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+16 Poemas de la época del romanticismo ¡Hermosos!

  • Poemas
Poemas de la época del romanticismo
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¿Que tan influyente fue la época del romanticismo? La poesía es una de las artes más conocidas desde la antigüedad.

Este género literario siempre ha sido una de las maneras más directas y profundas de expresar con ayuda de las palabras los aspectos más profundos de nuestro ser y sentir.

Los elementos expresados con más frecuencia en la poesía son la visión del mundo, las emociones y sentimientos, pensamientos, y por su puesto los sueños.

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Han sido muchos los autores que han recurrido a este arte para poder expresarse, así como muchas las corrientes y movimientos culturales que han surgido.

Uno de los movimientos literarios más influyentes fue el romanticismo.

¿Qué es el romanticismo?

El romanticismo, es un movimiento artístico e intelectual que tuvo lugar hacia finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX en Inglaterra, Alemania y Francia, para luego extenderse a todo el mundo.

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El movimiento romántico se caracterizó por la sensibilidad emocional y la subjetividad de sus obras. Fue una corriente que rechazó los preceptos de orden, calma y racionalidad de la época clásica y neoclásica.

La literatura romántica resultaba un arte de interés público que acompañaba a los valores del creciente nacionalismo. A través de la poesía lírica popular, la corriente se despojaba de los estilos literarios neoclásicos.

Los literatos que incursionaron en el romanticismo con frecuencia plasmaban temas como el amor, la libertad, la melancolía, los sueños, el dolor o el miedo.

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Alrededor de todo el mundo hubo grandes obras y representantes de la poesía del romanticismo y hoy queremos recordar el trabajo y talento de estos escritores con una serie de poemas de la época del romanticismo.

Poemas de la época del romanticismo cortos

Los poetas en la época del romanticismo, exaltaban la belleza y los ideales, dando libertad a los sentimientos. El espíritu creativo resultaba más importante que la estricta adhesión a las reglas de la sociedad.

El artista romántico buscaba escapar de la realidad inmediata que lo abrumaba y lo angustiaba.

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Por eso, las obras suelen representar épocas pasadas o lugares lejanos. El artista se refugiaba en sí mismo y se aislaba de la sociedad.

En este movimiento se sitúan autores como Bécquer, Espronceda, Larra, Rosalía de Castro, Lord Byron, Edgar Allan Poe o Keats entre otros muchos, los cuales nos han dado innumerables obras para el recuerdo.

Aunque en este artículo no podremos recodar el trabajo de todos los escritores de poemas de la época del romanticismo si podrás disfrutad de la mayoría de ellos.

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Poemas de la época del romanticismo cortos

Amor eterno (Gustavo Adolfo Bécquer)

Gustavo Adolfo Bécquer fue uno de los principales representantes del romanticismo, y es que este destacado escritor dejó como legado innumerables poemas, todos ellos de gran ritmo y belleza.

En este poema del romanticismo en particular, expresa de manera contundente, que el amor auténtico va más allá de cualquier calamidad.

Podrá nublarse el sol eternamente;
podrá secarse en un instante el mar;
podrá romperse el eje de la tierra como un débil cristal.

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¡Todo sucederá!
Podrá la muerte cubrirme con su fúnebre crespón;
pero jamás en mí podrá apagarse la llama de tu amor.

Cuando cifras y figuras… (Georg Philipp Friedrich von Hardenberg)

Georg Philipp Friedrich von Hardenberg, más conocido por su pseudónimo Novalis, fue un escritor y filósofo alemán, representante del Romanticismo alemán temprano.

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En este poema del romanticismo expresa la necesidad de dejar de centrarse en números, lógica y razón para vivir libremente siguiendo y expresando nuestras emociones y nuestra auténtica naturaleza.

Cuando cifras y figuras dejen de ser las
claves de toda criatura, cuando aquellos
que al cantar o besarse sepan más que
los sabios más profundos, cuando vuelva

al mundo la libertad de nuevo, vuelva el
mundo a ser mundo otra vez, cuando al fin
las luces y las sombras se fundan y juntas
se conviertan en claridad perfecta, cuando

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en versos y en cuentos estén los
verdaderos relatos del mundo, entonces una
sola palabra secreta desterrará las
discordancias de la Tierra entera

Cuando las suaves voces mueren (Percy Bysshe Shelley)

Este poema del romanticismo que trataremos en este artículo, se trata de un fragmento breve, que expresa como las cosas dejan después de su existencia, su esencia.

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Esto se convierte en el recuerdo de los que se quedan aquí, son esas pequeñas marcas o huellas que deja la humanidad en sus seres queridos.

Cuando las suaves voces mueren,
su música aún vibra en la memoria;
cuando las dulces violetas enferman,
su fragancia se prolonga en los sentidos.

Las hojas del rosal, cuando la rosa muere,
se apilan para el lecho del amante;
y así en tus pensamientos, cuando
te hayas ido, el amor mismo dormirá.

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Negra Sombra (Rosalía de Castro)

María Rosalía Rita de Castro, mejor conocida como Rosalía de Castro, fue una poetisa y novelista española que escribió tanto en gallego como en castellano.

Además se le considera parte de la etapa del postromanticismo.

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En esta oportunidad gozamos con un poema del romanticismo corto de su autoría que habla acerca de su sombra con una forma llena de belleza que viste de esplendor esta parte de nuestro ser.

Cuando pienso que te huyes,
negra sombra que me asombras,
al pie de mis cabezales,
tornas haciéndome mofa.

Si imagino que te has ido,
en el mismo sol te asomas,
y eres la estrella que brilla,
y eres el viento que sopla.

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Si cantan, tú eres quien cantas,
si lloran, tú eres quien llora,
y eres murmullo del río y eres
la noche y la aurora.

En todo estás y eres todo,
para mí en mí misma moras,
nunca me abandonarás,
sombra que siempre me asombras.

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El carro de la vida (Aleksandr Pushkin)

Aleksandr Serguéyevich Pushkin​ fue un poeta, dramaturgo y novelista ruso, fundador de la literatura rusa moderna. Su obra se encuadra en el movimiento romántico.

Este poema del romanticismo del autor ruso nos enfrenta al hecho de que nuestra vida pasa a gran velocidad.

Así como el hecho de que las perspectivas y maneras de afrontarla pueden ir cambiando a lo largo del ciclo vital.

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Aunque a veces la carga es pesada,
el carro avanza ligero; el intrépido cochero,
el canoso tiempo, no se baja del
pescante.

Nos acomodamos por la mañana en el carro,
alegres de partirnos la cabeza, y,
despreciando el placer y la pereza,
gritamos:

¡Adelante! A mediodía se ha esfumado
ya el arrojo; trastornados por la fatiga y
aterrados por las pendientes y
los barrancos, gritamos: ¡Más despacio, loco!.

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El carro sigue su marcha; ya a la tarde,
a su carrera acostumbrados,
soñolientos, buscamos posada para la noche,
mientras el tiempo azuza a los caballos.

Cuando las suaves voces mueren (Percy Bysshe Shelley)

Este es un breve poema del romanticismo que habla de cómo las cosas que mueren dejan detrás de sí cosas hermosas, como el recuerdo y el afecto que una vez sentimos por las relaciones que se pierden.

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“Cuando las suaves voces mueren,
su música aún vibra en la memoria;
cuando las dulces violetas enferman,
su fragancia se
prolonga en los sentidos.

Las hojas
del rosal, cuando la rosa muere, se
apilan para el lecho del amante; y así en tus
pensamientos, cuando te hayas ido,
el amor mismo dormirá.”

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El prisionero (Aleksandr Pushkin)

Este poema es parte de la obra de Aleksandr Pushkin, un autor que como vimos en párrafos anteriores, es uno de los poetas románticos rusos más conocidos.

En este escrito en particular vemos cómo el autor habla del deseo y la necesidad de libertad en un contexto de encarcelamiento y privación.

“Estoy entre rejas en húmeda celda.
Criada en cautiverio, un águila joven,
mi triste compaña, batiendo sus alas, junto a
la ventana su pitanza pica.

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La pica,
la arroja, mira la ventana,
como si pensara lo mismo que yo.

Sus ojos me llaman y su griterío,
y proferir quiere: ¡Alcemos el vuelo!
¡Tú y yo somos libres como el viento,
hermana!

Huyamos, es hora, do blanquea entre
nubes la montaña y brilla de azul la marina,
donde paseemos sólo el viento. ..¡y yo!”

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Poemas de la época del romanticismo

El romanticismo es un movimiento cultural que colocaba como protagonistas a los sentimientos.

Las expresiones artísticas fueron de la pintura a la escultura, pasando obligadamente por la literatura, donde el poema fue uno de los géneros literarios más representativos de la época.

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+16 Poemas de la época del romanticismo

Poemas de la época del romanticismo

Se caracteriza por focalizarse en la emoción y en la percepción por encima de la razón y por buscar la expresión de dichas emociones y sentimientos más allá de cualquier convención o norma literaria.

Aquí puedes encontraras poemas de la época del romanticismo de diversos autores, de distintas procedencias y que versan de temáticas típica del movimiento.

Tales como el amor, la belleza, la libertad, la melancolía, el tiempo o los sueños.

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Estrella brillante (John Keats)

Este poema del romanticismo, es de gran importancia dentro de la literatura, pues se trata de uno de los últimos poemas que escribió John Keats antes de morir a causa de la enfermedad de tuberculosis.

Esta obra hace referencia al deseo de permanecer siempre junto a la persona amada, en una melancolía en la que envidia la posibilidad de las estrellas de permanecer para siempre en un momento de paz y amor.

Estrella brillante, si fuera constante como tú,
no en solitario esplendor colgada
de lo alto de la noche y mirando,
con eternos párpados abiertos,

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como de naturaleza paciente, un insomne eremita,
las móviles aguas en su religiosa tarea,
de pura ablución alrededor de tierra de humanas riberas,
o de contemplación de las montañas y páramos.

No, aún todavía constante, todavía inamovible,
recostado sobre el maduro corazón de mi bello amor,
para sentir para siempre su suave henchirse y caer,
despierto por siempre en una dulce inquietud.

Silencioso, silencioso para escuchar su tierno respirar,
y así vivir por siempre o sino, desvanecerme en la muerte.

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Una vez tuve un clavo (Rosalía de Castro)

La autora de reconocidos éxitos, nos narra en este texto poético el sufrimiento que genera un amor sufrido o problemático, o simplemente uno que no puede ser por diferentes motivos, uno no correspondido.

Además de señalar el vacío y la añoranza que puede dejar el simple echo de abandonarlo, pese al dolor que nos provocaba.

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Una vez tuve un clavo clavado en el corazón,
y yo no me acuerdo ya si era aquel clavo de oro,
de hierro o de amor.

Sólo sé que me hizo un mal tan hondo,
que tanto me atormentó,
que yo día y noche sin cesar
lloraba cual lloró Magdalena en la Pasión.

“Señor, que todo lo puedes —pedile una vez a Dios—,
dame valor para arrancar de un golpe clavo de tal condición.”
Y diómelo Dios, arranquelo.

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Pero… ¿quién pensara?…
Después ya no sentí más tormentos ni supe qué era dolor;
supe sólo que no sé qué me faltaba en donde el clavo faltó,
y tal vez… tal vez tuve soledades de aquella pena…

¡Buen Dios! Este barro mortal que envuelve el espíritu,
¡quién lo entenderá, Señor!…”

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Hubo un tiempo… ¿Recuerdas? (Lord Byron)

¿Cuantas veces hemos observado como una relación se va deteriorando con el paso del tiempo? Sobre este tema en particular esta basado este poema de Lord Byron.

Que nos habla de cómo una relación ha cambiado con el tiempo, pues empezó como algo hermoso y positivo, en un relato lleno de melancolía hacia lo que fue y ya terminó.

Hubo un tiempo… ¿recuerdas?
Su memoria, vivirá en nuestro pecho eternamente…
Ambos sentimos un cariño ardiente; el mismo,
¡oh virgen! que me arrastra a ti.

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¡Ay! desde el día en que por vez primera,
eterno amor mi labio te ha jurado, y pesares
mi vida han desgarrado, pesares que no puedes
tú sufrir; desde entonces el triste pensamiento,
de tu olvido falaz en mi agonía: olvido de un amor
todo armonía, fugitivo en su yerto corazón.

Y sin embargo, celestial consuelo llega a
inundar mi espíritu agobiado, hoy que tu
dulce voz ha despertado recuerdos,
¡ay! de un tiempo que pasó.

Aunque jamás tu corazón de hielo palpite
en mi presencia estremecido, me es grato
recordar que no has podido nunca olvidar
nuestro primer amor. Y si pretendes con
tenaz empeño seguir indiferente tu camino…

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Obedece la voz de tu destino, que odiarme
puedes; olvidarme, no.

El país de los sueños (William Blake)

En esta oportunidad no encostramos con un poema del romanticismo enfocado el la nostalgia.

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Este poema expresa cómo el mundo de los sueños en ocasiones construye escenarios muchos más felices que la realidad que toca vivir.

En otras palabras describe como los sueños se pueden convertir en una capsula de escape, para desvira nuestra atención de la vida agobiante.

Se trata de una historia que además está enmarcada por una aparente tragedia.

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¡Despierta, despierta, mi pequeño!
Tú eras la única alegría de tu madre;
¿Por qué lloras en tu sueño tranquilo?

¡Despierta! Tu padre te protege. Oh,
¿Qué tierra es la Tierra de los sueños?
¿Cuáles son las montañas, y cuáles sus ríos?

¡Oh padre! Allí vi a mi madre,
entre los lirios junto a las bellas aguas.

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Entre los corderos, vestida de blanco,
caminaba con su Thomas en dulce deleite.
Lloré de alegría, como una paloma me lamento;
¡Oh! ¿Cuándo volveré allí?

Querido hijo, también yo junto a ríos
placenteros he caminado la noche entera
en la Tierra de los Sueños; pero por serenas
y cálidas que fuesen las anchas aguas,
no pude llegar hasta la otra orilla.

¡Padre, oh padre! ¿Qué hacemos aquí en
esta tierra de incredulidad y temor?
La tierra de los Sueños es mucho mejor,
allá lejos, por sobre la luz del lucero del alba”.

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El Giaour (Lord Byron)

Este es un poema del romanticismo que se convirtió en uno de los más reconocidos del autor.

Esto se debe a que muchos críticos de la literatura aseguran que es uno de los primeros poemas con temática de vampiros que fue inspiración para otros escritores de la época.

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Sin embargo aquí solo compartiremos una pequeña demostración, un fragmento del poema originas, como ejemplo de su excepcional talento para las composiciones poéticas.

Pero antes, sobre la tierra, como vampiro enviado,
tu cadáver del sepulcro será exiliado; Entonces,
lívido, vagarás por el que fuera tu hogar,
Y la sangre de los tuyos has de arrancar; Allí,
de tu hija, hermana y esposa, A media noche,

la fuente de la vida secarás; Aunque abomines
aquel banquete, debes, forzosamente, Nutrir tu
lívida cadáver andante, Tus víctimas, antes de
expirar, En el demonio a su señor verán;

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Maldiciéndote, maldiciéndose, Tus flores
marchitándose están en el tallo.
Pero una que por tu crimen debe caer,

la más joven, entre todos, la más amada,
llamándote padre, te bendecirá:
¡esta palabra envolverá en llamas
tu corazón! Pero debes concluir tu

obra y observar En sus mejillas el
último color; De sus ojos el destello
final, Y su vidriosa mirada debes ver
Helarse sobre el azul sin vida;

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Con impías manos desharás luego Las
trenzas de su dorado cabello,
Que fueron bucles por ti acariciados
Y con promesas de tierno amor despeinados;

¡pero ahora tú lo arrebatas, Monumento a tu agonía!
Con tu propia y mejor sangre chorrearán Tus
rechinantes dientes y macilentos labios; Luego,

a tu lóbrega tumba caminarás; Ve,
y con ghouls y afrits delira,
Hasta que de horror estremecidos,
huyan De un espectro más abominable que ellos.

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Rima IV (Gustavo Adolfo Bécquer)

Este poema del romanticismo es quizá uno de las composiciones más conocidos del autor y de la propia época del romanticismo.

Se trata de un texto que deja una vibrante fortaleza y certidumbre sobre la belleza de la poesía, su importancia y sobre todo su trascendencia.

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“No digáis que, agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía. Mientras las ondas de
la luz al beso palpiten encendidas,

mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista, mientras el aire
en su regazo lleve perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida, y en el mar o en el
cielo haya un abismo que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando no
sepa a dónde camina, mientras haya un misterio
para el hombre, ¡habrá poesía!

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Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían; mientras se llore,
sin que el llanto acuda a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza batallando
prosigan, mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen los ojos
que los miran, mientras responda el labio
suspirando al labio que suspira, mientras
sentirse puedan en un beso dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa, ¡habrá poesía!”

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Quien no ama no vive (Víctor Hugo)

Este poema de Víctor Hugo nos habla de la necesidad que tenemos los seres humanos de amar y de vivir experiencias románticas inspiradoras en el más puro sentimiento, el amor en toda su extensión.

Tanto en lo positivos como en los negativos, en los aciertos y los fallos, cuando nos llena de felicidad y cuando nos arriesgamos al sufrimiento

Quienquiera que fueres, óyeme:
si con ávidas miradas nunca tú a la
luz del véspero has seguido las pisadas,
el andar suave y rítmico de una celeste visión;

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O tal vez un velo cándido, cual meteoro esplendente,
que pasa, y en sombras fúnebres ocúltase de repente,
dejando de luz purísima un rastro en el corazón;

Si sólo porque en imágenes te la reveló el poeta,
la dicha conoces íntima, la felicidad secreta,
del que árbitro se alza único de otro enamorado ser;

Del que más nocturnas lámparas no ve, ni otros
soles claros, ni lleva en revuelto piélago más
luz de estrellas ni faros que aquella que vierten
mágica los ojos de una mujer;

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Si el fin de sarao espléndido nunca tú aguardaste afuera,
embozado, mudo, tétrico mientras en la alta vidriera
reflejos se cruzan pálidos del voluptuoso vaivén),

Para ver si como ráfaga luminosa a la salida,
con un sonreír benévolo te vuelve esperanza y vida
joven beldad de ojos lánguidos, orlada en flores la sien.
Si celoso tú y colérico no has visto una blanca mano usurpada,

en fiesta pública, por la de galán profano,
y el seno que adoras, próximo a otro pecho, palpitar;
Ni has devorado los ímpetus de reconcentrada ira,
rodar viendo el valse impúdico que deshoja,
mientras gira en vertiginoso círculo, flores y niñas al par;

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Si con la luz del crepúsculo no has bajado las colinas,
henchida sintiendo el ánima de emociones mil divinas,
ni a lo largo de los álamos grato el pasear te fue;

Si en tanto que en la alta bóveda un astro y otro relumbra,
dos corazones simpáticos no gozasteis la penumbra,
hablando palabras místicas, baja la voz, tardo el pie;
Si nunca al roce magnético temblaste de ángel soñado;

si nunca un Te amo dulcísimo, tímidamente exhalado,
quedó sonando en tu espíritu cual perenne vibración;

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Si no has mirado con lástima al hombre sediento de oro,
para el que en vano munífico brinda el amor su tesoro,
y de regio cetro y púrpura no tuviste compasión;

Si en medio de noche lóbrega cuando todo duerme y calla,
y ella goza sueño plácido, contigo mismo en batalla no
te desataste en lágrimas con un despecho infantil;

Si enloquecido o sonámbulo no la has llamado mil veces,
quizá mezclando frenético las blasfemias a las preces,
también a la muerte, mísero, invocando veces mil;

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Si una mirada benéfica no has sentido que desciende
a tu seno, como súbito lampo que las sombras hiende
y ver nos hace beatífica región de serena luz;

O tal vez el ceño gélido sufriendo de la que adoras,
no desfalleciste exánime, misterios de amor ignoras;
ni tú has probado sus éxtasis, ni tú has llevado su cruz.

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Canción del pirata (José de Espronceda)

José de Espronceda fue un escritor español de la época del romanticismo, considerado el poeta más representativo del primer romanticismo en España.

Este poema de su autoría altamente conocido, nos refleja al ansia de libertad, de explorar y de ser capaz de determinar el propio destino.

“Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela un velero bergantín;
bajel pirata que llaman, por su bravura,
el Temido, en todo mar conocido del uno al otro confín.

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La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento y alza en
blando movimiento olas de plata y azul;

y va el capitán pirata, cantando alegre
en la popa, Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul;

“Navega velero mío, sin temor,
que ni enemigo navío,ni tormenta,
ni bonanza, tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

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Veinte presas hemos hecho a despecho,
del inglés, y han rendido sus pendones,
cien naciones a mis pies.

Que es mi barco
mi tesoro, que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento, mi única
patria la mar.

Allá muevan feroz guerra ciegos reyes
por un palmo más de tierra, que yo tengo
aquí por mío cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes. Y no hay

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playa sea cualquiera, ni bandera de esplendor,
que no sienta mi derecho y dé pecho a mi valor.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad, mi ley,
la fuerza y el viento, mi única patria la mar.

A la voz de ¡barco viene! es de ver cómo vira
y se previene a todo trapo a escapar:
que yo soy el rey del mar, y mi furia es
de temer. En las presas yo divido lo cogido

por igual: sólo quiero por riqueza la
belleza sin rival. Que es mi barco mi
tesoro, que es mi dios la libertad, mi
ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar.

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¡Sentenciado estoy a muerte!;yo me río;
no me abandone la suerte, y al mismo que
me condena, colgaré de alguna entena quizá

en su propio navío. Y si caigo ¿qué es
la vida? Por perdida ya la di, cuando el
yugo de un esclavo como un bravo sacudí.

Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios
la libertad, mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.

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Son mi música mejor aquilones, el estrépito
y temblor de los cables sacudidos, del negro
mar los bramidos y el rugir de mis cañones.

Y del trueno al son violento, y del viento
al rebramar, yo me duermo sosegado arrullado
por el mar. Que es mi barco mi tesoro,que es
mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el
viento, mi única patria la mar”.

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A la estrella nocturna (William Blake)

Este poema es uno de los más conocidos de Giacomo Leopardi. Narra la fortaleza y resistencia de la retama, flor del desierto o ginestra, una de las pocas flores que crecen en las lindes del Vesubio.

En este hermoso poema del autor nos ofrece un discurso pesimista que hace referencia al abandono, la muerte, el paso del tiempo y la extinción de todo lo que nos rodea.

Aquí, en la árida falda del formidable monte,
desolador Vesubio, a quien ni árbol ni flor
alguna alegran tu césped solitario en torno
esparces olorosa retama contenta en los desiertos.

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Te vi antes adornar con tus matas la campiña que
circunda la villa que del mundo señora fue en
un tiempo, y del perdido imperio parecen con
su aspecto grave y triste
ofrecer fe y recuerdo al pasajero.

Vuelvo hoy a verte en este suelo,
amante de desiertos lugares de tristeza,
de afligida fortuna siempre amiga.

Estos campos sembrados de ceniza infecunda
y recubiertos de empedernida lavaque resuena
so el paso al peregrino, en que

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anida y tomando el sol se enrosca la sierpe,
y donde vuelve el conejo a su oscura madriguera,
fueron cultas y alegres ciudades y mies rubia;

fueron eco de mugir de rebaños, palacios y
jardines pasa ocio de los ricos grato refugio,
y ciudades famosas a las que fulminando por
su boca torrentes ígneos el altivo monte con su pueblo oprimió.

Todo hoy en torno una ruina envuelve donde tú,
flor hermosa, hallas tu asiento, y cual
compadeciendo ajeno daño mandas al
cielo perfumado aroma que al desierto consuela.

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A estas playas venga aquel que acostumbra con
elogio ensalzar nuestro estado,
verá cómo natura en nuestra vida amorosa se cuida.

El poderío en su justa medida podrá estimar de la familia
humana, a la que sin piedad, en un momento,
su nodriza, con leve movimiento, cuando menos lo espera,

en parte anula y con poco más puede en un instante del
todo deshacerla. Ved de la gente humana pintada en
esta playa la suerte progresiva y soberana.

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Mírate en este espejo, siglo soberbio y loco,
que el camino marcado de antiguo el pensamiento
abandonaste, y tus pasos
volviendo, tu retorno procura.

Tu inútil charla
los ingenios todos, de cuya suerte el padre te
hizo reina, adulan,
mientras tanto que tal vez en su pecho hacen de
ti ludibrio.

Con tal baldón no bajaré so tierra,
y bien fácil me fuera
imitarlos y adrede desbarrando serte grato
cantándote al oído!

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Mas antes el desprecio,
que en mi pecho para contigo
guardo, mostraré lo más claro que se pueda;

aunque sé que el olvido cae sobre quien
increpa a su edad propia. De este mal
que contigo participo, me río yo hasta ahora.

Soñando libertad, al par esclavo queréis al
pensamiento, el solo que nos
saca de la barbarie en parte; y por quien sólo
se crece en la cultura; él sólo guía a lo mejor
los públicos negocios.

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La verdad te disgusta, del ínfimo lugar y áspera
suerte que natura te dio. Por eso tornas, cobarde,
las espaldas a la lumbre
que nos la muestra y, fugitivo, llamas a quien la

sigue, vil, y tan sólo magnánimo al que con propio
escarnio, o de los
otros o ya loco o astuto redomado, exalta hasta la
luna el mortal grado.

El hombre pobre y de su cuerpo enfermo que tenga
el alma generosa y grande,

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ni se cree ni se llama rico de oro o gallardo,
ni de espléndida vida y de excelente salud entre
la gente hace risible
muestra; mas de riqueza y de vigor mendigo
sin vergüenza aparece; así se llama cuando

habla francamente y a sus cosas las
estima en lo justo. Nunca creí magnánimo
animal, sino necio el que a morir viniendo
a nuestro mundo, y entre penas criado,

aún exclama: «¡para el goce estoy hecho!»
y de fétido orgullo páginas llena, gloria
grande y nueva felicidad que el pueblo
mismo ignora, no ya el orbe, en el mundo

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prometiendo a pueblos que una onda del
mar turbado, un soplo de aura maligna,
un soterraño empuje, de tal modo destruye,
que memoria de ellos apenas queda.

Índole noble aquella que a alzar se atreve
frente al común hado ojos mortales, y con
franca lengua sin amenguar lo cierto,
confiesa el mal que nos fue dado en suerte;

¡estado bajo y triste! la que arrogante y
fuerte se muestra en el sufrir, y ni
odio ni ira de hermanos los más graves de

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los daños, agrega a sus miserias, inculpando
al hombre de su dolor, sino que
culpa a aquella culpable de verdad, de los
mortales madre en el parto, en el querer madrastra.

A ésta llama enemiga, y
comprendiendo que ha sido unida a ella y ordenada
con ella en un principio la humana compañía, los hombres todos cree

confederados entre sí, los abraza con amor verdade
ro, les ofrece y espera de ellos valerosa ayuda en
las angustias y el
peligro alterno de la guerra común.

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Y a las ofensas
del hombre armar la diestra, poner lazo y tropiezo
al vecino, tan
torpe juzga cual sería en campo que el enemigo asedia,

en el más rudo empuje del asalto, olvidando al
contrario, acerba
lucha emprender los amigos sembrar la fuga y
fulminar la espada entre sí los guerreros.

Cuando tales doctrinas vuelven a ser patentes
para el vulgo, y aquel horror prístino que ató
a los hombres en social

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cadena sabiduría vuelva a renovarlo, el sencillo
y honesto comercio de las gentes, la piedad,
la justicia, raíz distinta
tendrán entonces, y no vanas fábulas en que

se funda la honradez del vulgo cual en pie
se sustenta quien su remedio en el
error asienta. Con frecuencia en la playa desierta,
que de luto de lava el flujo endurecido viste,

paso la noche viendo
sobre la triste landa en el nítido azul del puro
cielo llamear de lo alto las estrellas que a lo

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lejos refleja el océano,
y a chispazos brillar en torno todo por la serena
bóveda del mundo.

Cuando fijo mi vista en esas luces que un punto nos
parecen, cuando son tan inmensas que la tierra y el
mar son a su lado

un punto, y a las cuales no sólo el hombre, sino el
globo mismo donde nada es el hombre ignotos son del
todo, y cuando veo

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sin fin, aún más remotos los tejidos de estrellas
que niebla se nos muestran, y no el hombre no ya la
tierra, sino todo en

uno el número de soles infinito, nuestro áureo sol,
mientras estrellas todas desconocen, o bien les
aparecen como ellas a

la tierra, luz nebulosa; ante mi mente entonces
¿cómo te ostentas, prole del hombre? Y recordando

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tu estado terrenal, de
que da muestra este suelo que piso, y de otra parte
que tú fin y señora te crees de todo, y que tantas

veces te agrada
fantasear en este oscuro grano de arena que llamamos
Tierra que los autores de las cosas todas a conversar

bajaron con los
tuyos por tu causa, y ensueños ridículos y viejos
renovando insulta al sabio hasta la edad presente

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que en saber y cultura
sobresalir parece; mortal prole, ¡prole infeliz!
¿qué sentimiento entonces me asalta el corazón para contigo?

No sé si
risa o si piedad abrigo.
Como manzana que al caer del árbol cuando en el tardo
otoño la madurez tan sólo la derriba, los dulces

aposentos de
hormiguero cavado en mollar tierra con gran labor,
las obras, las riquezas que había recogido la asidua tropa con fatiga
grande próvidamente, en el estivo tiempo, magulla,

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rompe y cubre; desplomándose así desde lo
alto del útero tenante,
lanzada al hondo cielo, de cenizas, de pómez y de
rocas noche y ruina, llena de hirvientes arroyuelos;

o bien ya por la falda, furioso entre la yerba,
de liquidadas masas y de encendida arena
y de metales bajando inmenso golpe, las ciudades

que el mar allá en la extrema costa bañaba, sume rotas
y recubiertas al momento; donde hoy sobre ellas pace la
cabra, o pueblos nuevos surgen allí, cual de escabel teniendo los
sepulcros; y los muros postrados a su pie pisotea el monte duro.

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No estima la natura ni cuida más al hombre que hace a la
hormiga, y si en aquél más raro el estrago es que en ésta tan
sólo esto se funda en que no es una especie tan fecunda.

Mil ochocientos años ha ya desaparecieron oprimidos por el
ígneo poder aquellos pueblos, y el campesino atento al viñedo
que en estos mismos campos nutre el muerto terruño de ceniza
levanta aún la mirada suspicaz a la cumbre que inflexible y

fatal, hoy como siempre, tremenda se alza aún, aún amenaza
con la ruina a su hacienda y a sus hijos, los pobres! ¡Cuántas
veces el infeliz yaciendo de su pobre casucha sobre el

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techo toda una noche, insomne, al aura errante o a las veces
brincando, explora e! curso del temido hervidero que se
vierte del inexhausto seno a la arenosa loma, el cual alumbra de

Capri la marina, de Nápoles el puerto y Mergelina. Si ve
que se da prisa, si en el fondo del doméstico pozo oye del agua
borbotar el hervor, a sus hijitos, a su mujer despierta,

y al instante con cuanto puede de lo suyo huyendo desde lejos
contempla su nido y el terruño que del hambre les fue el
único abrigo presa de la onda ardiente que crepitando se le viene
encima y sobre él para siempre se despliega!

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Torna al celeste rayo después de largo olvido la extinguida
Pompeya, cual sepulto cadáver que de tierra vuelve a luz la
piedad o la avaricia, y a través de las filas de truncadas
columnas el peregrino desde el yermo foro lejos contempla las

gemelas cumbres y la cresta humeante que aún amenaza a la
esparcida ruina. Y en el horror de la secreta noche por los
deformes templos, por los circos vacíos, por las casas en
que esconde el murciélago sus crías, como rostro siniestro que

en desiertos palacios se revuelve, corre el fulgor de la
fumérea lava que enrojece las sombras a lo lejos y tiñe los
lugares del contorno. Así, ignara del hombre y de los
siglos que él llama antiguos, de la serie toda de abuelos y de

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nietos, naturaleza, verde siempre, marcha por tan largo
camino que inmóvil nos parece. El tiempo imperios en su sueño
ahoga, gentes e idiomas pasan; no lo ve ella y en tanto
el hombre eternidad se arroga.

Y tú, lenta retama, que de olorosos bosques adornas estos
campos desolados, también tú pronto a la cruel potencia
sucumbirás del soterraño fuego que al lugar conocido retornando
sobre tus tiernas matas su avaro borde extenderá. Rendida
al mortal peso, inclinarás entonces tu inocente cabeza.

Mas en vano hasta tanto no la doblas con cobardía suplicando en
frente del futuro opresor; ni tampoco la yergues a las estrellas
con absurdo orgullo en el desierto, donde nacimiento y
vivienda, no por querer, por suerte has alcanzado.

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Eres más sabia y sana que el hombre,
en cuanto nunca tú has pensado que
inmortales tus tallos se hayan hecho por ti o por el hado

El Romanticismo se enmarca como la época en la que los escenarios naturales y nocturnos son plasmados por pintores con una visión pesimista del mundo.

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Pero en el ámbito literario, los escritores basan sus obras en la Edad Media o el Lejano Oriente.

Los románticos perteneciente a este movimiento, no necesitaban ni buscaban a nadie que les acompañase en su camino, por lo general los autores se aislaban.

Por lo que creció el mito de que los románticos eran personas que necesitaba refugiarse en sí mismo y que sentía que la realidad no satisfacía sus ideales.

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Por otra parte, los valores de la libertad se ven en su máximo esplendor durante el Romanticismo.

Es considerada como una corriente positiva para liberar a la población de las cadenas de los reyes absolutos que se imponía frente a las ideas del desfasado Neoclasicismo.

La libertad de creación era sin duda una de las máximas a la hora de realizar cualquier tipo de acto cultural. Los autores románticos eran rebeldes y así creaban los personajes de sus obras.

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