+10 Poemas para maestras: Demuéstrales tu aprecio y admiración

50 años hace
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Las maestras son las primeras referencias en la vida de un niño, y en la de los jóvenes, ayudan a terminar de forjar el carácter y a enrumbarlos hacia  lo que serán como adultos.

Su entrega y dedicación hacen de las maestras de las profesionales más valiosas de nuestra sociedad y honrarlas es lo mínimo que podemos hacer para demostrarles lo importantes que son.

Te traemos algunos poemas para maestras para dedicar a esas mujeres que día a día, grano a grano, educan a los futuros profesionales.

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Poemas para maestras cortos y largos

El cariño que le dan las maestras a sus alumnos, el empeño en hacerlos cada día mejores, en enseñarles las herramientas básicas para que sean cada día más despiertos, inteligentes y competitivos, merece nuestro respeto y admiración.

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Escoge entre estos 10 poemas para maestras y dedícale uno.  Y si eres maestra, disfrútalos ¡Te lo mereces!

10. Ser maestro (Anónimo)

Este corto y hermoso poema destaca lo loable de la labor de la maestra y cómo todos los días inculca los valores del hombre nuevo y cómo va regalando alegría.

Cada maestra de nuestro planeta
es mujer valerosa y aguerrida,
ellas hacen la patria más completa,
ellas son luz y amor para la vida.

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Ser maestro es misión de gente noble,
es ser un portador de la alegría,
sembrador de valores en los hombres,
buscador de la paz todos los días.

Como Jesús allá en la Galilea
tu palabra, maestro, centellea
aniquilando al miedo y la ignorancia.

Tu palabra, maestro, es una tea
partera del saber y de la idea
que muéstranos caminos de esperanzas.

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9. Maestra amiga (Anónimo)

Las maestras se convierten muchas veces en verdaderas amigas. Los recuerdos junto a ellas, los momentos, unos buenos, otros de regaños, son un verdadero regalo que todos llevaremos dentro por muchos años.

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Estos versos, que forman parte de nuestra selección de poemas para maestras nos llevan a la infancia de una niña, que mediante una carta, le expresa a su maestra cuánto significa para ella.

Un despertar distinto, aquella mañana fría
Tu rostro ante nosotros se mostró
Como aquella rebosante flor
Que luego de la lluvia, cayó.

Tu triste mirada se escondió
En el fondo de aquel pizarrón
Pero tu corazón no pudo más
Y de tus ojos una lágrima brotó.

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De aquella inocente niña entonces
Un regalo recibiste
Y su insólita carta leías
Mientras ella con inocencia te veía.

En tu rostro una sonrisa
Entonces se dibujó
Y aquella paloma blanca
Dentro de tu corazón voló.

Los números en recuerdos se habían convertido
Aquella materia una nueva historia llegó a ser
Y en aquella solitaria aula
Dos nuevas amigas se empezaban a conocer.

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Tus enseñanzas fueron muchas
Pero más lo fueron los bellos recuerdos
Y aquella niña a la que un día regañaste
A Dios agradeció por haber encontrado
Una maestra así como tú….

¡Mi maestra amiga!

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8.  La maestra, otra madre (Anónimo)

Para muchos, las maestras llegan a ser como otras madres, que con sus consejos guían y se preocupan por cada uno de sus alumnos, con legítimo afecto.

Es en la escuela otra madre
que orienta con sus consejos
es experta sembradora
de nobles conocimientos:
es mano suave que guía
y es luz que alumbra senderos

Es, en suma, la maestra,
manojo cálido y tierno
de bondadosa paciencia
y de maternal afecto

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7. A mi maestra (Adolfo González)

Con mil aplausos debemos celebrar la labor de las maestras, con mil poemas para maestras ensalzarlas y demostrarles qué tan importantes son y qué huella han dejado en nuestras vidas.

¿ De dónde vino el fuego de su cascada hermosa
que cae serpenteando dándonos luz y flama
para brindar cultura, educación preciosa
que nos saca del sueño ignorante que inflama,
nuestro acervo sediento de útil conocimiento ?

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Simpática y paciente, gentil, inteligente
con preciosa figura perfuma con su aliento
y su actuación tan recta, alegra nuestro ambiente.

Felices nos sentimos bajo su guía tierna
que amablemente otorga con dulce y bella calma.
invaluable esmeralda con su esmerado aliento.

Gracias, ¡ brillante luz ! ¡ Gracias, mi luz eterna !
Con mil aplausos quiero agradecerle a su alma
su encantador impulso sabroso como el viento.

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6. A la altura de tu mirada (Anónimo)

Un hermoso escrito dedicado a todas las maestras que se convirtieron, con el paso de los años, en personas muy importantes para sus alumnos.

A la altura de tus ojos miré un día
como nace del Amor la luz divina,
pues en tus mágicos ojos se adivina
un refulgente clamoreo de alegría.

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Bello mirar que yo soñé en la lejanía,
cuando forjaba una quimera diamantina:
hoy, cuando tu dulce mirada me ilumina,
todo mi anhelo se trastoca en poesía.

Mirar tus ojos es arrobo que extasía:
por eso cuando en la aurora el sol retoza
me inspira un verso de gratitud por tu mirada,

¡Pues he soñado por la noche que algún día
tus bellos ojos besaré como se posa
la luz de sol sobre la inmensa madrugada!

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5. Enseñarás (Anónimo)

Entre los más bonitos poemas para maestras encontramos este “Enseñarás”.  De un autor anónimo, en pocos versos, se dice lo que es una maestra, que da no para sí, sino para sus alumnos, para lanzarlos a la vida.

Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo,

Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño,

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Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida,

Pero sabrás que cada vez que ellos
vuelen, piensen, sueñen, vivan…

Estará la semilla del camino enseñado y aprendido

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4. Poema al maestro (Henry Binerfa Castellanos)

La mejor recompensa de las maestras, es sin duda, que sus estudiantes aprendan y que salgan lo mejor preparados posibles al mundo.

En este poema Henry Binerfa Castellanos, expone desde su perspectiva de maestro, la entrega y la alegría de enseñar y ver crecer a sus alumnos.

Viviendo entre otras vidas, olvida su propia vida,
destruyendo las tinieblas de la ignorancia gana su guerra,
su mayor paga son las respuestas de sus alumnos,
reír con ellos es su mayor goce.

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Aunque triste esté, sonriente se le ve
la imagen más perfecta de comprensión y amor.

Su tiempo lo regaló y nunca lo discutió.

Unos lo quisieron, otros lo olvidaron
Más él siempre los quiso a todos.

Ahora, lento camina, el viento lo vence
y su voz ya no luce galante como cuando les leía.

Sentado está, mirando el cielo, sus ojos se cierran,
su mano cae y deja libre una hoja de papel.

La última nota escrita, el viento la entona
y la impulsa sobre la corriente de un río.

Me llevo el gran triunfo de saber que ustedes,
mis hijos, mis alumnos queridos,
representan en cada gesto, en cada andar, en cada vibración
pedazos de mí espíritu
que ahora ya son hombres seguros,
con ideales firmes y honestos.

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Si algunos se pierden en esta rueda que es la vida,
volveré en la frase de un amigo, en la mirada de un niño,
en el entrecejo de un padre, o la caricia de una madre,
y te haré recordar, cual es tú ‘camino’.

3. Luz de septiembre (Daniel Altamirano)

Es una canción del argentino Daniel Altamirano y como muchas, se ha convertido perfectamente en parte de los poemas para las maestras.  Habla de la jubilación de las maestras y los maestros y cómo sus alumnos siempre recordarán sus enseñanzas.

Lo imagino rodeado de palomas muy blancas,
caminando despacio, pensativo tal vez.

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Con un libro en las manos, sereno y solitario,
jubilado y humilde, jubilado y humilde
como siempre lo fue.

A su lado, mi alma descifró tantos signos,
modulé, deletreando, la palabra deber.

Y crecí desde adentro hacia todos los rumbos,
y me fui por el mundo, y me fui por el mundo
con sus libros de fe.

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2. La maestra rural (Gabriela Mistral)

Es un homenaje a las maestras humildes de cuerpo y mente, pero entregadas al máximo por sus alumnos.  Disfruta de este y otros poemas para maestras y recuerda cómo te hacían sentir en la escuela y agradece, siempre agradece su dedicación.

La Maestra era pura. «Los suaves hortelanos», decía,
«de este predio, que es predio de Jesús,
han de conservar puros los ojos y las manos,
guardar claros sus óleos, para dar clara luz».

La Maestra era pobre. Su reino no es humano.
(Así en el doloroso sembrador de Israel.)
Vestía sayas pardas, no enjoyaba su mano
¡y era todo su espíritu un inmenso joyel!

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La Maestra era alegre. ¡Pobre mujer herida!
Su sonrisa fue un modo de llorar con bondad.
Por sobre la sandalia rota y enrojecida,
tal sonrisa, la insigne flor de su santidad.

¡Dulce ser! En su río de mieles, caudaloso,
largamente abrevaba sus tigres el dolor!
Los hierros que le abrieron el pecho generoso
¡más anchas le dejaron las cuencas del amor!

¡Oh, labriego, cuyo hijo de su labio aprendía
el himno y la plegaria, nunca viste el fulgor
del lucero cautivo que en sus carnes ardía:
pasaste sin besar su corazón en flor!

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Campesina, ¿recuerdas que alguna vez prendiste
su nombre a un comentario brutal o baladí?
Cien veces la miraste, ninguna vez la viste
¡y en el solar de tu hijo, de ella hay más que de ti!

Pasó por él su fina, su delicada esteva,
abriendo surcos donde alojar perfección.
La albada de virtudes de que lento se nieva
es suya. Campesina, ¿no le pides perdón?

Daba sombra por una selva su encina hendida
el día en que la muerte la convidó a partir.
Pensando en que su madre la esperaba dormida,
a La de Ojos Profundos se dio sin resistir.

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Y en su Dios se ha dormido, como un cojín de luna;
almohada de sus sienes, una constelación;
canta el Padre para ella sus canciones de cuna
¡y la paz llueve largo sobre su corazón!

Como un henchido vaso, traía el alma hecha
para volcar aljófares sobre la humanidad;
y era su vida humana la dilatada brecha
que suele abrirse el Padre para echar claridad.

Por eso aún el polvo de sus huesos sustenta
púrpura de rosales de violento llamear.
¡Y el cuidador de tumbas, como aroma, me cuenta, las
plantas del que huella sus huesos, al pasar!

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1. Maestra Vieja (Julio Iraheta Santos)

Para cerrar nuestro conteo de poemas para maestras, les dejamos este de Julio Iraheta Santos, una tierna referencia a una maestra, que ya envejecida, sigue siendo fuente de inspiración y amor.

Para Ligia
Adusta y noble traza con su lápiz
sus cuadrículas llenas de ternura
Más que una informadora es una madre
que pule el sentimiento de los niños

Maestra vieja de encaladas sienes
la miro iluminada como un rezo
como una sabia que destila huellas
para que los cachorros no se pierdan

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En el aula trabaja y sigue en casa
diseccionando libros y horizontes
Prepara el pasto para sus corderos

Es un milagro si le dan buen sueldo
La estrella de su vida siempre brilla
porque nació para alumbrar caminos

En definitiva, las maestras forman parte de nuestros recuerdos más queridos.  Algunas amadas y recordadas, otras olvidadas por los años, por las circunstancias, por la vida, pero alguna semilla dejaron en nuestro interior, que nos ayudó a ser lo que ahora somos, alguna huella dejaron en nuestra alma, que ahora nos ayuda a ser y estar más cerca de la luz del conocimiento.

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