+11 Poemas de Luis de Gongora ¡Original e influyente!

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¿Cuáles son las obras más importantes de Gongora? Luis de Góngora fue el poeta más original e influyente de todo el Siglo de Oro español.

Su obra poética rompió con todas las distinciones clásicas entre géneros lírico, épico e incluso satírico, además inauguró un nuevo lenguaje cuya virtualidad, sigue marcando rumbos en la poesía contemporánea.

El estilo gongorino siempre estuvo bajo la mirada de la crítica, y es sin duda muy personal. Su peculiar uso de recursos estilísticos, ahonda de hecho en una vasta tradición lírica que se remonta a Petrarca, Juan de Mena o Fernando de Herrera.

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Su lenguaje destaca por el uso reiterado del cultismo, sea del tipo léxico, sea sintáctico. Al igual que muchos de sus colegas, son pocos los datos de sus biografía que son de domino público.

En 1603 escribió algunas de sus más ingeniosas letrillas, trabó una fecunda amistad con Pedro Espinosa y se enfrentó en terrible y célebre enemistad con su gran rival, Francisco de Quevedo.

El amplio aporte de este escritor a la literatura es totalmente valioso y es por ello que no hay mejor manera de exaltar su talento que con la muestra de sus producciones.

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Poemas de Luis de Gongora inspiradores

Luis de Góngora tuvo una vida llena de penurias, provocando que publicar sus obras fuera una misión casi imposible.

Pero sus versos le hicieron inmortal gracias a la reivindicación de su figura siglos después de su muerte.

Es que sus perífrasis y la vocación arquitectónica de toda su poesía le dan un aspecto oscuro y original, extremado si cabe por todas las aportaciones simbólicas y mitológicas de procedencia grecolatina.

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Disfruta de los mejores poemas de Luis de Góngora.

Poemas de Luis de Gongora inspiradores

Allá darás, rayo

Parece que para iniciar esta recopilación de los poemas de Luis de Góngora, no existe mejor manera que con un texto poético que denota inspiración, gracias a sus aportes simbólicos típico de su estilo literario.

Allá darás, rayo,
En cas de Tamayo.

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De hospedar a gente extraña,
O Flamenca o Ginovés,
Si el huésped overo es
Y la huéspeda castaña,
Según la raza de España,
Sale luego el potro bayo.

Allá darás, rayo,
En cas de Tamayo.

De muy grave la viudita
Llama padre al Capellán
Con quien sus hijos están,
Y Amor que la solicita
Hace que por padre admita
Al que recibió por ayo.

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Allá darás, rayo,
En cas de Tamayo.

Alguno hay en esta vida,
Que sé yo que es menester
Que a su querida mujer
(¡Nunca fuera tan querida!)
Tomen antes la medida
Que a él le corten el sayo.

Allá darás, rayo,
En cas de Tamayo.

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Con su lacayo en Castilla
Se acomodó una casada;
No se le dio al señor nada,
Porque no es gran maravilla
Que el amo deje la silla,
Y que la ocupe el lacayo.

Allá darás, rayo,
En cas de Tamayo.

Opilóse vuestra hermana
Y diola el Doctor su acero;
Tráela de otero en otero
Menos honesta y más sana;
Diola por septiembre el mana,
Y vino a purgar por mayo.

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Allá darás, rayo,
En cas de Tamayo.

A una rosa

El amor y el romance son dos elementos que surgen con frecuencia en el ámbito de la poesía, y en este poema de Luis de Góngora, aparecen para cautivar a los lectores con la belleza de sus palabras.

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Ayer naciste, y morirás mañana.
Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lucida?
Y, ¿para no ser nada estás lozana?

Si te engañó su hermosura vana,
bien presto la verás desvanecida,
porque en tu hermosura está escondida
la ocasión de morir muerte temprana.

Cuando te corte la robusta mano,
ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.
No salgas, que te aguarda algún tirano;

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dilata tu nacer para la vida,
que anticipas tu ser para tu muerte.
Ya besando unas manos cristalinas,
ya anudándose a un blanco y liso cuello,

ya esparciendo por él aquel cabello
que Amor sacó entre el oro de sus minas,
ya quebrando en aquellas perlas finas
palabras dulces mil sin merecello,

ya cogiendo de cada labio bello
purpúreas rosas sin temor de espinas,
estaba, oh, claro sol invidïoso,
cuando tu luz, hiriéndome los ojos,

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mató mi gloria y acabó mi suerte.
Si el cielo ya no es menos poderoso,
porque no den los suyos más enojos,
rayos, como a tu hijo, te den muerte.

Ande yo caliente y ríase la gente

Nuevamente surge la posibilidad de ser cautivos de las hermosas palabras de este talentoso escritor.

En este poema de Luis de Góngora se expone una fuerte crítica a los sistemas jerárquicos de autoridad que se mantenían en la sociedad de su época, al mismo tiempo que refleja el amor y la dificultad de mantenerlo vivo.

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Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,
y ríase la gente.

Coma en dorada vajilla
el Príncipe mil cuidados
como píldoras dorados,
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente,
y ríase la gente.

Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,
y ríase la gente.

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Busque muy en buena hora
el mercader nuevos soles;
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente.

Pase a media noche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama;
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar
la blanca o roja corriente,
y ríase la gente.

Pues Amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada,
do se junten ella y él,
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente,
y ríase la gente.

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De la jornada de Larache

Con una interrogante se inicia este poema de Luis de Góngora que es ejemplo claro del estilo y talento del escritor.

-¿De dónde bueno, Juan, con pedorreras?
-Señora tía, de Cagalarache.
-Sobrino, ¿y cuántos fuistes a Alfarache?
-Treinta soldados en tres mil galeras.

-¿Tanta gente? -Tomámoslo de veras.
-¿Desembarcastes, Juan? -¡Tarde piache!,
que al dar un Santiago de azabache,
dio la playa más moros que veneras.

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-Luego, ¿es de moros? -Sí, señora tía;
mucha algazara, pero poca ropa.
-¿Hicieron os los perros algún daño?

-No, que en ladrando con su artillería,
a todos nos dio cámaras de popa.
-¡Salud serían para todo el año!

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La dulce boca que a gustar convida…

Este poema de Luis de Góngora representa un escrito romántico de inspiración literaria, en cada una de sus frases se abre paso a un aura de amor y pasión que logra cautivar las mentes en cuestión de segundos.

Más contenido que te encantará

La dulce boca que a gustar convida
un humor entre perlas destilado,
y a no envidiar aquel licor sagrado
que a Júpiter ministra el garzón de Ida,

amantes, no toquéis, si queréis vida;
porque entre un labio y otro colorado
Amor está, de su veneno armado,
cual entre flor y flor sierpe escondida.

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No os engañen las rosas, que la Aurora
diréis que, aljofaradas y olorosas,
se le cayeron del purpúreo seno;

¡manzanas son de Tántalo, y no rosas,
que después huyen del que incitan ahora,
y sólo del Amor queda el veneno!

Poemas de Luis de Gongora cortos y cautivadores

Como ya lo habíamos mencionado, Luis de Gongora no pudo publicar sus obras, muchas de ellas pasaron de mano en mano en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías, publicados posteriormente.

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Su poesía se puede agrupar en dos bloques, poemas menores y mayores, correspondientes más o menos a las dos etapas poéticas sucesivas.

Poemas de Luis de Gongora cortos y cautivadores

Una de ellas comienza en su juventud, Góngora compuso numerosos romances de inspiración literaria, como el de Angélica y Medoro, de tema pícaro o de tono más personal y lírico.

Algunas de esta obras son de carácter autobiográfico en los que narra sus propios recuerdos infantiles, y también numerosas letrillas líricas, satíricas o religiosas y romances burlescos.

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Por otra parte, tenemos los poemas mayores que fueron los que ocasionaron la revolución culterana y el escándalo que generó fuertes críticas a sus trabajos, ocasionado por la gran oscuridad de los versos de esta estética.

De la brevedad engañosa de la vida

Este es una breve composición del autor en la que reina los elementos vivos a través de fuertes emociones y sentimientos, que pueden ser propios del escritor.

Menos solicitó veloz saeta
destinada señal, que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda
no coronó con más silencio meta,

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que presurosa corre, que secreta
a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
fiera que sea de razón desnuda,
cada sol repetido es un cometa.

¿Confiésalo Cartago y tu lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.

Mal te perdonarán a ti las horas;
las horas, que limando están los días,
los días, que royendo están los años.

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A cierta dama que se dejaba vencer

El drama de esta obra es la que le proporciona el factor clave para ser un poema inspirador, en el se tratan temas delicados envueltos en sentimientos de tristeza y frustración.

Mientras Corinto, en lágrimas deshecho,
La sangre de su pecho vierte en vano,
Vende Lice a un decrépito indïano
Por cient escudos la mitad del lecho.

¿Quién, pues, se maravilla desde hecho,
Sabiendo que halla ya paso más llano,
La bolsa abierta, el rico pelicano,
Que el pelícano pobre, abierto el pecho?

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Interés, ojos de oro como gato,
Y gato de doblones, no Amor ciego,
Que leña y plumas gasta, ciento arpones

Le flechó de la aljaba de un talego.
¿Qué Tremecén no desmantela un trato,
Arrimándole al trato ciento cañones?

Al tramontar del sol, la ninfa mía…

Con aspectos simbólicos, Luis de Góngora da vida a este poema, en el son descritos elementos románticos atribuidos a una figura femenina.

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En este escrito en particular abundad símbolos naturales que denotan comparación y belleza.

Al tramontar del sol, la ninfa mía,
de flores despojando el verde llano,
cuantas troncaba la hermosa mano,
tantas el blanco pie crecer hacía.

Ondeábale el viento que corría
el oro fino con error galano,
cual verde hoja del álamo lozano
se mueve al rojo despuntar del día;

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mas luego que ciñó sus sienes bellas
dé los varios despojos de su falda
(término puesto al oro ya la nieve),

juraré que lució más su guirnalda
con ser de flores, la otra ser de estrellas,
que la que ilustra el cielo en luces nueve.

A los celos

Todos los que hemos estado en una relación, hemos experimentado los celos, ese néctar de veneno que poco a poco va matando el amor y convierte a la relación en un agujero sin fondo.

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Son estos elementos los que son tratados en este poema de Luis de Góngora.

¡Oh niebla del estado más sereno,
Furia infernal, serpiente mal nacida!
¡Oh ponzoñosa víbora escondida
De verde prado en oloroso seno!

¡Oh entre el néctar de Amor mortal veneno,
Que en vaso de cristal quitas la vida!
¡Oh espada sobre mí de un pelo asida,
De la amorosa espuela duro freno!

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¡Oh celo, del favor verdugo eterno!,
Vuélvete al lugar triste donde estabas,
O al reino (si allá cabes) del espanto;

Mas no cabrás allá, que pues ha tanto
Que comes de ti mesmo y no te acabas,
Mayor debes de ser que el mismo infierno.

A un sueño

Los sueños son esas escenas repletas de imaginación que armamos en nuestras mentes mientras dormimos, y para muchos autores de poesía estos han sido inspiración para muchos de sus escritos.

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Luis de Góngora no se quedo atrás en esto y utilizo los sueños para plasmar sus dotes imaginativos.

Varia imaginación que, en mil intentos,
A pesar gastas de tu triste dueño
La dulce munición del blando sueño,
Alimentando vanos pensamientos,

Pues traes los espíritus atentos
Sólo a representarme el grave ceño
Del rostro dulcemente zahareño
(Gloriosa suspensión de mis tormentos),

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El sueño (autor de representaciones),
En su teatro, sobre el viento armado,
Sombras suele vestir de bulto bello.

Síguele; mostraráte el rostro amado,
Y engañarán un rato tus pasiones
Dos bienes, que serán dormir y vello.

De la ambición humana

Uno de los pecados más criticados por las sociedades es la ambición y es que el ser humano nunca se conforma con lo que tiene, siempre quiere obtener más.

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Es sobre esto que Luis de Góngora trata en este último poema de sus autoría.

Mariposa, no sólo no cobarde,
mas temeraria, fatalmente ciega,
lo que la llama el Fénix aún le niega.
quiere obstinada que a sus alas guarde:

pues en su daño arrepentida larde,
del esplendor solicitada, llega
a lo que luce, y ambiciosa entrega
su mal vestida pluma a lo que arde.

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¡Yace gloriosa en la que dulcemente
huesa le ha prevenido abeja breve,
suma felicidad a yerro sumo!

No a mi ambición contrario tan luciente,
menos activo, si cuanto más leve,
cenizas la hará, si abrasa el humo.

Luis de Góngora incursiono también en otras áreas de la literatura.

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Compuso tres piezas teatrales, las firmezas de Isabela publicada en 1613, la Comedia venatoria y El doctor Carlino, esta última inacabada y refundida posteriormente por Antonio de Solís.

Pero lamentablemente el 23 de mayo de 1627 fallece en Córdoba el talentoso escritor, dejando un vacío en la literatura pero un legado admirable.

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