+12 Poemas de Xavier Villaurrutia ¡Cautivantes!

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¿Cuales son las características de los poemas de Xavier Villaurrutia? Inspirado por el estilo poético de Ramón López Vedarles, y finalmente influido por el surrealismo.

Xavier Villaurrutia logró componer un legado literario distinguido por la marca de la oscuridad, la desolación y la constante presencia de la muerte.

Como muchos escritores exitosos, no se enfocó primeramente en la poesía, abandono la carrera de leyes para dedicarse de lleno a las letras.

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Si bien su fuerte fue la producción poética, también incursionó excepcionalmente como crítico literario y dramaturgo.

Villaurrutia estuvo involucrado en numerosas movimientos culturales que buscaban dar a conocer la literatura y la importancia de la lengua escrita, recibiendo destacados premios por sus trabajos y aportes.

La vida de este escritor mexicano estuvo marcada por grandes éxitos dentro de la literatura y son esos mismo logros los que hoy recordaremos.

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Poemas de Xavier Villaurrutia de variados temas

La poesía de Xavier Villaurrutia cuenta con una importancia indiscutible, su peculiar estilo empleado es sus escritos se encuentra influido por la corriente literaria del surrealismo y la asociación de ideas potenciadas en las que reina la ansiedad.

Planos distintos que muestras experiencias propias y que se convierten el centro de los expendidos trabajos del escritor es la esencia de los versos compuestos por el mexicano.

Encuentra aquí poemas de Villaurrutia que abordan temáticas variadas y que sin duda te cautivaran.

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Poemas de Xavier Villaurrutia de variados temas

Deseo

Los poemas románticos han sido, durante siglos, el motor de inspiración de muchos literatos, poetas y escritores.

En este sentido, Xavier Villaurrutia no se quedo atrás y creo este verso de amor que plasma esos sentimientos que nos recorren la mente al pensar en esa persona especial.

Amarte con un fuego duro y frío.
Amarte sin palabras, sin pausas ni silencios.

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Amarte sólo cada vez que quieras,
y sólo con la muda presencia de mis actos.

Amarte a flor de boca y mientras la mentira
no se distinga en ti de la ternura.

Amarte cuando finges toda la indiferencia
que tu abandono niega, que funde tu calor.

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Amarte cada vez que tu piel y tu boca
busquen mi piel dormida y mi boca despierta.

Amarte por la soledad, si en ella me dejas.
Amarte por la ira en que mi razón enciendes.

Y, más que por el goce y el delirio,
amarte por la angustia y por la duda.

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Soneto de la esperanza

Este poema de Xavier Villaurrutia es ideal para explotar esa faceta romántica y cautivar a esa persona especial con la técnica de conquista más antigua y cautivadora.

Amar es prolongar el breve instante
de angustia, de ansiedad y de tormento
en que, mientras espero, te presiento
en la sombra suspenso y delirante.

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¡Yo quisiera anular de tu cambiante
y fugitivo ser el movimiento,
y cautivarte con el pensamiento
y por él sólo ser tu solo amante!

Pues si no quiero ver, mientras avanza
el tiempo indiferente, a quien más quiero,
para soñar despierto en tu tardanza

la sola posesión de lo que espero,
es porque cuando llega mi esperanza
es cuando ya sin esperanza muero.

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Inventar la verdad

¿A quien no le a pasado que se enamora sin darse cuenta? Este poema de Xavier Villaurrutia describe esta situación.

Pero utilizando el estilo característico del autor y las palabras dulces y románticas empleadas en la poesía.

Pongo el oído atento al pecho,
como, en la orilla, el caracol al mar.
Oigo mi corazón latir sangrando
y siempre y nunca igual.
Sé por quién late así, pero no puedo
decir por qué será.

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Si empezara a decirlo con fantasmas
de palabras y engaños, al azar,
llegaría, temblando de sorpresa,
a inventar la verdad:
¡Cuando fingí quererte, no sabía
que te quería ya!

Nuestro amor

Si las emociones están a flor de piel y buscas un poema que te ayude a trasmitir todos esos sentimientos a tu persona amada, este verso de Xavier Villaurrutia es ideal para ello.

En el son plasmadas esas emociones latentes en una relación amorosa que la vuelven especial.

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Si nuestro amor no fuera,
al tiempo que un secreto,
un tormento, una duda,
una interrogación;

si no fuera una larga
espera interminable,
un vacío en el pecho
donde el corazón llama
como un puño cerrado
a una puerta impasible;

si nuestro amor no fuera
el sueño doloroso
en que vives sin mí,
dentro de mí, una vida
que me llena de espanto;

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si no fuera un desvelo,
un grito iluminado
en la noche profunda;

si nuestro amor no fuera
como un hilo tendido
en que vamos los dos
sin red sobre el vacío;

si tus palabras fueran
sólo palabras para
nombrar con ellas cosas
tuyas, no más, y mías;

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si no resucitaran
si no evocaran trágicas
distancias y rencores
traspuestos, olvidados;

si tu mirada fuera
siempre la que un instante
-¡pero un instante eterno!-
es tu más honda entrega;

si tus besos no fueran
sino para mis labios
trémulos y sumisos;

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si tu lenta saliva
no fundiera en mi boca
su sabor infinito;

si juntos nuestros labios
desnudos como cuerpos,
y nuestros cuerpos juntos
como labios desnudos
no formaran un cuerpo
y una respiración,
¡no fuera amor el nuestro,
no fuera nuestro amor!

Mar

Los elementos naturaleza siempre son un buen motivo de inspiración y cuando la intención es comparar la belleza con un aspecto simbólico, lo natural es la mejor opción.

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Este poema de Xavier Villaurrutia describe la representación de un amor en la vida del escritor a través de palabras inspiradoras y comparaciones con la naturaleza.

Te acariciaba, mar, en mi desvelo.
Te soñaba en mi sueño, ¡inesperado!
Te esperaba en la sombra recatado
y te oía en el silencio de mi duelo.

Eras, para mi cuerpo, cielo y suelo;
símbolo de mi sueño, inexplicado;
olor para mi sombra, iluminado;
rumor en el silencio de mi celo.

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Te tuve ayer hirviendo entre mis manos,
caí despierto en tu profundo río,
sentí el roce de tus muslos cercanos.

Y aunque fui tuyo, entre tus brazos frío,
tu calor y tu aliento fueron vanos:
cada vez más te siento menos mío.

Nocturnos poemas de Xavier Villaurrutia

Los versos de sus nocturnos destacan entre sus trabajos poéticos gracias a la ambigüedad de sus palabras.

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El magnífico juego de palabras empleado y el estilo del poeta de utilizar el doble valor de vocablo como sustantivo y como forma verbal.

Estos poemas famoso del escritor fueron publicados en 1933 a través de poemario “Nostalgia de la muerte”, en el el escritor da libre uso de sus interrogantes existenciales en un universo bajo constante cambio.

Nocturnos poemas de Xavier Villaurrutia

Nocturno muerto

Iniciamos esta lista de los nocturnos poemas de Xavier Villaurrutia con uno que hace honor al título del poemario al que pertenece. En el la muerte llega para ser protagonista en un verso oscuro pero interesante.

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Primero un aire tibio y lento que me ciña
como la venda al brazo enfermo de un enfermo
y que me invada luego como el silencio frío
al cuerpo desvalido y muerto de algún muerto.

Después un ruido sordo, azul y numeroso,
preso en el caracol de mi oreja dormida
y mi voz que se ahogue en ese mar de miedo
cada vez más delgada y más enardecida.

¿Quién medirá el espacio, quién me dirá el momento
en que se funda el hielo de mi cuerpo y consuma
el corazón inmóvil como la llama fría?

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La tierra hecha impalpable silencioso silencio,
la soledad opaca y la sombra ceniza
caerán sobre mis ojos y afrentarán mi frente.

Nocturno sueño

Una característica dentro de los nocturnos poemas de Xavier Villaurrutia es la constante aparición de temas oscuros y el aire pesimista y misteriosos que el autor destaca en ellos.

Este verso en particular es claro ejemplo de ello.

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Abría las salas
profundas el sueño
y voces delgadas
corrientes de aire
entraban

Del barco del cielo
del papel pautado
caía la escala
por donde mi cuerpo
bajaba

El cielo en el suelo
como en un espejo
la calle azogada
dobló mis palabras

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Me robó mi sombra
la sombra cerrada
Quieto de silencio
oí que mis pasos
pasaban

El frío de acero
a mi mano ciega
armó con su daga
Para darme muerte
la muerte esperaba

Y al doblar la esquina
un segundo largo
mi mano acerada
encontró mi espalda

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Sin gota de sangre
sin ruido ni peso
a mis pies clavados
vino a dar mi cuerpo

Lo tomé en los brazos
lo llevé a mi lecho

Cerraba las alas
profundas el sueño.

Más contenido que te encantará
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Nocturno de amor

En este poema de Xavier Villaurrutia, más que los aspectos oscuros, destaca el erotismo y el romance característico de la época.

El que nada se oye en esta alberca de sombra
no sé cómo mis brazos no se hieren
en tu respiración sigo la angustia del crimen
y caes en la red que tiende el sueño.

Guardas el nombre de tu cómplice en los ojos
pero encuentro tus párpados más duros que el silencio
y antes que compartirlo matarías el goce
de entregarte en el sueño con los ojos cerrados

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sufro al sentir la dicha con que tu cuerpo busca
el cuerpo que te vence más que el sueño
y comparo la fiebre de tus manos
con mis manos de hielo

y el temblor de tus sienes con mi pulso perdido
y el yeso de mis muslos con la piel de los tuyos
que la sombra corroe con su lepra incurable.

Ya sé cuál es el sexo de tu boca
y lo que guarda la avaricia de tu axila
y maldigo el rumor que inunda el laberinto de tu oreja
sobre la almohada de espuma
sobre la dura página de nieve

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No la sangre que huyó de mí como del arco huye la flecha
sino la cólera circula por mis arterias
amarilla de incendio en mitad de la noche
y todas las palabras en la prisión de la boca
y una sed que en el agua del espejo

sacia su sed con una sed idéntica
De qué noche despierto a esta desnuda
noche larga y cruel noche que ya no es noche
junto a tu cuerpo más muerto que muerto
que no es tu cuerpo ya sino su hueco

porque la ausencia de tu sueño ha matado a la muerte
y es tan grande mi frío que con un calor nuevo
abre mis ojos donde la sombra es más dura

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y más clara y más luz que la luz misma
y resucita en mí lo que no ha sido
y es un dolor inesperado y aún más frío y más fuego
no ser sino la estatua que despierta
en la alcoba de un mundo en el que todo ha muerto.

Nocturno de los ángeles

En este poema de Xavier Villaurrutia se puede ver claramente el estilo surrealista característico del autor, este es un verso inspirador que combina la fantasía con el romance y el erotismo.

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Se diría que las calles fluyen dulcemente en la noche.
Las luces no son tan vivas que logren desvelar el secreto,
el secreto que los hombres que van y vienen conocen,

porque todos están en el secreto
y nada se ganaría con partirlo en mil pedazos
si, por el contrario, es tan dulce guardarlo
y compartirlo sólo con la persona elegida.

Si cada uno dijera en un momento dado,
en sólo una palabra, lo que piensa,
las cinco letras del DESEO formarían una enorme cicatriz luminosa,
una constelación más antigua, más viva aún que las otras.

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Y esa constelación sería como un ardiente sexo
en el profundo cuerpo de la noche,
o, mejor, como los Gemelos que por vez primera en la vida
se miraran de frente, a los ojos, y se abrazaran ya para siempre.

De pronto el río de la calle se puebla de sedientos seres,
caminan, se detienen, prosiguen.
Cambian miradas, atreven sonrisas,
forman imprevistas parejas…

Hay recodos y bancos de sombra,
orillas de indefinibles formas profundas
y súbitos huecos de luz que ciega
y puertas que ceden a la presión más leve.

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El río de la calle queda desierto un instante.
Luego parece remontar de sí mismo
deseoso de volver a empezar.
Queda un momento paralizado, mudo, anhelante
como el corazón entre dos espasmos.

Pero una nueva pulsación, un nuevo latido
arroja al río de la calle nuevos sedientos seres.

Se cruzan, se entrecruzan y suben.
Vuelan a ras de tierra.
Nadan de pie, tan milagrosamente
que nadie se atrevería a decir que no caminan.

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¡Son los ángeles!
Han bajado a la tierra
por invisibles escalas.

Vienen del mar, que es el espejo del cielo,
en barcos de humo y sombra,
a fundirse y confundirse con los mortales,

a rendir sus frentes en los muslos de las mujeres,
a dejar que otras manos palpen sus cuerpos febrilmente,
y que otros cuerpos busquen los suyos hasta encontrarlos
como se encuentran al cerrarse los labios de una misma boca,

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a fatigar su boca tanto tiempo inactiva,
a poner en libertad sus lenguas de fuego,
a decir las canciones, los juramentos, las malas palabras
en que los hombres concentran el antiguo misterio
de la carne, la sangre y el deseo.

Tienen nombres supuestos, divinamente sencillos.
Se llaman Dick o John, o Marvin o Louis.

En nada sino en la belleza se distinguen de los mortales.
Caminan, se detienen, prosiguen.
Cambian miradas, atreven sonrisas.
Forman imprevistas parejas.

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Sonríen maliciosamente al subir en los ascensores de los hoteles
donde aún se practica el vuelo lento y vertical.
En sus cuerpos desnudos hay huellas celestiales;
signos, estrellas y letras azules.

Se dejan caer en las camas, se hunden en las almohadas
que los hacen pensar todavía un momento en las nubes.

Pero cierran los ojos para entregarse mejor a
los goces  de su encarnación misteriosa,
y, cuando duermen, sueñan no con los
ángeles sino con los mortales.

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Nocturno en que nada se oye

Un mensaje realmente revelador en el que escribió en esta oportunidad el talentosos literato.

En el poema es expuesto los misterios que disimula el silencio y usando tonos surrealistas describe los sonidos que se esconde en los más profundo del ser.

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En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen
sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyeron los ángulos
en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre

para salir en un momento tan lento
en un interminable descenso
sin brazos que tender sin dedos para
alcanzar la escala que cae de un piano invisible

sin más que una mirada y una voz
que no recuerdan haber salido de ojos y labios
¿qué son labios? ¿qué son miradas que son labios?

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Y mi voz ya no es mía
dentro del agua que no moja
dentro del aire de vidrio

dentro del fuego lívido que corta como el grito
Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro
cae mi voz

y mi voz que madura
y mi voz que madura
y mi voz que madura
y mi voz quema dura

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como el hielo de vidrio
como el grito de hielo
aquí en el caracol de la oreja

el latido de un mar en el que no sé nada
en el que no se nada
porque he dejado pies y brazos en la orilla
siento caer fuera de mí la red de mis nervios
mas huye todo como el pez que se da cuenta

hasta ciento en el pulso de mis sienes
muda telegrafía a la que nadie responde
porque el sueño y la muerte nada tienen ya que decirse.

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Nocturno de la estatua

Los escenarios que describe Xavier Villaurrutia dentro de este poema no se separa de los sueño y al mismo tiempo se contrapone este elemento con la vigilia en un mundo oscuro y cerrado.

Soñar, soñar la noche, la calle, la escalera
y el grito de la estatua desdoblando la esquina.

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Correr hacia la estatua y encontrar sólo el grito,
querer tocar el grito y sólo hallar el eco,
querer asir el eco y encontrar sólo el muro
y correr hacia el muro y tocar un espejo.

Hallar en el espejo la estatua asesinada,
sacarla de la sangre de su sombra,
vestirla en un cerrar de ojos,
acariciarla como a una hermana imprevista

y jugar con las flechas de sus dedos
y contar a su oreja cien veces cien cien veces
hasta oírla decir: «estoy muerta de sueño».

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Nocturno eterno

En este poema ocurre lo mismo que en el anterior, dos elementos se contraponen entre si, pero es este caso es la muerte y la vida.

Pero siempre manteniendo activa la búsqueda del yo lírico que perseguía secretamente el autor.

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Cuando los hombres alzan los hombros y pasan
o cuando dejan caer sus nombres
hasta que la sombra se asombra

cuando un polvo más fino aún que el humo
se adhiere a los cristales de la voz
y a la piel de los rostros y las cosas

cuando los ojos cierran sus ventanas
al rayo del sol pródigo y prefieren
la ceguera al perdón y el silencio al sollozo

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cuando la vida o lo que así llamamos inútilmente
y que no llega sino con un nombre innombrable
se desnuda para saltar al lecho
y ahogarse en el alcohol o quemarse en la nieve

cuando la vi cuando la vid cuando la vida
quiere entregarse cobardemente y a oscuras
sin decirnos siquiera el precio de su nombre

cuando en la soledad de un cielo muerto
brillan unas estrellas olvidadas
y es tan grande el silencio del silencio
que de pronto quisiéramos que hablara

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o cuando de una boca que no existe
sale un grito inaudito
que nos echa a la cara su luz viva
y se apaga y nos deja una ciega sordera

o cuando todo ha muerto
tan dura y lentamente que da miedo
alzar la voz y preguntar “quién vive”

dudo si responder
a la muda pregunta con un grito
por temor de saber que ya no existo

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porque acaso la voz tampoco vive
sino como un recuerdo en la garganta
y no es la noche sino la ceguera
lo que llena de sombra nuestros ojos

y porque acaso el grito es la presencia
de una palabra antigua
opaca y muda que de pronto grita

porque vida silencio piel y boca
y soledad recuerdo cielo y humo
nada son sino sombras de palabras
que nos salen al paso de la noche

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Un vacío dentro de la literatura fue lo que dejó la lamentable muerte de Xavier Villaurrutia, el 25 de diciembre de 1950, en Ciudad de México.

Pero proporcionó un admirable legado que servirá de inspiración para muchos escritores.

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