+10 Poemas de flores ¡Fáciles para niños!

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Las flores desde la antigüedad han servido a la humanidad para múltiples propósitos, para adornar, agradecer, cortejar, despedir y por supuesto inspirar.

Por lo que algunos regalan flores, otros las reciben, ciertas personas se llaman como ellas y muchos otros escriben acerca de lo que estas significan como metáforas del amor o la belleza, de la muerte o de la vida.


A continuación encontrarás una colección de poemas acerca de flores, ya sea que el autor haya decidido usarlas como metáforas o como alternativa para embellecer sus versos.

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+10 Lindos poemas dedicados a las flores

Esperamos que disfrutes del trabajo que hemos realizado para ti, y que los poemas que encuentres aquí se vuelvan tus favoritos, haciendo que los compartas con tus amigos o que los leas más de una vez.

¡Que comience la lectura!

A una rosa… de Sor Juana Inés de la Cruz

Sor Juana Inés escribe acerca de la belleza que poseen las rosas, resaltando sus cualidades y nobles propiedades, haciendo alarde de tan hermosa flor, que transmite admiración, amor y pasión.

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Rosa divina, que en gentil cultura
Eres con tu fragante sutileza
Magisterio purpúreo en la belleza,
Enseñanza nevada a la hermosura.

Amago de la humana arquitectura,
Ejemplo de la vana gentileza,
En cuyo ser unió naturaleza
La cuna alegre y triste sepultura.

¡Cuán altiva en tu pompa, presumida
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida.

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De tu caduco ser das mustias señas!
Con que con docta muerte y necia vida,
Viviendo engañas y muriendo enseñas.

Soy esa flor… de Alfonsina Storni

Este poema de Alfonsina Storni, se centra en el uso de la metáfora para describir como la vida fluye tal como lo hace una flor: desde el nacimiento, el florecer, el marchitar y finalmente el volver a la tierra.

Tu vida es un gran río, va caudalosamente.
A su orilla, invisible, yo broto dulcemente.
Soy esa flor perdida entre juncos y achiras
que piadoso alimentas, pero acaso ni miras.

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Cuando creces, me arrastras y me muero en tu seno;
cuando secas, me muero poco a poco en el cieno;
pero de nuevo vuelvo a brotar dulcemente
cuando en los días bellos vas caudalosamente.

Soy esa flor perdida que brota en tus riberas
humilde y silenciosa todas las primaveras.

A las flores… de Pedro Calderón de la Barca

Oda a las flores, sobre la belleza de las rosas y como estas florecen en la mañana, hacia el cielo haciendo afortunados a aquellos que las ven surgir, crecer y desafiar los cambios a su alrededor, desfilando alegría y belleza.

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Éstas que fueron pompa y alegría
despertando al albor de la mañana,
a la tarde serán lástima vana
durmiendo en brazos de la noche fría.

Este matiz que al cielo desafía,
Iris listado de oro, nieve y grana,
será escarmiento de la vida humana:
¡tanto se emprende en término de un día!

A florecer las rosas madrugaron,
y para envejecerse florecieron:
cuna y sepulcro en un botón hallaron.

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Tales los hombres sus fortunas vieron:
en un día nacieron y espiraron;
que pasados los siglos, horas fueron.

Tengo una pequeña flor… de Yolanda Barry

El poema de Yolanda Barry acerca de una pequeña flor, nos remonta al poder conmovedor de la palabra cuando se enmarca en el existir como poesía y verso.

Se trata de un poema cálido que invita a pensarse las estaciones y la naturaleza.

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Tengo una pequeña flor
nacida sin darme cuenta
en medio del corazón.

En la tierra de la sangre
se abonó su resplandor.
Es delicada y se muere
sin cuidados y sin mimos.

Requiere mucha atención
contra el calor del verano,
contra el frío del invierno,
contra el cruel desengaño
que le causa tanto daño
con el paso de los años.

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Florece en la primavera,
se marchita en el verano
y en el invierno se muere,
si no la cuida mi mano.

¡Se mantiene de ilusión!
Con el agua del amor
Echa flores de pasión
y se alegra en le ventana,
cuando la acaricia el sol.

¡Es todo lo que yo tengo!
No sé cómo sucedió.
Me creció, sin darme cuenta,
En medio del corazón.

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La flor del aire… de José Martí

José Martí en esta ocasión nos habla acerca del devenir en las praderas, de la tímida existencia de las flores hechas de aire y de las flores hechas de pétalos.

En tan hermosos versos se esconde la paciencia y colores del existir.

Yo la encontré por mi destino,
de pie a mitad de la pradera,
gobernadora del que pase,
del que le hable y que la vea.
Y ella me dijo: “Sube al monte.

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Yo nunca dejo la pradera,
y me cortas las flores blancas
como nieves, duras y tiernas.”

Me subí a la ácida montaña,
busqué las flores donde albean,
entre las rocas existiendo
medio dormidas y despiertas.

Más contenido que te encantará

Cuando bajé, con carga mía,
la hallé a mitad de la pradera,
y fui cubriéndola frenética,
con un torrente de azucenas.

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Y sin mirarse la blancura,
ella me dijo: “Tú acarrea
ahora sólo flores rojas.
Yo no puedo pasar la pradera.”

Trepe las penas con el venado,
y busqué flores de demencia,
las que rojean y parecen
que de rojez vivan y mueran.

La rosa azul… de Gabriela Mistral

Esta autora chilena nos habla acerca de la perdida y la irremplazable presencia de la rosa, disfraz donde se oculta la perdida.

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Gabriela Mistral de pluma magistral nos señala la belleza y nos conmueve con ese gran poema.

¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
Se me torna celeste la mano, me contagio de otra poesía
Y las rosas de olor, que pongo como ella las ponía, exaltan su color;
y los bellos cojínes, que pongo como ella los ponía,florecen sus jardines.

Y si pongo mi mano -como ella la ponía- en el negro piano,
surge como en un piano muy lejano, mas honda la diaria melodía.
¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
me inclino a los cristales del balcón, con un gesto de ella
y parece que el pobre corazón no está solo.

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Miro al jardín de la tarde, como ella,
y el suspiro y la estrella se funden en romántica armonía.
¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
Dolorido y con flores, voy, como un héroe de poesía mía.

Por los desiertos corredores que despertaba ella con su blanco paso,
y mis pies son de raso -¡oh! Ausencia hueca y fría!-
y mis pisadas dejan resplandores.

Soy vertical… de Sylvia Plath

Acerca del devenir de las flores, su forma y existir, como otros seres en conexión, con dimensiones distintas de la naturaleza; expresadas en este excelente poema acerca de una flor llamativa, que encarna la belleza misma.

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Soy vertical.
Pero preferiría ser horizontal.
No soy un árbol con las raíces en la tierra
absorbiendo minerales y amor materno
para que cada marzo florezcan las hojas,
ni soy la belleza del jardín
de llamativos colores que atrae exclamaciones de admiración
ignorando que pronto perderá sus pétalos.

Comparado conmigo, un árbol es inmortal
y una flor, aunque no tan alta, es más llamativa,
y quiero la longevidad de uno y la valentía de la otra.
Esta noche, bajo la luz infinitesimal de las estrellas,
los árboles y las flores han derramado sus olores frescos.

Camino entre ellos, pero no se dan cuenta.
A veces pienso que cuando estoy durmiendo
me debo parecer a ellos a la perfección,
oscurecidos ya los pensamientos.

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Para mí es más natural estar tendida.
Es entonces cuando el cielo y yo conversamos con libertad,
y así seré útil cuando al fin me tienda:
entonces los árboles podrán tocarme por una vez,
y las flores tendrán tiempo para mí.

A Aminta, que teniendo un clavel en la boca… de Francisco de Quevedo

Sobre la forma femenina, este poema refleja la pasión del autor por una flor entre los labios de una dama, sutil alegoría a la delicadeza, pero también vergüenza que puede encarnar el deseo.

Bastábale al clavel verse vencido
del labio en que se vio, cuando esforzado
con su propia vergüenza, lo encarnado
a tu rubí se vio más parecido,

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sin que en tu boca hermosa dividido
fuese de blancas perlas granizado,
pues tu enojo, con él equivocado,
el labio por clavel dejó mordido;

si no cuidado de la sangre fuese,
para que, presumir a tiria grana,
de tu púrpura líquida aprendiese.

Sangre vertió tu boca soberana
porque roja victoria amaneciese
llanto al clavel y risa a la mañana.

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Al tramontar del sol, la ninfa mí… de Luis de Góngora

Sobre la naturaleza, este poema de Luis Góngora nos ilustra en lo naturalmente verde, florido y tranquilo; unos lindos versos, muy originales que espero disfrutes en esta selección pensada especialmente para ti.

Al tramontar del sol, la ninfa mía,
de flores despojando el verde llano,
cuantas troncaba la hermosa mano,
tantas el blanco pie crecer hacía.

Ondeábale el viento que corría
el oro fino con error galano,
cual verde hoja de álamo lozano
se mueve al rojo despuntar del día;

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mas luego que ciñó sus sienes bellas
de los varios despojos de su falda
-término puesto al oro y a la nieve-,

juraré que lució más su guirnalda
con ser de flores, la otra ser de estrellas,
que la que ilustra el cielo en luces nueve.

Oh, blanca flor intacta… de Ricardo Peña

La pureza se refleja en este poema que nos habla acerca de la primera vez que el alma se enternece y se abre a sentir amor, a experimentar el enamoramiento y preguntarse por la conquista de la persona amada.

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Oh, blanca flor intacta.

Abierta y ya cerrada, Trasplantada
tan sólo por mi sueño.

¿Cómo, cuando alcanzarte?
¿Adónde enamorarte?

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¿Qué puedes tú desear
hoy que vives el gozo de aquel cielo lejano

Hoy que encierras las nieves invisibles
de tus canciones altas?.

Esperamos que hayas disfrutado de los mejores poemas de flores de toda la red que reunimos para ti.

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Y que esta selección te haya servido para inspirarte o para inspirar a esas personas cercanas que como tu disfrutan de la poesía.

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