+10 Poemas de Nicolás Guillen ¡Arte cubano!

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Poemas de Nicolás Guillén
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¿Por qué Nicolás Guillén es recordado como el escritor de la poesía negra? Nicolás Guillén es uno de los más destacados escritores, políticos y periodistas cubanos, nacido en la provincia de Camagüey el 10 de julio de 1902.

Pero su éxito se debe a sus constante lucha por defender las tradiciones afrocubanas por lo que es considerado como el máximo representante de la llamada poesía negra centroamericana y una de las principales figuras de la literatura y la cultura de la isla.

Como muchos de sus colegas, Nicolás Guillén mostró gran interés por la letras y la escritura desde muy joven a tal punto que decidió abandonar la carrera de Derecho y dedicarse a trabajar como tipógrafo para más adelante seguir los pasos de su padre e incursionar en el mundo del periodismo, dándose a conocer además como escritor.

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Pero también incursionó activamente en la política de su nación.

A lo largo de su vida tuvo una participación muy activa, lo que lo llevó a permanecer en el exilio en reiteradas oportunidades, siendo parte de movimientos y agrupaciones como el Partido Comunista.

Nicolás Guillén creó diversos textos inspiradores y su poesía se hizo eco también de las inquietudes neo románticas y metafísicas del momento, como la trascendencia del amor y la muerte, que ocuparon un espacio importante en su obra.

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Por estas razones y muchas más hoy recordamos a Nicolás Guillén y su poesía. Conoce los poemas más cautivadores e interesantes.

Poemas de Nicolás Guillen no tan extensos

La actividad literaria de Nicolás Guillén se inició en el posmodernismo, pero su producción literaria obtendría otro rumbo, ya que se inscribió dentro de la llamada línea realista de los múltiples vanguardistas cubanos.

Cultivando como ningún otro autor la llamada poesía negra, tendencia surgida en torno a 1930 en las Antillas y la misma que le proporcionó la fama que hoy posee.

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Poemas de Nicolás Guillen con su estilo único

Es que desde su condición de mulato expresó con un peculiar sentido rítmico la temática del mestizaje, por lo que sus obra está enfocada directamente en un contexto social y político que manifestaba la dura opresión y servidumbre sufrida por el pueblo.

En esta sección podrás conocer los poemas de Nicolás Guillén que muestra su estilo único y luchador.

Mujer nueva

Nicolás Cristóbal Guillén Batista, fue un escritor cubano que orientó su obra a la cultura afrodescendiente,  los procesos de mestizaje y transculturación, exaltando el color cubano.

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En el caso de este poema de Nicolás Guillen la figura de la mujer representa el mayor protagonismo, pero al mismo tiempo hace referencia a su color de piel como elemento determinante.

Con el círculo ecuatorial
ceñido a la cintura como a un pequeño mundo
la negra, mujer nueva,
avanza en su ligera bata de serpiente.

Coronada de palmas,
como una diosa recién llegada,
ella trae la palabra inédita,
el anca fuerte,
la voz, el diente, la mañana y el salto.

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Chorro de sangre joven
bajo un pedazo de piel fresca,
y el pie incansable
para la pista profunda del tambor.

De que callada manera…

Este poema de Nicolás Guillen describe con elementos armónicos su intencionalidad en el texto. Se trata  de una composición breve cargada con el estilo característico del escritor cubano.

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¡De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera !
¡Yo, muriendo!

Y de que modo sutil
me derramo en la camisa
todas las flores de abril

¿Quién le dijo que yo era
risa siempre, nunca llanto,
como si fuera
la primavera?
¡No soy tanto!

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En cambio, ¡Qué espiritual
que usted me brinde una rosa
de su rosal principal!

De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera
¡Yo, muriendo!

La tarde pidiendo amor

El amor siempre aparece dentro del repertorio de obrar de cualquier artista y es que el amor es el sentimiento que mueve el mundo, las situaciones más épicas se han generado a causa del amor.

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Este poema de Nicolás Guillen no se queda fuera de los versos inspira por el amor.

La tarde pidiendo amor.
Aire frío, cielo gris.
Muerto sol.
La tarde pidiendo amor.

Pienso en sus ojos cerrados,
la tarde pidiendo amor,
y en sus rodillas sin sangre,
la tarde pidiendo amor,

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y en sus manos de uñas verdes,
y en su frente sin color,
y en su garganta sellada…

La tarde pidiendo amor,
la tarde pidiendo amor,
la tarde pidiendo amor.

No.
No, que me sigue los pasos,
no;
que me habló, que me saluda,
no;
que miro pasar su entierro,
no;

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que me sonríe, tendida,
tendida, suave y tendida,
sobre la tierra, tendida,
muerta de una vez, tendida…
No.

Alma música

La música ha sido, al igual que el amor y la mujer, uno de los elementos más inspiradores y es que está comprobado científicamente que la música activa en nuestro cerebro hormonas asociadas al creatividad.

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Es quizás por esta razón que Nicolás Guillen se apropió de la música para componer este maravilloso texto poético.

Yo soy borracho. Me seduce el vino
luminoso y azul de la Quimera
que pone una explosión de Primavera
sobre mi corazón y mi destino.

Tengo el alma hecha ritmo y armonía;
todo en mi ser es música y es canto,
desde el réquiem tristísimo de llanto
hasta el trino triunfal de la alegría.

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Y no porque la vida mi alma muerda
ha de rimar su ritmo mi alma loca:
aun mas que por la mano que la toca
la cuerda vibra y canta porque es cuerda.

Así, cuando la negra y dura zarpa
de la muerte destroce el pecho mío,
mi espíritu ha de ser en el vacío
cual la postrera vibración de un arpa.

Y ya de nuevo en el astral camino
concretara sus ansias de armonía
en la cascada de una sinfonía,
o en la alegría musical de un trino.

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Mariposa

Los insectos voladores de espectacular colores conocidos como mariposas han sido relacionados por los poetas con la libertad, y es que se desplazan por el mundo llevando sus coloridos vuelos a cada rincón sin limitaciones. 

En este poema de Nicolás Guillen la mariposa es el centro como criatura libre y renovadora.

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Quisiera
hacer un verso que tuviera
ritmo de Primavera;
que fuera

como una fina mariposa rara,
como una mariposa que volara
sobre tu vida, y cándida y ligera
revolara

sobre tu cuerpo cálido de cálida palmera
y al fin su vuelo absurdo reposara
–tal como en una roca azul de la pradera–
sobre la linda rosa de tu cara…

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Quisiera
hacer un verso que tuviera
toda la fragancia de la Primavera

y que cual una mariposa rara
revolara
sobre tu vida, sobre tu cuerpo, sobre tu cara.

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Poemas de Nicolás Guillen cautivadores

En sus comienzos, los poemas de Nicolás Guillén le caracterizaron incluso una fonética afrocubana, pero tiempo después decidió abandonar esta condición para desmarcarse de la tradición oral folclórica.

+10 Poemas de Nicolás Guillen ¡Arte cubano!

Poemas de Nicolás Guillen cautivadores

Muchas de sus obras proyectan una expresión auténtica y genuina de lo que es un país mulato.

Además todos sus poemas manifiestan sus preocupaciones sociales, sobre todo enfocadas en este sector de la sociedad, culturalmente rechazadas, que con el paso del tiempo se fueron haciendo más marcadas.

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Conoce algunos otros poemas de Nicolás Guillén e ilustra ese concepto tan mencionado en el artículo como poesía negra.

Agua del recuerdo

En este poema del reconocido poeta cubano podemos ver como se marca su estilo característico y su intención de exaltar la raza negra como color fuerte y tratando de eliminar los prejuicios hacia la gente de color, el mismo sentido que podemos apreciar en muchas de sus obras.

¿Cuándo fue?
No lo sé.
Agua del recuerdo
voy a navegar.

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Pasó una mulata de oro,
y yo la miré al pasar:
moño de seda en la nuca,

bata de cristal,
niña de espalda reciente,
tacón de reciente andar.

Caña
(febril le dije en mí mismo),
caña
temblando sobre el abismo,

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¿quién te empujará?
¿Qué cortador con su mocha
te cortará?
¿Qué ingenio con su trapiche
te molerá?

El tiempo corrió después,
corrió el tiempo sin cesar,
yo para allá, para aquí,
yo para aquí, para allá,
para allá, para aquí,
para aquí, para allá…

Nada sé, nada se sabe,
ni nada sabré jamás,
nada han dicho los periódicos,
nada pude averiguar,

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de aquella mulata de oro
que una vez miré al pasar,
moño de seda en la nuca,
bata de cristal,
niña de espalda reciente,
tacón de reciente andar.

Palabras en el trópico

Este poema de Nicolás Guillen nuevamente pone en evidencia la clara preferencia que perseguía el escritor con sus obras, en especial las de carácter poético, pues al igual que muchas de sus composiciones, esta describe al color de piel oscura como centro.

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Trópico,
tu dura hoguera
tuesta las nubes altas
y el cielo profundo ceñido por el arco del Mediodía.

Tú secas en la piel de los árboles
la angustia del lagarto.
Tú engrasas las ruedas de los vientos
para asustar a las palmeras.

Tú atraviesas
con una gran flecha roja
el corazón de las selvas
y la carne de los ríos.

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Te veo venir por los caminos ardorosos,
Trópico,
con tu cesta de mangos,
tus cañas limosneras
y tus caimitos, morados como el sexo de las negras.

Te veo las manos rudas
partir bárbaramente las semillas
y halar de ellas el árbol opulento,
árbol recién nacido, pero apto
para echar a correr por entre los bosques clamorosos.

Aquí,
en medio del mar,
retozando en las aguas con mis Antillas desnudas,
yo te saludo, Trópico.

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Saludo deportivo,
primaveral,
que se me escapa del pulmón salado
a través de estas islas escandalosas hijas tuyas.

(Dice Jamaica
que ella está contenta de ser negra,
y Cuba ya sabe que es mulata.)

¡Ah,
qué ansia
la de aspirar el humo de tu incendio
y sentir en dos pozos amargos las axilas!

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Las axilas, oh Trópico,
con sus vellos torcidos y retorcidos en tus llamas.
Puños los que me das
para rajar los cocos tal un pequeño dios colérico;

ojos los que me das
para alumbrar la sombra de mis tigres;
oído el que me das
para escuchar sobre la tierra las pezuñas lejanas.

Te debo el cuerpo oscuro,
las piernas ágiles y la cabeza crespa,
mi amor hacia las hembras elementales,
y esta sangre imborrable.

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Te debo los días altos,
en cuya tela azul están pegados
soles redondos y risueños;
te debo los labios húmedos,

la cola del jaguar y la saliva de las culebras;
te debo el charco donde beben las fieras sedientas;

te debo, Trópico,
este entusiasmo niño
de correr en la pista

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de tu profundo cinturón lleno de rosas amarillas,
riendo sobre las montañas y las nubes,
mientras un cielo marítimo
se destroza en interminables olas de estrellas a mis pies.

Llegada

Nicólas Guillen es considerado el poeta nacional cubano, esto debido a que sus obras giran entorno a su cultura y su gente siempre exaltando sus tradiciones y los procesos de mestizajes que tuvieron lugar en la época de la colonización de América.

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Este poema de Nicólas Guillen seguramente te encantará.

¡Aquí estamos!
La palabra nos viene húmeda de los bosques,
y un sol enérgico nos amanece entre las venas.

El puño es fuerte
y tiene el remo.

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En el ojo profundo duermen palmeras exorbitantes.
El grito se nos sale como una gota de oro virgen.

Nuestro pie,
duro y ancho,
aplasta el polvo en los caminos abandonados
y estrechos para nuestras filas.

Sabemos dónde nacen las aguas,
y las amamos porque empujaron nuestras canoas bajo
los cielos rojos.

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Nuestro canto
es como un músculo bajo la piel del alma,
nuestro sencillo canto.

Traemos el humo en la mañana,
y el fuego sobre la noche,
y el cuchillo, como un duro pedazo de luna,
apto para las pieles bárbaras;

traemos los caimanes en el fango,
y el arco que dispara nuestras ansias,
y el cinturón del trópico,
y el espíritu limpio.

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Traemos
nuestro rasgo al perfil definitivo de América.

¡Eh, compañeros, aquí estamos!
La ciudad nos espera con sus palacios, tenues
como panales de abejas silvestres;

sus calles están secas como los ríos cuando no llueve en la montaña,
y sus casas nos miran con los ojos pávidos
de las ventanas.

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Los hombres antiguos nos darán leche y miel
y nos coronarán de hojas verdes.

¡Eh, compañeros, aquí estamos!
Bajo el sol
nuestra piel sudorosa reflejará los rostros húmedos
de los vencidos,

y en la noche, mientras los astros ardan en la punta
de nuestras llamas,
nuestra risa madrugará sobre los ríos y los pájaros.

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Angustia cuarta

Este poema de Nicólas Guillen viene con dedicatoria incluida y se trata nada más y nada menos que una composición dedicada a uno de los poetas de mayor influencia y popularidad de la literatura española del siglo xx, Federico García Lorca.

Federico

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Toco a la puerta de un romance.
-¿No anda por aquí Federico?
Un papagayo me contesta:
-Ha salido.

Toco a una puerta de cristal.
-¿No anda por aquí Federico?
Viene una mano y me señala:
-Está en el río.

Toco a la puerta de un gitano.
-¿No anda por aquí Federico?
Nadie responde, no habla nadie…
-¡Federico! ¡Federico!

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La casa oscura, vacía;
negro musgo en las paredes;
brocal de pozo sin cubo,
jardín de lagartos verdes.

Sobre la tierra mullida
caracoles que se mueven,
y el rojo viento de julio
entre las ruinas, meciéndose.

¡Federico!
¿Dónde el gitano se muere?
¿Dónde sus ojos se enfrían?
¡Dónde estará, que no viene!

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(Una canción)

«Salió el domingo, de noche,
salió el domingo, y no vuelve.
Llevaba en la mano un lirio,

llevaba en los ojos fiebre;
el lirio se tornó sangre,
la sangre tornóse muerte».

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(Momento en García Lorca)

Soñaba Federico en nardo y cera,
y aceituna y clavel y luna fría.
Federico, Granada y Primavera.

En afilada soledad dormía,
al pie de sus ambiguos limoneros,
echado musical junto a la vía.

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Alta la noche, ardiente de luceros,
arrastraba su cola transparente
por todos los caminos carreteros.

«¡Federico!», gritaron de repente,
con las manos inmóviles, atadas,
gitanos que pasaban lentamente.

¡Qué voz la de sus venas desangradas!
¡Qué ardor el de sus cuerpos ateridos!
¡Qué suaves sus pisadas, sus pisadas!

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Iban verdes, recién anochecidos;
en el duro camino invertebrado
caminaban descalzos los sentidos.

Alzóse Federico, en luz bañado.
Federico, Granada y Primavera.
y con luna y clavel y nardo y cera,
los siguió por el monte perfumado.

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Guitarra

No existe mejor manera de finalizar con nuestro recorrido por los poemas de Nicólas Guillen que con uno dedicado a uno de los grades colegas del escritor Francisco Guillén.

A Francisco Guillén

Tendida en la madrugada,
la firme guitarra espera:
voz de profunda madera
desesperada.

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Su clamorosa cintura,
en la que el pueblo suspira,
preñada de son, estira
la carne dura.

Arde la guitarra sola,
mientras la luna se acaba;
arde libre de su esclava
bata de cola.

Dejó al borracho en su coche,
dejó el cabaret sombrío,
donde se muere de frío,
noche tras noche,

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y alzó la cabeza fina,
universal y cubana,
sin opio, ni mariguana,
ni cocaína.

¡Venga la guitarra vieja,
nueva otra vez al castigo
con que la espera el amigo,
que no la deja!

Alta siempre, no caída,
traiga su risa y su llanto,
clave las uñas de amianto
sobre la vida.

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Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcohol la boca,
y en esa guitarra, toca
tu son entero.

El son del querer maduro,
tu son entero;
el del abierto futuro,
tu son entero;
el del pie por sobre el muro,
tu son entero…

Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcohol la boca,
y en esa guitarra, toca
tu son entero.

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Un dato curioso de este escritor es que su padre fue director del periódico Las Dos Repúblicas y militaba en el Partido Nacional, de carácter liberal.

Además fue por su vocación la que impulsó al artista a incursionar en este ámbito.

En la última mitad de la década de su vida, el escritor padeció de arteriosclerosis y del mal de Parkinson, además sufrió varios infartos, y luego fue sometido a una operación en la que se le amputó la pierna izquierda.

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Nicolás Guillén falleció el 16 de julio de 1989 en La Habana, Cuba.

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