+22 Poemas de Ramón López Velarde ¡Orgullo Mexicano!

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¿Quién fue y que hizo Ramón López Velarde? Pocos escritores se pueden comparar con Ramón López Velarde, no sólo por su talante y el índole del lenguaje usado es sus textos.

Sino porque es a quien  se le debe la clausura del modernismo y la fundación de la poesía contemporánea de México.

Como hijo primogénito del abogado José Guadalupe López Velarde y Trinidad Berumen Llamas, nació el reconocido poeta en Jerez de García Salinas, Zacatecas (México) el 15 de junio de 1888.

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Poca es la información que recolecta la historia sobre este emblemático personaje de la literatura mexicana.

Pero lo que si es conocido y de dominio público son los aspectos que rondan sobre sus inicios en la poesía y la evolución de sus trabajos.

Los primeros paso dentro del arte de la escritura poética los dio al ingresar en el Seminario Conciliar de Zacatecas a partir de 1900.

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Poco después en 1908 el Instituto de Científico y Literario de San Luis Potosí se convertió en su nueva casa de estudio en la que realizaba colaboraciones en algunos periódicos y revistas de la provincia.

Ramón López Velarde gozó de una breve vida y por ende el número de obras poéticas que desarrolló fue reducido.

Poemas de Ramón López Velarde famosos

Ramón López Velarde se inició en la escritura en 1900 cuando ingresó al seminario en el que obtuvo sus primeros conocimiento sobre la materia.

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Ya para 1911 recibe el título de abogado, pero tentado por la política como muchos literatos mexicanos, ese mismo año presenta su candidatura a diputado suplente por su ciudad natal.

López Velarde tuvo la dicha de ejercer como juez en El Venado, y en 1914 se residencia en la capitán y comienza formalmente su carrera como escritor.

Poemas de Ramón López Velarde famosos

Publicó ensayos, crónicas y poemas en diversos periódicos y finalmente el peculiar estilo del autos aparece en 1916 cuando es publicado su primer libro “la sangre devota”.

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Un volumen cargado de poesía romántica y especialmente dedicado a su amor  Fuensanta, según su obra y Josefa de los Ríos en la vida real quien tristemente fallece el año siguiente.

En los poemas de López Velarde se puede notar fácilmente el acento característico que refleja el alma nacionalista aunque ocasionalmente revelan más un sentimiento provincial, pues intenta resaltar con mayor énfasis los aspectos salvajes y dulces de su vida cotidiana.

López Velarde muestra en sus obras elementos modernistas a pesar de ser uno de los primeros autores en rebelarse contra el esteticismo y el tono afectado de este movimiento literario.

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Sus trabajos revelan el resultado de su permanente búsqueda de una voz propia y original.

Día trece

Este  poema de López Velarde da apertura a la lista de los mejores y más famosos trabajos del escritor mexicano.

En el describe con palabras nostálgicas los efectos que tiene la ausencia de un ser querido en su espíritu cautivo del amor.

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Mi corazón retrógrado
ama desde hoy la temerosa fecha
en que surgiste con aquel vestido
de luto y aquel rostro de ebriedad.

Día trece en que el filo de tu rostro
llevaba la embriaguez como un relámpago
y en que tus lúgubres arreos daban
una luz que cegaba al sol de agosto,
así como se nubla el sol ficticio
en las decoraciones
de los calvarios de los Viernes Santos.

Por enlutada y ebria simulaste,
en la superstición de aquel domingo,
una fúlgida cuenta de abalorio
humedecida en un licor letárgico.

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¿En qué embriaguez bogaban tus pupilas
para que así pudiesen
narcotizarlo todo?
Tu tiniebla
guiaba mis latidos, cual guiaba
la columna de fuego al israelita.

Adivinaba mi acucioso espíritu
tus blancas y fulmíneas paradojas:
el centelleo de tus zapatillas,
la llamarada de tu falda lúgubre,
el látigo incisivo de tus cejas
y el negro luminar de tus cabellos.

Desde la fecha de superstición
en que colmaste el vaso de mi júbilo,
mi corazón obscurantista clama
a la buena bondad del mal agüero;
que si mi sal se riega, irán sus granos
trazando en el mantel tus iniciales;
y si estalla mi espejo en un gemido,
fenecerá diminutivamente
como la desinencia de tu nombre.

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Superstición, consérvame el radioso
vértigo del minuto perdurable
en que su traje negro devoraba
la luz desprevenida del cenit,
y en que su falda lúgubre era un bólido
por un cielo de hollín sobrecogido

El adiós

La perdida de un ser querido causa tristeza en el ser humano y este sentimiento es el que describe el autor es este poema de López Velarde.

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Una obra dedicada a su primer amor Josefa de los Ríos, quien era ocho años mayor que él y que muere en 1917, de ella se despide haciendo de su talento para regalarle al mundo un trabajo hermoso cargado de sentimientos sinceros.

Fuensanta, dulce amiga,
Blanca y leve mujer,
Dueña ideal de mi primer suspiro
Y mis copiosas lágrimas de ayer;

Enlutada que un día de entusiasmo
Soñé condecorar,
Prendiendo, en la alborada de las nupcias,
En el negro mobiliario de tu pecho
Una fecunda rama de azahar.

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Dime ¿es verdad que ha muerto mi quimera,
El idólatra de tu palidez
No volverá a soñar con el milagro
De la diáfana rosa de tu tez?
(Así interrogo en la profunda noche
mientras las nubes van
cual pesadillas lóbregas, y gimen,
a distancia, unos huérfanos sin pan.)

De las cercanas torres
bajo el fúnebre son
de un toque de difuntos, y Fuensanta
clama en un gesto de desolación:

«¿No escuchas las esquilas agoreras?
¡Tocan a muerto por nuestra ilusión!
Me duele ser el cruel
y quitar de tus labios
la última gota de la vieja miel.

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«Mas el cadáver del amor con alas
con que en horas de infancia me quitaste,
yo lo he de estrechar
contra mi pecho fiel, y en una urna
presidirá los lutos de mi hogar.»
Hemos callado porque nuestras almas
Están bien enclavadas en su cruz.

Me despido… Ella guía,
Llevando, en un trasunto de Evangelio,
En las frágiles manos una luz.
Pero apenas llegados al umbral,
Suspiro de alma en pena
O soplo del Espíritu del mal,
Un golpe de aire marea la bujía…
Aúlla un perro en la calma sepulcral…

Fue así como Fuensanta y el idólatra
Nos dijimos adiós en las tinieblas
De la noche fatal.

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El son del corazón

Este poema de LópezVelarde deja en evidencia el sentimiento nacionalista que corría por el ser del autor y que dejó establecido en muchas de sus poesías.

En este trabajo en particular se puede percibir aspectos propios de su vida, en los que se mezcla elementos religiosos con un toque de romanticismo pagano.

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Una música íntima no cesa
porque transida en un abrazo de oro
la Caridad con el Amor se besa.

¿Oyes el diapasón del corazón?
Oye en su nota múltiple el estrépito
de los que fueron y de los que no son.

Mis hermanos de todas las centurias
reconocen en mi su pausa igual,
sus mismas quejas y sus propias furias.

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Soy la fronda parlante en que se mece
el pecho germinal del bardo druida
con la selva por diosa y por querida.

Soy la alberca lumínica en que nada,
como perla debajo de una lente,
debajo de las linfas. Scherezada.

Y soy el suspirante cristianismo
al hojear las bienaventuranzas
de la virgen que fue mi catecismo.

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Y la nueva delicia, que acomoda
sus hipnotismos de color de tango
al figurín y al precio de la moda.

La redondez de la Creación atrueno
cortejando a las hembras y a las cosas
con un clamor pagano y nazareno.

¡Oh, Psiquis, oh mi alma: suena a son
moderno, a son de selva, a son de orgía
y a son marino, el son del corazón!

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A  doña Inés De Ulloa

El erotismo y la pasión se desborda por las líneas de este poema de López Velarde, en el se reconoce la dedicatoria a una mujer que aparentemente se relacionó afectivamente con el autor.

Este es una de las poesías desarrolladas por el escritor mexicano que pueden ser protagonista en alguna carta de amor.

Así que si deseas dedicarle un poema a tu pareja y careces de ideas, recurre al romanticismo creado por la pluma de Ramón López Velarde.

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Blanca flor de los claustros, irrisorio
capricho de don Juan, me abraso en gana
de platicar contigo, bella hermana,
en la paz del oscuro locutorio.

Mi cabeza en tus senos, el mortuorio
recuerdo evocarás de noche arcana
en que oíste la voz de la campana,
en brazos del sacrílego tenorio.

De tus monjiles hábitos, contritos
absolución demandan mis delitos;
dales la luz de tu inviolada toca

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a las tinieblas de mi noche oscura
y haz llover en mi erótica locura
los besos conventuales de tu boca.

Tu voz profética

El romance y la pasión vuelven a figurar en un poema de López Velarde pero esta vez con una dedicatoria bastante clara.

Fuensanta quien en la vida real es conocida como Josefa de los Ríos, el primer amor del autor y la musa que inspiró el primer volumen poético del mexicano .

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¡Ay de Dios, que tu palabra
me tiene embrujada
el alma!

Mi lírica adolescencia
y tu existencia
gitana
se dicen en la ventana
cosas
de amor y buenaventura
en estas noches lluviosas.

Juran por Cristo, venerables dueñas,
de quien llora en el vientre de la madre
conoce del futuro; tú gemiste
antes de que nacieras, y por eso
tus artes de gitana me iluminan
en los discursos de tu voz profética.

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Me haces la caridad de tu palabra
y por oírte hablar quedan las cosas
enmudecidas religiosamente,
y yo me maravillo del concepto
que en tu boca, Fuensanta, se hace música,
y me quedo pendiente de tus labios
como quien se divierte con cristales.

Me embelesa el decoro de tu plática,
y ante tu vista escrutadora extiendo
la palma de las manos, predices
mi destino en lenguaje milagroso.

Y sigues conversando, eres la clave
del dolor y del gozo; abarca todas
las horas venideras, la mirada
de tus ojos sintéticos, bien mío.
y con tu rostro ecuánime subyugas
¡oh tú, la bienpensada que conversas
cual si hubieses venido del misterio!

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¡Si me quitan el regalo
de tus proféticos labios,
me muero de desencanto!

Dios quiera
que se conserve el prodigio
de tu palabra hechicera
para decirme en voz baja
cosas
de amor y buenaventura
en estas noches lluviosas.

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El sueño de la inocencia

La revelación de hechos desafortunados y referentes al amor son los elementos que le dan vida a estas inspiradoras líneas.

Que además utiliza aspectos religiosas para describir el sentimiento que dejan los errores cometidos y las lecciones aprendidas.

Soñé que comulgaba, que brumas espectrales
envolvían mi pueblo, y que Nuestra Señora
me miraba llorar y anegar su Santuario.

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Tanto lloré, que al fin mi llanto rodó afuera
e hizo crecer las calles como en un temporal;
y los niños echaban sus barcos papeleros,
y mis paisanas, con la falda hasta el huesito,

según se dice en la moda de la provincia,
cruzaban por mi llanto con vuelos insensibles,
y yo era ante la Virgen, cabizbaja y benévola,
el lago de las lágrimas y el río de respeto…

Casi no he despertado de aquella maravilla
que enlazará mis Últimos óleos con mi Bautismo;
un día quise ser feliz por el candor,
otro día, buscando mariposas de sangre,
mas revestido ya con la capa de polvo

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de la santa experiencia, sé que mi corazón,
hinchado de celestes y rojas utopías,
guarda aún su inocencia, su venero de luz:
¡el lago de lágrimas y el río del respeto!

Humildemente

Este poema de López Velarde expone un dedicatoria sutil a algunas mujeres figurativas en la vida del escritor mexicano, su madre y sus hermanas.

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A mi madre y a mis hermanas

Cuando me sobrevenga
el cansancio del fin,
me iré, como la grulla
del refrán, a mi pueblo,

a arrodillarme entre
las rosas de la plaza,
los aros de los niños
y los flecos de seda de los tápalos.

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A arrodillarme en medio
de una banqueta herbosa,
cuando sacramentando
al reloj de la torre,

de redondel de luto
y manecillas de oro,
al hombre y a la bestia,
al azar que embriaga
y a los rayos del sol,
aparece en su estufa el Divínisimo.

Abrazado a la luz
de la tarde que borda,
como el hilo de una
apostólica araña,

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he de decir mi prez
humillada y humilde,
más que las herraduras
de las mansas acémilas
que conducen al Santo Sacramento.

Te conozco, Señor,
aunque viajas de incógnito,
y a tu paso de aromas
me quedo sordomudo,
paralítico y ciego,
por gozar tu balsámica presencia.

Tu carroza sonora
apaga repentina
el breve movimiento,
cual si fueran las calles
una juguetería
que se quedó sin cuerda.

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Mi prima, con la aguja
en alto, tras sus vidrios,
está inmóvil con un gesto de estatua.

El cartero aldeano,
que trae nuevas del mundo,
se ha hincado en su valija.

El húmedo corpiño
de Genoveva, puesto
a secar, ya no baila
arriba del tejado.

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La gallina y sus pollos
pintados de granizo
interrumpen su fábula.

La frente de don Blas
petrificóse junto
a la hinchada baldosa
que agrietan las raíces de los fresnos.

Las naranjas cesaron
de crecer, y yo apenas
si palpito a tus ojos
para poder vivir este minuto.

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Señor, mi temerario
corazón que buscaba
arrogantes quimeras,
se anonada y te grita
que yo soy tu juguete agradecido.

Porque me acompasaste
en el pecho un imán
de figura de trébol
y apasionada tinta de amapola.

Pero ese mismo imán
es humilde y oculto,
como el peine imantado
con que las señoritas
levantan alfileres
y electrizan su pelo en la penumbra.

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Señor, este juguete
de corazón de imán,
te ama y te confiesa
con el íntimo ardor
de la raíz que empuja
y agrieta las baldosas seculares.

Todo está de rodillas
y en el polvo las frentes;
mi vida es la amapola
pasional, y su tallo
doblégase efusivo
para morir debajo de tus ruedas.

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Poemas de Ramón López Velarde cortos

En comparación con otros autores de la poesía contemporánea y moderna, Ramón López Velarde carece de innumerables obras a causa de su temprana y repentina desaparición física.

Sin embargo, el uso de elementos románticos y religiosos que son utilizados para explicar los aspectos simples, dulces, salvajes y agobiantes de la vida son los que hacen de estos escasos trabajos únicos.

Este peculiar estilo empleado al escribir fue el que le otorgó la fama al escritor mexicano, convirtiéndolo en todo un icono de la literatura nacional.

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Título por el que hoy es recordado y admirado no sólo en su país de origen, sino en distintas naciones del continente americano.

Sin embargo la importancia de éste y la influencia que ejerció en la poesía moderna de América son indiscutible, es por ello que es recordado como una de las figuras más significativas en la literatura mexicana.

Por esa misma razón te mostraremos una recopilación de los poemas de Lopéz Velarde más conocidos, una invitación formal para ampliar los conocimientos sobre lírica inspiradora.

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A un imposible

La lista de los poemas de López Velarde con extensión reducida es aperturada con uno de los trabajos más admirables del escritor.

Un verso que describe la despedida a una damisela a causa del desamor, la renuncia al romance y sentimiento de perdida a causa del orgullo del hombre.

Me arrancaré, mujer, el imposible
amor de melancólica plegaria,
y aunque se quede el alma solitaria
huirá la fe de mi pasión risible.

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Iré muy lejos de tu vista grata
y morirás sin mi cariño tierno,
como en las noches del helado invierno
se extingue la llorosa serenata.

Entonces, al caer desfallecido
con el fardo de todos mis pesares,
guardaré los marchitos azahares
entre los pliegues del nupcial vestido.

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Huérfano

Nos topamos nuevamente con un poema de López Velarde que describe el sentimiento de perdida producido por el desamor.

Pero en esta oportunidad el autor destaca la renuncia a la persona amada y las vivencia adquiridas.

Huérfano quedará mi corazón
alma del alma, si te vas de ahí,
y para siempre lloraré por ti
enfermo de amorosa consunción.

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Triste renuncio a las venturas todas
de tu suave y eterna compañía,
hoy que se apaga con la dicha mía,
el altar que soñé para mis bodas.

Y el templo aquel de claridad incierta
y tú, como las vírgenes vestida,
brillarán en la noche de mi vida
como la luz de la esperanza muerta.

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Aguafuerte

Este poema de Lopéz Velarde es una dedicatoria a un hombre que figuró de manera importante en la vida del escritor mexicano.

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Se trata de el poeta español Alfonso Camín, quien emigra a México al estallar la guerra civil española.

(Alfonso Camín)

Alfonso, inquisidor estrafalario:
te doy mi simpatía, porque tienes
un aire de murciélago y canario.

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Tu capa de diabólicos vaivenes
brota del piso, en un conjunto doble
de Venecias y de Jerusalenes.

Equidistante del rosal y el roble
trasnochas, y si busco en la floresta
de España un bardo de hoy, tu ave en fiesta
casi es la única que me contesta.

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En un jardín

La poesía abre las puertas de la imaginación en muchas ocasiones y conforme se va leyendo versos líricos se aumenta la inspiración, este es el caso del hermosos poema de López Velarde titulado “en el jardín”.

Con palabras sutiles deja que elector active la creatividad y comience a fantasear con la belleza de la prosa.

Al decir que las penas son fugaces
en tanto que la dicha persevera,
tu cara es sugestiva y hechicera
y juegan a los novios los rapaces.

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Al escuchar la apología que haces
del mejor de los mundos, se creyera
que lees a Abelardo… En voz parlera
dialogas con los pájaros locuaces.

De pronto, sin que tú me lo adivines,
cual por un sortilegio se contrista
mi alma con la visión de los jardines,

mientras oigo sonar plácidamente
los trinos de tu plática optimista
y el irisado chorro de la fuente.

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Domingos de provincia

Este trabajo del escritor mexicano puede considerarse como uno de los poemas de López Velarde totalmente nacionalistas que busca enaltecer su ciudad natal y con ella las personas que la habita, sus costumbres y sus paisajes.

En los claros domingos de mi pueblo es costumbre
que en la plaza descubran las gentiles cabezas
las mozas, y sus ojos reflejan dulcemente
y la banda del kiosco toca lánguidas piezas.

Y al caer sobre el pueblo la noche ensoñadora,
los amantes se miran con la mejor mirada
y la orquesta en sus flautas y violín atesora
mil sonidos románticos en la noche enfiestada.

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Los días de guardar en los pueblos provincianos
regalan al viandante gratos amaneceres
en que frescos los rostros, el Lavalle en las manos,

camino de la iglesia van las mozas aprisa;
que en los días festivos, entre aquellas mujeres
no hay una cara hermosa que se quede sin misa.

Poemas de Ramón López Velarde: Amor y desamor

El amor es considerado por muchos como el motor de la poesía, y si bien es cierto que los poetas suelen utilizar las experiencias gratificantes como inspiración para sus escritos, los sentimientos negativos, pesados y oscuros también pueden servir de impulso para el nacimiento de la prosa.

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Poemas de Ramón López Velarde: amor y desamor

Ramón López Velarde escribió a lo largo de sus corta vida varios poemas dedicados al amor, el romance, la pasión y el erotismo.

Incluso publicó todo un libro destinado a plasmar en la historia de la literatura el afecto que sentía por su amada.

Pero a pesar de que la ternura y el apego fuera de inspiración, López Velarde también dejó versos destinados al desamor, la traición, la tristeza y el sentimiento de perdida.

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Recordemos algunos de los trabajos excepcionales de Ramón López Velarde dedicados al amor y su opuesto.

Estos poemas pueden ser perfectos cuando se carecen de ideas originales para sorprender a la pareja o los sentimientos son demasiado intensos.

A la traición de una hermosa

Como bien su título lo expone, este poema de López Velarde con que se apertura esta lista, describe la traición de una mujer y deja la enseñanza del perdón como beneficio del ser humano.

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Tú que prendiste ayer los aurorales
fulgores del amor en mi ventana;
tú, bella infiel, adoración lejana,
madona de eucologios y misales;

tú, que ostentas reflejos siderales
en el pecho enjoyado, grave hermana,
y en tus ojos, con lumbre sobrehumana,
brillan las tres virtudes teologales:

no pienses que tal vez te guardo encono
por tus nupcias de hoy. Que te bendiga
mi señor Jesucristo. Yo perdono

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tu flaqueza, y esclavo de tu hechizo,
de tu primer hijuelo, dulce amiga,
celebraré en mis versos el bautizo.

Hormigas

A diferencia del poema anterior este deja entre líneas el rastro de pasión y erotismos entre dos personas, un escrito perfecto para seducir.

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A la cálida vida que transcurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis venas voraces.

Fustigan el desmán del perenne hormigueo
el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.

Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,

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tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,

en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario ya hierba machacada,
a droga ya responso, a pabilo y a cera.

Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.

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Antes de que mis labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.

Hoy como nunca, me enamoras y me entristeces

Las relaciones amorosas son como montañas rusas, tiene subidas y bajadas, y esto es básicamente lo que Ramón López Velarde describe en este poema.

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Los dilemas existenciales que rodean al amor y sus variantes es lo que sirve de motor y de inspiración para estas líneas.

Hoy como nunca, me enamoras y me entristeces;
si queda en mí una lágrima, yo la excito a que lave
nuestras dos lobregueces.

Hoy, como nunca, urge que tu paz me presida;
pero ya tu garganta solo es una sufrida
blancura, que se asfixia bajo toses y toses,
y toda tú una epístola de rasgos moribundos
colmada de dramáticos adioses.

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Hoy, como nunca, es venerable tu esencia
y quebradizo el vaso de tu cuerpo,
y sólo puedes darme la exquisita dolencia
de un reloj de agonías, cuyo tic-tac nos marca
el minuto de hielo en que los pies que amamos
han de pisar el hielo de la fúnebre barca.

Yo estoy en la ribera y te miro embarcarte:
huyes por el río sordo, y en mi alma destilas
el clima de esas tardes de ventisca y de polvo
en las que doblan solas las esquilas.

Mi espíritu es un paño de ánimas, un paño
de ánimas de iglesia siempre menesterosa;
es un paño de ánimas goteado de cera,
hollado y roto por la grey astrosa.

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No soy más que una nave de parroquia en penuria,
nave en que se celebran eternos funerales,
porque una lluvia terca no permite
sacar el ataúd a las calles rurales.

Fuera de mí, la lluvia; dentro de mí, el clamor
cavernoso y creciente de un salmista;
mi conciencia, mojada por el hisopo, es un
ciprés que en una huerta conventual se contrista.

Ya mi lluvia es diluvio, y no miraré el rayo
del sol sobre mi arca, porque ha de quedar roto
mi corazón la noche cuadragésima;

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no guardan mis pupilas ni un matiz remoto
de la lumbre solar que tostó mis espigas;
mi vida es solo una prolongación de exequias
bajo las cataratas enemigas.

Alma en pena

La perdida del ser amado es doloroso para el ser humano, y cuando se trata de la compañera de vida es más fuerte de superar.

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Ramón López Velarde en esta oportunidad decidió dedicarle unas palabras a su primer amor, haciendo uso de su talento para la escritura lírica dejó plasmado un bello poema en honor a su Fuensanta.

A fuerza de quererte
me he convertido, Amor, en alma en pena.

¿Por qué, Fuensanta mía,
si mi pasión de ayer está ya muerta
y en tu rostro se anuncia los estragos
de la vejez temida que se acerca,
tu boca es una invitación al beso
como lo fue en lejanas primaveras?

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Es que mi desencanto nada puede
contra mi condición de ánima en pena
si a pesar de tus párpados exangües
y las blancuras de tu faz anémica,
aún se tiñen tus labios
con el color sangriento de las fresas.

A fuerza de quererte
me he convertido, Amor, en alma en pena,
y con el candor angélico de tu alma
seré una sombra eterna.

A mi padre

En honor al hombre que le dio la vida tras su desaparición física fue creado este poema de López Velarde, en el deja sin duda un aura de tristeza y melancolía que logra conmover.

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Nunca, señor, pensé que el verso mío
cuando te hablara en él por vez primera
la música filial de los veinte años,
del huérfano infelice la voz fuera.

Nada valió la familiar plegaria;
moriste en plena vida, y ¡qué contraste
tocóles a los tuyos, muerto amado,
en la noche fatal que agonizaste!

Noche con paz de luna; también fuiste
noche más que ninguna tormentosa;
tus horas de martirio florecieron
en mi jardín, como sangrienta rosa.

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Todo lo evoco, Padre: tus quejidos;
tus palabras postreras; la voz triste
con que te habló tu hermano sacerdote;
la mañana de otoño en que moriste;
los cirios compañeros de velada;

la madre y los hermanos, todos juntos;
el ataúd que sale de la casa;
el sollozante oficio de difuntos;
y ¡oh infinita bondad la de los padres!
los ojos muertos de tu faz piadosa
que me vieron por último con lástima
en las orillas de la negra fosa.

Supe después lo enormemente triste
que es la tristeza del hogar vacío
y lloré con la marcha de la madre
para tierras del norte. Mas confío
que te he de ver, oh Padre, para siempre
con mis pupilas de resucitado.

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Aquel buen ángel que guardó el sepulcro
de Jesucristo, y que miró extasiado
la tierra redimida, y a las santas
mujeres que buscaban al Amado,
las consoló, verá concluir su oficio
cuando el último Adán encuentre abiertos
los eternos lugares de victoria
y no haya quien pregunte por sus muertos.

Mientras muere la tarde

Un poema de amor es el que encontramos en esta oportunidad, López Velarde hace referencia a la caída de la noche junto a su amada y describe ese sentimiento de placer al estar junto a ella.

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Noble señora de provincia: unidos
en el viejo balcón que ve al poniente,
hablamos tristemente, largamente,
de dichas muertas y de tiempos idos.

De los rústicos tiestos florecidos
desprendo rosas para ornar tu frente,
y hay en los fresnos del jardín de enfrente
un escándalo de aves en los nidos.

El crepúsculo cae soñoliento,
y si con tus desdenes amortiguas
la llama de mi amor, yo me contento

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con el hondo mirar de tus arcanos
ojos, mientras admiro las antiguas
joyas de las abuelas en tus manos.

Y pensar que pudimos

En este poema del escritor mexicano se puede inferir la separación de una pareja, el fracaso amoroso o un romance que por razones ajenas no pudo materializarse, y por ende el sentimiento de decepción esta impreso en cada palabra que López Velarde plasmo.

Y pensar que extraviamos
la senda milagrosa
en que se hubiera abierto
nuestra ilusión, como perenne rosa…

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Y pensar que pudimos
enlazar nuestras manos
y apurar en un beso
la comunión de fértiles veranos…

Y pensar que pudimos
en una onda secreta
de embriaguez, deslizarnos,
valsando un vals sin fin, por el planeta…

Y pensar que pudimos,
al rendir la jornada,
desde la sosegada
sombra de tu portal y en una suave
conjunción de existencias,
ver las cintilaciones del Zodíaco
sobre la sombra de nuestras conciencias…

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Tus dientes

Las atracciones por un rasgo más característicos y significativos de esa persona especial dejan aflorar los sentimientos más profundos del ser y cuando se plasman en papel, surgen obras excepcionales como este bello poema que abandona tras cada palabra la sensación de romance y erotismo.

Tus dientes son el pulcro y nimio litoral
por donde acompasadas navegan las sonrisas,
graduándose en los tumbos de un parco festival.

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Sonríes gradualmente, como sonríe el agua
del mar, en la rizada fila de la marea,
y totalmente, como la tentativa de un
Fiat Lux para la noche del mortal que te vea.
Tus dientes son así la más cara presea.

Cuídalos con esmero, porque en ese cuidado
hay una trascendencia igual a la de un Papa
que retoca su encíclica y pule su cayado.

Cuida tus dientes, cónclave de granizos, cortejo
de espumas, sempiterna bonanza de una mina,
senado de cumplidas minucias astronómicas,
y maná con que sacia su hambre y su retina
la docena de Tribus que en tu voz se fascina.

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Tus dientes lograrían, en una rebelión,
servir de proyectiles zodiacales al déspota
y hacer de los discordes gritos, un orfeón;
del motín y la ira, inofensivos juegos,
y de los sublevados, una turba de ciegos.

Bajo las sigilosas arcadas de tu encía,
como en un acueducto infinitesimal,
pudiera dignamente el más digno mortal
apacentar sus crespas ansias… hasta que truene
la trompeta del Ángel en el Juicio Final.

Porque la tierra traga todo pulcro amuleto
y tus dientes de ídolo han de quedarse mondos
en la mueca erizada del hostil esqueleto,
yo los recojo aquí, por su dibujo neto
y su numen patricio, para el pasmo y la gloria
de la humanidad giratoria.

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La mancha de púrpura

Ramón López Velarde nos regala nuevamente un poema cargado con palabras hermosas que llena de romance y pasión a todo el que lo lee.

Estos versos en particular son ideales para conquistar y seducir, la belleza con que el autor expuso las palabras le aporta gran valor y lo convierte en un escrito perfecto para dedicar a esa persona especial.

Me impongo la costosa penitencia
de no mirarte en días y días, porque mis ojos
cuando por fin te miren, se aneguen en tu esencia
como si naufragasen en un golfo de púrpura,
de melodía y de vehemencia.

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Pasa el lunes, y el martes, y el miércoles… Yo sufro
tu eclipse, ¡oh creatura solar!, mas en mi duelo
el afán de mirarte se dilata
como una profecía; se descorre cual velo
paulatino; se acendra como miel; se aquilata
como la entraña de las piedras finas;
y se aguza como el llavín
de la celda de amor de un monasterio en ruinas.

Tú no sabes la dicha refinada
que hay en huirte, que hay en el furtivo gozo
de adorarte furtivamente, de cortejarte
más allá de la sombra, de bajarse el embozo
una vez por semana, y exponer las pupilas,
en un minuto fraudulento,
a la mancha de púrpura de tu deslumbramiento.

En el bosque de amor, soy cazador furtivo;
te acecho entre dormidos y tupidos follajes,
como se acecha un ave fúlgida; y de estos viajes
por la espesura, traigo a mi aislamiento
el más fúlgido de los plumajes:
el plumaje de púrpura de tu deslumbramiento.

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Promesa

Para esos amores imposibles y aquellas parejas separadas por el destino esta dirigido este poema de López Velarde que describe la nostalgia por la ausencia del ser amado.

Oh novia imposible,
tan casta y hermosa, tan pura y tan buena,
que tarde por tarde
en la muda ventana me esperas
y envejeces ansiando que pronto
termine mi ausencia,

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me verás cuando pasen los años,
retornar por la mustia vereda
y con inquietudes
llamar a tu puerta;

que en la austera quietud de tu alcoba
donde todas las cosas conversan
de escenas pasadas,
de dichas pretéritas,

hallarán sempiterno reposo
mis fúnebres penas;
y tus manos surcadas de arrugas
me darán las caricias postreras,

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caricias que saben
a miel de tristeza,
caricias que saben
a miel de colmenas,

pero no de colmenas sabrosas
que gusta la vida cuando es primavera
sino miel en que endulzan sus males
las almas enfermas
cuando ya la existencia tramonta
y la noche eterna
de las decepciones

su abanico de sombras despliega,
y el amor es tan sólo un ocaso
de santas memorias, de ilusiones muertas.

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Oh novia imposible,
tan pura y tan buena,
en estos renglones
hallarás mi sagrada promesa
de ir a tus brazos
que amantes me esperan.

Llegado a tus lares,
al volver a la casa risueña
en que envejeciendo
meditas mi ausencia,
ungirán las heridas de tu alma

mis frases ingenuas
mis versos antiguos,
al hablarte en la alcoba discreta
que el dolor peculiar de otros días
en su ambiente amoroso conserva.

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Volveré… mas hoy no, que es preciso
dar también al cariño una tregua,
y por eso de todos mis lutos
la cruz llevo a cuestas
sin que alumbre la luz de tus ojos
mi árida senda.

La sola ventura
que en la vía penosa me resta
es creer que al llamar a tu casa
mi mano de viejo que débil golpea,
no hallará a mi piadoso reclamo
cerradas las puertas.

No desmayes: espera y confía:
que buscando la dicha perpetua
de hospedar mi ternura en tu casa
me verás, apoyado en la reja,
una tarde sombría de invierno
retornar por la mustia vereda

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para que se cumpla
la antigua promesa,
y llena de canas
la triste cabeza,
llamar a tu alma,
tocar a tu puerta.

El 19 de julio de 1921 a causa de una bronconeumonía fallece el escritor a sus 33 años de edad.

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Al rededor de su muerte existen varias teorías y rumores siendo uno de los más fuerte la posibilidad de que fuera la enfermedad del sífilis lo que provocó su deceso.

Tras su fallecimiento surgieron nuevas obras de sus autoría, algunas preparadas por el mismo y en otras formadas gracias a una recopilación de periódicos y revistas.

El son del corazón fue uno de los volúmenes de su producción en ser editado luego de su deceso, seguido del El minutero, El don de febrero, poesías, cartas y documento, y por último Prosas políticas.

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Sin duda los aportes del escritor a la literatura mexicana y de América son indiscutibles, los poemas de López Velarde producidos durante su vida han impactado notablemente en la cultura y provocaron la evolución de la prosa de forma beneficiosa.

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