+20 Poemas inolvidables de Rubén Darío

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Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío, fue un poeta, periodista y diplomático nicaragüense, nacido en 1867 quien se consagró como máximo exponente del modernismo literario en la lengua española.

Rubén Darío tiene gran influencia en la literatura latinoamericana, es conocido, también, como el príncipe de las letras castellanas. Fue el gran iniciador y el máximo representante del Modernismo.

Los poemas de Rubén Darío son hermosas expresiones de brillantez y elegancia de la lengua española.

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Rubén Darío fue uno de los grandes renovadores del lenguaje poético en las letras hispánicas, considerado genio lírico hispanoamericano de resonancia universal, que manejaba el idioma con elegancia y cuidado, renovándolo con finas y brillantes palabras con exquisitas combinaciones fonéticas.

Poemas de Rubén Darío

El poeta Rubén Darío es citado generalmente como el iniciador y máximo representante de la literatura moderna en Latinoamérica, el Modernismo. El poeta se ha convertido en su máximo exponente gracias a la influencia francesa en sus escritos, y ostentó diferentes cargos diplomáticos.

El también periodista ejerce como redactor en Managua (1883 ) luego en Santiago de Chile (1886) y desde 1893 en  países de Centroamérica, Suramérica y Europa.

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A Colón

En el poema de Rubén Darío expresa el máximo sentir patriótico e independentista con uno de los poemas más expresivos sobre lo que significó para cualquier latinoamericano el exterminio y conquista española.

¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América,
tu india virgen y hermosa de sangre cálida,
la perla de tus sueños, es una histérica
de convulsivos nervios y frente pálida.

Un desastroso espirítu posee tu tierra:
donde la tribu unida blandió sus mazas,
hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra,
se hieren y destrozan las mismas razas.

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Al ídolo de piedra reemplaza ahora
el ídolo de carne que se entroniza,
y cada día alumbra la blanca aurora
en los campos fraternos sangre y ceniza.

Desdeñando a los reyes nos dimos leyes
al son de los cañones y los clarines,
y hoy al favor siniestro de negros reyes
fraternizan los Judas con los Caínes.

Bebiendo la esparcida savia francesa
con nuestra boca indígena semiespañola,
día a día cantamos la Marsellesa
para acabar danzando la Carmañola.

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Las ambiciones pérfidas no tienen diques,
soñadas libertades yacen deshechas.
¡Eso no hicieron nunca nuestros caciques,
a quienes las montañas daban las flechas!.

Ellos eran soberbios, leales y francos,
ceñidas las cabezas de raras plumas;
¡ojalá hubieran sido los hombres blancos
como los Atahualpas y Moctezumas!

Cuando en vientres de América cayó semilla
de la raza de hierro que fue de España,
mezcló su fuerza heroica la gran Castilla
con la fuerza del indio de la montaña.

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¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas
no reflejaran nunca las blancas velas;
ni vieran las estrellas estupefactas
arribar a la orilla tus carabelas!

Libre como las águilas, vieran los montes
pasar los aborígenes por los boscajes,
persiguiendo los pumas y los bisontes
con el dardo certero de sus carcajes.

Que más valiera el jefe rudo y bizarro
que el soldado que en fango sus glorias finca,
que ha hecho gemir al zipa bajo su carro
o temblar las heladas momias del Inca.

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La cruz que nos llevaste padece mengua;
y tras encanalladas revoluciones,
la canalla escritora mancha la lengua
que escribieron Cervantes y Calderones.

Cristo va por las calles flaco y enclenque,
Barrabás tiene esclavos y charreteras,
y en las tierras de Chibcha, Cuzco y Palenque
han visto engalonadas a las panteras.

Duelos, espantos, guerras, fiebre constante
en nuestra senda ha puesto la suerte triste:
¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante,
ruega a Dios por el mundo que descubriste!

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¡Aleluya!

Como una expresión eclesiástica, el poeta Rubén Darío, dedica al gran dramaturgo, y hermano de Antonio Machado, Manuel Machado, uno de los textos más alegres compuestos por éste gran poeta.

A Manuel Machado

Rosas rosadas y blancas, ramas verdes,
corolas frescas y frescos
ramos, ¡Alegría!

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Nidos en los tibios árboles,
huevos en los tibios nidos,
dulzura. ¡Alegría!

El beso de esa muchacha
rubia, y el de esa morena
y el de esa negra, ¡Alegría!

Y el vientre de esa pequeña
de quince años, y sus brazos
armoniosos, ¡Alegría!

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Y el aliento de la selva virgen
y el de las vírgenes hembras,
y las dulces rimas de la Aurora,

¡Alegría, Alegría, Alegría!

Melancolía

Siendo uno de los poemas más expresivos e importantes del poeta Rubén Darío, Melancolía es un poema cargado de tristeza que expresa la melancolía, sobre la lejanía.

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Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.
Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.

Voy bajo tempestades y tormentas
ciego de sueño y loco de armonía.

Ése es mi mal. Soñar. La poesía
es la camisa férrea de mil puntas cruentas
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.

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Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;
a veces me parece que el camino es muy largo,
y a veces que es muy corto…

Y en este titubeo de aliento y agonía,
cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?

La Fe

Con esa gran capacidad, plasmada por el gran poeta nicaragüense, Rubén Darío, nos sumerge en el tema de la fe, de la esperanza que debe sentir cada ser humano por la felicidad del otro.

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En medio del abismo de la duda
lleno de oscuridad, de sombra vana
hay una estrella que reflejos mana
sublime, sí, mas silenciosa, muda.

Ella, con su fulgor divino, escuda,
alienta y guía a la conciencia humana,
cuando el genio del mal con furia insana
golpéala feroz, con mano ruda.

¿Esa estrella brotó del germen puro
de la humana creación? ¿ Bajó del cielo
a iluminar el porvenir oscuro?

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¿A servir al que llora de consuelo?
No sé, mas eso que a nuestra alma inflama
ya sabéis, ya sabéis, la Fe se llama.

Lo Fatal

Así como su gran destreza para escribir, el poeta Rubén Darío, nos sumerge en uno de los temas más temidos, donde expresa con fervor el dolor, el temor.

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

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Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…

Poemas cortos de Rubén Darío

La producción literaria del poeta Rubén Darío fue escrita en prosa, relatos, artículos periodísticos, crónicas y crítica literaria; es decir, representan un heterogéneo conjunto de escritos, la mayor de los cuales fueron publicados en periódicos.

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Así como algunos libros. Los poemas cortos de Rubén Darío, son un extracto de esa fuerza literaria que desarrolló éste gran poeta latinoamericano.

Su poesía influyó en cientos de poetas de América, Europa, e incluso en Asia.

Campoamor

La prosa desarrollada por el poeta Rubén Darío, ha encantado a varias generaciones. La tristeza, el amor y el desamor son temas que aborda el ilustre en sus poemas.

Éste del cabello cano,
como la piel del armiño,
juntó su candor de niño
con su experiencia de anciano;
cuando se tiene en la mano
un libro de tal varón,
abeja es cada expresión
que, volando del papel,
deja en los labios la miel
y pica en el corazón.

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Día de dolor

Considerado el poema más corto del poeta Rubén Darío, expresa el sentimiento sobre la pérdida, aquel que se va. escrito de forma directa, el poeta nos expresa el sentir sobre las partidas.

¡Día de dolor,
aquel en que vuela para siempre el ángel
del primer amor!

Rimas X

A través de los poemas cortos de Rubén Darío, podemos ver lo triste que puede llegar a ser el amor. Tal vez como un reflejo de su propia vida, el poeta Darío, expresa con precisión el sentimiento sobre el amor.

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En tus ojos un misterio;
en tus labios un enigma.
Y yo fijo en tus miradas
y extasiado en tus sonrisas.

Triste, muy tristemente

Como gran poeta que se conoce a Rubén Darío, no podemos dejar de un lado, aquellos poemas melancólicos, cargados de pasión, y a vaces de ternura y tristeza que se

Un día estaba yo triste, muy tristemente
viendo cómo caía el agua de una fuente.

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Era la noche dulce y argentina. Lloraba
la noche. Suspiraba la noche. Sollozaba
la noche. Y el crepúsculo en su suave amatista,
diluía la lágrima de un misterioso artista.

Y ese artista era yo, misterioso y gimiente,
que mezclaba mi alma al chorro de la fuente.

Cómo Decía Usted, Amigo Mío

Como parte de los poemas cortos de Rubén Darío podemos encontrar temas dedicados a su entorno, en este caso a sus amigos. El poeta entremezcla con la dulce armonía de sus palabras la amistad y el amor.

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¿Cómo decía usted, amigo mío?
¿Qué el amor es un río? No es extraño.
Es ciertamente un río
que, uniéndose al confluente del desvío,
va a perderse en el mar del desengaño.

Poemas de amor de Rubén Darío

Los poemas de amor de Rubén Darío influyeron en los poetas contemporáneos, desde México hasta España.

Donde fue uno de los principales inspiradores del grupo modernista del que saldrían autores como Antonio Machado, Ramón del Valle Inclán y Juan Ramón Jiménez. Igualmente, influyó en poetas de Cuba, Chile, Perú y Argentina.

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Su influencia liberal, de Europa, influyó en sus ideas que se vio reflejada en su poesía de romanticismo y amor.

Que el amor no admite cuerdas reflexiones

El siguiente poema de amor de Rubén Darío, nos transmite la fuerza del amor. Por un lado muestra la intensidad, al tiempo que, describe la pasión y la locura. Se ve que el poeta está entregado al amor.

Señora, Amor es violento,
y cuando nos transfigura
nos enciende el pensamiento la locura.

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No pidas paz a mis brazos
que a los tuyos tienen presos:
son de guerra mis abrazos
y son de incendio mis besos;
y sería vano intento
el tornar mi mente obscura
si me enciende el pensamiento
la locura.

Clara está la mente mía
de llamas de amor, señora,
como la tienda del día
o el palacio de la aurora.
Y el perfume de tu ungüento
te persigue mi ventura,
y me enciende el pensamiento
la locura.

Más contenido que te encantará

Mi gozo tu paladar
rico panal conceptúa,
como en el santo Cantar:
Mel et lac sub lingua tua.
La delicia de tu aliento
en tan fino vaso apura,
y me enciende el pensamiento
la locura.

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Venus

En este poema, el poeta Rubén Darío, es capaz de concentrar diferentes elementos sobre el amor, en una de las metáforas sobre el amor, más sublimes. Hay una lucha del autor en expresar el vínculo amoroso, traspolarizando su tristeza por el intenso amor.

En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría.
En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín.
En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía,
como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.

A mi alma enamorada, una reina oriental parecía,
que esperaba a su amante bajo el techo de su camarín,
o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría,
triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.

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«¡Oh, reina rubia! ¿díjele?, mi alma quiere dejar su crisálida
y volar hacia ti, y tus labios de fuego besar;
y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,

y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar».
El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida.
Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar.

Mía

Escrito en 1897, luego de conocer al amor de su vida, el poeta Rubén Darío, sucumbe ante el amor, en esta composición de palabras en donde Mía se convierte en la luz del camino, aunque nos deja el misterio de saber si es o no correspondido.

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Mía: así te llamas.
¿Qué más harmonía?
Mía: luz del día;
mía: rosas, llamas.

¡Qué aroma derramas
en el alma mía
si sé que me amas!
¡Oh Mía! ¡Oh Mía!

Tu sexo fundiste
con mi sexo fuerte,
fundiendo dos bronces.

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Yo triste, tú triste…
¿No has de ser entonces
mía hasta la muerte?

A Francisca

Considerada el amor de la vida del poeta Rubén Darío, dedica a la española Francisca Sánchez, una mujer de orígenes humilde que no sabía leer, uno de los poemas más entrañables sobre el amor. Estuvieron juntos hasta el día de su muerte.

Ajena al dolo y al sentir artero,
llena de la ilusión que da la fe,
lazarillo de Dios en mi sendero,
Francisca Sánchez, acompáñame…

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En mi pensar de duelo y de martirio
casi inconsciente me pusiste miel,
multiplicaste pétalos de lirio
y refrescaste la hoja de laurel.

Ser cuidadosa del dolor supiste
y elevarte al amor sin comprender;
enciendes luz en las horas del triste,
pones pasión donde no puede haber.

Seguramente Dios te ha conducido
para regar el árbol de mi fe,
hacia la fuente de noche y de olvido,
Francisca Sánchez, acompáñame…

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Amo, amas

Entre los más brillantes poemas del destacado poeta Rubén Darío, el poema Amo, amas es la máxima expresión del amor. La genialidad de la combinación de palabras, nos rememora la intensidad que proyecta el amor, el amor puro, el amor verdadero.

Amar, amar, amar, amar siempre, con todo
el ser y con la tierra y con el cielo,
con lo claro del sol y lo oscuro del lodo;
amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.

Y cuando la montaña de la vida
nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,
amar la inmensidad que es de amor encendida
¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!

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Poemas de Rubén Darío para niños

Así como la poesía y la literatura, el gran poeta nicaragüense Rubén Darío, también se adentra en el mundo infantil, con destacados poemas, y escritos que están orientados a los niños y niñas.

Los pequeños descubren en sus textos cómo jugar con las palabras, llevar un ritmo de lectura y ampliar su vocabulario.

La evolución de su obra marca además las pautas del movimiento modernista.

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Las hadas

Como un cuento de hadas, el poeta Rubén Darío describe en su poema Las hadas la ternura, la calidez con la que los niños ven el mundo, al mismo tiempo que se convierte en una herramienta de enseñanza de la literatura; así como sobre la gran dualidad: el bien y el mal.

Las hadas, las bellas hadas,
existen, mi dulce niña,
Juana de Arco las vio aladas,
en la campiña.

Las vio al dejar el mirab,
ha largo tiempo, Mahoma.
Más chica que una paloma,
Shakespeare vio a la Reina Mab.

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Las hadas decían cosas
en la cuna
de las princesas antiguas:
que si iban a ser dichosas
o bellas como la luna;
o frases raras y ambiguas.

Con sus diademas y alas,
pequeñas como azucenas,
había hadas que eran buenas
y había hadas que eran malas.

Y había una jorobada,
la de profecía odiosa:
la llamada
Carabosa.

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Si ésta llegaba a la cuna
de las suaves princesitas,
no se libraba ninguna
de sus palabras malditas.

Y esa hada era muy fea,
como son
feos toda mala idea
y todo mal corazón.

Sonatina

Como uno de los poemas mas importantes y trascendental de Rubén Darío, Sonatina, se convierte en un poema aleccionador dirigido al público infantil. Éste nos enseña que el dinero no lo es todo, plasma con sutileza la decepción que siente el ser humano atrapado en la “jaula de oro”.

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La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

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¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

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¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida.)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
(La princesa está pálida. La princesa está triste.)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

-«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

A Margarita Debayle

Como parte de los poemas enmarcados en la niñez, el poema dedicado a Margarita Debayle, nos refleja a través de una moraleja la enseñanza de los principios y valores. Aunque de corte dantesco nos refiere sobre la honestidad que deben perfilar los seres humanos en su accionar.

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Margarita está linda la mar,
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:

Esto era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita, como tú.

Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

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La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

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Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso de papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho?
te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?».

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La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».

Y el rey clama: «¿No te he dicho
que el azul no hay que cortar?.
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!…
El Señor se va a enojar».

Y ella dice: «No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté».

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Y el papá dice enojado:
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: «En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».

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Viste el rey pompas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

¡Oh mi adorada niña!

Con gran profundidad en las palabras el poeta Rubén Darío, refleja en el siguiente poema la descripción de la pérdida de la niñez, en especial de las niñas que pasan a adolescentes, bajo la mirada de la sociedad.

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Oh mi adora niña
te diré la verdades:
Tus ojos me parecen
brazas tras un cristal;
tus rizos, negro luto,
y tu boca sin par,
la ensangrentada huella
del filo de un puñal.

Canción de otoño en primavera

Como parte del repertorio de poemas para niños; o de corte juvenil, nos encontramos con el poema Canción de otoño en primavera uno de los escritos más exquisitos del poeta Rubén Darío, que rememora aquella niñez que se va y cuando llega la pubertad.

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…

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Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé…

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Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…

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