+8 Poemas de Jorge Manrique ¡Grandeza y amor!

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¿Cuáles son los mejores poemas de Jorge Manrique? ¿Quién es? Jorge Manrique fue un reconocido poeta oriundo de España y su poesía se sitúa dentro de la corriente cancioneril del siglo XV.

Su producción literaria es tan breve como su existencia, consta de unos cuarenta poemas cancioneriles, principalmente enfocados en temas satíricos y románticos.

Su obra más significativa de toda su corta carrera literaria es una serie de coplas dedicadas al fallecimiento de su padre.

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En ella resalta su grandeza y la admirable fortaleza con la que enfrentó el terrible cáncer que le quitó la vida luego de un largo padecimiento.

¿Quién es Jorge Manrique?

Manrique, fue un poeta de transición, entre el medioevo y el Renacimiento, pero prevaleciendo el primero. Su obra se caracteriza por un lenguaje sencillo, de rima no muy cuidada, llegando a veces, al vulgarismo.

Curiosamente, la vida de Manrique, como tantas otras de su tiempo, se dividió entre enfrentamientos bélicos y sonetos, temporadas en prisión y amoríos apasionados.

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A pesar de que los datos de su biografía cuentan con numerosas inconsistencia, se presume que en su juventud sirvió al ejército español en varias batallas, siguiendo las costumbres de sus antecesores.

Con respecto a su formación académica, se puede decir que Jorge Manrique se especializó en Humanidades, y su dedicación a la literatura en combinación con la milicia, aspectos que también había tenido lugar en la vida de muchos de sus familiares.

Su árbol genealógico contaba con varios de los nombres más importantes de la nobleza española, con duques, condes y marqueses, que gozaron de un gran poder político.

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Sin duda, la figura de este destacado escritor es de admiración y hoy en Escribirte traemos a la luz una corta lista con algunos de los poemas más significativos de sus carrera.

Poemas de Jorge Manrique sentimentales

La poesía de Jorge Manrique toma tres direcciones temáticas que le brindaron gran reconocimiento y prestigio a sus obras.

La primera de ellas se basa en poemas sentimentales, dentro de los cuales se distinguen los alegóricos al modo provenzal, como “Castillo de amor” y “La profesión que hizo en la orden de amor”.

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Además las canciones de sutileza sentimental entra en esta categoría, algunas de ellas fueron escritas en forma de esparzas y otras como mota.

La segunda dirección que tomó las obras de este escritor son poemas satíricos, en los que llega casi a los límites de lo procaz.

Sin embargo, no fue ajeno a las finas sutilezas aún en la poesía humorística, en sus producciones juega con el término del título.

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Finalmente existe una tercera dirección de la cual hablaremos más tarde pero que representa la los elementos figurativos y necesarios en la época.

Poemas de Jorge Manrique sentimentales

A una dama muy hermosa

En el mundo de la poesía moderna y contemporánea es difícil encontrar un autor que no haya escrito sobre la belleza femenina, y es que este elemento ha servido de inspiración para muchos literatos.

En el caso de este poema de Jorge Manrique, se muestra la mayor inspiración del escritor como una hermosa dama que entre tanta perfección logró cautivar los pensamientos del autor.

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Gentil dama muy hermosa,
en quien tanta gracia cabe,
quien os hizo que os alabe,
que mi lengua ya ni osa
ni lo sabe.

Y pues nombre de hermosa
os puso como joyel,
¿quién osará sino Aquél
cuya mano poderosa
hizo a vos cual hizo a Él?

Compara que la rica febrería
quien la haze es quien la’smalta,
pues hermosura tan alta,
que la loe quien la cría
tan sin falta.

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Y si alguno acá quisiere
pensar que quiere loaros,
vaya a veros, y si os viere,
cuando acabe de miraros
no sabrá sino adoraros.

Porque aunque haga la cara
en perfección el pintor,
siempre tiene algún temor
que la hiziera, si mirara,
muy mejor.

Mas quién a vos os crió
no tiene temor d’aquesto,
porque en todo vuestro gesto
las figuras qu’Él pintó
gran gentileza les dio.

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Fin Assí que hallo que Dios
y su Madre gloriosa
no criaron tan preciosa
hermosura como vos,
ni tan hermosa.

Y pues tanta perfección
os dieron sin diferencia,
a vuestra gran excelencia
escribo por conclusión:
«Dios haga vuestra canción.»

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Estando, triste, seguro…

Las bellezas naturales, así como los sentimientos son las principales temáticas abordadas en los poemas indiferentemente quien sea el autor.

Este poema de Jorge Manrique representa el romanticismo pero con tono dolor, en el que el poeta describe sentimientos de traición y tristeza.

Estando, triste, seguro,
mi voluntad reposava,
quando escalaron el muro
do mi libertad estava.

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A escala vista subieron
vuestra beldad y mesura,
y tan de rezio hirieron
que vencieron mi cordura.

Luego todos mis sentidos
huyeron a lo más fuerte,
mas ivan ya malheridos
con sendas llagas de muerte.

Y mi libertad quedó
en vuestro poder cativa,
mas gran plazer ove yo
desque supe qu’era biva.

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Mis ojos fueron traidores:
ellos fueron consintientes,
ellos fueron causadores

qu’entrassen aquestas gentes
qu’el atalaya tenían
y nunca dixeron nada
de la batalla que vían,
ni hizieron ahumada.

Después que ovieron entrado
aquestos escaladores,
abrieron el mi costado
y entraron vuestros amores,

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y mi firmeza tomaron,
y mi coraçón prendieron
y mis sentidos robaron,
y a mí solo no quisieron.

Qué gran aleve hizieron
mis ojos y qué traición:
¡por una vista que os vieron,
venderos mi coraçón!

Pues traición tan conoscida
ya les plazía hazer,
vendieran mi triste vida
y oviera dello plazer.

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Mas el mal que cometieron
no tienen escusación:
¡por una vista que os vieron
venderos mi corazón!

Coplas a la muerte de su padre

Este destacado poema de Jorge Manrique es una sentida y clásica dedicatoria a su padre Rodrigo Manrique de Lara.

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I conde de Paredes de Nava fue un noble levantisco de reconocido prestigio, quien lastimosamente fallece el 11 de noviembre de 1476.

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;

cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

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Y pues vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.

No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;

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allí los ríos caudales,
allí los otros, medianos
y más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

Invocación

Dexo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores;

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A Aquél sólo me encomiendo,
Aquél sólo invoco yo
de verdad,
que en este mundo viviendo
el mundo no conosció
su deidad.

Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.

Partimos cuando nascemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenescemos;
así que, cuando morimos
descansamos.

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Este mundo bueno fue
si bien usáramos dél
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganar aquél
que atendemos.

Y aun el hijo de Dios,
para sobirnos al cielo
descendió
a nascer acá entre nos,
y a vivir en este suelo
do murió.

Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun primero que muramos
las perdamos:

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dellas deshaze la edad,
dellas casos desastrados
que acaescen,
dellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallescen.

Dezidme, la hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color y la blancura,
cuando viene la vejez,

¿cuál se para?
Las mañas y ligereza
y la fuerça corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal
de senectud.

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Pues la sangre de los godos,
y el linaje y la nobleza
tan crescida,

¡por cuántas vías y modos
se pierde su gran alteza
en esta vida!
Unos, por poco valer,
¡por cuán bajos y abatidos
que los tienen!

otros que, por no tener,
con oficios no debidos
se mantienen.

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Los estados y riqueza
que nos dexan a deshora,
¿quién lo duda?

No les pidamos firmeza,
pues son de una señora
que se muda;

que bienes son de Fortuna
que revuelve con su rueda
presurosa,
la cual no puede ser una
ni estar estable ni queda
en una cosa.

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Pero digo que acompañen
y lleguen hasta la huesa
con su dueño:
por eso no nos engañen,
pues se va la vida apriesa
como sueño.

Y los deleites de acá
son, en que nos deleitamos,
temporales,
y los tormentos de allá,
que por ellos esperamos,
eternales.

Los plazeres y dulzores
de esta vida trabajada
que tenemos,

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¿qué son sino corredores,
y la muerte, la celada
en que caemos?

No mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin parar;
desque vemos el engaño
y queremos dar la vuelta,
no hay lugar.

Si fuese en nuestro poder
hacer la cara fermosa
corporal,
como podemos hazer
el ánima glorïosa,
angelical,

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¡qué diligencia tan viva
tuviéramos toda hora,
y tan presta,
en componer la cativa,
dexándonos la señora
descompuesta!

Esos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya pasadas,
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas.

Así que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y prelados,
así los trata la muerte
como a los pobres pastores
de ganados.

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Dexemos a los troyanos,
que sus males no los vimos
ni sus glorias;
dexemos a los romanos,
aunque oímos y leímos
sus historias.

No curemos de saber
lo de aquel siglo pasado
qué fue d’ello;
vengamos a lo de ayer,
que también es olvidado
como aquello.

¿Qué se hizo el rey don Juan?
Los Infantes de Aragón
¿qué se fizieron?
¿Qué fue de tanto galán?
¿Qué fue de tanta invención
como truxieron?

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Las justas y los torneos,
paramentos, bordaduras
y cimeras,
¿fueron sino devaneos?
¿qué fueron sino verduras
de las eras?

¿Qué se hizieron las damas,
sus tocados, sus vestidos,
sus olores?
¿Qué se fizieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amadores?

¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

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Pues el otro, su heredero,
don Enrique, ¡qué poderes
alcançaba!
¡cuán blando, cuán halaguero
el mundo con sus plazeres
se le daba!

Mas veréis, ¡cuán enemigo,
cuán contrario, cuán cruel
se le mostró;
habiéndole sido amigo,
¡cuán poco duró con él
lo que le dio!

Las dádivas desmedidas,
los edificios reales
llenos de oro,
las vaxillas tan febridas,
los enriques y reales
del tesoro,

Más contenido que te encantará
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los jaezes, los caballos
de su gente, y atavíos
tan sobrados,
¿dónde iremos a buscallos?
¿qué fueron sino rocíos
de los prados?

Pues su hermano, el inocente,
que, en su vida, sucesor
se llamó,
¡qué corte tan excelente
tuvo y cuánto gran señor
le siguió!

Mas, como fuese mortal,
metióle la muerte luego
en su fragua.
¡Oh, juïzio divinal!,
cuando más ardía el fuego,
echaste agua!

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Pues aquel gran Condestable,
maestre que conoscimos
tan privado,
no cumple que dél se hable,
sino sólo que lo vimos
degollado.

Sus infinitos tesoros,
sus villas y sus lugares,
su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?
¿fuéronle sino pesares
al dexar?

Pues los otros dos hermanos,
maestres tan prosperados
como reyes,
que a los grandes y medianos
trajeron tan sojuzgados
a sus leyes;

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aquella prosperidad
que tan alto fue subida
y ensalzada,
¿qué fue sino claridad
que, estando más encendida,
fue amatada?

Tantos duques excelentes,
tantos marqueses y condes,
y barones
como vimos tan potentes,
di, Muerte, ¿dó los escondes
y traspones?

Y las sus claras hazañas
que hizieron en las guerras
y en las pazes,
cuando tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerça las atierras
y deshazes.

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Las huestes innumerables,
los pendones y estandartes
y banderas,
los castillos impugnables,
los muros y baluartes
y barreras,

la cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo,
¿qué aprovecha?
Que si tú vienes airada,
todo lo pasas de claro
con tu flecha.

Aquél, de buenos abrigo,
amado por virtuoso
de la gente,
el maestre don Rodrigo
Manrique, tan famoso
y tan valiente;

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sus grandes hechos y claros
no cumple que los alabe,
pues los vieron,
ni los quiero hazer caros
pues que el mundo todo sabe
cuáles fueron.

¡Qué amigo de sus amigos!
¡Qué señor para criados
y parientes!
¡Qué enemigo de enemigos!
¡Qué maestro de esforçados
y valientes!

¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Qué razón!
¡Cuán benigno a los sujetos,
y a los bravos y dañosos,
un león!

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En ventura, Octaviano;
Julio César, en vencer
y batallar;
en la virtud, Africano;
Aníbal, en el saber
y trabajar;
en la bondad, un Trajano;

Tito, en liberalidad
con alegría;
en su braço, Aurelïano;
Marco Atilio, en la verdad
que prometía.

Antonio Pío, en clemencia;
Marco Aurelio, en igualdad
del semblante;
Adrïano, en elocuencia;

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Teodosio, en humanidad
y buen talante;
Aurelio Alexandre fue
en disciplina y rigor
de la guerra;

un Constantino, en la fe;
Camilo, en el gran amor
de su tierra.

No dexó grandes tesoros,
ni alcançó muchas riquezas
ni vaxillas;
mas hizo guerra a los moros,
ganando sus fortalezas
y sus villas.

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Y en las lides que venció,
muchos moros y caballos
se perdieron,
y en este oficio ganó
las rentas y los vasallos
que le dieron.

Pues por su honra y estado,
en otros tiempos pasados,
¿cómo se hubo?
Quedando desamparado,
con hermanos y criados
se sostuvo.

Después que hechos famosos
hizo en esta misma guerra
que hazía,
hizo tratos tan honrosos
que le dieron aún más tierra
que tenía.

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Estas sus viejas estorias
que con su braço pintó
en la juventud,
con otras nuevas victorias
agora las renovó
en la senectud.

Por su grande habilidad,
por méritos y ancianía
bien gastada,
alcançó la dignidad
de la gran caballería
de la Espada.

Y sus villas y sus tierras,
ocupadas de tiranos
las halló;
mas por cercos y por guerras
y por fuerça de sus manos
las cobró.

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Pues nuestro rey natural,
si de las obras que obró
fue servido,
dígalo el de Portugal
y en Castilla quien siguió
su partido.

Después de puesta la vida
tantas vezes por su ley
al tablero;
después de tan bien servida
la corona de su Rey
verdadero,

después de tanta hazaña
a que no puede bastar
cuenta cierta,
en la su villa de Ocaña
vino la Muerte a llamar
a su puerta,

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diziendo: «Buen caballero,
dejad el mundo engañoso
y su halago,
vuestro corazón de azero,
muestre su esfuerço famoso
en este trago;

y pues de vida y salud
hezistes tan poca cuenta
por la fama,
esforçad vuestra virtud
para sufrir esta afrenta
que os llama.

»No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga
de fama tan glorïosa
acá dexáis.

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Aunque esta vida de honor
tampoco no es eternal
ni verdadera,
mas con todo es muy mejor
que la otra temporal,
perescedera.

»El vivir que es perdurable
no se gana con estados
mundanales,
ni con vida deleitable
en que moran los pecados
infernales.

Mas los buenos religiosos
gánanlo con oraciones
y con lloros;
los caballeros famosos,
con trabajos y aflicciones
contra moros.

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»Y pues vos, claro varón,
tanta sangre derramastes
de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganastes
por las manos;

y con esta confiança
y con la fe tan entera
que tenéis,
partid con buena esperança,
que esta otra vida tercera
ganaréis.»

Responde el Maestre

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«No gastemos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;

y consiento en mi morir
con voluntad plazentera,
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera,
es locura.»

Oración

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«Tú, que por nuestra maldad,
tomaste forma servil
y baxo nombre;
Tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
como es el hombre;

Tú, que tan grandes tormentos
sufriste sin resistencia
en tu persona,
no por mis merescimientos,
mas por tu sola clemencia
me perdona.»

Cabo

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Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos, y hermanos,
y criados,

dio el alma a quien gela dio,
el cual la ponga en el cielo
en su gloria.
Que aunque la vida perdió,
nos dexó harto consuelo
su memoria.

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Poemas de Jorge Manrique cortos

Los poemas elegíacos representan la tercera y última dirección que tomaron las producciones poéticas de Jorge Manrique.

Éste consiste en una nota lírica profunda enfocada en la de la nostálgica reflexión frente a la fugacidad de los bienes terrenos.

Poemas de Jorge Manrique cortos

Coplas por la muerte de su padre, es sin lugar a dudas, su obra más destacada, de este poema se puede decir que es uno de los clásicos de la literatura española de todos los tiempos.

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Pero en ella insiste en su plenitud de vida bien empleada con enseñanzas morales, la muerte se presenta consoladora y con un aliento de esperanza.

Yo soy quien libre me vi

Este poema de Jorge Manrique deja abierta la imaginación del lector, y brinda detalles perspectivos propios del escritor.

En el Manrique es figura protagónica sumergida en una mar de emociones, en el que la tristeza y el sentimiento de perdida se proclaman reyes.

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Yo soy quien libre me vi,
yo, quien pudiera olvidaros;
yo só el que, por amaros,
estoy, desque os conoscí,
«sin Dios, y sin vos, y mí».

Sin Dios, porque en vos adoro,
sin vos, pues no me queréis;
pues sin mí ya está de coro
que vos sois quien me tenéis.

Así que triste nascí,
pues que pudiera olvidaros.
Yo so el que, por amaros,
estó, desque os conoscí,
sin Dios, y sin vos, y mí».

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Canciones

Con tonos rítmicos típico de las canciones, llega este poema de Jorge Manrique, en el nuevamente a parece el deseo de la muerte como anhelo del alma.

No tardes, Muerte, que muero;
ven, porque viva contigo;
quiéreme, pues que te quiero,
que con tu venida espero
no tener guerra conmigo.

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Remedio de alegre vida
no lo hay por ningún medio,
porque mi grave herida
es de tal parte venida
qu’eres tú sola remedio.

Ven aquí, pues, ya que muero;
búscame, pues que te sigo;
quiéreme, pues que te quiero,
e con tu venida espero
no tener vida conmigo.

Quien no estuviere en presencia

En esta oportunidad nos topamos con un corto poema de Jorge Manrique que plasma la importancia de mantenerse presente.

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Esto bien se puede transpolar al ámbito religiosos típico de la época en el que la presencia se puede transpolar a la de Dios.

Quien no estuviere en presencia,
no tenga fe en confianza,
pues son olvido y mudanza
las condiciones de ausencia.

Quien quisiere ser amado,
trabaje por ser presente,
que cuan presto fuere ausente,
tan presto será olvidado:

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y pierda toda esperanza
quien no estuviere en presencia,
pues son olvido y mudanza
las condiciones de ausencia.

Tapia

Como ya sabemos Jorge Manrique  fue un poeta de transición, entre el medioevo y el Renacimiento, y por ellos su poesía tomo tres direcciones totalmente diferentes y contrarias.

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Este poema de Jorge Manrique sirve de ejemplo para diferenciar una de las direcciones poética, en la que el sentimentalismo toma protagonismo.

Ausencia puede mudar
amor en otro querer,
mas no que tenga poder
para hacer olvidar.

Porque siendo yo cativo
d’una dama que no veo,
tengo tan nuevo el desseo
que no sé cómo me bivo.

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Y por esto de pensar
que ausencia mude querer,
mas no que tenga poder
para poder olvidar.

Por qué estando él durmiendo lo besó su amiga

La traición y el amor parece ser dos temas totalmente opuesto, sin embargo este escritor logró componer una pieza poética en la que se conectaran.

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Este poema de Jorge Manrique plasma el sentimiento de la traición producida por una mujer, pero al mismo tiempo detalla como a raíz de esto se enciende la pasión en dos almas.

Vos cometistes traición,
pues me heristes, durmiendo,
de una herida que entiendo
que será mayor pasión
el deseo de otra tal
herida como me distes,
que no la llaga ni mal
ni daño que me hecistes.

Perdono la muerte mía;
mas con tales condiciones,
que de tales traiciones
cometáis mil cada día;

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pero todas contra mí,
porque, de aquesta manera,
no me place que otro muera
pues que yo lo merecí.

Jorge Manrique fue un reconocido poeta español nacido alrededor del año 1440 y que fallecido en 1479, aunque existen numerosas inconsistencias con respecto a sus datos personales.

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La celebridad de Jorge Manrique se debe fundamentalmente, como ya lo habíamos mencionado en reiteradas ocasiones, a las Coplas a la muerte de su padre.

Su obra maestra, compuesta a raíz del fallecimiento de don Rodrigo en 1476, poco antes de su propia muerte.

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