+11 Poemas de Miguel de Unamuno ¡Contradicción poética!

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¿Qué esconde la poesía de Miguel de Unamuno? Entre los más destacados escritores de la Generación del 98 se encuentra el brillante Miguel de Unamuno, considerado como el escritor más culto de su época.

Su versatilidad como artista es admirable, exploró tanto la novela, como el ensayo, el teatro y la poesía. Tuvo la influencia del racionalismo y el positivismo, a través Arthur Schopenhauer y Adolf Harnack, entre otros.

Sus poemas y sus obras teatrales abordaron los mismos temas de su narrativa, entre los que destacan los dramas íntimos, amorosos, religiosos y políticos a través de personajes conflictivos, poro al mismo tiempo sensibles ante la realidad.

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Inicialmente sus preocupaciones intelectuales se centraron en las cuestiones éticas y los móviles de su fe. Abandonó el racionalismo, adoptando el motor de la fe, a la que calificó como mentira vital.

Pues pensaba con frecuencia en la muerte como fin, pero también en la necesidad de la idea de inmortalidad, para darle sentido a la existencia.

Poemas de Miguel de Unamuno para pensar

Miguel de Unamuno fue sobre todo un intelectual inconformista que hizo de la polémica una forma de búsqueda y que además utilizó la poesía para plasmar sus pensamientos contradictorios.

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Su obra y su vida estuvieron estrechamente relacionadas y es precisamente por esto que nacen las contradicciones y paradojas que el también poeta español, Antonio Machado calificó de “donquijotesco”.

Unamuno escribió composiciones excelentes a pesar de las diferentes polémicas que causaron en la literatura, pero sin duda podrás disfrutar de sus ideas paradójicas.

Si quieres conocer más sobre el estilo y la versatilidad de sus trabajos poéticos has llegado al lugar correcto aquí te mostraremos algunos de los poemas de Miguel de Unamuno que seguramente te encantara.

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Poemas de Miguel de Unamuno para pensar

A mi buitre

Debido a los amplios conocimientos de filosofía que reposaban en la mente del escritor, los poemas de Miguel de Unamuno abren el pensamiento de los lectores y los mantienen cautivo.

Este primer escrito que mostraremos, hace, entre múltiples términos alegóricos, al pensamiento.

Este buitre voraz de ceño torvo
que me devora las entrañas fiero
y es mi único y constante compañero
labra mis penas con su pico corvo.

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El día en que le toque el postrer sorbo
apurar de mi negra sangre, quiero
que me dejéis con él solo y señero
un momento, sin nadie como estorbo.

Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía,
mientras él mi último despojo traga,
sorprender en sus ojos la sombría

mirada al ver la suerte que le amaga
sin esta presa en que satisfacía
el hambre atroz que nunca se le apaga.

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Al amor de la lumbre cuya llama…

Este poema de Miguel de Unamuno demuestra la capacidad de imaginación y la habilidad para componer textos inspiradores que te mantiene concentrado en la belleza característica de la poesía.

Dulcissime vanus Homems.

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Al amor de la lumbre cuya llama
como una cresta de la mar ondea.
Se oye fuera la lluvia que gotea
sobre los chopos. Previsora el ama

supo ordenar se me temple la cama
con sahumerio. En tanto la Odisea
montes y valles de mi pecho orea
de sus ficciones con la rica trama

preparándome el sueño. Del castaño
que más de cien generaciones de hoja
criara y vio morir, cabe el escaño

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abrasándose el tronco con su roja
brasa me reconforta. ¡Dulce engaño
la ballesta de mi inquietud afloja!

Nuestro secreto

Miguel de Unamuno escribió varios poemas que invita a pensar más allá de lo obvio y este es uno de ello. En él se aplica el estilo contradictorio que hace de su obra única.

No me preguntes más, es mi secreto,
secreto para mí terrible y santo;
ante él me velo con un negro manto
de luto de piedad; no rompo el seto

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que cierra su recinto, me someto
de mi vida al misterio, el desencanto
huyendo del saber y a Dios levanto
con mis ojos mi pecho siempre inquieto.

Hay del alma en el fondo oscura sima
y en ella hay un fatídico recodo
que es nefando franquear; allá en la cima

brilla el sol que hace polvo al sucio lodo;
alza los ojos y tu pecho anima;
conócete, mortal, mas no del todo.

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De vuelta a casa

Este poema de Miguel de Unamuno mantiene inmersos elementos filosóficos que dejan volar el pensamiento e invitan a la imaginación a traspasar los límites del entendimiento.

Desde mi cielo a despedirme llegas
fino orvallo que lentamente bañas
los robledos que visten las montañas
de mi tierra, y los maíces de sus vegas.

Compadeciendo mi secura, riegas
montes y valles, los de mis entrañas,
y con tu bruma el horizonte empañas
de mi sino, y así en la fe me anegas.

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Madre Vizcaya, voy desde tus brazos
verdes, jugosos, a Castilla enjuta,
donde fieles me aguardan los abrazos

de costumbre, que el hombre no disfruta
de libertad si no es preso en los lazos
de amor, compañero de la ruta.

¡Dime qué dices, mar!

El mar ha sido protagonista de incontables composiciones poéticas, y es que la inmensidad que representa y los secretos que guardo son perfectos para inspirar a cualquier poeta.

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En el caso de Miguel de Unamuno utilizó este descomunal elemento para traer a la vida un poema contradictorio.

¡Dime qué dices, mar, qué dices, dime!
Pero no me lo digas; tus cantares
son, con el coro de tus varios mares,
una voz sola que cantando gime.

Ese mero gemido nos redime
de la letra fatal, y sus pesares,
bajo el oleaje de nuestros azares,
el secreto secreto nos oprime.

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La sinrazón de nuestra suerte abona,
calla la culpa y danos el castigo;
la vida al que nació no le perdona;

de esta enorme injusticia sé testigo,
que así mi canto con tu canto entona,
y no me digas lo que no te digo.

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Poemas de Miguel de Unamuno movidos por la fe

Miguel de Unamuno compuso obras cuyo motor de inspiración estaba basado en las creencias religiosas impuestas por la época, pensamientos que muestra en varias de sus producciones.

Poemas de Miguel de Unamuno movidos por la fe

Su obra muestra una profunda angustia ante un Dios silencioso, un tiempo que transcurre inexorable y la idea de la muerte.

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Temas que un tiempo le causaron una profunda depresión y que perfectamente supo plasmar en sus poemas.

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Además otros temas como la patria y la vida cotidiana, también son tratados en su obra. Descubre todos estos pensamientos contradictorios que fueron plasmados en los poemas de Miguel de Unamuno.

Castilla

Bien sea para cuestionar o para trasmitir una epifanía, Miguel de Unamuno compuso obras inspiradas en la fe y este es uno de esos poemas que es movido por aspectos religiosos.

Tu me levantas, tierra de Castilla
en la rugosa palma de tu mano,
al cielo que te enciende y te refresca,
al cielo, tu amo.

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Tierra nervuda, enjuta, despejada,
madre de corazones y de brazos,
toma el presente en ti viejos colores
del noble antaño.

Con la pradera cóncava del cielo
lindan en torno tus desnudos campos,
tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro
y en ti santuario.

Es todo cima tu extensión redonda
y en ti me siento al cielo levantado,
aire de cumbre es el que se respira
aquí, en tus páramos.

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¡Ara gigante, tierra castellana,
a ese tu aire soltaré mis cantos,
si te son dignos bajarán al mundo
desde lo alto!

¿Por qué esos lirios que los hielos matan?

Este poema de Miguel de Unamuno esta repleto de interrogantes que se pueden entender pomo preguntas que envolvían la mente del escritor.

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Que quiso plasmar en su obra con el fin de encontrar respuestas acertadas.

¿Por qué esos lirios que los hielos matan?
¿Por qué esas rosas a que agosta el sol?
¿Por qué esos pajarillos que sin vuelo
se mueren en plumón?

¿Por qué derrocha el cielo tantas vidas
que no son de otras nuevas eslabón?
¿Por qué fue dique de tu sangre pura
tu pobre corazón?

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¿Por qué no se mezclaron nuestras sangres
del amor en la santa comunión?
¿Por qué tú y yo, Teresa de mi alma
no dimos granazón?

¿Por qué, Teresa, y para qué nacimos?
¿Por qué y para qué fuimos los dos?
¿Por qué y para qué es todo nada?
¿Por qué nos hizo Dios?

Dolor común

Como ya lo habíamos mencionado las obras de Miguel de Unamuno muestras contradicciones frecuentes enmarcardas principalmente a la fe, por lo que es típico encontrar poemas que cuestiona las creencias religiosas.

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Cállate, corazón, son tus pesares
de los que no deben decirse, deja
se pudran en tu seno; si te aqueja
un dolor de ti solo no acíbares

a los demás la paz de sus hogares
con importuno grito. Esa tu queja,
siendo egoísta como es, refleja
tu vanidad no más. Nunca separes

tu dolor del común dolor humano,
busca el íntimo aquel en que radica
la hermandad que te liga con tu hermano,

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el que agranda la mente y no la achica;
solitario y carnal es siempre vano;
sólo el dolor común nos santifica.

Noche de luna llena

La oscuridad que caracteriza a la noche figurado en incontables poemas, pero este de la autoría de Miguel de Unamuno no trata de la oscuridad.

Por el contrario el autor describe la noche como blanca y destaca la belleza de la naturaleza.

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Noche blanca en que el agua cristalina
duerme queda en su lecho de laguna,
sobre la cual redonda llena luna
que ejército de estrellas encamina.

Vela, y se espeja una redonda encina
en el espejo sin rizada alguna;
noche blanca en que el agua hace de cuna
de la más alta y más honda doctrina.

Es un rasgón del cielo que abrazado
tiene en sus brazos la Naturaleza;
es un rasgón del cielo que ha posado

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y en el silencio de la noche reza
la oración del amante resignado
sólo al amor, que es su única riqueza.

La oración del ateo

Un poema de Miguel de Unamuno inspirado totalmente por la fe, pero no en aras de favorecer las creencias, más bien con el fin de exponer su posición ante un supuesto Dios y cuestionar todos los elementos sobre sus existencia.

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

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a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi alma endulzóme noches tristes.

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.

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Luciérnaga celeste, humilde estrella…

Las criaturas nocturnas vuelve a tener un espacio dentro de la poesía de Miguel de Unamuno.

En esta oportunidad para destacar que ellas también son parte de un universo en el que cada especie brilla con su luz propia y no necesitan de un faro divino que alumbre su andar.

Luciérnaga celeste, humilde estrella
de navegante guía: la Boquilla
de la Bocina que a hurtadillas brilla,
violeta de luz, pobre centella

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del hogar del espacio; ínfima huella
del paso del Señor; gran maravilla
que broche del vencejo en la gavilla
de mies de soles, sólo ella los sella.

Era al girar del universo quicio
basado en nuestra tierra; fiel contraste
del Hombre Dios y de su sacrificio.

Copérnico, Copérnico, robaste
a la fe humana su más alto oficio
y diste así con su esperanza al traste.

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En su adolescencia, Miguel de Unamuno presenció la toma de su ciudad durante la Tercera Guerra Carlista.

Esta experiencia, tan difícil de sobrellevar, influyó tanto en él que se puede observar reflejada en su primera novela, titulada “Paz en la guerra”.

Falleció en Salamanca el 31 de diciembre de 1936, pero dejó entre contradicciones y pensamientos depresivos, un repertorio de poesía valioso por lo que hoy es recordado.

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