+6 Fábulas de Mariano Melgar: Icónicas en toda América

Fabulas de mariano melga
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Mariano Melgar fue un escritor y poeta peruano que se caracterizo por sus escritos revolucionarios. Sus obras más populares estaban conectadas a historias y vivencias del pueblo peruano, y como buscaban su libertad.

Sus fábulas no escapan de este tono de critica y rebeldía, aunque son relatos para niños, tienen un gran contenido reflexivo. Las fábulas de Mariano Melgar se consideran pioneras en el romanticismo y es uno de los pilares de la literatura peruana.

Por otro lado, este escritor participo activamente en la independencia del Perú cuando estaba en dominio de España. Sus escritos y su vida estaban ligados directamente a la revolución.

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+6 Fábulas de Mariano Melgar (Icono de América)

Las fábulas de Mariano Melgar son icónicas en toda América, ya que, con un tono sencillo y burlón relata grandes conflictos y problemas sociales. Acá te dejamos un listado.

El murciélago

Esta fábula de Mariano Melgar cuenta la historia de un murciélago que en medio de una guerra entre aves y cuadrúpedos, decide esperar para saber quien es el ganador para unirse a su bando.

Durante largo tiempo estuvo la contienda entre ambas especies, y mientras todo esto pasaba el murciélago veía desde lejos. Hasta que al fin se supo quien había ganado la guerra. ¿Quién cree que gano?

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Tuvieron su guerra
cuadrúpedos y aves,
por mandar aquéllos,
éstas por librarse.

El necio murciélago
creía escaparse
y aguardaba a unirse
con el que triunfare.

Dieron un buen golpe
las astutas aves.

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y el animalejo
hubo de llegarse;
pero temeroso
de que al fin quedase
perdido el partido
del gremio volante.

Andaba aún hablando
algo favorable
a los de la tierra,
por ser más pujantes.

En una victoria
de los ambulantes
quedó el pobrecillo
preso entre las aves.

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Pero por fin éstas
logran libertarse
y a mi buen murciélago
le dan su buen cabe.

Tal es el destino
de aquellos cobardes
que por ir seguros
juegan a dos ases.

Si triunfa el tirano,
esclavos los hace;
si triunfa el patriota
¿qué logran?…rascarse

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Moraleja del murciélago: el cobarde nunca hace acciones buenas o valientes, solo espera sacar un beneficio, que se puede regresar en su contra

El ruiseñor y el calesero

La siguiente fábula de Mariano Melgar narra la disputa entre un ruiseñor que entonaba hermosas melodías y un loro majadero.

Ambos cantaban con gran pasión, y el calesero siempre se inclinaba por el loro, es así, como el ruiseñor intercambia algunas palabras malhumorado contra aquel loro.

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El cual, sin mucha prisa le responde educadamente. ¿Cómo continua la historia?

«El buen gusto mis amos me han formado;
De la niña y su amor se les da un pito
Pero el teatro levan a los cielos,
Y hay bravos y palmadas a porfía,
Cuando hay encantador, diablos y vuelos»

Con toda la expresión de su dulzura
un Ruiseñor cantaba
su amor y su ternura,
a tiempo cabalmente que pasaba

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por la calle vecina un calesero,
que despreciando tan divino canto,
corrió a escuchar a un loro majadero,
no por que hiciese más, ni aun otro tanto
sino porque sin gracia, ni destreza,
como quiera decía:

“Chapín de la condesa”.
El Ruiseñor al ver su melodía
por una patarata despreciada,
le grita: “No perdono:
usted no tiene orejas, camarada”.

Debió gritar el ave con mal tono;
porque el buen calesero avergonzado
pudo apenas decir: “no señorito,
el buen gusto mis amos me han formado:

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De la Nina y su amor se les da un pito:
pero el teatro elevan a los cielos,
y hay bravos y palmadas a porfía,
cuando hay encantador, diablos y vuelos”.
Vaya que el calesero lo entendía.

Moraleja del ruiseñor y el calesero: los gustos populares son difíciles de comprender.

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Los Gatos

Esta fábula de Mariano Melgar cuenta la historia de una gata que parió a tres hermoso gatitos, uno blanco, uno negro y otro manchado.

Luego de la muerte de su madre quedaron huérfanos y un malvado perro los perseguía por maldad, entonces para protegerse, se juntaban los tres para hacer frente a aquel animal.

Sin embargo, cuando no estaban en amenaza no podían ponerse de acuerdo de quien debía mandar. Cada uno expuso sus razones. ¿Qué crees que dijeron?

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Una gata parió 3 gatitos: Uno blanco, uno negro, otro manchado. Luego que ellos quedaron huerfanitos.

Los perseguía un perro endemoniado. Y para dar el golpe a su enemigo no había más remedio que juntarse, y que la dulce unión fuese su abrigo.

Van pues a reunirse. Y al tratarse sobre cuál de ellos debe ser cabeza, maullando dijo el blanco:

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– A mi me toca por mi blancura, indicio de nobleza…

El negro contestó:

– Calla la boca, el más valiente y diestro mandar debe…

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– Malo –

dijo el manchado –

-si esto dura, temo que todo el diablo se lo lleve.¡ Unión y que mande el más digno…!

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– Eso es locura –

contestó el blanco y el negro le replicó.

Se dividen por fin en dos partidos. La ira y la confusión se multiplican; se arañan, gritan, y a sus alaridos acude mi buen perro y los destroza.

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Moraleja de los gatos: en la unión esta la fuerza, mientras un pueblo esta dividido es imposible derrotar a sus enemigos.

El cantero y el asno

La siguiente fábula de Mariano Melgar cuenta la historia de un cantero rollizo, el cual, de manera brusca y salvaje trataba muy mal a su tropa de asnos.

Molesto les exigía ser más veloces, gallardos y con brío, pero a la vez no los alimentaba y siempre se la pasaba pegándoles. En eso uno de ellos respetuosamente le responde que no pueden dar más si los tiene en pésimas condiciones. ¿Qué otras cosas le dijo al cantero?

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Nos dicen ciertas gentes
que es incapaz el indio;
yo voy a contestarles
con este cuentecito.

Baja una mañana
un cantero rollizo
repartiendo y lanzando
latigazos a gritos
sobre su infeliz tropa
de cargados borricos.

«¡Qué demonio de brutos!
¡Qué pachorra! …me indigno!
Los caballos son otros,
tienen viveza y brío;
pero a estos no los mueve
ni el rigor más activo».

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Así clamaba el hombre;
mas volviendo el hocico
el más martagón de ellos
en buena paz le dijo:

«¡tras cuernos palos! ¡Vaya!
nos tienes mal comidos
siempre bajo la carga,
¿y exiges así brío?
¿y con azote y palo
pretendes conducirnos?

¿y aún nos culpas de lerdos
estando en ti el motivo?
con comida y sin carga,
como se ve el rocino,
aprendiéramos luego
sus corbetas y brincos;

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pero mientras subsista
nuestro infeliz destino,
¡bestia el que se alentara!
lluevan azotes: lindo;
sorna y cachaza y vamos,
para esto hemos nacido».

Un indio, si pudiera,
¿no dijera los mismo?

Moraleja del cantero y el asno: no puedes exigir resultados diferentes cuando oprimes a un pueblo. Si le das las condiciones y medidas adecuadas, trabajaran como lo deseas.

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Las aves domésticas

Esta fábula de Mariano Melgar cuenta la historia de unos pavos soberbios y malvados que veían con desde a todas las aves. Las menospreciaban en gran manera y no podían apreciar la majestuosidad de las aves. Porque para ellas, los pavos eran los mejores. ¿Cómo creen que continua la historia?

Muy soberbios los pavos miraban
Con desprecio á otras aves de cría :
Con gran sorna cada uno decía:

« Palomitas, gallitos… no hay más! »
Cuando alguna gallina encontraban,
Ni mirarla : con gran reverencia

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La infeliz en su augusta presencia
Se postraba, queriendo agradar.
Su tertulia los gallos tenian;

Á la paz y á la union convidaban.
Aun algunos pichones entraban,
Pero pavos? ninguno, jamás.

Ya los otros sufrir no podian,
Renegaban mirando el ultraje;
Pero el amo templó su coraje
Con traerles un buen pavo real.

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De palomas y gallos bien pronto
Se hizo amigo ; pretende que luego
Haya en casa quietud y sosiego,
Y á los pavos intenta ablandar.

« Buena maula ¡ Quien viene con esto ! »
Le contestan hinchados los pavos :
« Qué avecita! valdrá dos ochavos;
A las otras en cuerpo es igual. »

No por esto el tal jefe desiste,
Se arma pronto y un cielo parece:
Cuanto bello la luz nos ofrece
Se reune y le viene á adornar.

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Más la turba soberbia resiste :
Tambien se arma, se vuelve, pasea
Con tal cara de orgullo, aunque fea.
Que los hizo, por fin, reventar.

A patadas y á pico deshacen
Su plumaje los gallos airados;
Ellos se arman así destrozados;
Más ya son un atroz matorral.

Si á unos hombres la pompa quitaran
Los que mandan, harían justicia;
Yo en los gallos no encuentro malicia,
¿ Y en los pavos ?… No es malo callar.

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Moraleja de las aves domesticas: si las personas de poder fueran menos soberbias y justas, la sociedad estaría mejores manos

El sol

La siguiente fábula de Mariano Melgar cuenta la historia de una señora de renombre que estando en su casa meditando, cree observar a unos sabios de Grecia, que vinieron a contarle una historia.

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Narraban que un día el Sol se le acerco a Júpiter para decirle que el búho estaba inconforme con su brillo, que el se molestaba cada vez que salía, pero que eso es algo que escapa de sus manos. ¿Qué creen que le dijo Júpiter al Sol?

A la señora María Josefa Rospigliosi,
Subdelegada de Chuquibamba
En el silencio de la noche oscura
meditaba a mis solas un agravio,
y, no sé si fue acaso ilusión pura
o fue verdad, aparecióse un sabio
de los que Grecia honraron: el gracioso,
el pensador Esopo; y con reposo:
«Oye amigo», me dijo, «oye este cuento».

«Quejóse el Sol a Júpiter un día
porque el búho vivía descontento
de su preciada luz y maldecía,
como la más horrible y fatal hora,
esa de la alborada que abre el día,
el claro tiempo de la bella aurora».

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Júpiter, por calmar sus desconsuelos,
«¿no ves, dice, a la reina de las aves,
que vuela a lo más alto de los cielos
por ver tu luz más viva? ¿Qué, no sabes
que esta atención es más que la perfidia
de la aves nocturnas? ¿Y su envidia
no te hace honor, en vez de rebajarte?
Anda, y gira contento por tu esfera,
que si el águila real vuelve a admirarte,
nada importa que un búho hollarte quiera».

«Lo que al Sol dijo Júpiter, te digo:
gloríate», añadió mi anciano amigo,
gloríate de ver que honrarte quiso,
creyéndote de luces adornado,
esa preciosa niña, que el cielo hizo
reina en su amable trato y en su agrado.

Esa águila sublime por sí basta
a complacerte, y el furor contrasta
de quien sin causa alguna te desprecia.

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Más honor por sí sola ella te ofrece
que cuanto contra ti la envidia necia
pudo hacer antes, ni después hiciese».

Dijo Esopo; y al punto, de mis ojos
desapareció. Volaron mis enojos;
cual humo se exhaló mi sentimiento;
y por lo mismo que tu aprecio raro
no merece mi escaso entendimiento,
lo estimo mucho más, y te declaro
que me atormento mientras llega el día
en que se muestre la gratitud mía.

Moraleja del sol: la gratitud es un don que no todos poseen.

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