+10 Poemas neoclásicos del siglo XVIII

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¿Cómo el neoclasicismo ha impactado la literatura moderna? Esta fue una corriente estética que surgió en Francia e Italia en el siglo XVIII como contraposición al recargado ornamento barroco, inspirado por el arte clásico de las culturas romanas y griega.

Esta corriente sirvió principalmente a la naciente clase burguesa de la época con el apoyo del militar y estadista francés, Napoleón Bonaparte, que quería rescatar los ideales de sencillez, sobriedad y racionalidad.

La producción artística de este período fue, por naturaleza, atea y democrática, acentuando la importancia de la ciencia y la educación y quitándosela a las costumbres y los dogmas religiosos.

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El Neoclasicismo nació a partir de los grandes escritos del historiador prusiano Johann Joachim Winckelmann.

Cuando se redescubrieron las ciudades romanas de Pompeya y Herculano tras haber pasado años bajo las cenizas.

¿Qué es el neoclasicismo?

La literatura neoclásica, hace referencia al movimiento literario impulsado por los principios de la ilustración, con el fin de emular los valores de los autores griegos y romanos.

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Esta tendencia comenzó a mediados del siglo XVIII en Europa, con el fin de contrarrestar las enseñanzas de la época en pro de la cultura y la razón.

La literatura neoclásica no solo influyó en la literatura en general, sino también en otras áreas de las artes, como la pintura, la música, la escultura, la arquitectura e incluso la ropa.

La poesía no tuvo demasiada preponderancia en este período y le cedió el lugar a las fábulas, las anacreónticas, las sátiras y las epístolas, ya que eran herramientas más útiles para su propósito primario que era esparcir conocimiento.

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A pesar de que el neoclasismo perdio fuerzas a finales del siglo XVIII y cedió el paso al Romanticismo que exaltó ideales totalmente opuestos.

Aquí queremos recordar el trabajo de grandes autores influyentes de este movimiento que forma parte del llamado Siglo de las Luces, por sus determinación a la exaltación de la razón, la moral y el conocimiento.

Poemas neoclasicos interesantes

La literatura neoclásica dejó un legado de obras y escritores que incluso hoy en día siguen influyendo a nuevas generaciones.

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Es que en los poemas neoclásicos existe el rescate de los valores y de la estética de los autores y obras grecolatinas.

Los poemas clasificados dentro de esta corriente literaria, están enfocados más hacia lo social que hacia lo individual, dejando en claro que el hombre por sí solo no es el centro de los acontecimientos.

Poemas neoclasicos interesantes

En España y algunos países en Latinoamérica también se desarrolló la literatura neoclásica, con la intención de enaltecer los valores científicos y racionales, así como las identidades nacionales de cada región.

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Hoy queremos recordar el legado de obras impresionantes que dejaron los autores neoclásicos y te dejamos a continuación una lista con los más interesantes de ellos.

Epístola dedicada a Hortelio (Fragmento) José Cadalso

Seguramente en algún momentos estudiaste un poema neoclásico pero simplemente lo ignoras.

Sin embargo aquí te damos un ejemplo que evidencia la característica esencial  de este movimiento, un verso compuesto por el militar español y valiosos literato que murió prematuramente en combate.

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Desde el centro de aquestas soledades,
gratas al que conoce las verdades,
gratas al que conoce los engaños

del mundo, y aprovecha desengaños,
te envío, amado Hortelio, ¡fino amigo!,
mil pruebas del descanso que concibo.

Ovidio en tristes metros se quejaba
de que la suerte no le toleraba
que al Tíber con sus obras se acercase,
sino que al Ponto cruel le destinase.

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Mas lo que de poeta me ha faltado
para llegar de Ovidio a lo elevado,
me sobra de filósofo, y pretendo
tomar las cosas como van viniendo.

¡Oh, cómo extrañarás cuando esto veas
y sólo bagatelas aquí leas,
que yo, criado en facultades serias,
me aplique a tan ridículas materias!

Ya arqueas, ya levantas esas cejas,
ya el manuscrito de la mano dejas,
y dices: «Por juguetes semejantes,
¿por qué dejas los puntos importantes?

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¡No sé por qué capricho tú te olvidas
materias tan sublimes y escogidas!
¿Por qué no te dedicas, como es justo,
a materias de más valor que gusto?

Del público derecho que estudiastes
cuando tan sabias cortes visitastes;
de la ciencia de Estado y los arcanos
del interés de varios soberanos;

de la ciencia moral, que al hombre enseña
lo que en su obsequio la virtud empeña;
de las guerreras artes que aprendistes
cuando a campaña voluntario fuistes;

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de la ciencia de Euclides demostrable,
de la física nueva deleitable,
¿no fuera más del caso que pensaras
en escribir aquello que notaras?

¿Pero coplillas?, ¿y de amor? ¡Ay triste!
Perdiste el poco seso que tuviste».
¿Has dicho, Hortelio, ya cuánto, enfadado,
quisiste a este pobre desterrado?

Pues mira, y con fresca y quieta flema
te digo que prosigo con mi tema.
De todas esas ciencias que refieres
(y añade algunas otras si quisieres)
yo no he sacado más que lo siguiente.

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Escúchame, por Dios, atentamente;
mas no, que más parece lo que digo
relación, que no carta de un amigo.

Si miras mis sonetos a la diosa
de todas las antiguas más hermosa,
el primero dirá con claridades
por qué dejé las altas facultades

y sólo al pasatiempo me dedico;
que los leas despacio te suplico,
calla, y no juzgues que es tan necia mi obra.

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A Dorila (Juan Meléndez Valdés)

Como es frecuente en los poemas neoclásicos, este en particular muestra un muy correcto uso de la estética literaria.

En el texto se describe la temible realidad que todos los seres vivos enfrentamos, el pasar del tiempo y sus consecuencias evidentes, sin embargo el autor plantea la situación enfocada en su compañera de vida.

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¡Cómo se van las horas,
y tras ellas los días
y los floridos años
de nuestra frágil vida!

La vejez luego viene,
del amor enemiga,
y entre fúnebres sombras
la muerte se avecina,

que escuálida y temblando,
fea, informe, amarilla,
nos aterra, y apaga
nuestros fuegos y dichas.

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El cuerpo se entorpece,
los ayes nos fatigan,
nos huyen los placeres
y deja la alegría.

Si esto, pues, nos aguarda,
¿para qué, mi Dorila,
son los floridos años
de nuestra frágil vida?

Para juegos y bailes
y cantares y risas
nos los dieron los cielos,
las Gracias los destinan.

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Ven ¡ay! ¿qué te detiene?
Ven, ven, paloma mía,
debajo de estas parras
do leve el viento aspira;

y entre brindis suaves
y mimosas delicias
de la niñez gocemos,
pues vuela tan aprisa.

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A Licio (María Rosa Gálvez de Cabrera)

Este poema neoclásico trasmite un muy cautivador mensaje y como es frecuenten en la poesía desarrollada dentro de este movimiento, los valores esenciales de la sociedad son plasmados en la obra.

La autora deja plasmado en el texto un mensaje reflexivo enfocado en la envidia y la virtud.

Deja, Licio, que el necio maldiciente,
de la envidia inflamado,
con lenguaje insolente
descubra su rencor: nunca el malvado

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miró la dicha ajena
con semblante sereno;
y la maledicencia es el veneno,
mísero fruto de su infame pena.

Tu ancianidad dichosa
siempre amó la virtud; tú has procurado
en tu feliz estado

sofocar de la envidia maliciosa
la ponzoñosa lengua,
que al hombre honrado quiere poner mengua.

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Tu noble empeño es vano:
son del necio perpetuas, compañeras
la envidia y la malicia:

así el orgullo insano
acompaña las almas altaneras,
y sus virtudes vicia:

sírvales de castigo a su delito
vivir abominados,
y aun de sus semejantes detestados:

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si en la pobre morada, donde habito,
sus voces penetraron,
compasión y desprecio sólo hallaron.

Sale de la montaña el agua pura,
y lleva su corriente por el prado;
bebe de ella el ganado;

y el animal inmundo antes procura,
que beber, enturbiarla,
y en sus hediondas cerdas empaparla.

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Después el pasajero
en busca del cristal llega cansado,
y aunque desanimado
mira turbio su curso lisonjero,
bebe, y se satisface
buscando la corriente donde nace.

Así el hombre sensato
de la envidia el rumor sabio desprecia;
y aunque sienta el infame desacato,
perdón concede a la malicia necia,
y compasivo dice:

¡Oh cuánto es infelice
el mortal, que ocupado
en la mordaz censura,
de sí mismo olvidado,
mira el ajeno bien con amargura!

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Bien sabes, Licio tú, cuánto granjea
un corazón sensible y bondadoso,
que su piedad recrea
viendo a su semejante más dichoso:

y aunque sin más riqueza,
que este don que le dio naturaleza,
por sí solo es amado,
feliz en cualquier clase y respetado.

Por esta prenda la amistad sencilla,
el placer, los amores,
a tu mansión llevaron sus favores;

Más contenido que te encantará
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y a tu vista se humilla
temblando el envidioso,
respetando tu asilo venturoso.

Con insensible vuelo
va la tierra girando en torno al día;

y aunque la niebla y hielo
empañen de la esfera la alegría,
nosotros no dudamos,
que siempre alumbra el sol cual deseamos.

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Compadécete, pues, del envidioso,
que mira despechado
sus rayos fecundar el monte y prado;

y siempre generoso,
si mi amistad aprecias,
no merezcan tu enojo almas tan necias

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Más seguro ¡oh! licino (Leandro Fernández de Moratín)

Leandro Eulogio Melitón Fernández de Moratín y Cabo, fue un dramaturgo y poeta, el más relevante comediógrafo neoclásico del siglo XVIII español.

Afortunadamente hoy podemos conocer una de sus obras en la que plasmo toda sus pasión en un poema que a través de la metáfora comparte con los lectores una muy valiosa enseñanza de la vida.

Más seguro ¡oh! Licino
vivirás no engolfándote en la altura,
ni aproximando el pino
a playa mal segura,
por evitar la tempestad obscura.

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El que la medianía
preciosa amó, del techo quebrantado
y pobre se desvía
como del envidiado
albergue en oro y pórfidos labrado.

Muchas veces el viento
árboles altos rompe; levantadas
torres con más violento
golpe caen arruinadas;
hiere el rayo las cumbres elevadas.

No en la dicha confía
el varón fuerte; en su aflicción espera
más favorable día:
Jove la estación fiera
del hielo vuelve en grata primavera.

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Si mal sucede ahora,
no siempre mal será. Tal vez no excusa
con cítara sonora
Febo animar la musa;
tal vez el arco por los bosques usa.

En la desgracia sabe
mostrar al riesgo el corazón valiente
y si el viento tu nave
sopla serenamente
la hinchada vela cogerás prudente.

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Poemas neoclasicos cortos

La literatura neoclásica surgió en pleno auge de la ilustración, que se manifestó entre finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII en Europa.

Fue un movimiento que transformó para siempre la cultura, políticas y los factores sociales en el mundo occidental.

Gracias a la ilustración surge la necesidad de expandir los principios de libertad individual, tolerancia religiosa, razón, el método científico y fraternidad, hacia todas las áreas de expresión.

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Poemas neoclasicos cortos

Con la presencia de la filosofía empírica y la ciencia experimental, los escritores de la época buscaron transformar y transmitir una nueva forma de ver la vida.

En este mismo sentido, hoy recordamos algunos poemas noeclásicos cortos que refleja los temas más frecuentes en la poesía de este movimiento.

Como es libertad, tolerancia religiosa, oposición a la monarquía, fraternidad y la propagación de la importancia de un estado laico.

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La ilusión dulce de mi edad primera (Alberto Lista).

Este poema neoclásico es una fiel dedicatoria en la que se expone cuan valioso es ese personaje para el escritor, quien le regales sus versos inspiradores en forma de honor y gloria.

La ilusión dulce de mi edad primera,
del crudo desengaño la amargura,
la sagrada amistad, la virtud pura
canté con voz ya blanda, ya severa.

No de Helicón la rama lisonjera
mi humilde genio conquistar procura:
memorias de mi mal y mi ventura
robar al triste olvido solo espera.

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A nadie sino a ti, querido Albino,
debe mi tierno pecho y amoroso
de sus afectos consagrar la historia.

Tú a sentir me enseñaste; tú el divino
canto y el pensamiento generoso:
tuyos mis versos son, y esa es mi gloria.

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El galán y la dama (Tomás de Iriarte)

Un relato cautivador es lo que podemos encontrar en este poema neoclásico escrito por el fabulista, traductor, dramaturgo y poeta español de la Ilustración y el Neoclasicismo, Tomás de Iriarte.

Cierto galán a quien París aclama,
petimetre del gusto más extraño,
que cuarenta vestidos muda al año
y el oro y plata sin temor derrama,

celebrando los días de su dama,
unas hebillas estrenó de estaño,
sólo para probar con este engaño
lo seguro que estaba de su fama.

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«¡Bella plata! ¡Qué brillo tan hermoso!»,
dijo la dama, «¡viva el gusto y numen
del petimetre en todo primoroso!»

Y ahora digo yo: «Llene un volumen
de disparates un autor famoso,
y si no le alabaren, que me emplumen».

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Atrevimiento amoroso ( Nicolás Fernández de Moratín)

Este poema neoclásico trata temas románticos enfocados fielmente en el amor, siempre manteniendo la estética del escritor y por supuesto las características atribuidas a este movimiento.

Amor, tú que me diste los osados
intentos y la mano dirigiste
y en el cándido seno la pusiste
de Dorisa, en parajes no tocados;

si miras tantos rayos, fulminados
de sus divinos ojos contra un triste,
dame el alivio, pues el daño hiciste
o acaben ya mi vida y mis cuidados.

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Apiádese mi bien; dile que muero
del intenso dolor que me atormenta;
que si es tímido amor, no es verdadero;

que no es la audacia en el cariño afrenta
ni merece castigo tan severo
un infeliz, que ser dichoso intenta.

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Invocación a la poesía (André Chénier)

En esta oportunidad podemos observar un poema cargado de inigualable belleza, se trata de un texto inspirado en la poesía misma en el que el escritor rinde homenaje a la que representa su pasión.

Sin duda es uno de los versos más inspiradores y hermosos del neoclasicismo.

¡Ninfa tierna y bermeja, oh joven Poesía!
¿Qué bosque en este día elige tu retiro?
¿Qué flores, tras la onda en que se van tus pasos,
bajo pies delicados, se inclinan suavemente?

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¿Dónde te buscaremos? Mira la estación nueva:
sobre su blanco rostro, ¡qué purpúreo destello!
Cantó la golondrina; Céfiro está de vuelta:
regresa con sus bailes; amor renacer hace.

Sombra, praderas, flores son sus gratos parientes,
y Júpiter se goza contemplando a su hija,
esta tierra en que dulces versos, apresurados,
brotan, por todas partes, de tus dedos graciosos.

En el río que baja por los húmedos valles
para ti ruedan versos dulces, sonoros, líquidos.
Versos, que en masa se abren por el sol descubiertos,
son las fecundas flores de cáliz encarnado.

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Y montes, en torrentes que blanquean sus cimas,
lanzan versos brillantes al fondo del abismo.

Oda (Leandro Fernández de Moratín)

Nuevamente nos topamos con una composición del aclamado escritor y una de las figuras más influyentes de este movimiento.

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En esta oportunidad encontramos un verso en el que el escritor comenta que el futuro es totalmente incierto y que pensar en el solo atrae angustia e incertidumbre a la vida.

Además señala que lo mejor es reducir la esperanza.

No pretendas saber (que es imposible)
cual fin el cielo a ti y a mi destina,
Leucónoe, ni los números caldeos
consultes, no; que en dulce paz, cualquiera

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suerte podrás sufrir. O ya el tonante
muchos inviernos a tu vida otorgue,
o ya postrero fuese el que hoy quebranta
en los peñascos las tirrenas ondas,

tú, si prudente fueres, no rehuyas
los brindis y el placer. Reduce a breve
término tu esperanza. La edad nuestra
mientras hablamos envidiosa corre.

¡Ay! goza del presente, y nunca fíes,
Crédula, del futuro incierto día.

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Invocación a Cristo (Jean Racine)

Debido a la época, es difícil no encontrar un versos enfocado en el ámbito religioso, este poema neoclásico, con el que finalizamos esta lista son descritos elementos con la intención de alabar la presencia de Cristo como todopoderoso.

El sol disipa la tiniebla oscura,
Y penetrando el ámbito profundo,
El velo rasga que cubrió á Natura,
Y vuelve los colores y hermosura
Al universo mundo.

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¡Oh, de las almas, Cristo, única lumbre!
¡A ti solo el honor y adoraciones!
Nuestra humilde oración llegue á tu cumbre;
Ríndanse á tu dichosa servidumbre
Todos los corazones.

Si hay almas que vacilen, fuerza dáles;
Y haz que uniendo las manos inocentes,
Dignamente tus glorias inmortales
Cantemos, y los bienes que á raudales
Dispensas á las gentes.

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Un dato curiosos del neoclasicismo es que la poesía y la fábula emplearon animales y personajes valerosos entre sus protagonistas.

Con el fin de generar historias que tuvieran algún significado importante y que dejara enseñanzas a los lectores.

Además a partir de este movimiento se generaron nuevos medios de difusión de información, como panfletos y ensayos, con el fin de llevar el conocimiento a los estratos más bajos siempre en busca de enaltecer las estructuras de los pensadores de la Antigua Grecia y de Roma.

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