+13 Poemas de Manuel Gutiérrez Nájera ¡Inolvidables!

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¿Quién es Manuel Gutiérrez Nájera? Considerado como el pionero del modernismo literario en México, Manuel Gutiérrez Nájera inició su carrera desde muy temprana edad.

Con tan solo 13 años ya había puesto su pluma en marcha y escrito excelentes trabajos poéticos.

Gutiérrez Nájera cultivó a lo largo de su corta carrera diferentes géneros literarios en prosa y verso, siendo los más ampliado en sus obras el simbolismos y por su puesto el modernismo.

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Varios de sus trabajos fueron escritos bajos distintos seudónimos, Punk, Mr Can-Can, El cura de Jalatlaco y Duque Job son algunos de los más conocidos.

Otros de las áreas en donde destacó el talentosos escritor mexicano fue en la crítica literaria y teatral.

Además junto a Carlos Díaz Dufóo fundó la Revista Azul a la cual se le confiere el título de órgano del modernismo.

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Poemas de Manuel Gutiérrez Nájera para recordar su talento

Gutiérrez Nájera realizó labores periodísticas desde los 16 años. Iniciar desde tan temprana edad en el mundo de la prensa escrita le permitió colaborar en alrededor de 40 periódicos de la época, trabajos que efectuó bajos seudónimos.

El autor también escribió varias crónicas, pero a diferencia de muchos literatos no llegó a publicar ningún libro y sus trabajos poéticos fueron editados tras su muerte.

Dentro de los  poema de Gutiérrez Nájera destaca La Duquesa Job, y cuento frágiles una colección de historias breves que tuvo gran impacto en la sociedad de la época.

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Todos los aporte otorgado por Manuel Gutiérrez Nájera a la literatura mexicana le confirieron una notable popularidad en su país natal y hoy en día es recordado por escritos poéticos de alta gama.

Poemas de Manuel Gutiérrez Nájera para recordar su talento

A un triste

La tristeza es un sentimiento sobre el cual muchos autores han escrito, grandes literatos has dedicados líneas para intentar definir esta emoción o simplemente regalar un mensaje motivador a los lectores.

En el caso de este poema de Gutiérrez Nájera es reflejado un texto motivador que aunque posea un aura de tristeza por un amor, invita a los lectores a continuar su camino.

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¿Por qué de amor la barca voladora
con ágil mano detener no quieres,
y esquivo menosprecias los placeres
de Venus, la impasible vencedora?

A no volver los años juveniles
huyen como saetas disparadas
por mano de invisible Sagitario;
triste vejez, como ladrón nocturno,
sorpréndenos sin guarda ni defensa,
y con la extremidad de su arma inmensa,
la copa del placer vuelca Saturno.

¡Aprovecha el minuto y el instante!
Hoy te ofrece rendida la hermosura
de sus hechizos el gentil tesoro,
y llamándote ufana en la espesura,
suelta Pomona sus cabellos de oro.

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En la popa del barco empavesado
que navega veloz rumbo a Citeres,
de los amigos del clamor te nombra
mientras, tendidas en la egipcia alfombra,
sus crótalos agitan las mujeres.

Deja, por fin, la solitaria playa,
y coronado de fragantes flores
descansa en la barquilla de las diosas.
¿Qué importa lo fugaz de los amores?
¡También expiran jóvenes las rosas

Madre naturaleza

La naturaleza y sus elementos son también motores de inspiración para muchos escritores quienes utilizan estos recursos para describir emociones.

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Manuel Gutiérrez Nájira escribe este poema con palabras dulces para dejar a las generaciones venideras un texto motivador y que al mismo tiempo transmita la importancia de la naturaleza.

Madre, madre, cansado y soñoliento
quiero pronto volver a tu regazo;
besar tu seno, respirar tu aliento
y sentir la indolencia de tu abrazo.

Tú no cambias, ni mudas, ni envejeces;
en ti se encuentra la virtud perdida,
y tentadora y joven apareces
en las grandes tristezas de la vida.

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Con ansia inmensa que mi ser consume
quiero apoyar las sienes en tu pecho,
tal como el niño que la nieve entume
busca el calor de su mullido lecho.

¡Aire! ¡más luz, una planicie verde
y un horizonte azul que la limite,
sombra para llorar cuando recuerde,
cielo para creer cuando medite!

Abre, por fin, hospedadora muda,
tus vastas y tranquilas soledades,
y deja que mi espíritu sacuda
el tedio abrumador de las ciudades.

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No más continuo batallar: ya brota
sangre humeante de mi abierta herida,
y quedo inerme, con la espada rota,
en la terrible lucha por la vida.

¡Acude madre, y antes que perezca
y bajo el peso, del dolor sucumba;
o abre tus senos, y que el musgo crezca
sobre la humilde tierra de mi tumba!

¿Sabes lo que es un suspiro?
¡Un beso que no se dio
¡Con cadena y cerrojos
los aprisionan severos,
y apenas los prisioneros
se me asoman a los ojos!

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¡Pronto rompen la cadena
de tan injusta prisión,
y no mueren más de pena
que ya está de besos llena
la tumba del corazón!

¿Qué son las bocas? Son nidos.
¿Y los besos? ¡Aves locas!
Por eso, apenas nacidos,
de sus nidos aburridos
salen buscando otras bocas.

¿Por qué en cárcel sepulcral
se trueca el nido del ave?
¿Por qué los tratas tan mal,
si tus labios de coral
son los que tienen la llave?

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Besos que, apenas despiertos,
volar del nido queréis
a sus labios entreabiertos
en vuestra tumba, mis muertos,
dice: ¡Resucitaréis!

Mariposa

Como es típico del modernismo, los elementos naturales son utilizados para describir hechos e historias con movimientos principalmente arquitectónicos y decorativos.

Este poema de Gutiérrez Nájera transmite emociones fuerte y cautivadoras con aspectos elementales de la naturaleza.

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Ora blancas cual copos de nieve,
ora negras, azules o rojas,
en miríadas esmaltan el aire
y en los pétalos frescos retozan.

Leves saltan del cáliz abierto,
como prófugas almas de rosas
y con gracia gentil se columpian
en sus verdes hamacas de hojas.

Una chispa de luz les da vida
y una gota al caer las ahoga;
aparecen al claro del día,
y ya muertas las halla la sombra.

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¿Quién conoce sus nidos ocultos?
¿En qué sitio de noche reposan?
¡Las coquetas no tienen morada!…
¡Las volubles no tienen alcoba!…

Nacen, aman, y brillan y mueren,
En el aire, al morir se transforman,
y se van sin dejarnos su huella,
cual de tenue llovizna las gotas.

Tal vez unas en flores se truecan,
y llamadas al cielo las otras,
con millones de alitas compactas
el arco iris espléndido forman.

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Vagabundas, ¿en dónde está el nido?
Sulanita, ¿qué harén te aprisiona?
¿A qué amante prefieres, coqueta?
¿En qué tumbas dormís, mariposas?

¡Así vuelan y pasan y expiran
las quimeras de amor y de gloria,
esas alas brillantesdel alma,
ora blancas, azules o rojas!

¿Quién conoce en qué sitio os perdisteis,
ilusiones que sois mariposas?
¡Cuán ligero voló vuestro enjambre
al caer en el alma la sombra!
Tú, la blanca, ¿por qué ya no vienes?

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¿No eres fresco azahar de mi novia?
te formé con un grumo del cirio
que de niño llevé a la parroquia;
eres casta, creyente, sencilla,
y al posarte temblando en mi boca
murmurabas, heraldo de goces,
“¡Ya está cerca tu noche de bodas!”

¡Ya no viene la blanca la buena!
¡Ya no viene tampoco la roja,
la que en sangre teñí, beso vivo,
al morder unos labios de rosa!

Ni la azul que me dijo: ¡poeta!
¡Ni la de oro, promesa de gloria!
¡Es de noche… ya no hay mariposas!
¡Ha caído la tarde en el alma!
Encended ese cirio amarillo…

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¡Las que tienen las alas muy negras
Ya vendrán en tumulto las otras,
y se acercan en fúnebre ronda!
¡Compañeras, la pieza está sola!
Si por mi alma os habéis enlutado,
¡Venid pronto, venid mariposas!

Para el corpiño

Este poema de Gutiérrez Nájera es otro fiel ejemplo de la aplicación del modernismo dentro de sus trabajos poéticos que dejan un aura inspiradora para cautivar a los lectores.

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Las campánulas hermosas,
¿sabes tú qué significan?
Son campanas que repican
en las nupcias de las rosas.
-Las campánulas hermosas
son campanas que repican.

¿Ves qué rojas son las fresas?
Y más rojas si las besas…
¿Por qué es rojo su color?
Esas fresas tan suaves
son la sangre de las aves
que asesina el cazador.

Las violetas pudorosas,
en sus hojas escondidas,
las violetas misteriosas
son luciérnagas dormidas.

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¿Ves mil luces cintilantes
tan brillantes cual coquetas,
nunca fijas, siempre errantes?
¡es que vuelan las violetas!

La amapola ya es casada;
cada mirto es un herido;
la gardenia inmaculada
en la blanca desposada
esperando al prometido.

Cuando flores tú me pides
y te mando “no me olvides”.
y esas flores pequeñitas
que mi casto amor prefiere,
a las blancas margaritas
les preguntan; “¿No lo quiere?”

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“¡No me olvides!” Frescas flores
te prodigan sus aromas
y en tus hombros seductores
se detienen las palomas.

¡No hay invierno! ¡No hay tristeza!
Con amor, Naturaleza
todo agita, todo mueve…,
luz difunde, siembra vidas…

¿Ves los copos dela nieve?
¡Son palomas entumidas!
Tiene un alma cuanto es bello;
los diamentes son los trémulos amantes
de tu cuello.

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La azucena que te envío
es novicia que profesa,
y en tu boca es una fresa
empapada de rocío.
Buenos dioses tutelares,
dadme ramos de azahares.

Si me muero, dormir quiero
bajo flores compasivas…
¡Si me muero, si me muero,
Dadme muchas siemprevivas!

Resucitarán

Este poema de Gutiérrez Nájera muestra las preguntas enigmáticas sobre las razones de la vida, sobre los por qué de cada cosa, interrogantes que sirve de inspiración para muchos poetas.

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Los pájaros que en sus nidos
mueren, ¿a dónde van?
¿Y en que lugar escondidos
están, muertos o dormidos,
los besos que no se dan?

Nacen, y al punto traviesos
hallar la salida quieren;
¡pero como nacen presos,
se enferman pronto mis besos
y, apenas naces, se mueren!

En vano con raudo giro
éste a mis labios llegó.
Si lejos los tuyos miro…
¿sabes lo que es un suspiro?
¡Un beso que no se dio!

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¡Que labios tan carceleros!
¡Con cadenas y cerrojos
los aprisionan severos,
y apenas los prisioneros
se me asoman a los ojos!

¡Pronto rompe la cadena
de tan injusta prisión,
y no mueran más de pena,
que ya está de besos llena
la tumba de mi corazón!

¿Qué son las bocas? Son nidos.
¿Y los besos? ¡Aves locas!
Por eso, apenas nacidos,
de sus nidos aburridos
salen buscando otras bocas.

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¿Por qué en cárcel sepulcral
se trueca el nido del ave?
¿Por qué los tratas tan mal,
si tus labios de coral
son los que tienen la llave?

Besos que apenas despiertos,
volar del nido queréis
a sus labios entreabiertos,
en vuestra tumba, mis muertos,
dice: ¡Resucitaréis!

De blanco

En esta oportunidad nos topamos con un bellos poema de Gutiérrez Nájera que puede cautivar a quienes deseen leerlos con sus frases delicadas y en plenos uso del movimiento modernista.

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¿Qué cosa más blanca que cándido lirio?
¿Qué cosa más pura que místico cirio?
¿Qué cosa más casta que tierno azahar?
¿Qué cosa más virgen que leve neblina?
¿Qué cosa más santa que el ara divina
de gótico altar?

De blancas palomas el aire se puebla;
con túnica blanca, tejida de niebla,
se envuelve a lo lejos feudal torreón;
erguida en el huerto la trémula acacia
al soplo del viento sacude con gracia
su níveo pompón

¿No ves en el monte la nieve que albea?
La torre muy blanca domina la aldea,
las tiernas ovejas triscando se van;
columpia su copa la enhiesta azucena
y su ánfora inmensa levanta el volcán;
Entremos al templo.

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La hostia fulgura;
de nieve parecen las canas del cura,
vestido con alba de lino sutil.
Cien niñas hermosas ocupan las bancas
y todas vestidas con túnicas blancas
en ramos ofrecen las flores de abril.

Subamos al coro. La virgen propicia
escucha los rezos de casta novicia
y el Cristo de mármol expira en la cruz.
Sin mancha se yerguen las velas de cera;
de encaje es la tenue cortina ligera
que ya transparenta del alba la luz.

Bajemos al campo. Tumulto de plumas
parece el arroyo de blancas espumas
que quieren, cantando, correr y saltar.
Su airosa mantilla de fresca neblina
terció la montaña; la vela latina
de barca ligera se pierde en el mar.

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Ya salta del lecho la joven hermosa
y el agua refresca sus hombros de diosa,
sus brazos ebúrneos, su cuello gentil.
Cantando y risueña se ciñe la enagua,
y trémula brillan las gotas del agua
en su árabe peine de blanco marfil.

¡Oh, mármol! ¡Oh, nieve! ¡Oh, hermosa blancura,
que esparces doquiera tu casta hermosura!
¡Oh, tímida virgen! ¡Oh, casta vestal!
Tú estás en la estatua de eterna belleza;
de tu hábito blanco nació la pureza,
¡al ángel dos alas, sudario al mortal!

Tú cubres al niño que llega a la vida,
corona las sienes de fiel prometida,
al paje revistes de rico tisú.
¡Qué blancos son, reina, los mantos de armiño!
¡Qué blanca es, oh madre, la cuna del niño!
¿Qué blanca mi amada, qué blanca eres tú!

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En sueños ufanos de amores contemplo
alzarse muy blancas las torres de un templo,
y oculto entre lirios abrirse un hogar;
y el velo de novia prenderse a tu frente,
cual nube de gasa que cae lentamente
y viene en tus hombros de encaje a posar.

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Poemas de Manuel Gutiérrez Nájera

Este escritor mexicano no viajó por el mundo como otro poetas, pasó su corta vida en Ciudad de México.

Salvo a algunas visitas a otros estados mexicanos, sin embargo, a pesar de no disfrutar de la oportunidad de conocer otras naciones su poesía transmite cultura.

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Poemas de Manuel Gutiérrez Nájera

Disfrutar de los poemas de Gutiérrez Nájera es bastante grato, su poesía activa la imaginación de los lectores.

Que descubren situaciones gratas al mismo tiempo que analizan los elementos fundamentales del modernismo y la aplicación de este movimiento.

Frente a frente

Iniciemos esta lista de los mejores poemas de Gutiérrez Nájada con un poema que utiliza aspectos simbólicos  y moderno para enviar la intencionalidad a los lectores.

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Oigo el crujir de tu traje,
turba tu paso el silencio,
pasas mis hombros rozando
y yo a tu lado me siento.

Eres la misma: tu talle,
como las palmas, esbelto,
negros y ardientes los ojos,
blondo y rizado el cabello;

blando acaricia mi rostro
como un suspiro tu aliento;
me hablas como antes me hablabas,
yo te respondo muy quedo,
y algunas veces tus manos
entre mis manos estrecho.

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¡Nada ha cambiado: tus ojos
siempre me miran serenos,
como a un hermano me buscas,
como a una hermana te encuentro!

¡Nada ha cambiado: la luna
deslizando su reflejo
a través de las cortinas
de los balcones abiertos;
allí el piano en que tocas,
allí el velador chinesco
y allí tu sombra, mi vida,
en el cristal del espejo.

Todo lo mismo: me miro,
pero al mirarte no tiemblo,
cuando me miras no sueño.
Todo lo mismo, peor algo
dentro de mi alma se ha muerto.
¿Por qué no sufro como antes?
¿Por qué, mi bien, no te quiero?

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Estoy muy triste; si vieras,
desde que ya no te quiero
siempre que escucho campanas
digo que tocan a muerto.

Tú no me amabas pero algo
daba esperanza a mi pecho,
y cuando yo me dormía
tú me besabas durmiendo.
Ya no te miro como antes,
ya por las noches no sueño,
ni te esconden vaporosas
las cortinas de mi lecho.

Antes de noche venías
destrenzando tu cabello,
blanca tu bata flotante,
tiernos tus ojos de cielo;
lámpara opaca en la mano,
negro collar en el cuello,
dulce sonrisa en los labios
y un azahar en el pecho.

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Hoy no me agito si te hablo
ni te contemplo si duermo,
ya no se esconde tu imagen
en las cortinas del techo.

Ayer vi a a un niño en la cuna;
estaba el niño durmiendo,
sus manecitas muy blancas,
muy rizado su cabello.

No sé por qué, pero al verle
vino otra vez tu recuerdo,
y al pensar que no me amaste,
sollozando le di un beso.

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Luego, por no despertarle,
me alejé quedo, muy quedo.
¡Qué triste que estaba el alma!
¡Qué triste que estaba el cielo!

Volví a mi casa llorando,
me arrojé luego en el lecho.
Todo estaba solitario,
Todo muy negro, muy negro.

Como una tumba mi alcoba,
la tarde tenue muriendo,
mi corazón con el frío.

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Busqué la flor que me diste
una mañana en tu huerto
y con mis manos convulsas
la apreté contra mi pecho;
miré luego en torno mío
y la sombra me dio miedo…

Perdóname, si, perdóname,
¡no te quiero, no te quiero!

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Efímeras

Una corriente poco observada en los trabajos del escritor es el romance y en este poema se puede observar claramente aspectos de este tipo.

Idos, dulces ruiseñores.
Quedó la selva callada,
y a su ventana, entre flores,
no sale mi enamorada.

Notas, salid de puntillas;
está la niñita enferma…
Mientras duerme en mis rodillas,
dejad, ¡oh notas!, que duerma.

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Luna, que en marco de plata
su rostro copiabas antes,
si hoy tu cristal lo retrata
acas, luna, la espantes.

Al pie de su lecho queda
y aguarda a que buena esté,
coqueto escarpín de seda
que oprimes su blanco pie.

Guarda tu perfume, rosa,
guarda tus rayos, lucero,
para decir a mi hermosa,
cuando sane que la quiero.

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Para entonces

Cuando se habla de poesía y de escritores es difícil omitir un poema que trate sobre la muerte bien sea de forma positiva o con el sentido del miedo activo.

Este poema de Gutiérrez Nájera no es más que uno inspirado en el hecho infalible del ser humano, la muerte, pero en esta oportunidad vista como un plan futuro al que no se le tiene miedo.

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Quiero morir cuando decline el día
en alta mar y con la cara al cielo,
donde parezca sueño la agonía
y el alma un ave que remonta el vuelo.

No escuchar en los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni pelgarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz, retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira:
algo muy luminoso que se pierde.

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Morir, y joven; antes que destruya
el tiempo aleve la gentil corona,
cuando la vida dice aún: “Soy tuya”,
aunque, sepamos bien que nos traiciona.

En un abanico

Otro poema romántico es el que no encontramos en esta oportunidad, con una extensión corta y palabras dulces lleva un mensaje cautivador.

Pobre verso condenado
a mirar tus labios rojos
y en la lumbre de tus ojos
quererse siempre abrasar.

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Colibrí del que se aleja
el mirto que lo provoca
y ve de cerca tu boca
y no la puede besar.

Hojas secas

Este poema de la autoría de Manuel Gutiérrez Nájera esta titulado igual que una composición poética  escrita por Manuel Acuña, pero las temáticas son completamente diferentes.

¡En vano fue buscar otros amores!
¡En vano fue correr tras los placeres,
que es el placer un áspid entre flores,
y son copos de nieve las mujeres!

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Entre mi alma y las sombras del olvido
existe el valladar de su memoria:
que nunca olvida el pájaro su nido
ni los esclavos del amor su historia.

Con otras ilusiones engañarme
quise, y entre perfumes adormirme.
¡Y vino el desengaño a despertarme,
y vino su memoria para herirme!

¡Ay, mi pobre alma, cuál te destrozaron
y con cuánta inclemencia te vendieron!
Tú quisiste amar ¡y te mataron!
Tú quisiste ser buena ¡y te perdieron!

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¡Tanto amor, y después olvido tanto!
¡Tanta esperanza convertida en humo!
Con razón en el fuego de mi llanto
como nieve a la lumbre me consumo.

¡Cómo olvidarla, si es la vida mía!
¡Cómo olvidarla, si por ella muero!
¡Si es mi existencia lúgubre agonía,
y con todo mi espíritu la quiero!

En holocausto dila mi existencia,
la di un amor purísimo y eterno,
y ella en cambio, manchando mi conciencia,
en pago del edén, diome el infierno.

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¡Y mientras más me olvida, más la adoro!
¡Y mientras más me hiere, más la miro!
¡Y allá dentro del alma siempre lloro,
y allá dentro del alma siempre expiro!

El eterno llorar: tal es mi suerte;
nací para sufrir y para amarla.
¡Sólo el hacha cortante de la muerte
podrá de mis recuerdos arrancarla!

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La Duquesa Job

Este es quizás la composición más famosa del escritor y la que lo impulso a la fama, una dedicatoria a una mujer al cual nombró usando uno de sus seudónimos en femenino.

En dulce charla de sobremesa,
mientras devoro fresa tras fresa,
y abajo ronca tu perro Bob,
te haré el retrato de la duquesa
que adora a veces al duque Job.

No es la condesa de Villasana
caricatura, ni la poblana
de enagua roja, que Prieto amó;
no es la criadita de pies nudosos,
ni la que sueña con los gomosos
y con los gallos de Micoló.

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Mi duquesita, la que me adora,
no tiene humos de gran señora:
es la griseta de Paul de Kock.
No baila Boston, y desconoce
de las carreras el alto goce
y los placeres del five o’clock.

Pero ni el sueño de algún poeta,
ni los querubes que vio Jacob,
fueron tan bellos cual la coqueta
de ojitos verdes, rubia griseta,
que adora a veces el duque Job.

Si pisa alfombras, no es en su casa;
si por Plateros alegre pasa
y la saluda madam Marnat,
no es, sin disputa, porque la vista,
sí porque a casa de otra modista
desde temprano rápida va.

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No tiene alhajas mi duquesita,
pero es tan guapa, y es tan bonita,
y tiene un perro tan v’lan, tan pschutt;
de tal manera trasciende a Francia,
que no la igualan en elegancia
ni las clientes de Hélene Kossut.

Desde las puertas de la Sorpresa
hasta la esquina del Jockey Club,
no hay española, yanqui o francesa,
ni más bonita ni más traviesa
que la duquesa del duque Job.

¡Cómo resuena su taconeo
en las baldosas! ¡Con qué meneo
luce su talle de tentación!
¡Con qué airecito de aristocracia
mira a los hombres, y con qué gracia
frunce los labios ¡Mimí Pinsón!

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Ondas muertas

Finalizamos el recorrido por los mejores poemas de Manuel Gutiérrez Nájera con uno que utiliza los aspectos simbólicos y naturales.

En la sombra debajo de tierra,
donde nunca llegó la mirada,
se deslizan en curso infinito
silenciosas corrientes de agua.

Las primeras, al fin, sorprendidas,
por el hierro que rocas taladra,
en inmenso penacho de espumas
hervorosas y límpidas saltan.

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Mas las otras, en densa tiniebla,
retorciéndose siempre resbalan,
sin hallar la salida que buscan,
a perpetuo correr condenadas.

A la mar se encaminan los ríos,
y en su espejo movible de plata,
van copiando los astros del cielo
o los pálidos tintes del alba:

ellos tienen cendales de flores,
en su seno las ninfas se bañan,
fecundizan los fértiles valles,
y sus ondas son de agua que canta.

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En la fuente de mármoles níveos,
juguetona y traviesa es el agua,
como niña que en regio palacio
sus collares de perlas desgrana;

ya cual flecha bruñida se eleva,
ya en abierto abanico se alza,
de diamantes salpica las hojas
o se duerme cantando en voz baja.

En el mar soberano las olas
los peñascos abruptos asaltan;
al moverse, la tierra conmueven
y en tumulto los cielos escalan.

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Allí es vida y es fuerza invencible,
allí es reina colérica el agua,
como igual con los cielos combate
y con dioses y monstruos batalla.

¡Cuán distinta la negra corriente
a perpetua prisión condenada,
la que vive debajo de tierra
do ni yertos cadáveres bajan!

¡La que nunca la luz ha sentido,
la que nunca solloza ni canta,
esa muda que nadie conoce,
esa ciega que tienen esclava!

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Como ella, de nadie sabidas,
como ella, de sombras cercadas,
sois vosotras también, las oscuras
silenciosas corrientes de mi alma.

¿Quién jamás conoció vuestro curso?
¡Nadie a veros benévolo baja!
¡Y muy hondo, muy hondo se extienden
vuestras olas cautivas que callan!

!Y si paso os abrieran, saldríais,
como chorro bullente de agua,
que en columna rabiosa de espuma
sobre pinos y cedros se alza!

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Pero nunca jamás, prisioneras,
sentiréis de la luz la mirada:
¡seguid siempre rodando en la sombra,
silenciosas corrientes del alma!

La vida de Manuel Gutiérrez Nájera fue breve. El 3 de febrero de 1895 cuando aun tenía 35 años de edad, fallece luego de una intervención quirúrgica a causa de la enfermedad hemofilia.

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Sin duda, los trabajos poéticos del escritor mexicano son todo un legado del modernismo en sus país y pueden cautivar a todos los lectores en segundos.

Continua en Escribirte para que aumentes tus conocimientos sobre poesía y literatura. Déjanos un comentario y cuéntanos que te ha parecido el artículo inspirado en autores mexicanos.

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