+16 Poemas de Dante Alighieri ¡Divina Comedia!

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Dante Alighieri, o simplemente, Dante (1265 – 1321) fue uno de los poetas italianos más importantes en la literatura universal, a principios del Romanticismo.

Autor de trabajos retóricos que van desde discusiones, pasando por la filosofía moral y el pensamiento político, sus primeros trabajos fueron en lengua romance, que lo convertirían en el padre de la literatura italiana moderna.

De corriente humanista, abarcó los tres principales ámbitos de interés en la sociedad, como fueron: literatura, política y filosofía.

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En los poemas de Dante Alighieri hallamos los indicios del uso de y por ende, creador, de la lengua vulgar italiana.

Los poemas de Dante Alighieri fueron escritos durante la Edad Media, período de gran importancia para la literatura en Europa.

Durante su juventud tuvo una fuerte participación en la política de la Florencia de finales del siglo XIII. Tuvo varios cargos públicos.

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Fue sentenciado al exilio, en 1302, y en 1315, al destierro de por vida; en esa época, comienza a escribir sus más grandes y célebres obras. Muere a la edad de 56 años,en Rávena, Italia, donde vivió parte de su destierro.

Poemas de Dante Alighieri

Dante Alighieri alcanzó su máximo exponencial con la epopeya la Divina Comedia, obra épica que se divide en tres partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso, donde describe, el Cielo y el Infierno, en sus versos, para escenificar su concepto sobre el bien y el mal.

La Comedia está compuesta por 14.233 versos endecasílabos en terza rima, agrupados en 100 cantos, uno de los cuales es el prólogo, por lo que cada una de las tres partes o libros contiene 33 cantos.

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En los poemas de Dante Alighieri observamos la fuerza por la construcción de valores partiendo desde lo filosófico, político y literario.

Igualmente, son conocidos otros textos, y poemas de Dante Alighieri que van desde temas como la política, donde creía en la separación del Estado, como En la elocuencia de Vernacula.

En la literatura vernácula; y la Vita Nuova, la historia de su amor por Beatrice Portinari, quien también sirvió como el máximo símbolo de la salvación en la Divina Comedia.

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Amor e’l cor gentil

Entre los poemas de Dante Alighieri está Amor e’l cor gentil escrito en italiano medieval, en su traducción, nos afina sobre el amor.

Corazón y el Amor son una cosa sola
y gentil -el sabio lo ha dictado.
Ninguno sin el otro ha palpitado,
que la razón no puede estar ociosa.

Falla natura cuando está amorosa,
y Amor o el Corazón por un cuidado;
transcurra el tiempo breve o dilatado,
lo mismo en inquietud que si reposa.

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Si a la Bella se suma la Discreta,
y nuestra vista bebe su dulzura
colmando el corazón de ansia secreta,

del Amor al asedio que perdura
pidiendo estadio la Beldad nos reta
como bravo adalid en su armadura.

Canto III Divina Comedia – Inscripción (fragmento)

El siguiente poema de Dante Alighieri es un fragmento de la obra maestra la Divina Comedia. En el canto III nos describe cómo el alma o el espíritu, está a la espera de la bendición.

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Por mí se llega a la ciudad doliente.
Por mí se avanza hacia la eterna pena.
Por mí se va tras la perdida gente.

Dios al pecado señaló condena
y surgí entonces cual suprema alianza
del poder sumo y la justicia plena.

Y no existiendo en mí fin ni mudanza
nada me precedió sino Dios mismo.
Los que entrásteis perded toda esperanza.

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Canto I – Divina Comedia – Paraíso

En una de las más extensa obra del poeta Dante Alighieri podemos encontrar diferentes cantares. En el Canto primero de la Divina Comedia.

En en tercer libro podemos apreciar uno de los más sublimes poemas en cuanto  al alcance del ser humano en los planos que describe.

La gloria de quien mueve todo el mundo
el universo llena, y resplandece
en unas partes más y en otras menos.

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En el cielo que más su luz recibe
estuve, y vi unas cosas que no puede
ni sabe repetir quien de allí baja;

porque mientras se acerca a su deseo,
nuestro intelecto tanto profundiza,
que no puede seguirle la memoria.

En verdad cuanto yo del santo reino
atesorar he podido en mi mente
será materia ahora de mi canto.

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¡Oh buen Apolo, en la última tarea
hazme de tu poder vaso tan lleno,
como exiges al dar tu amado lauro!

Una cima hasta ahora del Parnaso
me fue bastante; pero ya de ambas
ha menester la carrera que falta.

Entra en mi pecho, y habla por mi boca
igual que cuando a Marsias de la vaina
de sus miembros aún vivos arrancaste.

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¡Oh divina virtud!, si me ayudaras
tanto que las imágenes del cielo
en mi mente grabadas manifieste,

me verás junto al árbol que prefieres
llegar, y coronarme con las hojas
que merecer me harán tú y mi argumento.

Tan raras veces, padre, eso se logra,
triunfando como césar o poeta,
culpa y vergüenza del querer humano,

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que debiera ser causa de alegría
en el délfico dios feliz la fronda
penea, cuando alguno a aquélla aspira.

Gran llama enciende una chispa pequeña:
quizá después de mí con voz más digna
se ruegue a fin que Cirra le responda.

La lámpara del mundo a los mortales
por muchos huecos viene; pero de ése
que con tres cruces une cuatro círculos,

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con mejor curso y con mejor estrella
sale a la par, y la mundana cera
sella y calienta más al modo suyo.

Allí mañana y noche aquí había hecho
tal hueco, y casi todo allí era blanco
el hemisferio aquel, y el otro negro,

cuando Beatriz hacia el costado izquierdo
vi que volvía y que hacia el sol miraba:
nunca con tal fijeza lo hizo un águila.

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Y así como un segundo rayo suele
del primero salir volviendo arriba,
cual peregrino que tomar desea,

este acto suyo, infuso por los ojos
en mi imaginación, produjo el mío,
y miré fijo al sol cual nunca hacemos.

Allí están permitidas muchas cosas
que no lo son aquí, pues ese sitio
para la especie humana fue creado.

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Mucho no lo aguanté, mas no tan poco
que alrededor no viera sus destellos,
cual un hierro candente el fuego deja;

y de súbito fue como si un día
se juntara a otro día, y Quien lo puede
con otro sol el cielo engalanara.

En las eternas ruedas por completo
fija estaba Beatriz: y yo mis ojos
fijaba en ella, lejos de la altura.

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Por dentro me volví, al mirarla, como
Glauco al probar la hierba que consorte
en el mar de los otros dioses le hizo.

Trashumanarse referir per verba
no se puede; así pues baste este ejemplo
a quien tal experiencia dé la gracia.

Si estaba sólo con lo que primero
de mí creaste, amor que el cielo riges,
lo sabes tú, pues con tu luz me alzaste.

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Cuando la rueda que tú haces eterna
al desearte, mi atención llamó
con el canto que afinas y repartes,

tanta parte del cielo vi encenderse
por la llama del sol, que lluvia o río
nunca hicieron un lago tan extenso.

La novedad del son y el gran destello
de su causa, un anhelo me inflamaron
nunca sentido tan agudamente.

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Y entonces ella, al verme cual yo mismo,
para aquietarme el ánimo turbado,
sin que yo preguntase, abrió la boca,

y comenzó: «Tú mismo te entorpeces
con una falsa idea, y no comprendes
lo que podrías ver si la desechas.

Ya no estás en la tierra, como piensas;
mas un rayo que cae desde su altura
no corre como tú volviendo a ella.»

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Si fui de aquella duda desvestido,
con sus breves palabras sonrientes,
envuelto me encontré por una nueva,

y dije: «Ya contento requïevi
de un asombro tan grande; mas me asombro
cómo estos leves cuerpos atravieso.»

Y ella, tras suspirar piadosamente,
me dirigió la vista con el gesto
que a un hijo enfermo dirige su madre,

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y dijo: «Existe un orden entre todas
las cosas, y esto es causa de que sea
a Dios el universo semejante.

Aquí las nobles almas ven la huella
del eterno saber, y éste es la meta
a la cual esa norma se dispone.

Al orden que te he dicho tiende toda
naturaleza, de diversos modos,
de su principio más o menos cerca;

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y a puertos diferentes se dirigen
por el gran mar del ser, y a cada una
les fue dado un instinto que las guía.

Éste conduce al fuego hacia la luna;
y mueve los mortales corazones;
y ata en una las partes de la tierra;

y no sólo a los seres que carecen
de razón lanza flechas este arco,
también a aquellas que quieren y piensan.

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La Providencia, que ha dispuesto todo,
con su luz pone en calma siempre al cielo,
en el cual gira aquel que va más raudo;

ahora hacia allí, como a un sitio ordenado,
nos lleva la virtud de aquella cuerda
que en feliz blanco su disparo clava.

Cierto es que, cual la forma no se pliega
a menudo a la idea del artista,
pues la materia es sorda a responderle,

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así de este camino se separa
a veces la criatura, porque puede
torcer, así impulsada, hacia otra parte;

y cual fuego que cae desde una nube,
así el primer impulso, que desvían
falsos placeres, la abate por tierra.

Más no debe admirarte, si bien juzgo,
tu subida, que un río que bajara
de la cumbre del monte a la llanura.

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Asombroso sería en ti si, a salvo
de impedimento, abajo te sentaras,
como en el fuego el aquietarse en tierra.»
Volvió su rostro entonces hacia el cielo.

La  Vida Nueva (fragmento):

Como parte de los mejores poemas de Dante Aliguieri nos encontramos con el poema sobre el amor Vita Nuova, escrito en 1292.

El amor por Beatrice sería su razón para la poesía y la vida, junto con las pasiones políticas, y actualmente es considerada la musa inspiradora de Dante.

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Muchas veces me vienen a la cabeza
la oscura cualidad que me da el Amor
y me tengo lástima y así me digo:

¡Ay de mí!, ¿les pasa esto a otros?;
porque tan hábilmente me asalta el amor
que la vida casi me abandona:
sólo un hilo de espíritu deja medio vivo,
uno que sólo por ti vive y razona.

Luego me esfuerzo, yo deseo salvarme,
y casi muerto, sin ningún valor,
vengo a verte, creyendo así curarme:

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y cuando alzo los ojos para observarte
en mi corazón se inicia un terremoto
que suspende en mi alma todos los latidos.

Canto I Divina Comedia – Infierno

Y para continuar deleitándonos de la más grande obra medieval, los poemas de Dante Alighieri presentes en la Divina Comedia, en el primer libro que representa al Infierno, nos describe una selva oscura y el camino hacia el Purgatorio.

A mitad del camino de la vida,
en una selva oscura me encontraba
porque mi ruta había extraviado.

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¡Cuán dura cosa es decir cuál era
esta salvaje selva, áspera y fuerte
que me vuelve el temor al pensamiento!

Es tan amarga casi cual la muerte;
mas por tratar del bien que allí encontré,
de otras cosas diré que me ocurrieron.

Yo no sé repetir cómo entré en ella
pues tan dormido me hallaba en el punto
que abandoné la senda verdadera.

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Mas cuando hube llegado al pie de un monte,
allí donde aquel valle terminaba
que el corazón habíame aterrado,

hacia lo alto miré, y vi que su cima
ya vestían los rayos del planeta
que lleva recto por cualquier camino.

Entonces se calmó aquel miedo un poco,
que en el lago del alma había entrado
la noche que pasé con tanta angustia.

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Y como quien con aliento anhelante,
ya salido del piélago a la orilla,
se vuelve y mira al agua peligrosa,

tal mi ánimo, huyendo todavía,
se volvió por mirar de nuevo el sitio
que a los que viven traspasar no deja.

Repuesto un poco el cuerpo fatigado,
seguí el camino por la yerma loma,
siempre afirmando el pie de más abajo.

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Y vi, casi al principio de la cuesta,
una onza ligera y muy veloz,
que de una piel con pintas se cubría;

y de delante no se me apartaba,
mas de tal modo me cortaba el paso,
que muchas veces quise dar la vuelta.

Entonces comenzaba un nuevo día,
y el sol se alzaba al par que las estrellas
que junto a él el gran amor divino

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sus bellezas movió por vez primera;
así es que no auguraba nada malo
de aquella fiera de la piel manchada

la hora del día y la dulce estación;
mas no tal que terror no produjese
la imagen de un león que luego vi.

Me pareció que contra mí venía,
con la cabeza erguida y hambre fiera,
y hasta temerle parecia el aire.

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Y una loba que todo el apetito
parecía cargar en su flaqueza,
que ha hecho vivir a muchos en desgracia.

Tantos pesares ésta me produjo,
con el pavor que verla me causaba
que perdí la esperanza de la cumbre.

Y como aquel que alegre se hace rico
y llega luego un tiempo en que se arruina,
y en todo pensamiento sufre y llora:

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tal la bestia me hacía sin dar tregua,
pues, viniendo hacia mí muy lentamente,
me empujaba hacia allí donde el sol calla.

Mientras que yo bajaba por la cuesta,
se me mostró delante de los ojos
alguien que, en su silencio, creí mudo.

Cuando vi a aquel en ese gran desierto
«Apiádate de mi -yo le grité-,
seas quien seas, sombra a hombre vivo.»

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Me dijo: «Hombre no soy, mas hombre fui,
y a mis padres dio cuna Lombardía
pues Mantua fue la patria de los dos.

Nací sub julio César, aunque tarde,
y viví en Roma bajo el buen Augusto:
tiempos de falsos dioses mentirosos.

Poeta fui, y canté de aquel justo
hijo de Anquises que vino de Troya,
cuando Ilión la soberbia fue abrasada.

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¿Por qué retornas a tan grande pena,
y no subes al monte deleitoso
que es principio y razón de toda dicha?»

« ¿Eres Virgilio, pues, y aquella fuente
de quien mana tal río de elocuencia?
-respondí yo con frente avergonzada-.

Oh luz y honor de todos los poetas,
válgame el gran amor y el gran trabajo
que me han hecho estudiar tu gran volumen.

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Eres tú mi modelo y mi maestro;
el único eres tú de quien tomé
el bello estilo que me ha dado honra.

Mira la bestia por la cual me he vuelto:
sabio famoso, de ella ponme a salvo,
pues hace que me tiemblen pulso y venas.»

«Es menester que sigas otra ruta
-me repuso después que vio mi llanto-,
si quieres irte del lugar salvaje;

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pues esta bestia, que gritar te hace,
no deja a nadie andar por su camino,
mas tanto se lo impide que los mata;

y es su instinto tan cruel y tan malvado,
que nunca sacia su ansia codiciosa
y después de comer más hambre aún tiene.

Con muchos animales se amanceba,
y serán muchos más hasta que venga
el Lebrel que la hará morir con duelo.

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Éste no comerá tierra ni peltre,
sino virtud, amor, sabiduría,
y su cuna estará entre Fieltro y Fieltro.

Ha de salvar a aquella humilde Italia
por quien murió Camila, la doncella,
Turno, Euríalo y Niso con heridas.

Éste la arrojará de pueblo en pueblo,
hasta que dé con ella en el abismo,
del que la hizo salir el Envidioso.

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Por lo que, por tu bien, pienso y decido
que vengas tras de mí, y seré tu guía,
y he de llevarte por lugar eterno,

donde oirás el aullar desesperado,
verás, dolientes, las antiguas sombras,
gritando todas la segunda muerte;

y podrás ver a aquellas que contenta
el fuego, pues confían en llegar
a bienaventuras cualquier día;

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y si ascender deseas junto a éstas,
más digna que la mía allí hay un alma:
te dejaré con ella cuando marche;

que aquel Emperador que arriba reina,
puesto que yo a sus leyes fui rebelde,
no quiere que por mí a su reino subas.

En toda parte impera y allí rige;
allí está su ciudad y su alto trono.
iCuán feliz es quien él allí destina!»

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Yo contesté: «Poeta, te requiero
por aquel Dios que tú no conociste,
para huir de éste o de otro mal más grande,

que me lleves allí donde me has dicho,
y pueda ver la puerta de San Pedro
y aquellos infelices de que me hablas.»
Entonces se echó a andar, y yo tras él.

Soneto

Conocido como “El poeta Supremo” Dante Alighieri dedica uno de sus poemas a su amada Beatriz, otra obra que demuestra el misticismo sobre la mujer y su pasión por el movimiento.

Más contenido que te encantará
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Dolce Stil Nuovo que se encarga de continuar el ideal estético y la concepción amorosa de los trovadores.

Amor brilla en los ojos de mi amada,
y se torna gentil cuando ella mira:
donde pasa, todo hombre a verla gira
y a quien ve tiembla el alma enamorada.

Anochece si esconde su mirada,
y por volverla a ver todo suspira:
ante ella la soberbia huye y la ira;
bellas, honrad conmigo a mi adorada.

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Feliz mil veces quien la ve y la siente;
al nacerle el alma al punto empieza
todo humilde pensar, toda dulzura,

y no sabe, al mirarla sonriente,
si en ella se excedió naturaleza,
o el milagro gentil tanta hermosura.

Soneto XL

El amor imposible de Dante fue la bella joven florentina Beatriz Portinari, a quien inmortalizó en su obra La Divina Comedia y en los sonetos de la Vida Nueva.

Peregrinos que vais meditabundos
ta lvez en algo que no veis presente:
¿Venis desde una tan remota gente que os miro,
con agobios tan profundos

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y sin llanto en los ojos errabundos,
ir a través de la ciudad doliente,
como si ciego, sordo, indiferente,
la viera vuestro ser desde otros mundos?

Me dice el corazón entre lamentos
-parad por escucharlo unos momentos-
que al salir d’ella os seguirá el quebranto.

Ya su BEATRIZ sólo es celeste sombra,
y de toda palabra que la nombra fluye
un acerbo manantial de llanto.

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Canto I Divina Comedia – Purgatorio (fragmento)

Otro de los fragmentos que no podíamos dejar pasar por alto, son los correspondientes al Purgatorio, en el Canto I de la Divina Comedia.

Siendo el intermedio del libro, son 33 cantos donde Dante camina junto a Virgilio por el Purgatorio. Este lugar está dividido en siete cornisas que corresponden a los siete pecados capitales.

Por surcar mejor agua alza las velas
ahora la navecilla de mi ingenio,
que un mar tan cruel detrás de sí abandona;

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y cantaré de aquel segundo reino
donde el humano espíritu se purga
y de subir al cielo se hace digno.

Mas renazca la muerta poesía,
oh, santas musas, pues que vuestro soy; .
y Calíope un poco se levante,

mi canto acompañando con las voces
que a las urracas míseras tal golpe
dieron, que del perdón desesperaron.

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Dulce color de un oriental zafiro,
que se expandía en el sereno aspecto
del aire, puro hasta la prima esfera,

reapareció a mi vista deleitoso,
en cuanto que salí del aire muerto,
que vista y pecho contristado había.

El astro bello que al amor invita
hacía sonreir todo el oriente,
y los Peces velados lo escoltaban.

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Me volví a la derecha atentamente,
y vi en el otro polo cuatro estrellas
que sólo vieron las primeras gentes.

Parecía que el cielo se gozara
con sus luces: ¡Oh viudo septentrión,
ya que de su visión estás privado!

Cuando por fin dejé de contemplarlos
dirigiéndome un poco al otro polo,
por donde el Carro desapareciera,

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vi junto a mí a un anciano solitario,
digno al verle de tanta reverencia,
que más no debe a un padre su criatura.

Larga la barba y blancos mechones
llevaba, semejante a sus cabellos,
que al pecho en dos mechones le caían.

Los rayos de las cuatro luces santas
llenaban tanto su rostro de luz,
que le veía como al Sol de frente.

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¿Quién sois vosotros que del ciego río
habéis huido la prisión eterna?
-dijo moviendo sus honradas plumas.

¿Quién os condujo, o quién os alumbraba,
al salir de esa noche tan profunda,
que ennegrece los valles del infierno?

¿Se han quebrado las leyes del abismo?
¿o el designio del cielo se ha mudado
y venís, condenados, a mis grutas?»

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Entonces mi maestro me empujó,
y con palabras, señales y manos
piernas y rostro me hizo reverentes.

Después le respondió: «Por mí no vengo.
Bajó del cielo una mujer rogando
que, acompañando a éste, le ayudara.

Mas como tu deseo es que te explique
más ampliamente nuestra condición,
no puede ser el mío el ocultarlo.

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Éste no ha visto aún la última noche;
mas estuvo tan cerca en su locura,
que le quedaba ya muy poco tiempo.

Y a él, como te he dicho, fui enviado
para salvarle; y no había otra ruta
más que esta por la cual le estoy llevando.

Le he mostrado la gente condenada;
y ahora pretendo las almas mostrarle
que están purgando bajo tu mandato.

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Es largo de contar cómo lo traje;
bajó del Alto virtud que me ayuda
a conducirlo a que te escuche y vea.

Dignate agradecer que haya venido:
busca la libertad, que es tan preciada,
cual sabe quien a cambio da la vida.

Lo sabes, pues por ella no fue amarga
en Utica tu muerte; allí dejaste
la veste que radiante será un día.

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No hemos quebrado las eternas leyes,
pues éste vive y Minos no me ata;
soy de la zona de los castos ojos

de tu Marcia, que sigue suplicando
que la tengas por tuya, oh santo pecho:
en nombre de su amor, senos benigno.

Deja que andemos por tus siete reinos;
le mostraré nuestro agradecimiento,
si quieres que te nombre allí debajo.»

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«Tan placentera Marcia fue a mis ojos
mientras que estuve allí -dijo él entonces-
que cuanto me pidió le concedía.

Ahora que vive tras el río amargo,
no puede ya moverme, por la ley
que cuando me sacaron fue dispuesta.

Mas si te manda una mujer del cielo,
como has dicho, lisonjas no precisas:
basta en su nombre pedir lo que quieras.

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Puedes marchar, mas haz que éste se ciña
con un delgado junco y lave el rostro,
y que se limpie toda la inmundicia;

porque no es conveniente que cubierto
de niebla alguna, vaya hasta el primero
de los ministros ya del Paraíso.

En todo el derredor de aquella islita,
allí donde las olas la combaten,
crecen los juncos sobre el blanco limo:

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ninguna planta que tuviera fronda
o que dura se hiciera, viviría,
pues no soportaría sus embates.

Luego no regreséis por este sitio;
el sol os mostrará, que surge ahora,
del monte la subida más sencilla.»

Él desapareció; y me levanté
sin hablar, acercándome a mi guía,
dirigiéndole entonces la mirada.

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Él comenzó: «Sigue mis pasos, hijo:
volvamos hacia atrás, que esta llanura
va declinando hasta su último margen.»

Vencía el alba ya a la madrugada
que escapaba delante, y a lo lejos
divisé el tremolar de la marina.

Por la llanura sola caminábamos
como quien vuelve a la perdida senda,
y hasta encontrarla piensa que anda en vano.

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Cuando llegamos ya donde el rocío
resiste al sol, por estar en un sitio
donde, a la sombra, poco se evapora,

ambas manos abiertas en la hierba
suavemente puso mi maestro:
y yo, que de su intento me di cuenta,

volví hacia él mi rostro enlagrimado;
y aquí me descubrió completamente
aquel color que me escondió el infierno.

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Llegamos luego a la desierta playa,
que nadie ha visto navegar sus aguas,
que conserve experiencias del regreso.

Me ciñó como el otro había dicho:
¡oh maravilla! pues cuando él cortó
la humilde planta, volvió a nacer otra
de donde la arrancó, súbitamente.

Convivo – Tratado Segundo (Canción Primera)

El divino misterio del pensamiento de Dante Alighieri, se ve plasmado en una de sus obras más exquisitas, escritas durante el exilio, con el “banquete de la sabiduría”, donde se mezclan la filosofía y a política.

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Los que entendiendo movéis el tercer cielo,
oíd el lenguaje de mi corazón,
que yo no se expresar, tan nuevo me parece.

El cielo que creó vuestra valía,
vos las que sois gentiles criaturas,
me trajo a aqueste estado en que me encuentro:

de aquí, pues, que el hablar de la vida que llevo,
parezca dirigirse dignamente a vos;
por ello os ruego que me lo entendáis.

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Os diré la novedad del corazón,
de cómo llora en él el alma triste
y cómo habla un espíritu contra ella,
que los rayos le traen de vuestra estrella.

Solía ser vida del corazón doliente
un suave pensamiento que se iba
muchas veces a los pies de Vuestro Señor.

Donde una dama, veía estar en gloria,
de quien hablábame tan dulcemente,
que mi alma decía: «Yo allí ir quiero».

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Ahora aparece quien a huir le obliga
y se adueña de mí con fuerza tal,
que el temblor de mi corazón se muestra fuera.

Éste me hace mirar a una dama, y dice:
«Quien ver quiere la salud, haga por ver los ojos de esta dama»,
si es que no teme angustias de suspiros.

Halla un contrario tal que lo destruye
el pensamiento humilde que hablarme
suele de un ángel en el cielo coronada.

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El alma llora, tanto aún le duele,
y dice: «¡Triste de mí, y cuán me huye
el compasivo que me ha consolado!»
De mis ojos dice esta afanosa.

¡Mal hora fue en la que los vio tal dama!
¿Por qué no me creían a mí de ella?
Decía yo: «Sin duda en los sus ojos
debe estar el que mata a mis iguales,
y no me valió darme entera cuenta
que no mirasen tal, pues que fui muerta».

«No fuiste muerta, pero estás perdida,
alma nuestra que tanto te lamentas»,
dice un gentil espíritu de amor;

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porque esa hermosa dama que tú sientes,
tu propia vida ha trastrocado tanto,
que tienes miedo de ella,
tan cobarde te has vuelto.

Mírala cuán piadosa y cuán humilde,
cuán es sabia y cortés en su grandeza:
piensa, por tanto, en llamarla dama;

pues que, si no te engañas,
has de ver de tan altos milagros el adorno,
que dirás: «Amor, señor verdadero,
he aquí tu esclava, haz cuanto te plazca».

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Canción creo yo que serán pocos
los que entender bien sepan tu lenguaje,
tan obscura y trabajosamente lo dices;
de aquí que si por caso te acaeciera

que te hallases delante de personas
que no creas que la hayan entendido,
ruégote entonces que te consueles
diciéndoles dilecta canción mía:
Considerad siquiera cuán soy hermosa.

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Mujeres que tienen intelecto amoroso – Vida Nueva (capítulo V)

El poema de Dante Alighieri Donne ch’avete intelletto d’amore contenido en la Vita Nuova, pone a Beatriz, convertida en su musa, (mujer de quien Dante se enamoró, pero murió en 1290) como el punto de referencia analógico, sobre la vida y la muerte.

Oh mujeres que saben lo que es el amor,
quiero hablarles sobre mi mujer,
no porque piense que está agotando sus elogios,
sino [porque quiero] hablar para desahogar mi mente.

Digo que, pensando en su virtud,
el amor me hace sentir tan dulce
que si no perdiera el valor
haría que la gente se enamorara hablando.

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Y no quiero hablar tan profundamente que me asuste;
pero trataré su nobleza superficialmente
en comparación con ella, con ustedes,
mujeres y niñas enamoradas,
ya que no es un tema para hablar con otros.

Un ángel se queja en la mente de Dios
y dice: “Oh Señor, en el mundo vemos
un milagro encarnado que se manifiesta
en un alma y que brilla aquí”.

El cielo, que no tiene otro defecto
que el que le falta, le pide a su Señor,
y cada santo le pide su gracia en voz alta.

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Solo Piedad toma nuestra parte,
ya que Dios, refiriéndose a Madonna
habla así: «Oh, mi amada, ahora pacientemente
soporta que tu esperanza permanezca
por el tiempo que me gusta allí
donde hay alguien que teme perderla
y que dirá en el infierno: ¡Maldita sea,
vi la esperanza de los benditos! ».

Madonna es deseada en el cielo más alto:
ahora quiero hacerle saber de su virtud.

Digo que cualquier mujer que quiera lucir noble
debe ir con ella, que cuando camina por la calle
se enfría en los corazones no nobles,
de modo que cada pensamiento sobre ellos
se convierte en hielo y muere; y quien soportara verla
se volvería noble o moriría.

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Y cuando encuentra a alguien que es digno
de apoyar su vista, experimenta su virtud,
ya que todo lo que ella le da se convierte en dicha,
y lo hace humilde hasta el punto de que olvida cualquier ofensa.

Dios también le ha dado una gracia superior,
porque quienquiera que le haya hablado
no puede perderse en la condenación.

El amor dice de ella: “¿Cómo puede una criatura terrenal
ser tan bella y pura?”. Luego la observa
y se jura a sí mismo que Dios
tiene la intención de hacerla algo extraordinario.

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Tiene una piel perlada, en la medida correcta
que es apropiada para una mujer,
no en exceso: representa lo hermosa
que puede producir la naturaleza;
la belleza se mide usándola como criterio.

De sus ojos, dependiendo de cómo los mueva,
salen espíritus inflamados de amor,
golpeando los ojos de quien la mira en ese momento,
y pasan para que cada uno encuentre su corazón:
los ves Amor pintado en la cara,
donde nadie puede mirarlo.

Canzone, sé que vas a hablar con muchas mujeres
cuando te haga público. Ahora te advierto,
porque te crié como una joven y afable hija de Amor,
que a donde llegues, di orando: “Muéstrame el camino,
ya que me envían a aquel cuya alabanza me adorna”.

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Y si no quieres moverte innecesariamente,
no te quedes donde hay personas no nobles:
intenta, si puedes, mostrarte solo ante las mujeres
o ante un hombre cortés, que te llevará allí
por el camino más corto.
Encontrarás el amor con ella;
Recomiéndame a él como debes hacerlo.

Poemas cortos de Dante Alighieri

El padre de la literatura italiana moderna, vivió los inicios del Romanticismo, y entró en los círculos de los poetas fieles del amor como Cavalcanti y Lapo Gianni.

En los poemas de Dante Alighieri están presentes todos los temas, motivos, modos, expresiones, de esta forma acoge a todos los poetas de su tiempo (siglos XIII y XIV).

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Los maravillosos poemas de Dante Alighieri fueron escritos con un lenguaje literario unificado, más allá de los límites de la época.

Dante, precursor del movimiento dolce stil novo o nuevo estilo dulce, en español, es una refinada concepción del amor exalta la imagen de la mujer.

La mujer, en esta poesía, se ve representada como un ángel, alguien puro y divino, casi intocable y que es capaz de conducir a cualquier hombre al camino de la salvación.

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Tutti li miei penser…

Una de las mejores poesías clásicas en formato de texto, nos deleita el poeta Dante Alighieri, Todos mis pensamientos, en español, donde expresa, el amor espiritual.

Sabe sólo de Amor mi pensamiento;
por él y en él lo tengo tan cambiante:
de Amor la potestad lo lleva amante,
o a loco razonar, su valimiento.Me infunde en la esperanza dulce aliento,
o acerbo lloro en onda desbordante;
tan sólo se unifica si tremante
mi alma de pavor se ve un momento.

Y así mi suerte ignoro en la contienda,
y no querer decirlo y que lo diga:
vagando voy en amorosa erranza…

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Y si con todos he de hacer alianza
vano será clamarle a mi enemiga
-la insensible Piedad- que me defienda.

Tanto gentile

Tan amable, en español, el poema de Dante Alighuieri,también dedicado a la sublime mujer, a través de sus características palabras, del vulgar latino.

Tanto es gentil el porte de mi amada,
tanto digna de amor cuando saluda,
que toda lengua permanece muda
y a todos avasalla su mirada.

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Rauda se aleja oyéndose ensalzada
-humildad que la viste y que la escuda-,
y es a la tierra cual celeste ayuda
en humano prodigio transformada.

Tanto embeleso el contemplarla inspira,
que al corazón embriaga de ternura:
lo siente y lo comprende quien la mira.

Y en sus labios, cual signo de ventura,
vagar parece un rizo de dulzura
que el alma va diciéndole: ¡Suspira!

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Oltre la spera

Más allá de la esperanza, sería la traducción al español, de este hermoso poema de Dante Alighieri, donde deja entrever la soledad que le dejó la ausencia de su amada y musa, Beatriz.

Allende el orbe de rodar más lento
llega el suspiro que mi pecho exhala:
nuevo intelecto con que Amor escala
célica altura en alas del lamento.

Cuando alcanza la cima de su intento
ve la Mujer que otra ninguna iguala
por su esplendor: a quien todo señala
de Amor para el más alto rendimiento.

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Viéndola así, con voz sutil, ardiente,
Amor le habla al corazón doliente
que lo interroga y no comprende nada.

Soy yo quien me hablo a mí y ante la bella
membranza de Beatriz, todo destella
y lo entiende mi mente iluminada.

Con l’altre donne

Siendo uno de los poemas de amor más bellos, el poeta Dante Alighieri nos describe con pasión el amor hacia la mujer.

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Otra ninguna mis pupilas llena;
y si las miro, no dudéis, Señora:
lo que disperso en otras enamora
vuestra beldad lo junta en gracia plena.

La vuestra duda no será condena,
ni razón contra mí torturadora:
por tanta gallardía seductora,
tan fija a vuestro ser va mi cadena,

que a cuanto no es lo vuestro, fenecidos,
sólo en Vos mi pensar y mis sentidos
saben vivir su esclavitud gozosos.

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Y si en otras mudara alma y figura,
nuevo Luzbel sería, de la Altura
cayendo a los abismos tenebrosos.

Soneto a Beatriz (fragmento)

Otro de los sonetos dedicados a Beatriz, por parte del poeta Dante, cuyo amor se vio truncado por su fallecimiento en 1290. Aquí nos demuestra ese amor a través de delicadas y precisas frases.

Tan honesta parece y tan hermosa
mi casta Beatriz cuando saluda,
que la lengua temblando queda muda
y la vista mirarla apenas osa.

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Ella se va benigna y humillosa
y oyéndose loar, rostro no muda
y quien la mira enajenado duda
si es visión o mujer maravillosa.

Muéstrase tan amable a quien la mira
que al alma infunde una dulzura nueva
que solo aquél que la sintió la sabe.

Vede Perfettamente

Él ve perfectamente, es la traducción al español del poema de Dante Alighieri, tiene el tratado de la retórica, se muestra una mezcla entre el amor y lo espiritual, característico del poeta medieval.

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Bien sabe a cuál saluda y reverencia
el que vea entre damas a la mía;
todas ellas hacerle compañía
tienen de Dios como gentil clemencia.

De su beldad es tánta la excelencia
que envidias no despierta ni falsía:
bien antes, galanura y ufanía
-dones de Amor- afinca su presencia.

De su redor dimana mansedumbre
y así vestidas de su misma lumbre,
cada una, sintiéndolo, se honora.

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Fue siempre todo en Ella tan luciente,
que nadie, suspirando dulcemente,
podrá olvidar su gracia arrobadora.

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