+15 Inolvidables poemas de Gabriela Mistral

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Hablar de Gabriela Mistral es trasladarse al Chile de mediados del siglo XX.  Nacida bajo el nombre de Lucila Godoy Alcayaga, esta poetisa marcó un antes y un después en el papel de la mujer latinoamericana en la literatura.

Entre otros logros, a Mistral se le reconoce por ser la primera mujer latinoamericana en ganar el Premio Nobel de Literatura (1945) y recibió el Premio Nacional de Literatura de Chile en 1951.

En Chile, la figura de Gabriela Mistral es importante,  El billete de 5000 pesos chilenos está adornado con su rostro y desde 1997 existe la Orden al Mérito Docente y Cultural Gabriela Mistral.

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“Desolación”, “Besos”, “Caricia”, “Canción amarga”, “Piececitos” y “Dame la mano” son algunas de sus obras más conocidas.

Mejores Poemas de Gabriela Mistral

Los poemas de Gabriela Mistral son intensos, profundos y reveladores de la verdadera naturaleza del ser humano, y de la mujer.

Es un viaje por los sentimientos femeninos más profundos  y complejos, llenos de inseguridades, certezas, dolor y esperanza.

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Repasemos algunos de los poemas de Gabriela Mistral más recordados y celebremos su vida y, sobre todo, sus letras.

15. Riqueza (Gabriela Mistral)

Este poema de Gabriela Mistral aborda las riquezas del alama, que incluso cuando se ha perdido, permanecen intactas.

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Tengo la dicha fiel
y la dicha perdida:
la una como rosa,
la otra como espina.

De lo que me robaron
no fui desposeída:
tengo la dicha fiel
y la dicha perdida,
y estoy rica de púrpura
y de melancolía.

¡Ay, qué amante es la rosa
y qué amada la espina!

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Como el doble contorno
de dos frutas mellizas,
tengo la dicha fiel
y la dicha perdida….

14. El amor que calla (Gabriela Mistral)

El amor no siempre se expresa, y cuando eso sucede, duele.  También hay amores que están, pero son silenciados por circunstancias de la vida.

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Este es uno de los poemas de Gabriela Mistral más llenos de desesperanza y melancolía.

Si yo te odiara, mi odio te daría
en las palabras, rotundo y seguro;
¡pero te amo y mi amor no se confía
a este hablar de los hombres tan oscuro!

Tú lo quisieras vuelto un alarido,
y viene de tan hondo que ha deshecho
su quemante raudal, desfallecido,
antes de la garganta, antes del pecho.

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Estoy lo mismo que estanque colmado
y te parezco un surtidor inerte.

¡Todo por mi callar atribulado
que es más atroz que entrar en la muerte!

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13. Amor, amor (Gabriela Mistral)

El amor es así, no se controla, se siente.  Así lo veía Gabriela Mistral, y es un llamado a no intentar contenerlo, porque amenaza con desbordarse.

Anda libre en el surco, bate el ala en el viento,
late vivo en el sol y se prende al pinar.
No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:
¡lo tendrás que escuchar!

Habla lengua de bronce y habla lengua de ave,
ruegos tímidos, imperativos de amar.
No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave:
¡lo tendrás que hospedar!

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Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas.
Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar.
No te vale decirle que albergarlo rehúsas:
¡lo tendrás que hospedar!

Tiene argucias sutiles en la réplica fina,
argumentos de sabio, pero en voz de mujer.
Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:
¡le tendrás que creer!

Te echa venda de lino; tú la venda toleras;
te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir.
Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras
¡que eso para en morir!

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12. Besos (Gabriela Mistral)

El beso es quizás una de las demostraciones más placenteras de amor que existen.  En un beso se encierra amor y ternura, pasión y esperanza.  Un poema hermoso, dedicado, sin duda, a una persona muy especial.

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

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Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.

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Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

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Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

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¿Te acuerdas del primero…? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos… vibró un beso,
y qué viste después…? Sangre en mis labios.

Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.

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11.Adiós (Gabriela Mistral)

Decir adiós no es fácil, muchas veces lo decimos, pero sin ser cierto.  Gabriela Mistral expone en este poema los sentimientos encontrados de esos adioses que no terminan de decir adiós.

En costa lejana
y en mar de Pasión,
dijimos adioses
sin decir adiós.
Y no fue verdad
la alucinación.

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Ni tú la creíste
ni la creo yo,
«y es cierto y no es cierto»
como en la canción.

Que yendo hacia el Sur
diciendo iba yo:
«Vamos hacia el mar
que devora al Sol».

Y yendo hacia el Norte
decía tu voz:
«Vamos a ver juntos
donde se hace el Sol».

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Ni por juego digas
o exageración
que nos separaron
tierra y mar, que son
ella, sueño y el
alucinación.

No te digas solo
ni pida tu voz
albergue para uno
al albergador.
Echarás la sombra
que siempre se echó,
morderás la duna
con paso de dos…

Para que ninguno,
ni hombre ni dios,
nos llame partidos
como luna y sol;
para que ni roca
ni viento errador,
ni río con vado
ni árbol sombreador,
aprendan y digan
mentira o error
del Sur y del Norte,
del uno y del dos!

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Poemas cortos de Gabriela Mistral

Gabriela Mistral podía resumir en pocos versos lo que sentía.  Sus poemas cortos, son también una fantástica obra, que no puedes dejar de leer.

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10. Desvelada (Gabriela Mistral)

A veces, la mente y el corazón no dejan conciliar el sueño.  Este es uno de los poemas cortos de Gabriela Mistral más leídos. ¡Disfrútalo!

Como soy reina y fui mendiga, ahora
vivo en puro temblor de que me dejes,
y te pregunto, pálida, a cada hora:
«¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!»

Quisiera hacer las marchas sonriendo
y confiando ahora que has venido;
pero hasta en el dormir estoy temiendo
y pregunto entre sueños: «¿No te has ido?»

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9. Hallazgo (Gabriela Mistral)

Hallar un niño, hallar la inocencia.  En este poema corto Gabriela Mistral, ejemplifica la inocencia en la figura de un niño imaginario, al que no quiere perder.

Me encontré a este niño
cuando al campo iba:
dormido lo he hallado
en unas espigas…

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O tal vez ha sido
cruzando la viña:
al buscar un pámpano
topé su mejilla…

Y por eso temo,
al quedar dormida,
se evapore como
la helada en las viñas…

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8. La Noche (Gabriela Mistral)

Una canción de cuna para un niño, para que duerma, y lo que hace su madre para mantenerlo en paz.

Porque duermas, hijo mío,
el ocaso no arde más:
no hay más brillo que el rocío,
más blancura que mi faz.

Porque duermas, hijo mío,
el camino enmudeció:
nadie gime sino el río;
nada existe sino yo.

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Se anegó de niebla el llano.
Se encongió el suspiro azul.
Se ha posado como mano
sobre el mundo la quietud.

Yo no sólo fui meciendo
a mi niño en mi cantar:
a la Tierra iba durmiendo
el vaivén del acunar…

7. La madre triste (Gabriela Mistral)

Una madre siempre procura que sus hijos estén bien y guarda sus sueños, así ella no los tenga.

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Duerme, duerme, dueño mío,
sin zozobra, sin temor,
aunque no se duerma mi alma,
aunque no descanse yo.

Duerme, duerme y en la noche
seas tú menos rumor
que la hoja de la hierba,
que la seda del vellón.

Duerma en ti la carne mía,
mi zozobra, mi temblor.
En ti ciérrense mis ojos:
¡duerma en ti mi corazón!

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6. Dulzura (Gabriela Mistral)

A la madre, siemrpe se le honra, a la madre siempre se le necesita… Este es uno de los más bonitos poemas cortos de Gabriela Mistral.

Madrecita mía,
madrecita tierna,
déjame decirte
dulzuras extremas.

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Es tuyo mi cuerpo
que juntaste en ramo;
deja revolverlo
sobre tu regazo.

Juega tú a ser hoja
y yo a ser rocío:
y en tus brazos locos
tenme suspendido.

Madrecita mía,
todito mi mundo,
déjame decirte
los cariños sumos.

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Poemas para niños de Gabriela Mistral

Una recopilación de los mejores poemas para niños, fáciles de recitar y aprender  de la famosa escritora Gabriela Mistral. Te dejamos los mas populares poemas cortos para niños.

Apegado a mí (Gabriela Mistral)

Velloncito de mi carne
que en mis entrañas tejí,
velloncito tembloroso,
¡duérmete apegado a mí!

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La perdiz duerme en el trigo
escuchándola latir.
No te turbes por aliento,
¡duérmete apegado a mí!

Yo que todo lo he perdido
ahora tiemblo hasta al dormir.
No resbales de mi pecho,
¡duérmete apegado a mí!

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4. La rata (Gabriela Mistral)

Una rata corrió a un venado
y los venados al jaguar,
y los jaguares a los búfalos,
y los búfalos a la mar…

¡Pillen, pillen a los que se van!
¡Pillen a la rata pillen al venado,
pillen a los búfalos y a la mar!

Miren que la rata de la delantera
se lleva en las patas lana de bordar,
y con la lana bordo mi vestido,
y con el vestido me voy a casar.

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¡Suban y pasen la llanada,
corran sin aliento, sigan sin parar.
Vuelen por la novia, y por el cortejo,
y por la carroza y el velo nupcial.

3. La pajita (Gabriela Mistral)

Ésta que era una niña de cera;
pero no era una niña de cera,
era una gavilla parada en la era.
Pero no era una gavilla
sino la flor tiesa de la maravilla.
Tampoco era la flor sino que era
un rayito de sol pegado a la vidriera.
No era un rayito de sol siquiera:
una pajita dentro de mis ojitos era.

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¡Alléguense a mirar cómo he perdido entera,
en este lagrimón, mi fiesta verdadera!

2. La cajita de Olinalá (Gabriela Mistral)

I

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Cajita mía
de Olinalá,
palo-rosa,
jacarandá.

Cuando la abro
de golpe da
su olor de reina
de Sabá.

¡Ay, bocanada
tropical:
clavo, caoba
y el copal!

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La pongo aquí,
la dejo allá;
por corredores
viene y va.

Hierve de grecas
como un país:
nopal, venado,
codorniz,

los volcanes
de gran cerviz
y el indio aéreo
como el maíz.

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Así la pintan,
así, así,
dedos de indio
o colibrí;

y así la hace
de cabal
mano azteca,
mano quetzal.

II

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Cuando la noche
va a llegar,
porque me guarde
de su mal,

me la pongo
de cabezal
donde otros ponen
su metal.

Lindos sueños
que hace soñar;
hace reír,
hace llorar:

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Mano a mano
se pasa el mar,
sierras mellizas
campos de arar.

Se ve al Anáhuac
rebrillar,
la bestia-Ajusco
que va a saltar,

y por el rumbo
que lleva al mar,
a Quetzalcoalt
se va a alcanzar.

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Ella es mi hálito,
yo, su andar;
ella, saber;
yo, desvariar.

Y paramos
como el maná
donde el camino
se sobra ya,

donde nos grita
un ¡halalá!
el mujerío
de Olinalá.

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1. Doña Primavera (Gabriela Mistral)

Doña Primavera
viste que es primor,
viste en limonero
y en naranjo en flor.

Lleva por sandalias
unas anchas hojas,
y por caravanas
unas fucsias rojas.

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Salid a encontrarla
por esos caminos.
¡Va loca de soles
y loca de trinos!

Doña Primavera
de aliento fecundo,
se ríe de todas
las penas del mundo…

No cree al que le hable
de las vidas ruines.
¿Cómo va a toparlas
entre los jazmines?

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¿Cómo va a encontralas
junto de las fuentes
de espejos dorados
y cantos ardientes?

De la tierra enferma
en las pardas grietas,
enciende rosales
de rojas piruetas.

Pone sus encajes,
prende sus verduras,
en la piedra triste
de las sepulturas…

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Doña Primavera
de manos gloriosas,
haz que por la vida
derramemos rosas:

Rosas de alegría,
rosas de perdón,
rosas de cariño,
y de exultación.

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Gabriela Mistral fue una artista completa y polifacética.  Desde poemas cortos, poemas para niños, hasta explorar el romanticismo en todas sus dimensiones, esta artista chilena dejó un legado insuperable.

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