+13 Poemas de José Gorostiza ¡Reflexivos!

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¿Cuál es el estilo literario de José Gorostiza? ¿Quién fue? Como un hombre sereno y reflexivo se le conoció.

Una de sus características más destacadas de su personalidad era que buscaba constantemente lo trascendente, y más importante su esencia misma que reflejaba a un artista valeroso y exigente.

Considerado como el poeta de la inteligencia, José Gorostiza compuso obras poéticas profundamente espirituales que mantienen viva la corriente del simbolismo y persiguen incansablemente la exaltación de la belleza.

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Gorostiza al igual que muchos escritores, sintió gran atracción por la política y no sólo dedicó sus vida a las letras y la poesía.

Gran parte de ella la entregó al servicio del Estado mexicano y ejerció funciones en varios cargos gubernamentales y diplomáticos.

Recordar el trabajo de este hombre es motivador, pues sus obras contiene mensajes reflexivos e iluminadores que pueden interesar a muchos lectores amantes de la lírica.

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Poemas de José Gorostiza para recordar

La producción poética del escritor se caracteriza por emplear elementos que atribuyen pureza a sus líneas y delicadeza a su lirismo.

La combinación de estos dos aspectos hace que su poesía sea sencilla a simple vista, pero cuenta con alta complejidad en su significado.

Es justo por ello que hoy se le confiere el título del poeta de la inteligencia, pues fue un hombre culto que decidió plasmar esa intelectualidad es sus escritos y hacer de ellos los más cautivadores.

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Disfruta de una recopilación de los poemas más famosos y reflexivos del escritor mexicano y dedica unos minutos a una lectura espiritual.

Poemas de José Gorostiza para recordar

Nocturno

Aperturamos la lista de los poemas de José Gorostiza merecedores de recuerdo con este que contiene una dedicatoria incluida.

Este verso su creado en honor al también escritor mexicano Eduardo Luquín Romo, quien ejerció activamente la diplomacia de su país.

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Esta noche sin luces y esta lluvia constante
son para las historias de aquellos peregrinos
que dejaban el lodo de sus buenos caminos,
cegados por la recia tempestad del instante,
y con paso más firme seguían adelante,
al lucir de los nuevos joyeles matutinos.

Esta noche sin luces aguardo ante mi puerta
los tres toques de aldaba que tocará un viajero,
y, no obstante, podría negarle mi dinero,
el calor de la alcoba o la paz de mi huerta;
pero vendrá a mi casa y al corazón alerta
porque siempre me busca cuando yo no lo quiero.

E iluminado por el espejo que brilla
-todo un campo de luz en las horas morenas-
al vaivén de las manos blancas como azucenas
me contará su historia agradable y sencilla,
y a sus labios, ocultos por la barba amarilla,
ha de fluir el canto mortal de las sirenas.

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Ya no podré vencerle, ya no tendré la mano
fuerte para arrojarle de mi casa tranquila,
si apenas el relámpago negro de su pupila
le da el pequeño orgullo de llamarme su hermano,
mientras retiene un poco del cielo de verano
la lluvia pescadora con sus redes en fila.

Pero tú, que de nobles éxtasis te revistes,
no abras nunca la puerta para dar hospedaje.
Ten el oído sordo cuando ceda un ramaje
bajo la taciturna pisada de los tristes,
o busca el más secreto bálsamo si resistes
a no probar el ímpetu fantástico del viaje

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Elementos

Los cuatros elementos de la naturaleza (aire, fuego, agua y tierra) fueron los aspectos que que el autor seleccionó como inspiración para construir este bello y cautivador poema lleno de romance.

Tus ojos eran mi aire
y el aire para sí
jugaba a ser redondo, rodando.

Tus ojos eran mi aire y mi fuego,
y los dos entre sí
jugaban uno a mantener al otro,
consumiéndose.

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Tus ojos eran mi aire y mi fuego,
pero también mi agua,
y los tres entre sí
jugaban uno a consumir el otro,
manteniéndose.

Porque tus ojos eran
mi agua
mi fuego
y mi aire,
tengo transida de rumor el alma
como el árbol de pino la madera,
y tengo más: las raíces
anudadas a ti,

porque tus ojos eran
mi aire
mi fuego
y mi agua,
pero también
mi tierra.

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Quien me compra una naranja

Este poema de José Gorostiza es quizás uno de los más populares en su país, en el que es plasmado el romance a través de la creencia popular de que la pareja ideal es la media naranja.

¿Quién me compra una naranja
para mi consolación?
Una naranja madura
en forma de corazón.

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La sal del mar en los labios
¡ay de mí!
la sal del mar en las venas
y en los labios recogí.

Nadie me diera los suyos
para besar.
La blanda espiga de un beso
yo no la puedo segar.

Nadie pidiera mi sangre
para beber.
Yo mismo no sé si corre
o si deja de correr.

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Como se pierden las barcas
¡ay de mí!
como se pierden las nubes
y las barcas, me perdí.

Y pues nadie me lo pide,
ya no tengo corazón.
¿Quién me compra una naranja
para mi consolación?

El enfermo

Este poema de José Gorostiza rebela los padecimiento de un persona enferma del alma, al mismo tiempo que envía un profundo mensaje cautivador.

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Por el amplio silencio del instante
pasa un vago temor.
Tal vez gira la puerta sin motivo
y se recoge una visión distante,
como si el alma fuese un mirador.

Afuera canta un pájaro cautivo,
y con gota fugaz el surtidor.

Tal vez fingen las cortinas altas
plegarse al toque de una mano intrusa,
y el incierto rumor
a las pupilas del enfermo acusa
un camino de llanto en derredor.

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En sus ojos opacos, mortecinos,
se reflejan las cosas con candor,
mientras la queja fluye
a los labios exangües de dolor.

Cuenta la Hermana cuentas de rosario
y piensa en el Calvario
del Señor.

Pero invade la sombra vespertina
un extraño temor,
y en el péndulo inmóvil se adivina
la séptima caída del amor.

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Tal vez gira la puerta sin motivo.
Afuera canta un pájaro cautivo,
y con gota fugaz el surtidor.

La casa del silencio

El silencio y la soledad era tema recurrente en poemas del escritor mexicano, así que no resulta extraño encontrarlos en varias de sus producciones.

La casa del silencio
se yergue en un rincón de la montaña,
con el capuz de tejas carcomido.
Y parece tan dócil
que apenas se conmueve con el ruido
de algún árbol cercano, donde sueña
el amoroso cónclave de un nido.

Más contenido que te encantará
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Tal vez nadie la habita
ni la quiere,
Y acaso nunca la vivieron hombres;
pero su lento corazón palpita
con un profundo latir de resignando,
cuando el rumor la hiere
y la sangra del trémulo costado.

Imagino, en la casa del silencio,
un patio luminoso, decorado
por la hierba que roe las canales
y un muro despintado
al caer de las lluvias torrenciales.

Y en las noches azules,
la pienso conturbada si adivina
un balbucir de luz en sus escaños,
y la oigo verter con un ruido
ya casi imperceptible, contenido,
su lor paternal de tres mil años.

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La orilla del mar

La reflexión de viste le mar, pues ahí donde se pueden hallar los más bellos atardeceres y el lugar perfecto para dejar correr los pensamiento y los sentimientos más profundos.

No es agua ni arena
la orilla del mar.

El agua sonora
de espuma sencilla,
el agua no puede
formarse la orilla.
Y porque descanse
en muelle lugar,
no es agua ni arena
la orilla del mar.

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Las cosas discretas,
amables, sencillas;
las cosas se juntan
como las orillas.

Los mismo los labios,
si quieren besar.
No es agua ni arena
la orilla del mar.

Yo sólo me miro
por cosa de muerto;
solo, desolado,
como en un desierto.

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A mí venga el lloro,
pues debo penar.
No es agua ni arena
la orilla del mar.

Poemas de José Gorostiza cortos

José Gorostiza compuso bellos y espirituales poemas que hoy son recordados por el uso correcto de la palabra y la notable astucia con que son utilizados los elementos dentro de los trabajos.

Poemas de José Gorostiza cortos

Y a pesar de que cuenta con varias producciones de esta índole, los poemas cortos también tiene incorporado todos estos aspectos típicos del escritor mexicano.

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Disfruta de los poemas de José Gorostiza cortos, y no dejes que sus exención reducida te engañe son tan buenos y cautivadores como cualquier otro.

Oración

Las plegarias inspiran este poema de José Gorostiza de corta extensión y describe una situación en donde la fe lo es todo.

La barca morena de un pescador,
cansada de bogar,
sobre la playa se puso a rezar:
¡Hazme, Señor,
un puerto en las orillas de este mar!

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Espejo no

Un poema de José Gorostiza que invita en cada una de sus líneas a la reflexión al mismo tiempo que demuestra el complejo significado con el que el autor blindaba sus trabajos poéticos.

Espejo no: marca luminosa,
marca blanca.

Conforme en todo al movimiento
con que respira el agua

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¡cómo se inflama en su delgada prisa
marea alta

y alumbra – qué pureza de contornos,
qué piel de flor – la distancia,

desnuda ya de peso,
ya de eminente claridad helada!

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Conforme en todo a la molicie
con que reposa el agua,

¡cómo se vuelve hondura, hondura,
marea baja,

y más cristal que luz, más ojo,
intenta una mirada

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en la que – espectros de color – las formas,
las claras, bellas, mal heridas, sangran!

Cantarcillo

Una realidad romántica es la plasma José Gorostiza  en este poema corto de sus autoría y en que utiliza elementos de la sociedad para cumplir con su mensaje.

Salen las barcas al amanecer.
No se dejan amar,
pues suelen no volver
o sólo regresan a descansar.

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El puerto

El poeta de la inteligencia vuelve hacer de las suyas y compone un texto poético lleno de revelaciones espirituales que cautivan a cualquier lector.

El silencio por nadie se quebranta,
y nadie lo deplora.
Sólo se canta
la puesta del sol, desde la aurora.

Mas la luna, con ser
de luz a nuestro simple parecer,
nos parece sonora
cuando derraman las manos ligeras
las ágiles sombras de las palmeras.

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La tarde

Cortas líneas escritas por José Gorostiza que revelan un profundo mensaje reflexivo característico de sus estilo.

Ruedan las olas frágiles
de los atardeceres
como limpias canciones de mujeres.

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Epodo

Elementos naturales dan vida a este poema del escritor mexicano, un verso realmente interesante.

Esa palabra que jamás asoma
a tu idioma cantado de preguntas,
ésa, desfalleciente,
que se hiela en el aire de tu voz,
sí, como una respiración de flautas
contra un aire de vidrio evaporada,

¡mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
¡mírala, ausente toda palabra,
sin voz, sin eco, sin idioma, exacta,
mírala cómo traza
en muros de cristal amores de agua!

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El alba

Al mar lo podemos encontrar en varias composiciones poéticas del escritor mexicano, lo que no hace pensar que sentía gran afinidad por ese gracias al ambiente reflexivo que este proporciona.

El paisaje marino
en pesados colores se dibuja.
Duermen las cosas. Al salir, el alba
parece sobre el mar una burbuja.
Y la vida es apenas
un milagroso reposar de barcas
en la blanda quietud de las arenas.

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José Gorostiza fallece el 16 de marzo de 1973, a los 74 años de edad, muere en la ciudad de México uno de los escritores más transcendentales de la literatura mexicana.

Pero aun vive su legado y será recordado por sus innumerables aportes a la poesía y la crítica.

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