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+5 Poemas feministas de Sylvia Plath para recordarla

  • Poemas
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¿Has leído poemas feministas de Sylvia Plath? Sylvia Plath fue una escritora y poeta estadounidense conocida por su énfasis en el género de poesía confesional que expresa los detalles íntimos de la vida de la poeta.

Desde niña, Sylvia fue una persona brillante marcada por una educación muy estricta. A la edad de 8 años publicó su primer poema.

Es autora de El coloso (The Colossus) (1960), Ariel (1965), Cruzando el agua (1971), Tres mujeres (1968), Árboles de invierno (1971), Poemas completos (The Collected Poems) (1981). Así como ha publicado obras para niños y varias prosas.

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+5 Poemas feministas Sylvia Plath ¡LLenos de amor y tristeza!

En la siguiente selección de poemas feministas de Sylvia Plath, resaltamos la importancia del amor, la pasión y la entrega de las mujeres; además de ser fuertes y guerreras ante las adversidades.

Carta de amor

Sylvia Plath describe su relación con el también poeta Ted Hughes que, al tiempo, reivindica y cautiva con este poema a sus lectoras feministas.

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No es fácil expresar lo que has cambiado.
Si ahora estoy viva entonces muerta he estado,
aunque, como una piedra, sin saberlo,
quieta en mi sitio, mi hábito siguiendo.
No me moviste un ápice, tampoco
me dejaste hacia el cielo alzar los ojos
en paz, sin esperanza, por supuesto,
de asir los astros o el azul con ellos.

No fue eso. Dormí: una serpiente
como una roca entre las rocas hiende
el intervalo del invierno blanco,
cual mis vecinos, nunca disfrutando
del millón de mejillas cinceladas
que a cada instante para fundir se alzan
las mías de basalto. Como ángeles
que lloran por la gente tonta hacen
lágrimas que se congelan. Los muertos
tenían yelmos helados. No les creo.

Me dormí como un dedo curvo yace.
Lo primero que vi fue puro aire
y gotas que se alzaban de un rocío
límpidas como espíritus. y miro
densas y mudas piedras en tomo a mí,
sin comprender. Reluzco y me deshojo
como mica que a sí misma se escancie,
igual que un líquido entre patas de ave,
entre tallos de planta. Mas no pienses
que me engañaste, eras transparente.

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Árbol y piedra nítidos, sin sombras.
Mi dedo, cual cristal de luz sonora.
Yo florecía como rama en marzo:
una pierna y un brazo y otro brazo.
De piedra a nube iba yo ascendiendo.
A una especie de dios ya me asemejo,
hiende el aire la veste de mi alma
cual pura hoja de hielo. Es una dádiva.

Espejo

“Espejo”, un poema que describe la personalidad de la autora, resaltándola como una persona sin prejuicios y con un amor u odio intacto.

Soy de plata y exacto. Sin prejuicios.
Y cuanto veo trago sin tardanza
tal y como es, intacto de amor u odio.
No soy cruel, solamente veraz:
ojo cuadrangular de un diosecillo.
En la pared opuesta paso el tiempo
meditando: rosa, moteada. Tanto ha que la miro
que es parte de mi corazón. Pero se mueve.
Rostros y oscuridad nos separan

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sin cesar. Ahora soy un lago. Ciérnese
sobre mí una mujer, busca mi alcance.
Vuélvese a esos falaces, las luciérnagas
de la luna. Su espalda veo, fielmente
la reflejo. Ella me paga con lágrimas
y ademanes. Le importa. Ella va y viene.
Su rostro con la noche sustituye
las mañanas. Me ahogó niña y vieja

Una vida

Este verso de Sylvia Plath describe a una persona que vive ahogada en el miedo y está bajo los cuidados médicos.

Tócala: no se encogerá como pupila
esta rareza oviforme, clara como una lágrima.
He aquí ayer, el año pasado: palmiforme lanza,
azucena, como flora distinta
de un tapiz en la quieta urdimbre vasta.

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Toca este vaso con los dedos: sonará
como campana china al mínimo temblor del aire
aunque nadie lo note o se anime a contestar.
Los indígenas, como el corcho graves,
todos ocupadísimos para siempre jamás.

A sus pies las olas, en fila india,
no reventando nunca de irritación, se inclinan:
en el aire se atascan,
frenan, caracolean como caballos en plaza de armas.
Las nubes enarboladas y orondas, encima.

Como almohadones victorianos. Esta familia
de rostros habituales, a un coleccionista,
por auténtica, como porcelana buena, gustaría.

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En otros lugares el paisaje es más franco.
Las luces mueren súbitas, cegadoramente.

Una mujer arrastra, circular, su sombra, de un calvo
platillo de hospital en torno, parece
la luna o una cuartilla de papel intacto.
Se diría que ha sufrido una particular guerra relámpago.
Vive silente.

Y sin vínculos, cual feto en frasco, la casa
anticuada, el mar, plano como una postal,
que una dimensión de más le impide penetrar.
Dolor y cólera neutralizadas,
ahora dejad la en paz.

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El porvenir es una gaviota gris, charla
con voz felina de adioses, partida.
Edad y miedo, como enfermeras, la cuidan,
y un ahogado, quejándose del frío, se agazapa
saliendo a la orilla.

El jardín solariego

En este poema, la autora Sylvia Plath, describe un paisaje desolado donde las rosas están marchitas y  hay sin duda una sensación de dolor y tristeza en cada una de sus palabras.

Las fuentes resecas, las rosas terminan.
Incienso de muerte. Tu día se acerca.
Las peras engordan como Budas mínimos.
Una azul neblina, rémora del lago.

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Y tú vas cruzando la hora de los peces,
los siglos altivos del cerdo:
dedo, testuz, pata
surgen de la sombra. La historia alimenta

esas derrotadas acanaladuras,
aquellas coronas de acanto,
y el cuervo apacigua su ropa.
Brezo hirsuto heredas, élitros de abeja,

dos suicidios, lobos penates,
horas negras. Estrellas duras
que amarilleando van ya cielo arriba.
La araña sobre su maroma

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el lago cruza. Los gusanos
dejan sus sólitas estancias.
Las pequeñas aves convergen, convergen
con sus dones hacia difíciles lindes.

Lady Lázaro

Este poema narra, de acuerdo a la interpretación, sobre un suicidio en el que resalta que esa mujer es “una especie de milagro que se levanta y anda”, donde “el aliento a sepultura se va a ir en un día”.

Lo hice otra vez,
un año cada diez
me las ingenio:

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soy una especie de milagro que se levanta y anda,
mi piel resplandeciente igual que la pantalla de una lámpara nazi,
mi pie derecho
un pisapapeles,

mi cara una finísima mortaja
judía sin facciones.

Capa a capa arrancá esta servilleta,
oh enemigo mío.
¿Te dio un escalofrío?

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¿La nariz, las dos cuencas de los ojos, la intacta dentadura?
El aliento a sepultura
se va a ir en un día.

Y enseguida, la carne
que el hueco de la tumba se tragó
va a volver a ser yo,

y yo, de nuevo, una mujer sonriente.
Tengo sólo treinta años,
e igual que el gato, tengo siete muertes.

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Ahora es la tercera.
Qué basura
que cada década hay que anilquilar,

qué millón de filamentos.
La gente, que mastica sus maníes,
se agolpa para ver

cómo me van sacando
las vendas de las manos y los pies:
el gran strip tease.

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Damas y caballeros
acá tienen mis manos
mis rodillas.

Por más que ahora sea piel y huesos
sigo siendo la misma, idéntica mujer.

La primera vez que me pasó fue a los diez.
Fue un accidente.
En cambio, la segunda intenté expresamente

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no volver.
Me cerré
igual que un caracol.

Tuvieron que llamarme sin parar,
sacarme los gusanos como perlas adhesivas.
Morirse

igual que todo lo demás
es un arte.
Y en eso, mi talento no tiene parangón.

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Tanto, que pareciera que es una maldición.
Tanto, que no parece una actuación.
Hasta podría decirse que tengo vocación.

Es fácil: se lo puede hacer en reclusión.
Es fácil, y después te quedás bien quietita.
Es el regreso

teatral a plena luz del día
a ese mismo lugar, la misma cara, el mismo grito
brutal y divertido:

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“¡Es un milagro!”
que me deja atónita.
Hay que pagar

para ver mis cicatrices, hay que pagar
para oírme el corazón:
sí, late de verdad.

Y hay que pagar, y hay que pagar bien caro
una palabra, un roce,
o un poquito de sangre,

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un mechón de mi pelo, un jirón de mi ropa.
A ver, a ver, Herr Doktor.
A ver, Herr Enemigo.

Soy tu obra,
tu objeto de valor,
la bebé de oro puro

que se funde entre aullidos.
Me doy vuelta en el fuego.
No olvido su inquietud: créame, se lo ruego.

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Ceniza y más ceniza,
que usted atiza y revuelve.
De carne o hueso ahí no queda nada:

un jabón,
una alianza,
un diente de oro.

Herr Dios, Herr Lúcifer
Cuidado
Cuidado.

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Me alzo de las cenizas
con mi pelo encendido
y me como a los hombres de un soplido.

Sylvia Plath fue la primera poeta en ganar un Pulitzer póstumo por sus Poemas Completos. Cada uno de los versos deja un mensaje de amor, tristeza, hasta inclusive de dolor.

¿Qué opinas de los poemas feministas de Sylvia Plath?

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