo ahora
los árboles, qué pocos días faltan…

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Nuevo día

Los poetas y literatos suelen encontrar la inspiración en elementos de la vida misma, y plasman en sus obras todo tipo de situaciones, románticas, esperanzadoras y en ocasiones desafortunadas.

En el caso de este poema de Claudio Rodríguez, vemos como el autor se basa en la esperanza que trae consigo un nuevo día.

Después de tantos días sin camino y sin casa
y sin dolor siquiera y las campanas solas
y el viento oscuro como el del recuerdo
llega el de hoy.

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Cuando ayer el aliento era misterio
y la mirada seca, sin resina,
buscaba un resplandor definitivo,
llega tan delicada y tan sencilla,
tan serena de nueva levadura
esta mañana…

Es la sorpresa de la claridad,
la inocencia de la contemplación,
el secreto que abre con moldura y asombro
la primera nevada y la primera lluvia
lavando el avellano y el olivo
ya muy cerca del mar.

Invisible quietud. Brisa oreando
la melodía que ya no esperaba.
Es la iluminación de la alegría
con el silencio que no tiene tiempo.

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Grave placer el de la soledad.
Y no mires el mar porque todo lo sabe
cuando llega la hora
adonde nunca llega el pensamiento
pero sí el mar del alma,

pero sí este momento del aire entre mis manos,
de esta paz que me espera
cuando llega la hora
-dos horas antes de la media noche-
del tercer oleaje, que es el mío.

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Gestos

Los gestos son formas expresivas que no incluyen el uso de palabras si no que se basan en movimientos, en expresiones faciales, en formas de contacto corporal, algunos de ellos pueden incluir chasquidos o sonidos guturales.

Hoy tenemos la dicha de disfrutar del talento de Claudio Rodríguez a través de un poema en el que expone su visión sobre los gestos.

Una mirada, un gesto,
cambiarán nuestra raza.
Cuando actúa mi mano,
tan sin entendimiento y sin gobierno,

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pero con errabunda resonancia,
y sondea, buscando
calor y compañía en este espacio
en donde tantas otras
han vibrado,

¿qué quiere decir?
Cuántos y cuántos gestos como
un sueño mañanero,
pasaron.

Como esa
casera mueca de las figurillas
de la baraja: aunque
dejando herida o beso, sólo azar entrañable.

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Más luminoso aún que la palabra,
nuestro ademán, como ella
roído por el tiempo, viejo como la orilla
del río,

¿qué significa?
¿Por qué desplaza el mismo aire el gesto
de la entrega o del robo,
el que cierra una puerta o el que la abre,
el que da luz o apaga?

¿Por qué es el mismo el giro del brazo cuando siembra
que cuando siega,
el de amor que el de asesinato?

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Nosotros, tan gesteros pero tan poco alegres,
raza que sólo supo
tejer banderas, raza de desfiles,
de fantasías y de dinastías,
hagamos otras señas.

No he de leer en cada palma, en cada
movimiento, como antes. No puedo ahora frenar
la rotación inmensa del abrazo
para medir su órbita
y recorrer su emocionada curva.

No, no son tiempos
de mirar con nostalgia
esa estela infinita del paso de los hombres.

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Hay mucho que olvidar
y más aún que esperar. Tan silencioso
como el vuelo del búho, un gesto claro,
de sencillo bautizo,
dirá, en un aire nuevo,

su nueva significación, su nuevo
uso. Yo solo, si es posible,
pido, cuando me llegue la hora mala,
la hora de echar de menos tantos gestos queridos,

tener fuerza, encontrarlos
como quien halla un fósil
(acaso una quijada aún con el beso trémulo)
de una raza extinguida.

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Poemas de Claudio Rodríguez cortos

La poesía de Clauidio Rodríguez se caracteriza por su originalidad expresiva y su intenso lirismo.

Además se puede comparar con la de otros poetas de su momento por el uso de un lenguaje coloquial y cierta tendencia al realismo.

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José Hierro conocido como Pepe Hierro, fue un poeta español que perteneció a la llamada primera generación de la posguerra y compañero de generación de Clauidio Rodríguez, dijo una ves que la poesía del autor es:

«La realidad misma con magia, ya que transforma los objetos cotidianos en símbolos trascendentes».

+11 Poemas de Claudio Rodríguez ¡Originalidad y pureza!

Poemas de Claudio Rodríguez cortos e inspiradores

Su lírica intimista, marcada por la meditación en torno a la naturaleza y el paisaje castellanos, permaneció ajena a las modas y a los movimientos literarios.

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Ahora, sin más preámbulos es tiempo de conocer algunos de los poemas de Clauidio Rodríguez, versos cortos pero totalmente inspiradores.

Adiós

Con este poema de Claudio Rodríguez iniciamos la segunda sección de este artículo, se trata de un verso corto pero igual de cautivador que los anteriores, y describe las frías sensaciones que dejan tras de sí el adiós.

Cualquier cosa valiera por mi vida
esta tarde. Cualquier cosa pequeña
si alguna hay. Martirio me es el ruido
sereno, sin escrúpulos, sin vuelta
de tu zapato bajo.

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¿Qué victorias busca el que ama?
¿Por qué son tan derechas
estas calles? Ni miro atrás ni puedo
perderte ya de vista.

Esta es la tierra
del escarmiento: hasta los amigos
dan mala información. Mi boca besa
lo que muere, y lo acepta. Y la piel misma
del labio es la del viento.

Adiós. Es útil
norma este suceso, dicen. Queda
tú con las cosas nuestras, tú, que puedes,
que yo me iré donde la noche quiera.

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Espuma

De acuerdo con el diccionario la espuma se define como el conjunto de burbujas gaseosas separadas por películas delgadas de líquido que se forman en la superficie de un líquido.

Aquí podemos ver como el autor se inspiró en este elemento para darle vida a su maravilloso poema.

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Miro la espuma, su delicadeza
que es tan distinta a la de la ceniza.
Como quien mira una sonrisa, aquella
por la que da su vida y le es fatiga
y amparo, miro ahora la modesta
espuma.

Es el momento bronco y bello
del uso, el roce, el acto de la entrega
creándola. El dolor encarcelado
del mar, se salva en fibra tan ligera;

bajo la quilla, frente al dique, donde
existe amor surcado, como en tierra
la flor, nace la espuma. y es en ella

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donde rompe la muerte, en su madeja
donde el mar cobra ser, como en la cima
de su pasión el hombre es hombre, fuera
de otros negocios: en su leche viva.

A este pretil, brocal de la materia
que es manantial, no desembocadura,
me asomo ahora, cuando la marea

sube, y allí naufrago, allí me ahogo
muy silenciosamente, con entera
aceptación, ileso, renovado
en las espumas imperecederas.

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Esta iluminación de la materia…

La ciencia es una de las disciplinas más favorables del mundo moderno, y es esta misma la que ha logrado definir muchos de los acontecimientos que da este mundo.

Pero este poeta español le dio un giro diferente a la materia y lo convirtió en un objeto de inspiración.

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Esta iluminación de la materia,
con su costumbre y con su armonía,
con el sol madurador,
con el toque sin calma de mi pulso,
cuando el aire entra a fondo

en la ansiedad del tacto de mis manos
que tocan sin recelo,
con la alegría del conocimiento,
esta pared sin grietas,

y la puerta maligna, rezumando,
nunca cerrada,
cuando se va la juventud, y con ella la luz,
salvan mi deuda.

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Ajeno

Este poema de Claudio Rodríguez, describe cómo se siente ante este sentimiento ajeno, esa sensación que se va adentrando en nuestro cuerpo y nos envía señales para entender que nos pertenecemos.

Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y curo del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.

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Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,

le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.

Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,

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¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.

Ahí mismo

Tristemente hemos llegado ya a conocer el último poema de Claudio Rodríguez que presentaremos en esta lista.

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Se trata de una composición que describe elementos románticos, pero fuertemente cautivadores, pues no solo revela en pensamiento de escritor también hace referencia a su estilo único y original.

Te he conocido por la luz de ahora,
tan silenciosa y limpia,
al entrar en tu cuerpo, en su secreto,
en la caverna que es altar y arcilla,
y erosión.

Me modela la niebla redentora, el humo ciego
ahí, donde nada oscurece.
Qué trasparencia ahí dentro,
luz de abril,

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en este cáliz que es cal y granito,
mármol, sílice yagua. Ahí, en el sexo,
donde la arena niña, tan desnuda,
donde las grietas, donde los estratos,
el relieve calcáreo,

los labios crudos, tan arrasadores
como el cierzo, que antes era brisa,
ahí, en el pulso seco, en la celda del sueño,
en la hoja trémula
iluminada y traspasada a fondo
por la pureza de la amanecida.

Donde se besa a oscuras,
a ciegas, como besan los niños,
bajo la honda ternura de esta bóveda,
de esta caverna abierta al resplandor
donde te doy mi vida.

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Ahí mismo: en la oscura
inocencia.

La poesía de Claudio Rodríguez ha ido conquistando desde sus inicios, y de manera indiscutida, el alto espacio que hoy ocupa junto a los más grandes poetas de todos los tiempos.

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Pero un 22 de julio de 1999, España y el mundo de la literatura se vistieron de luto tras enterarse de la lamentable pérdida física de uno de los más grandes escritores, quien fallece en Madrid a los 65 años de edad.

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