+13 Poemas de Rubén Bonifaz Nuño ¡Clásicos!

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¿Cuáles son los mejores poemas de Rubén Bonifaz Nuño? ¿Cuál es su estilo literario?

Pocos conocen en que consiste el movimiento literario denominada clasismo, y es que este fue una importante corriente cultural e intelectual que tiene sus orígenes en la antigua Roma y Grecia.

Afortunadamente los escritores que hicieron de este movimiento suyo no sólo son del continente europeo, en América grandes cultures y máximos referentes también aplicaron esta corriente a sus trabajos, y en México destaca sin duda el escritor Rubén Bonifaz Nuño.

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Este talentoso y reconocido poeta de nacionalidad mexicana y prodigiosa inteligencia, también destacó en la traducción creando composiciones aclamadas por el público y la critica de la época.

Sin embargo, gracias a sus formación humanista, su carrera como poeta estuvo marcada por desarrollar trabajos en los que se consolidan el rigor clásico, las palabras en libertad y por supuesto su peculiar atracción por las tradiciones grecolatinas.

La poesía escrita por la pluma de Rubén Bonifaz Nuño resulta interesante y aquí podrás  disfrutar de los mejores poemas del escritor y conocer más a fondo el estilo que cautivó a toda una generación de literatos.

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Poemas de Rubén Bonifaz Nuño, dignos de admiración

Marcada por una escritura magistral, un excelente dominio técnico y una habilidad inigualable para escoger las palabras.

Las obras de Rubén Bonifaz Nuño busca la restauración de los clásico y paralelamente expresa sentimientos siempre manteniendo los niveles de afectividad.

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Este escritor oriundo de México tomó expresiones de la cultura popular y las convirtió en poesía de manera limpia, sincera y sin sentimentalismos.

Además en varios de sus escritos detalla de manera conmovedora las etapas del amor y en sus últimos libros trato los sentimientos eróticos con refinación.

A contrario de la producción monótona de otros escritores, Bonifaz Nuño cuenta con un legado poético de variedad y a pesar de su talento, a lo largo de su carrera solo público 18 poemas.

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Qué fácil sería para esta mosca

El placer que se encuentra en los pequeños detalles no tiene comparación alguna y sobre esto se basa este primer poema de Bonifaz Nuño.

Que además describe como las angustias por llegar a la meta puede hacer que pierdas el camino hacia ella.

Qué fácil sería para esta mosca,
con cinco centímetros de vuelo
razonable, hallar la salida.

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Pude percibirla hace tiempo,
cuando me distrajo el zumbido
de su vuelo torpe.
Desde aquel momento la miro,
y no hace otra cosa que achatarse
los ojos, con todo su peso,
contra el vidrio duro que no comprende.

En vano le abrí la ventana
y traté de guiarla con la mano;
no lo sabe, sigue combatiendo
contra el aire inmóvil, intraspasable.

Casi con placer, he sentido
que me voy muriendo; que mis asuntos
no marchan muy bien, pero marchan;
y que al fin y al cabo han de olvidarse.

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Pero luego quise salir de todo,
salirme de todo, ver, conocerme,
y nada he podido; y he puesto
la frente en el vidrio de mi ventana.

Y nuevamente abril a flor de cielo

Continuamos con la selección de los mejores trabajos del escritor y nos encontramos con un poema de Bonifaz Nuño.

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El cual describe con palabras sutiles la hermosura que esconde la primavera y paralelamente toca el tema del amor de forma exitosa.

Y nuevamente abril a flor de cielo
abre tus manos tibias, y yo canto
el júbilo entrañable y el espanto
que en mi sangre derramas con tu anhelo.

Amo la gravidez del alma, el vuelo
por la caricia que hasta ti levanto,
y el fuego triste hallado en el quebranto
de la distancia – aborrecible velo – .

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Amor: abril, tu cómplice, desvía
la ruta del temor que disminuye
y disfraza de fiesta su agonía.

Eres abril de nuevo, amor, y nada
escapa de tu ser: todo confluye
a cobrar plenitud en tu mirada.

He detenido la respiración…

El romance se apodera de la pluma del escritor mexicano y compone este hermoso poema dedicado al amor.

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En el describe como el pensamiento de perder al ser amado puede causar estragos en las personas, dejando así la puerta abierta para las preocupaciones y la angustia.

He detenido la respiración
para sentir si tú respiras.
A la vez has quedado tan presente y lejana.
Eterna casi.
Fuera del tiempo, sola, sin moverte.

Y me llenó el terror incontenible
de que te hubieras ido;
de que te hubieras muerto en sueños,
y me hubieras dejado entre los brazos
sólo una imagen clara,
un simulacro tibio, una perfecta
máscara tuya con los ojos cerrados.

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Pero aquí está de nuevo
como una flor brotando, como el alma
de una rama florida,
dulce, otra vez tu aliento dulce.

Y en medio de un placer que de tan tierno
me acongoja,
de un sobresalto que me empequeñece,
de una paz en tumulto que me ahoga,
vuelvo a ser, y te miro.
Vives. Estás dormida.

Un temor sin objeto,
una sorpresa temerosa
te toma de repente, te sacude
desde los pies hasta la nuca.

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¿Oyes, acaso, en sueños,
que te busca una voz desamparada;
sientes, durmiendo, que no es justo
que tú descanses, mientras alguien
trabaja, mientras alguien se consume
de enfermedad, mientras alguno,
que tú pudiste amar, está muriendo?

Afuera todo sigue pareciendo
desesperadamente sin sentido;
lo comprende, convulso,
tu corazón amenazado.

Y quisieras correr compadecida,
temblorosa, quemándote
de caridad y de esperanza
y de fe, y recibir el sufrimiento
de todos en tus brazos débiles,
y con tu manto lleno de agujeros
cobijarnos a todos.

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Y tu mano se mueve,
y un sonido agitado, una palabra
a medias, el principio de un gemido
cruza tus dientes. ¿Has llamado?

Nuevamente el silencio
nube exacta cubriéndote,
no traspasable atmósfera invisible
te ciñe y te separa.

¿Caminas qué caminos,
qué atardecida fuente bebes,
qué interiores, pacíficos espejos
abre tu propia luz, en que te miras;
en qué oro relumbras engarzada?

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Sobre tu sueño flotas
como en lago de aceite; nada existe
fuera de la quietud que te conduce.

Y como un puente milagroso,
tan tenue como el júbilo más tenue,
tan pensativo como un niño,
un movimiento acompasado
pliega las comisuras de tu boca.

Todo está bien ahora. Firme
como de piedra sobre piedra, el mundo.

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Responsable en tu paz, te sientes
ligada y libre, solidaria.
Comprendes la desdicha,
amas la dicha humilde de las gentes.

Estás de juegos inocentes,
de amable amor, de alegres voces
humanas, de ternura simple
invadida y cercada.

Y no sabes si el aire es una playa,
si eres feliz porque cumpliste
los quehaceres del alma diarios:
porque recién lavada brilla
cada parte en su sitio
tu facultad de regalar el gozo:
o porque eres hermosa; o si la primavera…

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Algo, que alumbra todo, se refleja,
grave de consecuencias dulces,
en tu semisonrisa.

Todo está en orden; cada cosa
arreglada a su fin. Tan necesario
es tu mínimo gesto, como el acto
de entreabrir una puerta.

Porque yo estuve solo
quiero pensar que tú estuviste sola.
Que no te fuiste, que dormías.
Que me dejaste sin dejarme,
y me necesitabas
para poder estar contenta.

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De cualquier modo, he recobrado
mi lugar en el mundo: regresaste,
te volviste accesible.

Me devuelves el tiempo,
el dolor, los caminos, la alegría,
la voz, el cuerpo, el alma,
y la vida y la muerte, y lo que vive
más allá de la muerte.

Me lo devuelves todo
encarcelado en la apariencia
de una mujer, tú misma, a la que amo.

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Volviste poco a poco, despertaste,
y no te sorprendiste
de encontrarme contigo.

Y casi pude ver el último
peldaño del secreto que subías
al dormir, pues abriste
muy despacio, muy plácidos
tus ojos adentro de mis ojos que velaban.

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No es una desgracia abrir los ojos…

La tristeza y las desgracias siempre han sido vistas como sentimientos negativos e incluso muchos autores a dedicado versos a estas emociones y en ellos se puede ver la oscuridad de ellas.

Sin embargo, Bonifaz Nuño quiso romper con este estereotipo y compuso el poema que mostraremos a continuación.

En el de menciona a todas aquellas emociones tachadas de negativas como correctas y el escritor mantiene su opinión de que no son desgracias las personas por sentirlas.

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No es una desgracia abrir los ojos
ni tener despiertos los deseos
y estar triste y solo y pensando.

Y no ser de aquellos que consiguieron
su placer a ciegas para cegarse;
su televisión después del cine,
sus bailes, su ruido, sus limonadas;
pero que a la medianoche se sientan,
pesados de sueño, densos, bestiales,
y gritan y luchan sobresaltados
para desterrar su pesadilla.

Bienaventurados los que padecen
la nostalgia, el miedo de estar a solas,
la necesidad del amor; los hombres,
las mujeres tiernas de ojos amargos;
los que en su comida han recibido
lo gordo del caldo del sufrimiento.

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Porque de ellos es la desesperanza,
el insomnio, el llanto seco, las rejas
de todas las cárceles, el hambre,
y la fuerza lírica y el impulso
para desquiciar la desventura.

Recostado en su placer

Este poema de Bonifaz Nuño demuestra el talento que poseía el escritor para seleccionar las palabras a utilizar en sus producciones.

Con ellas pudo componer hermosos trabajos poéticos como el que se muestra a continuación.

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Recostado en su placer, el día
de estatuas y rejas enfloradas
nos dice, amiga, que morimos;
y como si al azar mordieras
una manzana, resplandeces
de dulces dientes y de labios.

Y las lágrimas que están llenando,
la carne que muerdes, las rosas
del polvo que abres y aguirnaldas,
festivamente se entristecen;
y se enrosca en torno de tu brazo
la serpiente roja de estío.

Suena la lluvia de la noche
cayendo al azar, como el azúcar
de una manzana desangrada.
De estatuas y rejas cenizas
nace una boca, y nombra el alba.
y dulce y de sombras resplandeces.

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Era también de fuego

En composiciones poética es común encontrar como los autores comparar elementos naturales con sentimientos para lograr cautivar a los lectores.

Este poema de Bonifaz Nuño plasma lo mencionado anteriormente pero siempre manteniendo vivo su estilo propio.

Era también de fuego:
sobre el tizón, hirientes, casi diáfanas
violetas duras a los ojos,
coronadas de oro. De esto era,
de esto se construía bajo el humo.

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También como de alas en asalto;
pluviales hojas enjambradas,
arboladuras de reloj a vela.

Y en vela yo, sumiso y vigilante
a la corriente en que me estoy hundiendo.

Buscando quién me soy cuando soy este
sabor labiodental, que sobrenada
entre las redes del aroma;
estos golpes de tacto en soñolientas
aguas desembocando;

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quién me nace
-póstumo ya- si la serpiente
de música enjoyada quiebra
el cascarón, y adelgazándose
-sensual, bicéfala y exacta-
cruza la puerta doble del oído.

En venta está mi cuarto, y de la mano
saco a la calle mis rincones.

Más contenido que te encantará

Me dieron el indulto cuando estaba
ya contra la pared, y ojivendado.

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Allí donde vivimos,
en el lugar en que nos conocemos;
donde la noche oscura, que amanece
de las cinco prensiles
advocaciones ávidas del alma.

Y era como el silencio que tú sabes;
como de casa grande, como ramas
de anochecido pueblo solo.

Yo soy hombre, y me callo tantas cosas
que tendremos que hablar cuanto tú quieras;
la orquestada pasión y las raíces
de aquellos ojos míos que me miren
desde el sembrado sitio de tus ojos.

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Me sobrevivo en vela, mereciendo
que al corazón me apunten al matarme.

Poemas de Rubén Bonifaz Nuño, sobre amor y desamor

El amor, el romance y la pasión son algunos de los sentimientos que inspiran a los escritores para componer bellos poemas y como era de esperar, estas mismas emociones son tratadas en varios de los versos de la autoría de Rubén Bonifaz Nuño.

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Sin embargo, a diferencia de otros autores de la época, el estilo que Bonifaz Nuño empleó en sus producciones románticas varia según la intencionalidad, pero sin dejar de lado los aspectos clásicos.

Amiga a la que amo…

No hay mejor manera de iniciar con una lista que recopila los poemas de Bonifaz Nuño que tratan sobre romance que con este poema que lleva escrito amor en cada línea.

Amiga a la que amo: no envejezcas.
Que se detenga el tiempo sin tocarte;
que no te quite el manto
de la perfecta juventud. Inmóvil
junto a tu cuerpo de muchacha dulce
quede, al hallarte, el tiempo.

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Si tu hermosura ha sido
la llave del amor, si tu hermosura
con el amor me ha dado
la certidumbre de la dicha,
la compañía sin dolor, el vuelo,
guárdate hermosa, joven siempre.

No quiero ni pensar lo que tendría
de soledad mi corazón necesitado,
si la vejez dañina, perjuiciosa
cargara en ti la mano,
y mordiera tu piel, desvencijara
tus dientes, y la música
que mueves, al movere, deshiciera.

Guárdame siempre en la delicia
de tus dientes parejos, de tus ojos,
de tus olores buenos,
de tus brazos que me enseñas
cuando a solas conmigo te has quedado
desnuda toda, en sombras,
sin más luz que la tuya,
porque tu cuerpo alumbra cuando amas,
más tierna tú que las pequeñas flores
con que te adorno a veces.

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Guárdame en la alegría de mirarte
ir y venir en ritmo, caminando
y, al caminar meciéndote
como si regresaras de la llave del agua
llevando un cántaro en el hombro.

Y cuando me haga viejo,
y engorde y quede calvo, no te apiades
de mis ojos hinchados, de mis dientes
postizos, de las canas que me salgan
por la nariz.

Aléjame,
no te apiades, destiérrame, te pido;
hermosa entonces, joven como ahora,
no me ames: recuérdame
tal como fui al cantarte, cuando era
yo tu voz y tu escudo,
y estabas sola, y te sirvió mi mano.

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Aunque bien sé que no me extrañas

Este poema de Bonifaz Nuño describe las emociones provocadas por el desamor.

En el las palabras fueron bien seleccionadas y trasmite la intencionalidad triste y rencorosa que lleva consigo un amor no correspondido o una ruptura.

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Aunque bien sé que no me extrañas,
aunque tengo la razón, me acuerdo:
el cáncer terminó; te ausentas
por todo lo mal que supe amarte.

Ya fui desventurado cuando
estuviste aquí, y en el momento
donde te vas, me desventuro.
La sola ventaja de estar ciego
es acaso no poder mirarte.

Ya morir sin arrepentimiento
es mi esperanza, y te lo digo
porque al fin te conozco;
que si he pedido muchas cosas,
pude pagar con sobreprecio
las pocas que me fueron dadas.

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Mientras más mal te portas, mucho
más te voy queriendo, y porque espero
menos, me injurio y te acrecientas.
Así tuvo que ser: de tanto
que te procuré, me aborreciste;
tan sólo pesares te he dejado.

Raspaduras de celos, dudas
que no opacaron la certeza
de cuanto en ti me desolaba.

Tú, como si nada, te diviertes;
pero entristécete:
si todos sabrán que estoy quemado,
ninguno sabrá que por tus llamas.

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Vete como de veras; pierde
el número atroz de este teléfono,
la dirección que no aprendiste,
aquel corazón tan despistado.

Igual sigue siendo todo; nadie
hay como tú, por mi fortuna;
pero a nadie como tú he llegado.

En el agua escrito y en el viento
quedó el amor perpetuo. Sombras.
Y me quemo, y de mejor violencia
—ay, mamá— te alumbro al apagarme.

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Ya te conozco, ya obligado
soy a bien quererte y despreciarme.
Pero no, porque me da vergüenza;
pero sí, porque me estoy muriendo
sin voluntad ni penitencia.

Y por todo: porque no quisiste
permanecer, porque me olvidas,
porque me voy tristeando, gracias
te doy. Y por andar de noche.

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Cuál es la mujer que recordamos…

Este poema de Bonifaz Nuño muestra en forma de prosa una profunda reflexión enmarcada en el amor, el romance y la pasión, en la que se plantea varias interrogantes que dejan volar la imaginación y el raciocinio.

¿Cuál es la mujer que recordamos
al mirar los pechos de la vecina
de camión; a quién espera el hueco
lugar que está al lado nuestro, en el cine?

¿A quién pertenece el oído
que oirá la palabra más escondida
que somos, de quién es la cabeza
que a nuestro costado nace entre sueños?

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Hay veces que ya no puedo con tanta
tristeza, y entonces te recuerdo.
Pero no eres tú. Nacieron cansados
nuestro largo amor y nuestros breves
amores; los cuatro besos y
¿Cuál es la mujer que recordamos…

¿Cuál es la mujer que recordamos
al mirar los pechos de la vecina
de camión; a quién espera el hueco
lugar que está al lado nuesas cuatro
citas que tuvimos. Estamos tristes.

Juntos inventamos un concierto
para desventura y orquesta, y fuimos
a escucharlo serios, solemnes,
y nada entendimos. Estamos solos.

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Tú nunca sabrás, estoy cierto,
que escribí estos versos para ti sola;
pero en ti pensé al hacerlos. Son tuyos.

Ustedes perdonen. Por un momento
olvidé con quién estaba hablando.
Y no sentí el golpe de mi ventana
al cerrarse. Estaba en otra parte.

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Haz que yo pueda ser, amor, la escala

Un poema de Bonifaz Nuño que no inspira nada más que amor puro, y con sus hermosas palabras logra cautivar al publico conocedor de la poesía romántica.

Haz que yo pueda ser, amor, la escala
en que sus pies se apoyan, el torrente
de luz para su sed, o, suavemente,
el cauce en que su vida se resbala.

Sólo soy un espejo para el ala
de un ángel dividido, que así siente
que le soy necesario, y dulcemente
a mi dolor su claridad iguala.

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Y eso es todo, amor: sólo un reflejo.
No escala, luz ni cauce, en que pudiera
subir, brillar, o transcurrir ligera.

Únicamente el sueño de un espejo
mudo a veces, y opaco, en donde anida
la imagen solitaria de su vida.

Centímetro a centímetro

Pasión, delirio y frenesí es lo que se desborda en cada línea de este poema de Bonifaz Nuño.

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Si estas en busca de un poema cautivador que puedas dedicar a tu pareja y que trasmita todos esos sentimientos picantes que produce en ti, este es perfecto para activar la pasión en tu compañera de vida.

Centímetro a centímetro
piel, cabello, ternura, olor, palabras
mi amor te va tocando.

Voy descubriendo a diario, convenciéndome
de que estás junto a mí; de que es posible
y cierto; que no eres,
ya, la felicidad imaginada,
sino la dicha permanente,
hallada, concretísima; el abierto
aire total en que me pierdo y gano.

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Y después, qué delicia
la de ponerme lejos nuevamente.
Mirarte como antes
y llamarte de ‘usted’, para que sientas
que no es verdad que te haya conseguido;
que sigues siendo tú, la inalcanzada;
que hay muchas cosas tuyas
que no puedo tener.

Qué delicia delgada, incomprensible,
la de verte de lejos,
y soportar los golpes de alegría
que de mi corazón ascienden
al acercarme a ti por vez primera;
siempre por vez primera, a cada instante.

Y al mismo tiempo, así, juego a perderte
y a descubrirte, y sé que te descubro
siempre mejor de como te he perdido.

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Es como si dijeras:
‘cuenta hasta diez, y búscame’, y a oscuras
yo empezara a buscarte, y torpemente
te preguntara:

‘¿estás allí?’, y salieras
riendo del escondite,
tú misma, sí, en el fondo; pero envuelta
en una luz distinta, en un aroma
nuevo, con un vestido diferente.

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Ha llegado el olor

Rubén Bonifaz Nuño escribió a lo largó de su carrera hermosos poemas dedicados al romance y este es uno de esos populares escritos que con tiernas y dulces palabras rinden tributo al amor.

Ha llegado el olor, el filo
de su dental caricia; la preciosa
amarga flor nocturna: madre nuestra,
collar que junta nuestros cuellos.

Y voy corno embriagado, como en dicha;
como herido me llevan; como sueño
póstumo al despertar, como si hubiera
bebido hasta embriagarme, estoy viviendo.
Como en vino saciado.

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¿Dónde el agobio, dónde la pobreza?

Era, de pronto, levantarse
descalzo y con temor, y a media noche,
y a recorrer la casa despoblada
-yo mismo el enemigo-, con la inútil
esperanza de que fuera sólo
un paso de ladrón el escuchado.

Mujer salobre y única,
desnuda irresistiblemente,
que camina, simplísima y desnuda
debajo de sus ropas, madurando
la cosecha de aceites y de humo.
Único día de la vida.

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Como en halo de lámpara,
como en regazo tuyo, como en tibio
paladar, sujetado, me someto;
librado a la fortuna, reconquisto
mis brazos y mis deudas, y levanto
mi victoria terrestre.

Yo te regalo ahora
lo que me liga a ti; yo me pregunto,
en medio, qué seguimos; qué pretende
tu corazón.

Acaso yo te miro

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en verdad; acaso donde el siempre
y el nunca vuelven comprensibles
la granada y el orden de las uvas
y el gregario esplendor de la mazorca,
y la miel colectiva.

No sin trabajo y guerra me divido
por dentro, y tú me asilas y reúnes
debajo de tu brazo. Y no es en vano.

Tú das la vista a mis pupilas ciegas

Finalizamos la lista de los trabajos más emblemáticos del escritor con este cargado de romance y amor.

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Un hermoso escrito que resulta perfecto para dedicar y conquistar a esa persona especial aplicando estrategias clásicas.

Tú das la vista a mis pupilas ciegas
y a mi voz la ternura que te nombra;
amor, cuánta amargura, cuánta sombra
se destruye en la luz en que me anegas.

En hoces claras a mi pecho llegas
y la esperanza al corazón asombra,
por ti la mano del olvido escombra
los restos tristes del dolor que siegas.

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Por ti vencido, el peso de la angustia
inútilmente ya su fuerza mustia
contra tus simples luces abre inerte.

Amor, ardiente lámpara en la oscura
soledad, segador de la amargura.
Está lejano el miedo de perderte.

Con la partida física de Rubén Bonifaz Nuño el 31 de enero del 2013, el mundo perdió un literato maravilloso.

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Que hoy es recordado entre los grande gracias a sus expendido legado cultural que dejó para las generaciones venideras.

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