+5 Hermosos poemas para mamá

50 años hace

Madre solo hay una y su amor es único e irrepetible.  Madre es aquella, que aunque no nos haya tenido en su vientre, renuncia a todo por el bienestar de sus hijos.

Se encuentre a nuestro lado o lejana, incluso si ya partió a un mejor mundo, mamá, su amor y su tierna compañía nunca nos abandonan.

Listado de lindos poemas para mamá

Autores como Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Julio Cortázar y muchos otros más han plasmado en su arte el amor y agradecimiento de los hijos a sus madres, por darles la vida, por cuidarlos en los momentos difíciles y por educarlos, por ser ese bastón que los ha sostenido en las buenas y las malas.

Qué mejor manera de expresarle lo que sientes que con 5 hermosos poemas para mamá.

1. La madre (Julio Cortázar)

El argentino Julio Cortázar le canta a la madre, a su bondad, a su entrega y a su permanencia.  Le implora que lo acepte como es, y no como lo ha idealizado.

Delante de ti me veo en el espejo que no acepta cambios,
ni corbata nueva ni peinarse en esta forma.

Lo que veo es eso que tú ves que soy,
el pedazo desprendido de tu sueño,
la esperanza boca abajo y cubierta de vómitos.

Oh madre,
tu hijo es éste,
baja tus ojos para que calle el espejo y podamos reconciliar nuestras bocas.

A cada lado del aire hablamos de cosas distintas con iguales palabras.

Eres una columna de ceniza (yo te quemé),
una toalla en la percha para las manos que pasan y se frotan,
un enorme búho de ojos grises que espera todavía mi nombramiento decorativo,
mi declaración conforme a la justicia,
a la bondad del buen vecino,
a la moral radiotelefónica.

No puedo allegarme, mamá,
no puedo ser lo que todavía ves en esta cara.

Y no puedo ser otra cosa en libertad,
porque en tu espejo de sonrisa blanda está la imagen que me aplasta,
el hijo, verdadero y a medida de la madre,
el buen pingüino rosa yendo y viniendo
y tan valiente hasta el final,
la forma que me diste en tu deseo: honrado, cariñoso, jubilable, diplomado.

2. Obrerito (Gabriela Mistral)

Gabriel Mistral, poetiza chilena, nos deleita con este poema, visto desde la perspectiva de un niño pequeño, que imagina cómo será cuando crezca, y cómo su mamá estará en su vida, llena de flores, cantos y abrazos.

Madre, cuando sea grande,
¡ay…, qué mozo el que tendrás!

Te levantaré en mis brazos,
como el zonda al herbazal.
O te acostaré en las parvas
o
te cargaré hasta el mar
o
te subiré las cuestas
o
te dejaré al umbral.

¿Y qué casal ha de hacerte
tu niñito, tu titán,
y qué sombra tan amante
sus aleros van a dar?

Yo te regaré una huerta
y tu falda he de cansar
con las frutas y las frutas
que son mil y que son más.

O mejor te haré tapices
con la juncia de trenzar;
o mejor tendré un molino
que te hable haciendo el pan.

Cuenta,
cuenta las ventanas
 y las puertas del casal;
cuenta, cuenta maravillas
s!
las puedes tú contar…

3. Las manos de mi madre (Alfredo Espino)

Desde El Salvador, Alfredo Espino, dedica estos versos a su madre, por su amor y su entrega, por su generosidad y ternura, por su protección y por sentirse a salvo entre sus manos.  Una pieza hermosa y llena de vida, que celebra el amor y el dolor de toda madre.

Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!

¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.

¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!

Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.

Para el dolor, caricias; para el pesar, unción;
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡Las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!

¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!

¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!

4. Amor eterno (Gustavo Adolfo Becquer)

Un amor eterno e imperturbable, así define Becquer el amor de una madre en este poema para mamá.

Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la tierra

Como un débil cristal.
¡todo sucederá! Podrá la muerte

Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse

La llama de tu amor.

5. Madre, llévame a la cama  (Miguel de Unamuno)

La hora de dormir, aquella en la que mamá nos llevaba a la cama y nos daba su bendición, y dormíamos tranquilos sabiendo que ella estaba allí, protegiéndonos, ese es el recuerdo que este poema trae a la mente.

Madre, llévame a la cama.
Madre, llévame a la cama,
que no me tengo de pie.

Ven, hijo, Dios te bendiga
y no te dejes caer.

No te vayas de mi lado,
cántame el cantar aquél.

Me lo cantaba mi madre;
de mocita lo olvidé,
cuando te apreté a mis pechos
contigo lo recordé.

¿Qué dice el cantar, mi madre,
qué dice el cantar aquél?

No dice, hijo mío, reza,
reza palabras de miel;
reza palabras de ensueño
que nada dicen sin él.

¿Estás aquí, madre mía?
porque no te logro ver….

Estoy aquí, con tu sueño;
duerme, hijo mío, con fe.

Madre, mamá, mami…. Como quiera que la llames, como quiera que la recuerdes, esté o no esté, nuestras madres se merecen todo nuestro amor.

Nos entregaron sus mejores años, su paciencia y su dicha, su alegría y su tristeza, pero siempre, siempre nos acompañan.

¡Dedícale un hermoso poema a mamá! y llena su corazón de alegría.

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