+9 Poemas de Oscar Wilde ¡Fama y perdida!

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¿Qué fue lo que generó tanta fama y reconocimiento a Oscar Wilde? Si eres amante de la literatura, seguramente has escuchado en algún momento hablar de Oscar Wilde, quien es uno de los autores ingleses más leídos.

El ingenioso escritor nació el 16 de octubre de 1854 en la ciudad de Dublín y fue autor de cuentos, así como de diversos géneros y obras de teatro.

A pesar de ello, no muchos conocemos la verdadera razón que llevo ha Oscar Wilde ha obtener el reconocimiento que gozó hasta años antes de su muerte.

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Lo cierto es que el éxito de Wilde se basaba en el ingenio punzante y epigramático que derrochaba en sus obras, dedicadas casi siempre a fustigar las hipocresías de sus contemporáneos.

En sus obras el autor muestra la extraordinaria fantasía que ideaba en su mente y el extremado gusto por la belleza.

Dento de la mayoría de sus obras hay una idea central común, que en algún momento representa aspectos de su vida, y en ocasiones después de ella.

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Por lo general los protagonistas de sus textos entran en contacto con el dolor y los sufrimientos de los hombres y éste encuentro les produce un cambio trascendental en sus vidas.

Corriente literaria de Oscar Wilde

Oscar Wilde orientó sus obras a la corriente literaria del realismo, identificándose concretamente con el esteticismo inglés y sus características son claramente visibles en sus obras.

Además dentro de su diversa colección a menudo podemos encontrar paradojas, las cuales en algunas de los casos han llegado a ser muy famosas.

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El autor también utiliza temas de decadencia moral y critica mucho a la sociedad de aquella época victoriana, mostrando sus grandes defectos. En sus obras también se puede observar el estilo indirecto libre.

Sin duda, Oscar Wilde es uno de los tantos escritores asombrosos que han pasado por esta tierra y nos han dejado admirables textos inspiradores.

Poemas de Oscar Wilde ideales para leer en compañía

Oscar Wilde pues un escritor fecundo que dejo expendidos trabajos poéticos, además de cuentos, noveles y obras de teatro.

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Pero también fue un pensador, seguidor del esteticismo, defensor de la supremacía del arte, autor de ensayos como La decadencia de la mentira o El alma del hombre bajo el socialismo.

Además, es también el creador de la novela El retrato de Dorian Gray, donde reflexiona sobre la belleza y la decadencia, y donde anida una dolorosa premonición, esta obra es de la más reconocidas y leídas de autor por su profundo mensaje.

En esta sección de artículo recordaremos algunas de sus obras, textos que sin duda te cautivaran a niveles extraordinarios.

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Poemas de Oscar Wilde ideales para leer en compañía

A mi mujer

La figura femenina esta presente en muchos de los textos poéticos desarrollados a lo largo de la historia.

Debido a que muchos de los poetas se han inspirado en las curvas, ojos y demás atributos de la mujer para componer hermosos poemas.

En esta oportunidad, tenemos un poema de Oscar Wilde inspirado en la belleza de la mujer.

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No puedo escribir majestuoso proemio
como preludio a mi canción,
de poeta a poema,
me atrevería a decir.

Pues si de estos pétalos caídos
uno te pareciera bello,
irá el amor por el aire
hasta detenerse en tu cabello.

Y cuando el viento e invierno endurezcan
toda la tierra sin amor,
dirá un susurro algo del jardín
y tú lo entenderás.

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La fuga de la luna

Los elementos de la naturaleza son otros de los aspectos frecuente dentro de los poemas, y en el caso de esta composición de Oscar Wilde, esta inspirada en la luna, el único satélite de la tierra que además ha cautivado a muchos escritores.

Hay paz para los sentidos,
Una paz soñadora en cada mano,
Y profundo silencio en la tierra fantasmal,
Profundo silencio donde las sombras cesan.

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Sólo el grito que el eco hace chillido
De algún ave desconsolada y solitaria;
La codorniz que llama a su pareja;
La respuesta desde la colina en brumas.

Y súbitamente, la luna retira
Su hoz de los cielos centelleantes
Y vuela hacia sus cavernas sombrías
Cubierta en velo de gasa gualda.

Soneto a la libertad

La pasión, el amor y la libertad son temas frecuentes en la poesía, y al tratarse de este escritor tan reconocido es difícil imaginar que no haya ideado un expedido poema dedicado a alguno de estos temas.

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Oscar Wilde nos regala en esta oportunidad un cántico a la libertad.

No es que a tus hijos, de pupilas lacias
que apenas su congoja admiten ver
y mentes que prefieren no saber,
yo ame -es que el rugir de tus Democracias,

tus reinos del Terror, tus Anarquías
cual mar reflejan mi animosidad
y a mi ira un hermano dan- ¡Libertad!
sólo así tus dísonas melodías

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llorando alegran mi alma, ya los jueces
todos, a mal de látigo y andanadas
robasen a los pueblos sus derechos

que no me inmute -y a pesar de los hechos,
los Cristos muriendo en las barricadas
sabe Dios que estoy con ellos, a veces.

Soneto al acercarme a Italia

Muchos de los poetas y escritores encuentra la inspiración en las cosas cotidianas de la vida.

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Este poema de Oscar Wilde describe los pensamientos del escritor al llegar a Italia, la nación en forma de bota que ha sido protagonistas de millones de obras literarias, artísticas hasta cinematográficas.

Llegué a los Alpes: mi alma ardía
al oír tu nombre: Italia, Italia mía.
Y al salir del corazón de la montaña
la tierra avizoré por la que mi alma tanto suspirara,

y reí, como quien gran premio conquistara,
y meditando en lo maravilloso de tu fama
el día contemplé hasta que lo marcaran heridas de llama
y el cielo turquesa fuera oro bruñido.

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Los pinos ondeaban como cabellos de mujer
y en los huertos cada rama sarmentosa
se abría en copos de floreciente espuma.

Pero al saber que allá lejos en Roma
en cadenas injustas otro Pedro yacía
lloré de ver tierra tan bella.

Poemas de Oscar Wilde inspiradores

Oscar Wilde Durante gran parte de su vida fue una celebridad y era reconocido por la alta sociedad londinense.

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Sin embargo, esa fama no duro toda la vida, sus últimos años fueron complicados al ser enjuiciado por tener un amorío con el también escritor Alfred Douglas.

Poemas de Oscar Wilde inspiradores

En esa época la homosexualidad era condenada, por lo cual Wilde pasó dos años en la cárcel. Al salir, su vida fue distinta, pues ya ninguna editorial quería publicar sus obras.

A pesar de ello hoy es recordado entre los más grandes poetas y escritores de la historia, y en este sentido, te ofrecemos una pequeña muestra de algunos poemas de Oscar Wilde con los que podrás observar de primera mano el talento y creatividad del autor.

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La tumba de Keats

La poesía de Oscar Wilde es realmente inspiradora y para muestra de ello te traemos este poema des talentosos escritor que ha marcado toda una generación de escritores.

Libre de la injusticia del mundo y su dolor,
descansa al fin bajo el velo azul de Dios:
arrebatado a la vida cuando vida y amor eran nuevos,
el mártir más joven yace aquí,
justo cual Sebastián y tan temprano muerto.

Ningún ciprés ensombrece su tumba, ni tejo funeral,
sino amables violetas con el rocío llorando
sobre sus huesos tejen cadena de perenne floración.

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¡Oh, altivo corazón que destruyó el dolor!
¡Oh, los labios más dulces desde los de Mitilene!
¡Oh, pintor-poeta de nuestra tierra inglesa!

Tu nombre inscribióse en el agua; y habrá de perdurar:
lágrimas como las mías conservarán tu memoria verde,
como el pote de albahaca Isabella.

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Flores de amor

En esta oportunidad el amor es protagonista de un poema de Oscar Wilde.

En el describe elementos románticos dignos de pasión y romance al evidenciar un amante arrepentido quien pide perdón y asume toda las responsabilidad por los daños causados.

Amor, no te culpo; la culpa fue mía,
no hubiera yo sido de arcilla común
habría escalado alturas más altas aún no alcanzadas,
visto aire más lleno, y día más pleno.

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Desde mi locura de pasión gastada
habría tañido más clara canción,
encendido luz más luminosa, libertad más libre,
luchado con malas cabezas de hidra.

Hubieran mis labios sido doblegados hasta hacerse música
por besos que sólo hicieran sangrar,
habrías caminado con Bice y los ángeles
en el prado verde y esmaltado.

Si hubiera seguido el camino en que Dante viera
los siete círculos brillantes,
¡Ay!, tal vez observara los cielos abrirse, como
se abrieran para el florentino.

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Y las poderosas naciones me habrían coronado,
a mí que no tengo nombre ni corona;
y un alba oriental me hallaría postrado
al umbral de la Casa de la Fama.

Me habría sentado en el círculo de mármol donde
el más viejo bardo es como el más joven,
y la flauta siempre produce su miel, y cuerdas
de lira están siempre prestas.

Hubiera Keats sacado sus rizos himeneos
del vino con adormidera,
habría besado mi frente con boca de ambrosía,
tomado la mano del noble amor en la mía.

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Y en primavera, cuando flor de manzano
acaricia un pecho bruñido de paloma,
dos jóvenes amantes yaciendo en la huerta
habrían leído nuestra historia de amor.

Habrían leído la leyenda de mi pasión, conocido
el amargo secreto de mi corazón,
habrían besado igual que nosotros, sin estar
destinados por siempre a separarse.

Pues la roja flor de nuestra vida es roída
por el gusano de la verdad
y ninguna mano puede recoger los restos caídos:
pétalos de rosa juventud.

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Sin embargo, no lamento haberte amado -¡ah, qué más
podía hacer un muchacho,
cuando el diente del tiempo devora y los silenciosos
años persiguen!

Sin timón, vamos a la deriva en la tempestad
y cuando la tormenta de juventud ha pasado,
sin lira, sin laúd ni coro, la Muerte,
el piloto silencioso, arriba al fin.

Y en la tumba no hay placer, pues el ciego
gusano se ceba en la raíz,
y el Deseo tiembla hasta tornarse ceniza,
y el árbol de la pasión ya no tiene fruto.

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¡Ah!, qué más debía hacer sino amarte; aún
la madre de Dios me era menos querida,
y menos querida la elevación citérea desde el mar
como un lirio argénteo.

He elegido, he vivido mis poemas y, aunque
la juventud se fuera en días perdidos,
hallé mejor la corona de mirto del amante
que la de laurel del poeta.

Mi voz

Muchos en algún momento no hemos sentado a medita y a escuchar esa “voz” interna que nombraremos conciencia.

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Esto mismo describe Oscar Wilde en esta composición poética cargada de inspiración y que revela el estilo perfectos del autor.

Dentro de este inquieto, apresurado y moderno mundo,
Arrancamos todo el placer de nuestros corazones, tú y yo.
Ahora, las blancas velas de nuestra nave ondean firmes,
Pero ha pasado el momento del embarque.

Mis mejillas se han marchitado antes de tiempo,
Tanto fue el llanto que la alegría ha huido de mi,
El Dolor ha pintado de blanco mis labios,
Y la Ruina baila en las cortinas de mi lecho.

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Pero toda esta tumultuosa vida ha sido para ti
No más que una lira, un luto,
Un sutil hechizo musical,
O tal vez la melodía de un océano que duerme,
La repetición de un eco.

Su voz

¿Cuando escuchas la voz de tu amada/o que recuerdos vienen a tu mente? Oscar Wilde deja claro cuales son los suyos y sobre todo lo que piensa al respeto.

Se trata de una composición romántica cargada de pasión y dulzura.

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La intrépida abeja vaga de rama en rama,
Con su hirsuto abrigo y ligeras alas,
Ahora sobre el pétalo del lirio,

Ahora balanceándose en un jacinto,
En torno a él:
Estaba cerca el amor; y fue aquí, supongo,
Donde realicé mi voto.

Juré que dos almas deberían ser una,
Mientras las gaviotas amen el mar,
Mientras los girasoles amen el sol.

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Será, dije, nuestra eternidad,
Tuya y mía.
Querida amiga, aquellos tiempos se han ido,
La red del Amor se ha cerrado.

Mira hacia arriba, donde los álamos
Danzan y danzan en el aire del estío,
Aquí en el valle, la brisa nunca
Agita los frutos, pero allí

Más contenido que te encantará

Los grandes vientos soplan,
Y desde el susurro místico del mar
Arriban las olas que acarician la costa.

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Mira hacia arriba, donde gritan las níveas gaviotas,
¿Qué pueden contemplar qué nosotros no vemos?
¿Acaso una estrella? ¿O quizás la lámpara que ruge
En algún lejano y perdido buque?

¡Ah, puede ser!
¡Hemos vivido en una tierra de sueños!
Y que triste parece.

Mi Vida, no queda nada por decir,
Salvo esto: el amor nunca se pierde,
El filo del invierno desgarra el pecho de mayo,
Y sus rosas carmesí brotan quebrando el hielo.

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Los navíos de la tempestad
En alguna bahía encontrarán su muelle,
Así como nosotros deberíamos hacerlo.

Y no queda nada por hacer
Salvo besarnos una vez más, y partir.
No, no hay nada que debamos lamentar,
Yo tengo mi belleza, y tu el arte.

No, que nunca comience,
Un mundo no es suficiente
Para dos como tú y yo.

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Patético

Con este último poema de Oscar Wilde finalizamos la lista por sus obras poéticas más resaltantes.

Se trata de una composición, que a diferencia de todas las demás que apreciamos en el artículo, cuenta con una exención más abundante.

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No, pasemos de un fuego a otro fuego,
de un tormento apasionado a un deleite mortal,
pues muy joven soy para vivir sin deseo,

y tú demasiado joven para malgastar esta noche estival
en esas ociosas preguntas que los antiguos
hacían a oráculos y augures, que jamás respondieron.

Pues, amor, sentir es mejor que saber
y la sabiduría es un legado estéril,
y un sólo latido de pasión, tu primer arrebol,

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vale por todos los proverbios del sabio;
no dejes que la muerta filosofía hiera tu alma,
¡tenemos corazón para amar, labios para besar!

Escucha el susurro del ruiseñor
como el agua burbujeando en una jarra de plata,
cuyo canto es tan dulce que la Luna empalidece de envidia,

esa Luna suspendida en lo alto del cielo
que no puede oír la arrebatadora melodía.
Mira cómo curva cada uno de sus cuernos la niebla, ¡oh, lejana y hacendosa Luna!

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¿Acaso los blancos lirios en cuyas copas sueñan las abejas,
la nieve de pétalos que cae cuando la brisa
agita los castaños o el destello
de las ramas tiernas en el agua no colman
tus anhelos, no bastan a tu deseo?

¡Ay! De sus tesoros ya nada más ofrecerán los Dioses

los elevados Dioses hartos ya y pesarosos
de nuestros pecados sin fin, de nuestro vano intento
por expiar mediante el dolor, la penitencia o la oración,
los perdidos días de juventud.

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Pues ya nunca más
escucharán al bueno o al malo,
y enviarán la lluvia sobre el justo y el injusto.

Nuestros Dioses descansan tranquilos
esparciendo con pétalos de rosas su vino oloroso,
y duermen bajo los árboles que se mecen suavemente,
allí donde los asfódelos y los lotos amarillos se abrazan.

Y se lamentan por los alegres días del pasado,
cuando no sabían de la maldad del hombre y vivían en un sueño.

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Y en la lejanía, contemplan sobre el broncíneo suelo
el enjambre de hombrecillos, como si fueran insectos,
el hormiguero de minúsculas vidas y después, hastiados,

regresan a sus refugios, los lotos,
y se besan en la boca y escancían
divino licor de amapola que les sume en un sueño purpúreo.

El Sol, divino poseedor del fuego trocado en oro,
enarbola allí su flamígera antorcha,
y cuando las doce vírgenes hubieron tejido

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la relumbrante trama del mediodía, la Luna se desprendió
de los brazos de Endimión a través de la rosada bruma,
y desfallecieron los Dioses vencidos por pasiones mortales.

Por el prado cubierto de rocío avanza la Reina Juno,
con los blancos pies salpicados por el azafranado polen
de los lirios esparcidos por el viento, mientras Ganimedes

brinca en el cálido mosto de ambarina espuma,
desmadejados sus rizos como cuando al asustado muchacho
se lo llevó el águila a través de las azules auras jónicas.

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Oculta en el corazón verde de algún jardín,
la Reina Venus, en compañía del pastor,
con su cuerpo cálido y suave como una rosa silvestre

cuya blancura el orgullo arrebola,
ríe dulcemente al Amor mientras la celosa Salmacis
atisba a través de los mirtos y suspira dolorosamente por la perdida felicidad.

Jamás soplan allí los lúgubres vientos del norte,
que hielan y desnudan nuestras forestas iglesias,
ni cae jamás la ligera nieve de plumas blancas,

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ni osa el rayo de dientes rojos sacudir
la noche engarzada en plata mientras yacemos
llorando un dulce y triste pecado, un deleite ya muerto.

¡Ah! Ellos conocen la lejana primavera del Leteo
y los ocultos manantiales de aguas violetas
donde el deshecho y fatigado pie del caminante

descansa y emprende de nuevo el viaje;
y saben de las ocultas fuentes del cristalino brebaje
donde las almas insomnes liban el bálsamo del sueño.

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Mas oprimimos nuestra naturaleza y Dios o el Hado
son nuestros enemigos, y desfallecemos o nos nutrimos
en una inútil contrinción. ¡Nacimos demasiado tarde!

¡Y qué bálsamo es el pulverizado sopor de la amapola
para quien en un finito latido del tiempo conjugara
el júbilo del infinito amor y el dolor del infinito crimen!

¡Oh! Estamos hartos de este sentimiento de culpa,
hartos de los goces desesperados del amante,
hartos de cada templo que levantamos.

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Cansados de toda justicia, de las plegarias sin respuesta;
pues el hombre es débil, Dios duerme, y lejos está el cielo.
Un instante intenso: un gran amor, y después sólo morir.

¡Ah! Jamás ningún barquero su negra chalupa
habrá de arrimar a la desierta ribera,
ni moneda de bronce alguna podrá comprar para las almas

la travesía del río de la Muerte hacia la tierra sin Sol;
de nada sirven la víctima, el vino y las promesas;
la tumba está sellada y los muertos, muertos.

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Nos movemos en los aires supremos,
estamos hechos de lo que palpamos y vemos,
y con la sangre de nuestras venas se embellece el Sol

y con nuestras fértiles vidas veredan
los árboles henchidos de primavera, y somos hermanos
de las bestias, y la vida es sólo una y todo es mutación.

Con latidos de sístole y diástole, una gran existencia
palpita en el gigantesco corazón de la tierra
y poderosas las olas del Ser fluctúan

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desde el germen enervado al hombre, pues participamos
de cada roca, de cada pájaro, de cada fiera, de cada colina,
unos con la esencia que mata y otros con la que devora.

Desde las íntimas células de la incipiente vida pasamos
a la cumplida perfección; y así envejece el mundo:
los que ahora somos divinos, fuimos informe masa

de bullente púrpura rayada en oro,
insensibles a la desdicha o alegría,
y castigados por la furia de algún mar tormentoso.

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Esta dura ardiente llama que nuestros cuerpos quema
inflamará algún día los prados cubiertos de narcisos.

¡Ay! Tu plateado pecho florecerá en nenúfares
y los campos que el arado quiebra
serán provechosos para nuestro amor esta noche;
nada se pierde en la Naturaleza, todo vive de la Muerte.

El primer beso del joven, la primera campanilla del jacinto,
la última pasión del hombre, la última lanza roja
que emerge del lirio, el asfódelo

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que se resiste a dejar florecer sus frutos
por miedo a su excesiva belleza, el tímido pudor
de la novia ante los ojos del amante, todos ellos están consagrados

por el mismo Sacramento. Y no sólo nosotros,
pues también sacudirán la tierra las pasiones del amor,
y los rubios ranúnculos que se agitan de gozo

al alba saben de un placer tan real como el nuestro,
cuando la frescura de los bosques en flor
aspiramos la penetrante primavera y la vida es bella.

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Y cuando los hombres nos entierren bajo los tejos,
tu boca carmesí será una rosa
y tus dulces ojos campánulas empañadas de rocío,

y cuando los blancos narcisos, retozando
con el viento, sus lascivos besos les brinden,
temblarán nuestras cenizas y jóvenes nos volveremos a sentir.

Y así, despojados del consciente tormento del mundo,
en alguna dulce flor nos iluminará el Sol
y desde la garganta del pardillo volveremos a cantar,

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y como dos brillantes serpientes reptaremos
por nuestros sepulcros o como dos tigres nos deslizaremos
por la jungla donde duerme el león de amarilla pupila

y con él lucharemos. ¡Cómo se agita mi corazón pensando
en esa vida sublime después de la muerte,
convertidos en bestias, pájaros y flores, cuando esta copa

colmada del espíritu estalle en busca de aire
y con las pálidas hojas de algún día de otoño
el primer conquistador del alma de la tierra se convierta en la última gran presa!

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¡Imagínatelo! Nos infiltraremos
en toda la existencia sensorial; el carpídeo Fauno,
el Centauro, los Elfos de ojos risueños

que interrumpen su danza para atisbar el alba
sobre los prados no estarán más cerca
que tú y yo de los misterios de la Naturaleza,

pues oiremos latir el corazón del zorzal, y crecer
las margaritas, y las campanillas en los días grises
suspirar por el sol, y sabremos

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quién hila las argentadas telarañas,
y quién dibuja con arabescos la orquídea,
y con qué grandes alas vuelan las águilas de pino en pino.

¡Ah! ¡De no habernos jamás amado, quizás
el narciso nunca hubiese atraído
a la abeja a su dorado seno, ni el rosal
encendido los matojos con linternas carmesíes!

¡Acaso ninguna hoja hubiera brotado en primavera
sino para humedecer los besos y los labios de los poetas!

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¿Se habrá apagado la luz de nuestro espléndido sol
o es esta tierra laberíntica menos bella
desde que somos herederos de la Naturaleza,
con todas las pulsaciones de vida que agitan el aire?

Mejor será que nuevos astros surquen los cielos
y sobre flores y campos se cierna un nuevo esplendor.

Y nosotros dos, que la naturaleza juzgamos,
estaremos juntos y el gozoso mar
será nuestra vestimenta, y la aristada estrella

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sus flechas lanzará para alegría nuestra. Seremos parte
del poderoso universo entero y a través de los eones
con el Alma del Cosmos nos confundiremos.

Seremos notas de esta grandiosa Sinfonía
cuya cadencia gira por las esferas rítmicas,
y el palpitante corazón del Mundo vibrará
al unísono con nuestro corazón.

Los años robados
ya abandonaron su horror; no hemos de morir.
El propio Universo será nuestra Inmortalidad.

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El 27 de mayo de 1895, Oscar Wilde fue condenado a dos años de prisión y trabajos forzados.

A pesar de las numerosas presiones y peticiones de clemencia efectuadas desde sectores progresistas y desde varios de los más importantes círculos literarios europeos.

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Sin embargo las autoridades hicieron caso omiso, y el escritor se vio obligado a cumplir por entero la pena.

Una vez fue puesto en libertad, cambió de nombre y apellido, adoptando los de Sebastian Melmoth y emigró a París, donde permaneció hasta su muerte.

Sus últimos años de vida estuvieron marcados por la fragilidad económica, los quebrantos de salud, los problemas derivados de su afición a la bebida y un acercamiento de última hora al catolicismo.

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A pesar de todos los pesares que atravesó Oscar Wilde fue un fecundo escritor y hoy es recordado por su talento para la escritura.

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