+25 Poemas de desamor cortos para un corazón roto

El desamor no tiene fronteras y a todos, en mayor o menor medida nos ha tocado. Cuando el corazón está en mil pedazos, los poemas de desamor vienen a expresar el más profundo sentimiento del alma rota.

¿Te han dedicado o has dedicado poemas de desamor? Todos, algunas vez, hemos caído en las garras del desamor. Esa sensación de desesperación y vacío ante la ausencia del ser amado, de preguntarse qué pasó, qué hice mal, por qué no está o si me lo merezco, es algo que, en mayor o menor medida, nos ha tocado.

Y también hay grandes literatos que han transformado esta tragedia de un amor que no pudo ser en algo hermoso y han escrito los más hermosos poemas de desamor jamás recitados.

Ya el mundialmente famoso chileno, Pablo Neruda, lo decía en su Soneto 45 “No te vayas por una hora porque entonces en esa hora se juntan las gotas del desvelo”.

Hemos preparado una selección de 25 poemas de desamor que te trasladarán a tus momentos más tristes y quizás toques fondo, pero luego te impulsarás y volverás a ser como siempre fuiste y a esperar, que el próximo amor, sea real.

+25 Tristes poemas de desamor y despedida

Cuando de desamor se trata, a veces ese nudo en la garganta no te deja expresar lo que realmente sientes.

Quieres gritar y llorar, pero sólo el silencio te carcome, y la tristeza invade cada centímetro de tu piel, añorando esa caricia, esa mirada, esa sonrisa que antes fue, todo tu mundo.

El desvelo, las ganas de llorar, los recuerdos, todo se une para recordarte que el desamor es real, que se siente en el alma y en el cuerpo y que sólo el tiempo, y no siempre, lo cura todo, o al menos lo hace más tolerable.

Hagamos un recorrido por los 25 poemas más desgarradores, apasionados y hermosamente escritos para expresar ese despecho, que agujerea la mente y el cuerpo, recordando que no todo es de color de rosa.

25. Poema Soneto 45 (Pablo Neruda)

Con exquisita dulzura y sutileza, Neruda le habla a su amada y le advierte que si se aleja de su vida, sus horas serán largas y el mundo no gira.

No estés lejos de mí un sólo día, porque cómo,
porque, no sé decírtelo, es largo el día,
y te estaré esperando como en las estaciones
cuando en alguna parte se durmieron los trenes.

No te vayas por una hora porque entonces
en esa hora se juntan las gotas del desvelo
y tal vez todo el humo que anda buscando casa
venga a matar aún mi corazón perdido.

Ay que no se quebrante tu silueta en la arena,
ay que no vuelen tus párpados en la ausencia:
no te vayas por un minuto, bienamada,

porque en ese minuto te habrás ido tan lejos
que yo cruzaré toda la tierra preguntando
si volverás o si me dejarás muriendo.

24. Espero curarme de ti (Jaime Sabines)

El mexicano Jaime Sabines le da un repaso a esos primeros momentos del desamor, cuando el dolor está tan fresco que las consecuencias de una relación terminada, aún no se miden.

Espero curarme de ti en unos días.
Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte.
Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno.
Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana?
No es mucho, ni es poco, es bastante.
En una semana se puede reunir todas las palabras de amor
que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego.

Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado.
Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor
están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama.
(Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo:
«qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?»,
«se hizo de noche»…
Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías,
te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo.
Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras:
guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura.

No sirve, es cierto.
Sólo quiero una semana para entender las cosas.
Porque esto es muy parecido a estar saliendo
de un manicomio para entrar a un panteón.

1. Me doy cuenta de que me faltas…

23. Te espero (Mario Benedetti)

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Y en el amor y desamor esta regla se cumple la mayoría de las veces. Enfrentar un desamor, lo hace más llevadero, con la esperanza de por medio y Mario Benedetti lo plasma con su característico lenguaje directo y lleno de sentimiento, que nos ha conquistado desde hace décadas.

Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas,
lo sé, sé que no vendrás.

Sé que la distancia te hiere,
que las noches son más frías,
sé que ya no estás.

Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor,
pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
pues sé que no vendrás.

Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tú allá, yo aquí,
añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
quizás por el resto de nuestras vidas.

Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
y la Luna oculta ese Sol tan radiante,
me siento sólo, lo sé;
nunca supe de nada tanto en mi vida,
sólo sé que me encuentro muy solo,
y que no estoy allí.

Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.

Mi aire se acaba como agua en el desierto,
la vida se me acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tú,
y no estoy allí.

¿Por qué no estoy allí?,
te preguntarás…
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí,
porque todas las noches me torturo pensando en ti.

¿Por qué no sólo me olvido de ti?
¿Y por qué no vivo sólo así?
¿Por qué no sólo…?

22. Ausencia (Jorge Luis Borges)

La ausencia de su amada inspiró a Jorge Luis Borges a escribir este poema de desamor, que relata esos duros momentos en los que el que se ama no está y no queda más que la nostalgia.

Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.

Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.

¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un Sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.

21. El amor, puesto antes en sujeto indigno, es enmienda blasonar del arrepentimiento (Sor Juana Inés de la Cruz)

Desde el siglo 17, la española Sor Juana Inés de la Cruz nos susurra la tragedia de un amor, de un error que quiere negar y no puede.

Cuando mi error y tu vileza veo,
contemplo, Silvio, de mi amor errado,
cuán grave es la malicia del pecado,
cuán violenta la fuerza de un deseo.

A mi misma memoria apenas creo
que pudiese caber en mi cuidado
la última línea de lo despreciado,
el término final de un mal empleo.

Yo bien quisiera, cuando llego a verte,
viendo mi infame amor poder negarlo;
mas luego la razón justa me advierte
que sólo me remedia en publicarlo;
porque del gran delito de quererte
sólo es bastante pena confesarlo.

20. Si tú me olvidas (Pablo Neruda)

“Todo me lleva a ti” … Otra vez el genio de Pablo Neruda nos lleva de paseo por el desamor y sus entretelones.

Quiero que sepas una cosa.
Tú sabes cómo es esto: si miro
la Luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,

si toco junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.

Ahora bien, si poco a poco
dejas de quererme

dejaré de quererte poco a poco.

Si de pronto me olvidas
no me busques,
que ya te habré olvidado.

Si consideras largo y loco el viento
de banderas
que pasa por mi vida
y te decides a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,

piensa
que en ese día,
a esa hora
levantaré los brazos
y saldrán mis raíces
a buscar otra tierra.

Pero si cada día,
cada hora
sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.

Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,

en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.

19. Así, verte de lejos (José Ángel Buesa)

La desesperanza de un amor que ya es prohibido. Este poema de desamor, del cubano José Ángel Buesa, nos lleva a la experiencia de una pareja separada por las circunstancias, y que ya, en brazos de otros amantes, se siguen añorando en secreto.

Así, verte de lejos, definitivamente.
Tu vas con otro hombre, y yo con otra mujer.
Y sí que como el agua que brota de una fuente
Aquellos bellos días ya no pueden volver.

Así, verte de lejos y pasar sonriente,
como quien ya no siente lo que sentía ayer,
y lograr que mi rostro se quede indiferente
y que el gesto de hastío parezca de placer.

Así, verte de lejos, y no decirte nada
ni con una sonrisa, ni con una mirada,
y que nunca sospeches cuanto te quiero así.

Porque aunque nadie sabe lo que a nadie le digo,
la noche entera es corta para soñar contigo
y todo el día es poco para pensar en ti.

 

18. ¿Por qué? (Omar Khayyam)

Siglo 11. El poeta persa Omar Khayyam pregunta por qué la crueldad para destrozar su corazón.

¿Por qué tanta delicadeza, tanta ternura al comienzo de nuestro amor?
¿Por qué tantos cariños, tantas delicias después?
¿Y por qué hoy tu único placer es desgarrar mi corazón?…

¿Por qué?

17. ¿Llorar? ¡Para qué! (Amado Nervo )

El poeta uruguayo Amado Nervo perdió la esperanza en el amor y ya no quiere llorar por nada y por nadie ¿una salida fácil?

Este es el libro de mi dolor:
lágrima a lágrima lo formé;
una vez hecho, te juro, por
Cristo, que nunca más lloraré.
¿Llorar? ¡Por qué!

Serán mis rimas como el rielar
de una luz íntima, que dejaré
en cada verso; pero llorar,
¡eso ya nunca! ¿Por quién? ¿Por qué?

Serán un plácido florigelio,
un haz de notas que regaré,
y habrá una risa por cada arpegio…
¿Pero una lágrima? ¡Qué sacrilegio!
Eso ya nunca. ¿Por quién? ¿Por qué?

16. Rosario (José Martí)

José Martí, el político y el poeta. Autor de fantásticas letras, este cubano le canta a su amor, que tiene nombre: Rosario y su búsqueda sin fin por amarla.

Rosario,
Rosario,

En ti pensaba, en tus cabellos
Que el mundo de la sombra envidiaría,
Y puse un punto de mi vida en ellos
Y quise yo soñar que tú eras mía.

Ando yo por la tierra con los ojos,
Alzados, ¡oh mi afán!, a tanta altura
Que en ira altiva o míseros sonrojos
Encendiólos la humana criatura.

Vivir: Saber morir; así me aqueja
Este infausto buscar, este bien fiero,
Y todo el Ser en mi alma se refleja,
¡Y buscando sin fe, de fe me muero!

15. Poema XX (Pablo neruda)

Pablo Neruda regresa una y otra vez como las olas del mar para recordarnos todas las facetas del amor. En su poemario 20 poemas de amor y una canción desesperada, el chileno recuerda una relación pasada, sus cotidianidades y sobre todo su profunda melancolía de lo que fue.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.”
El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y estos sean los últimos versos que yo le escribo.

14. Antes, después (Julio Cortázar)

Julio Cortázar recuerda en este poema que el amor a veces, sobrevive al amante….

Como los juegos al llanto como la sombra a la columna el perfume dibuja el jazmín
el amante precede al amor como la caricia a la mano
el amor sobrevive al amante pero inevitablemente
aunque no haya huella ni presagio

aunque no haya huella ni presagio
como la caricia a la mano el perfume dibuja el jazmín
el amante precede el amor pero inevitablemente el amor sobrevive al amante
como los juegos al llanto como la sombra a la columna.

como la caricia a la mano aunque no haya huella ni presagio
el amante precede al amor el perfume dibuja el jazmín
como los juegos al llanto como la sombra a la columna
el amor sobrevive al amante pero inevitablemente…

13. Día de dolor (Rubén Darío)

En una cortísima oración, el grande Rubén Darío nos muestra el dolor de haber perdido el primer amor.

¡Día de dolor, aquel en que vuela para siempre el ángel del primer amor!

12. Monólogo (Octavio Paz)

Octavio Paz le habla al recuerdo de su amada de cabellos rojizos y deletrea su nombre.

Bajo las rotas columnas,
entre la nada y el sueño,
cruzan mis horas
insomnes las sílabas de tu nombre.

Tu largo pelo rojizo,
relámpago del verano,
vibra con dulce violencia en la espalda de la noche.

Corriente oscura del sueño que mana entre ruinas
y te construye de nada: amargas trenzas, olvido, húmeda costa nocturna
donde se tiende y golpea un mar sonámbulo, ciego.

11. Es Verdad (Federico García Lorca)

Federico García Lorca, asesinado por el franquismo, lucha en este poema contra sus propios sentimientos, en contra de un amor que le cuesta trabajo sentir, pero que no puede evitar.

¡Ay qué trabajo me cuesta quererte como te quiero!
Por tu amor me duele el aire, el corazón y el sombrero.

¿Quién me compraría a mí este cintillo que tengo y esta tristeza de hilo blanco, para hacer pañuelos?
¡Ay qué trabajo me cuesta quererte como te quiero!


Los 10 mejores poemas de desamor cortos para dedicar

Un corazón roto y las ganas de decirle que lo extrañas o reclamarle su partida sin aviso o su búsqueda en otros brazos del amor que tú le dabas.  ¿Qué mejor manera que dedicarle uno de estos poemas de desamor?

10. Eres visible (Jaime Sáenz)

Con imágenes que evocan a su natal Bolivia, Jaime Sáenz se niega a perder a su amor, pues sigue viéndola a cada instante y en todas partes.

Permaneces todo el tiempo en el olor de las montañas
cuando el sol se retira,
y me parece escuchar tu respiración en la frescura de la sombra
como un adiós pensativo.

De tu partida,
que es como una lumbre, se condolerán estas claras imágenes
por el viento de la tarde mecidas aquí y a lo lejos;
yo te acompaño con el rumor de las hojas,
miro por ti las cosas que amabas -el alba no borrará tu paso, eres visible.

9. La Abandonada (Gabriela Mistral)

Gabriela Mistral la inmortal poetisa chilena, se desgarra con un amor perdido, recordando lugares, momentos y queriendo terminar con el dolor que la carcome.

Ahora voy a aprenderme el país de la acedía,
y a desaprender tu amor que era la sola lengua mía,
como río que olvidase lecho, corriente y orillas.

¿Por qué trajiste tesoros si el olvido no acarrearías?
Todo me sobra y yo me sobro
como traje de fiesta para fiesta no habida;
¡tanto, Dios mío, que me sobra mi vida desde el primer día!

Denme ahora las palabras que no me dio la nodriza.
Las balbucearé demente de la sílaba a la sílaba:
palabra «expolio», palabra «nada», y palabra «postrimería»,
¡aunque se tuerzan en mi boca como las víboras mordidas!

Me he sentado a mitad de la Tierra, amor mío,
a mitad de la vida, a abrir mis venas y mi pecho,
a mondarme en granada viva,
y a romper la caoba roja de mis huesos que te querían.

Estoy quemando lo que tuvimos:
los anchos muros, las altas vigas,
descuajando una por una las doce puertas que abrías
y cegando a golpes de hacha el aljibe de la alegría.

Voy a esparcir, voleada, la cosecha ayer cogida,
a vaciar odres de vino y a soltar aves cautivas;
a romper como mi cuerpo los miembros de la «masía»
y a medir con brazos altos la parva de las cenizas.

¡Cómo duele, cómo cuesta, cómo eran las cosas divinas,
y no quieren morir, y se quejan muriendo,
y abren sus entrañas vívidas!
Los leños entienden y hablan,
el vino empinándose mira
y la banda de pájaros sube torpe y rota como neblina.

Venga el viento, arda mi casa
mejor que bosque de resinas;
caigan rojos y sesgados el molino y la torre madrina.
¡Mi noche, apurada del fuego, mi pobre noche no llegue al día!

8. Mengana si te vas con el sutano (Mario Benedetti)

Benedetti muestra la rabia y el dolor de la infidelidad y los trazos de gozo en la venganza del regreso de quién se ha ido con otro y vuelve.

Mengana si te vas con el zutano
yo/tu fulano/ no me mataré
simplemente los seguiré en la noche
por todos los senderos y las dunas vos gozando tal vez
y yo doliéndome hasta que vos te duelas y yo goce
cuando las huellas a seguir no sean dos tamañas pisadas
y dos breves sino apenas las de tus pies dulcísimos
y entonces yo aparezca a tu costado y vos /con esa culpa que te hace más linda
todavía/ te perdones para llorar como antes en mi hombro.

7. La niña de Guatemala (José Martí)

Se dice que José Martí enamoró a una inocente niña de Guatemala. La abandonó y se casó con otra y cuenta la historia que la joven murió de amor. Se cree que este poema se lo escribió a ella.

Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos;
y las orlas de reseda
y de jazmín; la enterramos
en una caja de seda…

Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores…

Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador;
él volvió con su mujer,
ella se murió de amor.

Como de bronce candente,
al beso de despedida,
era su frente -¡la frente
que más he amado en mi vida!…

Se entró de tarde en el río,
la sacó muerta el doctor;
dicen que murió de frío,
yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos:
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,
me llamó el enterrador;
nunca más he vuelto a ver
a la que murió de amor.

6. 1964 (Jorge Luis Borges)

Jorge Luis Borges ve, en este poema de desamor, un mundo gris y sin mucho sentido. Soledad, desesperación y miedo, son plasmados por la magistral pluma de este artista argentino.

I

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.

II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

5. Desolación (Gabriela Mistral)

Un corazón roto, la desolación que le sigue. Todos estos sentimientos son plasmados por Gabriela Mistral en su poema de desamor: Desolación.

La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.

El viento hace a mi casa su ronda de sollozos
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.
Y en la llanura blanca, de horizonte infinito,
miro morir intensos ocasos dolorosos.

¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido
si más lejos que ella sólo fueron los muertos?
¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto
crecer entre sus brazos y los brazos queridos!

Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto
vienen de tierras donde no están los que no son míos;
sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos
y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos.

Y la interrogación que sube a mi garganta
al mirarlos pasar, me desciende, vencida:
hablan extrañas lenguas y no la conmovida
lengua que en tierras de oro mi pobre madre canta.

Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa;
miro crecer la niebla como el agonizante,
y por no enloquecer no encuentro los instantes,
porque la noche larga ahora tan solo empieza.

Miro el llano extasiado y recojo su duelo,
que viene para ver los paisajes mortales.
La nieve es el semblante que asoma a mis cristales:
¡siempre será su albura bajando de los cielos!

Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada
de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa;
siempre, como el destino que ni mengua ni pasa,
descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.

4. Romeo y Julieta (William Shakespeare)

¿Quién no ha sollozado con las últimas palabras de Romeo a su amada Julieta? El británico William Shakespeare inmortalizó el amor eterno en su obra homónima, y aunque no es un poema, sus palabras han trascendido siglos y aún hoy son sinónimo de amor.

¡Ojos, mirad por última vez! ¡
Brazos, dad vuestro último abrazo!
Y labios, puertas de aliento,
¡sellad con un beso un trato perpetuo con la ávida Muerte!

3. Olvido (Carlos Medellín)

El colombiano Carlos Medellín intenta olvidar a su amor perdido, pero la recuerda en cada gota de lluvia, en cada música que oye.

Se me olvidó tu nombre,
no recuerdo
si te llamabas luz o enredadera,
pero sé que eras agua
porque mis manos tiemblan cuando llueve.

Se me olvidó tu rostro, tu pestaña
y tu piel por mi boca transitada
cuando caímos bajo los cipreses
vencidos por el viento,
pero sé que eras Luna
porque cuando la noche se aproxima
se me rompen los ojos
de tanto querer verte en la ventana.

Se me olvidó tu voz, y tu palabra,
pero sé que eras música
porque cuando las horas se disuelven
entre los manantiales de sangre
mi corazón te canta.

2. La Herida (Luis Gonzaga Urbina)

Luis Gonzaga Urbina deja abiertas sus heridas en este hermoso poema de desamor: La Herida una oda a su genialidad y a la resignación de un amor que no puede superarse.

¿Qué si me duele? Un poco; te confieso
que me heriste a traición; mas por fortuna,
tras el rapto de ira vino una
dulce resignación… Pasó el exceso.

¿Sufrir? ¿Llorar? ¿Morir? ¿Quién piensa en eso?
El amor es un huésped que importuna;
mírame cómo estoy; ya sin ninguna
tristeza que decirte. Dame un beso.

Así; muy bien; perdóname, fui un loco;
tú me curaste -gracias-, y ya puedo
saber lo que me imagino y lo que toco:

En la herida que hiciste pon el dedo;
¿qué si me duele? Si; me duele un poco,
mas no mata el dolor… No tengas miedo…

1. Me doy cuenta de que me faltas… (Jaime Sabines)

De la mano de Jaime Sabines cerramos esta muestra de los 25 poemas de desamor más desgarradores. “Me doy cuenta que me faltas pero todo es inútil”…

Me doy cuenta de que me faltas…
y de que te busco entre las gentes, en el ruido,
pero todo es inútil.

Cuando me quedo solo
me quedo más que solo
solo por todas partes y por ti y por mí.

No hago sino esperar.
Esperar todo el día hasta que no llegas.

Hasta que me duermo y no estás
y no has llegado
y me quedo dormido
y terriblemente cansado preguntando.

Amor, todos los días.
Aquí a mi lado, junto a mí, me haces falta.
Puedes empezar a leer eso
y cuando llegues aquí empezar de nuevo.

Cierra estas palabras como un círculo
como un aro, échalo a rodar, enciéndelo.
Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas,
en mi garganta como moscas en un frasco.

Yo estoy arruinado.
Estoy arruinado en mis huesos,
todo es pesadumbre.

El desamor, el despecho, son y serán siempre motivos suficientes para escribir las más hermosas letras. Inmortalizar ese momento, ese corazón roto, estará siempre en la mente de los poetas nacidos y por nacer.

Coméntanos, ¿Con cuál de estos poemas te sentiste identificada?