+12 Poemas de Carlos Pellicer ¡Poeta moderno!

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¿Qué inspiro a Carlos Pellicer? ¿Cuáles son sus mejores poemas? Carlos Pellicer no fue sólo un poeta, también puede ser considerado como un innovador.

Perteneció a un grupo de intelectuales mexicanos que se hacían llamar los contemporáneos, los cuales desarrollaron el estilo vanguardista desde América.

Considerado como el primer poeta realmente moderno de México, destacó de entre los grande, pero éste no se mostró contrario al vanguardismo ni a otras corrientes literarias, más bien incorporó a estas el modernismo.

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Lo que permitió que destacara en el ámbito de la escritura, pues mientras otros literatos escribían sobre la consciencia, Pellicer lo hacia sobre la belleza del mundo.

Este escritor mexicano mostró gran interés por plasmar en sus obras poéticas las exuberancias del mundo, los paisajes naturales y los elementos que los integran, es por ello que la crítica considera a sus trabajos como cantos que celebran al mundo.

Hoy queremos rendir homenaje al amplio legado literario que dejó el poeta tras sus muerte y que ha marcado la literatura contemporánea notablemente.

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Poemas de Carlos Pellicer perfectos para enamorar

Carlos Pellice escribió de todo, sobre política, museos, historias, ensayos, poemas y al igual que muchos escritores, varios de sus trabajos los enfocó en el amor y el desamor.

Es típico al escuchar la palabra poesía asociarla con temas románticos y apasionados que llevan el amor incluido dentro de sus líneas.

Aunque los poemas pueden abordar diferentes temáticas, hoy queremos destacar los escritos de este tipo de la autoría de Carlos Pellicer.

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Disfruta de los más románticos poemas, y si estas en plan de conquista esta sección te puede parecer interesante pues muestra varios versos perfectos para dedicar a esa persona especial.

En una de esas tardes…

Un poema de Carlos Pellicer cargado de puro romance, desde que inicia la prosa habla del amor y finiliza argumentando que la felicidad de uno es la misma del ser amado.

En una de esas tardes
sin más pintura que la de mis ojos,
te desnudé
y el viaje de mis manos y mis labios
llenó todo tu cuerpo de rocío.

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Aquel mundo amanecido por la tarde,
con tantos episodios sin historias,
fue silenciosamente abanderado
y seguido por pueblos de ansiedades.

Entre tu ombligo y sus alrededores
sonreían los ojos de mis labios
y tu cadera,
esfera en dos mitades,
alegró los momentos de agonía
en que mi vida huyó para tu vida.

Estamos tan presentes,
que el pasado no cuenta sin ser visto.
No somos lo escondido;
en el torrente de la vida estamos.

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Tu cuerpo es lo desnudo que hay en mí
toda el agua que va rumbo a tus cántaros.
Tu nombre, tu alegría…
Nadie lo sabe;
ni tú misma a solas.

Al dejar un alma

Los poemas con romance inmerso en sus letras son dulce y cargado de emociones fuertes, y este escrito de Pellicer cumple con estas características.

Agua crepuscular, agua sedienta,
se te van como sílabas los pájaros tardíos.
Meciéndose en los álamos el viento te descuentan
la dicha de tus ojos bebiéndose en los míos.

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Alié mi pensamiento a tus goces sombríos
y gusté la dulzura de tus palabras lentas.
Tú alargaste crepúsculos en mis manos sedientas:
yo devoré en el pan tus trágicos estíos.

Mis manos quedarán húmedas de tu seno.
De mis obstinaciones te quedará el veneno,
flotante flor de angustia que bautizó el destino.

De nuestros dos silencios ha de brotar un día
el agua luminosa que dé un azul divino
al fondo de cipreses de tu alma y de la mía.

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¿Qué harás?

Pensamientos futuros e hipotéticos son los que construyen este poema de Carlos Pellicer, en el son plateadas varia interrogantes en torno al camino que tomar la otra persona ante sus ausencia.

¿Qué harás? ¿En que momento
tus ojos pensarán en mis caricias?
¿Y frente a cuales cosas, de repente,
dejarás, en silencio, una sonrisa?

Y si en la calle
hallas mi boca triste en otra gente,
¿la seguirás?
¿Que harás si en los comercios –semejanzas–
algo de mi encuentras?
¿Qué harás?

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¿Y si en el campo un grupo de palmeras
o un grupo de palomas o uno de figuras
vieras?

(Las estrofas brillan en sus aventuras
de desnudas imágenes primeras.)
¿Y si al pasa frente a la casa abierta,
alguien adentro grita: ¡Carlos!?

¿Habrá en tu corazón el buen latido?
¿Cómo será el acento de tu paso?
Tu carta trae el perfume predilecto.
Yo la beso y la aspiro.

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En el rápido drama de un suspiro
la alcoba se encamina hacia otro aspecto.
¿Qué harás?
Los versos tienen ya los ojos fijos.

La actitud se prolonga. De las manos
caen papel y lápiz. Infinito
es el recuerdo. Se oyen en el campo
las cosas de la noche. –Una vez
te hallé en el tranvía y no me viste.

–Atravesando un bosque ambos lloramos.
–Hay dos sitios malditos en la ciudad. ¿Me diste
tu dirección la noche del infierno?
–…Y yo creí morirme mirándote llorar.

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Yo soy…
Y me sacude el viento.
¿Qué harás?

Yo acaricio el paisaje…

Palabras dulce y apasionadas son los protagonistas de este poema del escritor mexicano que con ellas llena de romance el trabajo y lo convierte en un texto perfecto para dedicar.

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Yo acaricio el paisaje,
oh adorada persona
que oíste mis poemas y que ahora
tu cabeza reclinas en mi brazo.

(…) Detrás de un cerro grande
va estallando una nube lentamente.
su sorpresa
es como nuestra dicha: ¡tan primera!

Lo inaugural que en nuestro amor es clave
de toda plenitud.
El aire tiembla a nuestros pies. Yo tengo
tu cabeza en mi pecho.

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Todo cuaja
la transparencia enorme de un silencio
panorámico, terso,
apoyado en el pálido delirio
de besar tus mejillas en silencio.

Amor sin nombre

Un poema escrito por Carlos Pellicer enfocado en el amor y todas esas pequeñas cosas que los seres humanos pueden hacer cuando éste invade los más profundos sentimientos del alma.

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Amor sin nombre, ámbito destino
de ser y de no estar. Tu pronto asedio
sostiene mi dolor y anula el tedio
de copa exhausta o apretado vino.

En un alto silencio, un aquilino
palmo azul de silencio, vivo. En medio
de la infausta paciencia de tu asedio
abro las jaulas y desbordo el trino.

Por ti cuelgo coronas en los muros;
por ti soy más fugaz y en los maduros
soñares aligero tus canciones.
Y te llevo en mi ser y has recogido
la actitud que en Florencias o Bizancios
consagra sus palomas al olvido.

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Tú eres más mis ojos porque ves…

La persona amada es más que compañía, en muchas ocasiones se vuelve nuestro sustento y soporte para enfrentas las adversidades de la vida.

Este es un bello poema de Carlos Pellicer que invita a la reflexión acerca de este mensaje pero siempre manteniendo el aura del romance impregnado en sus letras.

Tú eres más mis ojos porque ves
lo que en mis ojos llevo de tu vida.
Y así camino ciego de mí mismo
iluminado por mis ojos que arden
con el fuego de ti.

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Tú eres más que mi oído porque escuchas
lo que en mi oído llevo de tu voz.
Y así camino sordo de mí mismo
lleno de las ternuras de tu acento.

¡La sola voz de ti!
Tú eres más que mi olfato porque hueles
lo que mi olfato lleva de tu olor.
Y así voy ignorando el propio aroma,
emanando tus ámbitos perfumes,
pronto huerto de ti.

Más contenido que te encantará

Tú eres más que mi lengua porque gustas
lo que en mi lengua llevo de ti sólo,
y así voy insensible a mis sabores
saboreando el deleite de los tuyos,
sólo sabor de ti.

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Tú eres más que mi tacto porque en mí
tu caricia acaricias y desbordas.
Y así toco en mi cuerpo la delicia
de tus manos quemadas por las mías.

Yo solamente soy el vivo espejo
de tus sentidos. La fidelidad
en la garganta del volcán.

Si junto a ti las horas se apresuran…

Cerramos esta sección del artículo con este poema escrito por la mano de Carlos Pellicer. Este es un trabajo poético y romántico que plasma la intencionalidad apasiona del escritor.

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Si junto a ti las horas se apresuran
a quedarse en nosotros para siempre,
hoy que tu dulce ausencia me encarcela,
la dispersión del tiempo en mis talones
y en mis oídos y en mis ojos siento.

Yo no sé caminar sino hacia ti,
ni escuchar otra voz que aquella noble
voz que del vaho borde de la dicha
vuela para decirme las palabras
que aguzaron el agua del poema.

¡Decir tu nombre entre palabras vivas
sin que nadie lo escuche!
Y escucharlo yo solo desde el fino
silencio del papel, en la penumbra
que va dejando el lápiz, en las últimas
presencias silenciosas del poema.

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Poemas de Carlos Pellicer cortos

Considerado como el poeta mexicano de más amplio registro documental y de mayor intensidad de la primera mitad del siglo XX.

Carlos Pellicer elaboró un hermoso legado repleto de poesía realmente inspiradora.

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Nació el 16 de enero de 1897, se inicio en la escritura y la poesía desde muy temprana edad y con una vida repleta de éxitos marcó a generaciones de escritores.

Destacó en la política como varios de sus colegas y ejerció la museografía de manera excepcional.

La bandera mexicana

Un poema nacionalista llega al artículo para demostrar a los lectores que Carlos Pellicer no sólo escribió textos enfocados en el amor de parejas.

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También se inspiró en temas políticos y sociales y compuso poemas dedicados a su patria querida.

La bandera mexicana
– verde, blanca y roja –
en sus colores aloja
la Patria en flor soberana.

Cuando en las manos tenemos
nuestra bandera,
es como tener entera
agua, naves, luz y remos.

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Cuando alzamos sus colores,
siente nuestro corazón
la dicha de una canción
que se derrama en flores.

Por amor a mi bandera,
les digo a todos “hermano.”
El que la lleve en la mano
lleva la paz donde quiera.

Paz, trabajo, amor y fe
son de mi bandera el cielo.
Yo quiero, por todo anhelo,
digno de ella estar al pie.

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Estudio

El romance llega nuevamente a ser el centro de uno de los poemas de Carlos Pellicer pero en esta oportunidad enfocado en el proceso de descrecimiento entre dos seres.

Apenas te conozco y ya me digo:
¿Nunca sabrá que su persona exalta
todo lo que hay en mí de sangre y fuego?

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¡Como si fuese mucho
esperar unos días -¿muchos, pocos?-
porque toda esperanza
parece mar del Sur, profunda, larga!
Y porque siempre somos
frutos de la impaciencia bosque todos.

Apenas te conozco y ya arrasé
ciudades, nubes y paisajes viajes,
y atónito, descubro de repente
que dentro estoy de la piedra presente
y que en cielo aún no hay un celaje.

Cómo serán estas palabras, nuevas,
cuando ya junto a ti, salgan volando
y en el acento de tus manos vea
el límite inefable del espacio.

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Grecia

Este es quizás es uno de los primeros trabajos compuestos por Carlos Pellicer, con tan solo 15 años de edad incorporó este poema a su amplia producción poética.

Ella es la fiesta de las líneas y de las
rosas soñadoras y las diademas
apolíneas entre la flor de las auroras.
Tropa de dioses pescadores…
Píndaro canta, dicta Aspasia.

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Y un atropello de visiones en los
suspiros de la magia…
Solemnidad de columnata.

Y en las mandíbulas de plat
del trípode, alza sus esfuerzos
la lividez de los aromas,
como una ráfaga de versos
en un encanto de palomas.

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Segador

Sentimientos oscuros son revelados en este trabajo poético del escritor mexicano que con elementos sombríos invoca la muerte y la plasma con la belleza de sus palabras.

El segador, con pausas de música,
segaba la tarde.
Su hoz es tan fina,
que siega las dulces espigas y siega la tarde.

Segador que en dorados niveles camina
con su ruido afilado,
derrotando las finas alturas de oro
echa abajo también el ocaso.

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Segaba las claras espigas.
Su pausa era música.
Su sombra alargaba la tarde.
En los ojos traía un lucero
que a veces brincaba por todo el paisaje.

La hoz afilada tan fino
segaba lo mismo
la espiga que el último sol de la tarde.

Deseos

Abundancia de peticiones es en lo que centra este último poema de Carlos Pellicer, los deseos más grandes y profundos son plasmados en la producción.

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Trópico, ¿para qué me diste
las manos llenas de color?
Todo lo que yo toque
se llenará de sol.

En las tardes sutiles de otras tierras
pasaré con mis ruidos de vidrio tornasol.
Déjame un solo instante
dejar de ser grito y color.

Déjame un solo instante
cambiar el clima del corazón,
beber la penumbra de una casa desierta,
inclinarme en silencio sobre un remoto balcón,

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abandonarme en el manto de pliegues finos,
dispersarme en la orilla de una suave devoción,
acariciar dulcemente las cabelleras lacias
y escribir con un lápiz muy fino mi meditación.

¡Oh, dejar de ser un solo instante
el Ayudante de Campo del sol!
¿Trópico, para qué me diste
las manos llenas de color?

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La perdida física de Carlos Pellicer dejó desolada a la literatura del siglo XX, pero el legado excepcional que compuso sirvió de inspiración para grandes escritores que se levantaron posteriormente.

Fallece el 16 de febrero de 1977, a los 80 años de edad en la Ciudad de México y sus restos reposan en la Rotonda de Hombres Ilustres.

Tras su muerte y en su honor el museo de antropología del estado de Tabasco lleva el nombre de Museo Regional de Antropología Carlos Pellicer Cámara.

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Además la capital de Tabasco, así como varias avenidas y calles llevan el nombre del poeta de América en honor a su vida y obra.

¿Te ha gustado el artículo?, déjanos un comentarios y no te pierdas de los próximos trabajos inspirados en la poesía contemporánea.

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