+11 Poemas de Alfonso Reyes ¡Únicos e interesantes!

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¿Quién es Alfonso Reyes? ¿Cuáles son sus mejores poemas? Como escritor de historias corta pero interesante y llenas de sorpresa es conocido Alfonso Reyes.

Crítico sabio que destacó en todas las corriente de la literatura y por lo que hoy es recordado como uno de los autores más distinguidos de México y notable de la lengua castellana.

De Alfonso Reyes se puede decir que es un artista literario bastante completo.

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¿Quién es Alfonso Reyes?

Alfonso Reyes es un pensador, narrador, poeta y diplomático que dejó una gran obra como traductor y sus escritos son los más traducidos a lenguas extranjeras dentro de la literatura mexicana contemporánea.

Desde muy joven siempre tuvo inquietudes intelectuales que lo llevaron desarrollar una vasta cultura, que al combinarlo con la curiosidad logró establecer un estilo único por el cual se caracterizó.

Reyes ejerció un magisterio en la cultural de su época, influyó en las obras de la mayoría de los mexicanos posteriores a él y promovió la fundación de solidas instituciones dedicadas a la difusión de conocimiento.

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Son muchos los aportes del Alfonso Reyes dentro de la literatura latinoamericana y hoy en pertinente recordar algunas de las obras que marcaron muchas generaciones y le otorgaron el titulo del “mejor prosista de cualquier época”, según Jorge Luis Borges.

Poemas breves de Alfonso Reyes

Gracias a la dedicación del escritor fue distinguido con importantes reconocimientos como el Premio Nacional de Literatura y a pesar de que fue dominado en varias ocasiones al Premio Nobel de Literatura, nunca logró conseguirlo.

Dentro de su distinguida colección de escritos, Alfonso Reyes cuenta con varios que destacaron más que otros.

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Como es el caso de simpatías y diferencias, el deslinde, la X en la frente, entre otros trabajos que dieron la vuelta al mundo y sirvieron como carta de presentación en algunos países.

Alfonso Reyes también ejerció la diplomacia en varias naciones, causando que gran parte de su vida fuera más reconocido por ejercer la política que por la escritura.

La amenaza de la flor

Los cuentos y las historias breves eran el fuerte del escritor, es por ellos que no hay mejor manera de iniciar el recorrido por los poemas de Alfonso Reyes que con sus trabajos de exención reducida.

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En el ámbito del verso y la prosa en común observar escritos en los que los autores utilizan elementos naturales para simbolizar situaciones reales.

Este poema de Alfonso Reyes expone con palabras delicadas la esencia de una flor que al humanizarla pudiera referirse a una mujer.

Flor de las adormideras:
engáñame y no me quieras.

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¡Cuánto el aroma exageras,
cuánto extremas tu arrebol,
flor que te pintas ojeras
y exhalas el alma al sol!

Flor de las adormideras.

Una se te parecía
en el rubor con que engañas,
y también porque tenía,
como tú, negras pestañas.

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Flor de las adormideras.
Una se te parecía…
Y tiemblo sólo de ver
tu mano puesta en la mía:
¡Tiemblo no amanezca un día
en que te vuelvas mujer!

A veces, hecho de nada

A diferencia del verso anterior este poema de Alfonso Reyes recurre a una forma más directa de transmitir la intencionalidad, dejando de lado los aspectos simbólicos y aplicando un toque de romance a sus palabras.

A veces, hecho de nada,
sube un efluvio del suelo.
De repente, a la callada,
suspira de aroma el cedro.

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Como somos la delgada
disolución de un secreto,
a poco que cede el alma
desborda la fuente de un sueño.

¡Mísera cosa la vaga
razón cuando, en el silencio,
una como resolana
me baja, de tu recuerdo

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A Enrique González Martínez

Un poema con una dedicatoria inmersa es lo que encontraremos a continuación. Este texto poético escrito con la pluma de Alfonso Reyes.

Fue compuesto en honor a el reconocido poeta de misma nacionalidad, Enrique González Martinéz, el cual es considerado como uno de los 7 dioses mayores de la lírica mexicana.

Muchas sendas hollé, muchos caminos
solicitaron el afán creciente,
de contrastar los usos de la gente
y confundirme con los peregrinos.

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Mezclaba los sabores de los vinos
en cada clima caprichosamente,
y yo no sé si ello fue prudente
o si mis pasos fueron desatinos.

Había que buscar la ruta cierta
y ceñir el desborde con el dique.
Volví cansado, procuré la puerta…

Y déjame, poeta, que lo explique
como quien se despoja y se liberta:
tú estabas a la puerta, claro Enrique.

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Visitación

Los artistas líricos suelen usar elementos, símbolos y emociones para inspirar sus poemas, y aspectos como la naturaleza, el amor, el miedo y la muerte son algunos de los más recurrentes en textos poéticos.

Este hermoso y cautivador poema de Adolfo Reyes repite este patrón al utilizar a la muerte como protagonista en sus líneas.

Soy la Muerte me dijo. No sabía
que tan estrechamente me cercara,
al punto de volcarme por la cara
su turbadora vaharada fría.

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Ya no intento eludir su compañía:
mis pasos sigue, transparente y clara
y desde entonces no me desampara
ni me deja de noche ni de día.

¡Y pensar confesé, que de mil modos
quise disimularte con apodos,
entre miedos y errores confundida!

«Más tienes de caricia que de pena».
Eras alivio y te llamé cadena.
Eras la muerte y te llamé la vida.

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Ausencias

Melancolía, tristeza y soledad son las palabras perfectas para definir este poema del escritor mexicano. En el vuelve aparecer el recurso de la muerte que le de otorga al texto un aire de oscuridad sombría.

De los amigos que yo más quería
y en breve trecho me han abandonado,
se deslizan las sombras a mi lado,
escaso alivio a mi melancolía.

Se confunden sus voces con la mía
y me veo suspenso y desvelado
en el empeño de cruzar el vado
que me separa de su compañía.

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Cedo a la invitación embriagadora,
y discurro que el tiempo se convierte
y acendra un infinito cada hora.
Y desbordo los límites, de suerte
que mi sentir la inmensidad explora
y me familiarizo con la muerte.

Conejo poético

La poesía es una de las corrientes literarias que no están destinadas a todo publico.

Muchos escritores componen poemas de fácil comprensión mientras otros utilizan lenguajes más complejos para brindarle a la obra un toque de exclusividad.

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La cifra propongo; y ya
casi tengo el artificio,
cuando se abre el precipicio
de la palabra vulgar.

Las sirtes del bien y el mal,
la torpe melancolía,
toda la guardarropía
de la vida personal,
aléjalas, si procuras
atrapar las formas puras.

¿La emoción? Pídela al número
que mueve y gobierna al mundo.
Templa el sagrado instrumento
más allá del sentimiento.

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Deja al sordo, deja al mudo,
al solícito y al rudo.
Nada temas, al contrario,
si en el rayo de una estrella
logras calcinar la huella
de tu sueño solitario.

Quédate callado

Nuevamente encontramos un poema de Alfonso Reyes en el que si bien no es protagonista del verso, tiene una aparición significativa la palabra muerte.

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Quédate callado y solo:
casi todo sobra y huelga.
De la rama el fruto cuelga
y la rosa del peciolo,
no a efectos del querer sólo,

sino a la inerte ceguera
que la visión exagera
en alcance y en sentido;
y lo que cantas dormido
es tu canción verdadera.

Más contenido que te encantará

Quédate solo y callado:
casi todo huelga y sobra.
Ningún gasto se recobra,
ni vale el oro cambiado
la moneda que has pagado
por montones de vellón.

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Que a hurtos da el corazón
los latidos que aprovechas,
y aunque imaginas que pechas,
lo debes al panteón.

Poemas de Alfonso Reyes

La escritura clásica y solemne de Alfonso Reyes ha sido guía para muchos escritores tras su muerte.

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Los diferentes trabajos y aportes del escritor mexicano a la literatura de sus país inspiró a grande poetas, dramaturgos y ensayistas para encontrar su propio estilo.

Durante su vida Reyes gozó de varios acercamientos con otros literatos como fue el caso de aún joven Jorge Luis Borges.

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Igualmente gracias a su desplazamiento a España durante la primera Guerra Mundial, con Jóse Ortega y Gasset quien impactó notablemente el estilo del escritor.

Morir

La vida, la muerte y los enigmas de ambos, el amor y sus condiciones, la naturaleza y la religión son temáticas recurrentes en el ámbito de la poesía.

A pesar de mantener un estilo único al momento de escribir, Reyes también utilizada estos elementos con frecuencia en su poesía. Un ejemplo de ello es el siguiente trabajo.

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En el más cariñoso lecho
me siento morir,
cuando en la naturaleza,
toda mansa como jardín.

Muelle, el ala del ángel blanco
¡qué piedad, que ternura al fin!—
primera vez roza mis hombros
como el arco roza el violín.

Esta frescura de saber
que también nos vamos de aquí,
¡qué novedad en la conciencia,
qué persuasión blanda y sutil!

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¡Qué conformidad, que tersura,
qué dejarse ir!
Sus filos y puntas los actos
redondean al llegar a mí.

Ni la sangría del estoico
que se amenguaba sin sentir,
ni el áspid que penas besaba
el botón de ansioso carmín:

Lento declive, y tan seguro
—hinchado de sí—
que ni da lugar a lamentos
ni a temores, ni

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siquiera al vago cosquilleo
de ese minuto por venir
en que se ha de abrir a mis ojos
algo que se tiene que abrir.

¡Qué natural lo que se acaba
cuando ya se acaba por sí!
Voy con la razón satisfecha,
dormido, contento, feliz.

¡Y yo que viví tantos años,
tantos años como perdí,
sin dar oídos a la esfinge
que susurraba junto a mí!

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Yo no sabía que la vida
se reclina y se tiene así
en esa gula de la nada
que es su diván, es su cojín.

El llanto

En este poema Reyes hacer referencia a voces en su cabeza que puede encenderte como la conciencia del ser humano que en ocasiones se puede escuchar como si llorara cuando los sentimientos agobian el ser y el alma.

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Al declinar la tarde, se acercan los amigos;
pero la vocecita no deja de llorar.
Cerramos las ventanas, las puertas, los postigos,
pero sigue cayendo la gota de pesar.

No sabemos de donde viene la vocecita;
registramos la granja, el establo, el pajar.
El campo en la tibieza del blando sol dormita,
pero la vocecita no deja de llorar.

-¡La noria que chirría!- dicen los más agudos-
Pero ¡si aquí no hay norias! ¡Que cosa tan singular!
Se contemplan atónitos, se van quedando mudos
porque la vocecita no deja de llorar.

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Ya es franca desazón lo que antes era risa
y se adueña de todos un vago malestar,
y todos se despiden y se escapan de prisa,
porque la vocecita no deja de llorar.

Cuando llega la noche, ya el cielo es un sollozo
y hasta finge un sollozo la leña del hogar.
A solas, sin hablarnos, lloramos un embozo,
pero la vocecita no deja de llorar.

Sol de Monterrrey

Un poema totalmente nacionalista en el que el autor describe elementos de su ciudad natal al mismo tiempo que recuerda aspectos de su infancia y los plasma en estas líneas poéticas.

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No cabe duda: de niño,
me perseguía el sol.
Andaba detrás de mí
como perrito faldero;
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños.

(El fuego de mayo
me armó caballero:
yo era el Niño Andante,
y el sol, mi escudero.)

Todo el cielo era de añil,
toda la casa, de oro.
¡Cuánto sol se me metía
por los ojos!

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Mar adentro de la frente,
a donde quiera que voy,
aunque haya nubes cerradas,
¡oh cuanto pesa el sol!
¡Oh cuanto me duele, adentro,
esa cisterna de sol
que viaja conmigo!

Yo no me conocí en mi infancia
sombra, sino resolana.—
Cada ventana era sol,
cada cuarto eran ventanas.

Los corredores tendían
arcos de luz por la casa.
En los árboles ardían
las ascuas de las naranjas,
y la huerta en lumbre viva
se doraba.

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Los pavos reales eran
parientes del sol. La garza
empezaba a llamear
a cada paso que daba.

Y a mí el sol me desvestía
para pegarse conmigo,
despeinado y dulce,
claro y amarillo
ese sol con sueño
que sigue a los niños.

Cuando salí de mi casa
con mi bastón y mi hato,
le dije a mi corazón:

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—¡Ya llevas sol para rato!—
Es tesoro —y no se acaba:
no se me acaba —y lo gasto.
Traigo tanto sol adentro
que ya tanto sol me cansa.—
Yo no conocí en mi infancia
sombra, sino resolana.

La Habana

Un poema dedicado al país insular caribeño y el Alfonso Reyes destaca elementos característicos de la nación hoy comunista, mientras realiza comparaciones.

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No es Cuba, donde el mar disuelve el alma.
No es Cuba -que nunca vio Gaugin,
Que nunca vio Picasso-,
Donde negros vestidos de amarillo y de guinda
Rondan el malecón, entre dos luces,
Y los ojos vencidos
No disimulan ya los pensamientos.

No es Cuba – la que oyó a Stravisnsky
Concertar sones de marimbas y güiros
En el entierro del Papá Montero,
Ñañigo de bastón y canalla rumbero.

No es Cuba -donde el yanqui colonial
Se cura del bochorno sorbiendo “granizados”
De brisa, en las terrazas del reparto;
Donde la policía desinfecta
El aguijón de los mosquitos últimos
Que zumban todavía en español.

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No es Cuba – donde el mar se transparenta
Para que no se pierdan los despojos del Maine,
Y un contratista revolucionario
Tiñe de blanco el aire de la tarde,
Abanicando, con sonrisa veterana,
Desde su mecedora, la fragancia
De los cocos y mangos aduaneros.

Alfonso Reyes nació en Monterrey, México el 17 de mayo 1889, bajo una familia numerosa, siendo el noveno de doce hijos tuvo que asumir responsabilidades desde muy temprana edad.

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Aún siendo joven culminó la carrera de leyes y luego del homicidio de su padre y en pleno apogeo de la revolución mexicana, parte a Europa, es aquí en donde conoce a los escritores con los que más tarde colaboraría.

Alfonso Reyes continuo escribiendo hasta el fin de sus días. Fallece el 27 de diciembre de 1959 debido a una afección cardiaca.

Por sus legado de centenares de obras y estudios sobre literatura continúan siendo un referente de la lengua castellana y gracias a esto su restos reposas en la Rotonda de Hombres Ilustres.

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