+11 Poemas de Alejandra Pizarnik ¡Surrealistas!

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¿Por qué Alejandra Pizarnik es considerada cómo la poeta maldita? Alejandra Pizarnik fue una reconocida escritora de poemas argentina de descendencia rusa, cuya infancia estuvo marcada por el rechazo de su madre y los complejos.

Alejandra fue de esas chicas que no iban de acuerdo a lo que la sociedad consideraba correcto, por lo que de joven fue catalogada como rebelde, con una extravagante y extraña forma de pensar y actuar.

Aspecto que causaba controversia pues era totalmente contrario a la imagen que se debía tener como adolescente en esa época.

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Gracias a su actitud, llegó a ser considerada la chica rara de la escuela, e incluso la imagen opuesta de lo que los padres esperaban que sus hijas fueran.

De Alejandra Pizarnik se decía que nació con la oscuridad en su alma. Su rebeldía, su aire trágico y su pasión se nutrieron de sus propias tinieblas y proporcionaron a su poesía un estilo único e irrepetible.

Esta importante poetisa escribió de manera frenética desde muy temprana edad cuando solo tenia 15 años. Lo hizo de forma devota, porque esa era su única vía de escape ante un mundo en el que no encajaba.

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Su poesía está llena de símbolos, de silencios, de locura, de la sombra de la muerte, de delirios. La poesía, según ella misma, era ese lugar donde lo imposible se vuelve posible.

A día de hoy Alejandra Pizarnik sigue siendo conocida como la última poeta maldita de América, por la carga oscura y depresiva con que eran expuesta sus obras.

Poemas de Alejandra Pizarnik, versos llenos de oscuridad

Nadie exploró como Alejandra Pizarnik el sufrimiento y la locura, tenía una inestabilidad emocional notoria, sufría de ansiedad y padecía crisis depresivas, toda esta situación se vio alentada por la poesía.

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Su estilo se caracteriza por la economía verbal y la búsqueda del lenguaje exacto, pero al final de su vida, Alejandra se siente frustrada con el lenguaje y da un giro a sus obras.

De lo que no hay duda es que la literatura y la filosofía fueron ese espacio seguro en el que cobijarse desde niña.

Ese poso literario despertó, muy pronto, su necesidad de escritura, y le abrió también la puerta a una particular rebeldía que le caracterizaría siempre.

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Leerla es sumergirnos a partes iguales en el romanticismo, el surrealismo, el universo de lo gótico y también en el psicoanálisis. Un universo singular que no deja a nadie indiferente.

Los poemas de Alejandra Pizarnik son sumamente cautivadores, y a pesar de lo que dice la crítica los versos de esta reconocida escritoras son transcendentales, aquí te dejamos algunos de su autoría.

Poemas de Alejandra Pizarnik, versos llenos de oscuridad

Cenizas

Este poema de Alejandra Pizarnik es un claro ejemplo de su economía verbal, imágenes oníricas y angustia existencial que con frecuencia plasmaba en sus obras.

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Un verso cargado de los pensamientos oscuros que invadieron sus mente hasta el día de su dramática muerte.

La noche se astilló de estrellas
mirándome alucinada
el aire arroja odio
embellecido su rostro
con música.

Pronto nos iremos

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Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado pero no llaves
y hay pavor pero no lágrimas.

¿Qué haré conmigo?

Porque a Ti te debo lo que soy
Pero no tengo mañana
Porque a Ti te…
La noche sufre.

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Días contra el ensueño

Los poemas de Alejandra Pizarnik no son para nada típicos, todas sus composiciones cuenta con un toque depresivo y rebelde que caracterizaba su propia personalidad.

Este verso sirve de ejemplo para evidenciar los oscuros pensamientos de esta escritora argentina.

No querer blancos rodando
en planta movible.
No querer voces robando
semillosas arqueada aéreas.

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No querer vivir mil oxígenos
nimias cruzadas al cielo.
No querer trasladar mi curva
sin encerar la hoja actual.

No querer vencer al imán
la alpargata se deshilacha.
No querer tocar abstractos
llegar a mi último pelo marrón.

No querer vencer colas blandas
los árboles sitúan las hojas.
No querer traer sin caos
portátiles vocablos.

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Cuarto solo

En esta oportunidad nos topamos con un poema de Alejandra Pizarnik breve pero que igualmente guarda en él las características de la poesía de la escritora.

En el habla de la soledad y como esta hace sentir a una persona.

Si te atreves a sorprender
la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges,

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manos, clepsidras,
seguramente vendrá
una presencia para tu sed,
probablemente partirá
esta ausencia que te bebe.

Despedida

Las despedidas en muchas ocasiones viene con un periodo de tristeza incluido, en este poema de Alejandra Pizarnik la escritora describe el panorama desde su visión enfocada en el enamoramiento.

Mata su luz un fuego abandonado.
Sube su canto un pájaro enamorado.
Tantas criaturas ávidas en mi silencio
y esta pequeña lluvia que me acompaña

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El miedo

El miedo es un elemento muy recurrente en la poesía de muchos autores diferentes, pues es uno de los elementos más arraigados en el ser humano, y por ende ha sido de inspiración para innumerables autores.

Alejandra Pizarnik lo plasma es este poema de su autoría.

En el eco de mis muertes
aún hay miedo.
¿Sabes tú del miedo?
Sé del miedo cuando digo mi nombre.

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Es el miedo,
el miedo con sombrero negro
escondiendo ratas en mi sangre,
o el miedo con labio muertos
bebiendo mis deseos.

Sí. En el eco de mis muertes
aún hay miedo.

Poemas de Alejandra Pizarnik para recordar

Alejandra Pizarnik también fue la voz del feminismo, sus palabras tenían una belleza subversiva, en la que las verdades eran el centro, criticaba las etiquetas, los convencionalismos y la obligación de formar parte de un molde social.

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Esto en parte por que su propio ser siempre fue incapaz de ajustarse a cualquier tipo de expectativas, lo que la volvió una mujer poco convencional y en materia poética original y creativa.

Gran parte de la obra de Alejandra Pizarnik orbita alrededor de dos esferas, su infancia en Buenos Aires y su fascinación por la muerte.

Un dato curioso sobre los trabajos de Pizarnik es que hoy podemos admirar gran parte de sus obras gracias a Julio Cortázar y Aurora Bernárdez.

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La familia de Alejandra, siempre puritana y disgustada por los gustos y estilo literario de la escritora, estuvo a punto de destruir sus cuadernos y escritos personales.

Poemas de Alejandra Pizarnik para recordar

Además, la represión cultural de Argentina puso en riesgo la conservación de gran parte de su obra.

Por este motivo sus diarios, cuadernos y demás escritos fueron llevados hasta París donde Cortázar los custodió hasta que la Universidad de Columbia se quedó con ellos.

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Por suerte el legado literario de la escritora fue salvado y hoy podemos disfrutar de sus poemas.

El despertar

Alejandra Pizarnik, debido a todos los desordenes mentales que padecía, inició una terapia psicoanalítica con León Ostrov a los 18 años.

El tratamiento se interrumpió transcurrido poco más de un año, pero el profundo interés de ambos por la filosofía y la literatura derivó en una relación de amistad.

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Este poema de sus autoría no es más que un texto dedicado a quien significa una persona importante en la vida de la escritora.

A León Ostrov

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

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Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre

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Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Más contenido que te encantará

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

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¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado

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Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

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Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

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Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo

Hija del viento

Es difícil encontrar un poema de Alejandra Pizarnik que no este lleno de elementos oscuro, en el que la muerte, el miedo y la tristeza no se conviertan poco a poco en el centro del texto.

Pero a pesar de ello, el talento de la escritora y su uso correcto del lenguaje hacen de sus poemas los versos más inspiradores, como es el caso de la obra que mostraremos a continuación.

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Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.

Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.

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Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.

Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.

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A la espera de la oscuridad

Este poema de Alejandra Pizarnik hace referencia a las carencias que la escritora poseía, muestra esa pequeña niña marcada por el rechazo y que se enfrenta con miedo e inseguridades a un mundo en el que reinan los leones.

Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura

Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

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Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.

Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro

Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

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Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos

La enamorada

Este poema es una composición de verso libre que describe la visión de una enamorada desde el abandono de su amado, quien se marcha.

En él la escritora hace referencia a la soledad y el medio como parte de su vida.

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Ante la lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra Alejandra no lo niegues.

hoy te miraste en el espejo
y te fuiste triste estabas sola
y la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió

enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado

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oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo

oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú

te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!

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Exilio

Raúl Gustavo Aguirre fue un poeta argentino, adscrito al grupo del invencionismo y que mostró cierta influencia surrealista en sus versos.

Alejandra Pizarnik escribió un poema dedicada a este poeta de su misma nacionalidad.

A Raúl Gustavo Aguirre

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Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,

un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

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Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.

Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,

sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.

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Anillos de ceniza

Este último poema de Alejandra Pizarnik que mostraremos por ahora, fue compuesto en forma de dedicatoria a quien fue una escritora, poeta y traductora italiana, Cristina Campo.

A Cristina Campo

Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

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Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición de sol en pequeños soles negros.

Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.

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Tras la muerte de su padre, la idea del suicidio comenzó a ronda la mente de Alejandra Pizarnik y con ellos se materializaron varios intento fallidos.

Su dependencia a las pastillas para dormir se volvió más intensa, desesperada en 1972 fue ingresada en un psiquiátrico a raíz de un intenso cuadro depresivo.

Alejandra Pizarnik hablaba con un acento extranjero y cuando se ponía nerviosa tartamudeaba, además su cuerpo cogía peso con facilidad y su cara se llenó de marcas durante la adolescencia, por lo que su mente además de expendidos versos estaba llena de complejos.

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Pero, el 25 de septiembre de 1972 todo cambió, envuelta en pensamiento depresivos y sintiendo que todo era demasiado complicado. Salió del hospital psiquiátrico donde estaba recluida y se tragó 50 pastillas.

En el espejo de su cuarto escribió “No quiero ir, nada más, que hasta el fondo”. Solo tenía 36 años y una carrera literaria que impresionó al propio Julio Cortázar.

A raíz de su repentina muerte y en vuelta en mitos y leyenda, se convirtió en la poeta maldita de América.

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