+8 Fábulas de conejos ¡Fáciles de comprender!

Fábulas de conejos
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¿Cuáles son las mejores fabulas de conejos? Los conejos son animales tiernos y dóciles que suelen ser la compañía ideal para los más pequeños de la casa.

Estos animales por naturaleza les gusta comer zanahorias y son sumamente esponjosos y ligeros.

Las fábulas de conejos poseen grandes enseñanzas, y presentan historias divertidas y cómicas, ideales para niños de tres años en adelante.

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Estas historias suelen ser cortas, y poseen moralejas sencillas y fáciles de comprender.

+8 Mejores fábulas de conejos

De seguro haz leído una o dos fábulas sobre conejos, sin embargo, acá te presentamos un listado con más importantes y resaltante dentro de la literatura infantil. ¡Disfrútalas!

El conejo y el tigre

La siguiente fábula de conejos narra la historia de un pequeño e indefenso concejo que se encontraba descansado cerca de una pradera.

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De repente sobre el salta un feroz tigre que tenía días esperando el momento perfecto para comérselo. El conejo suplicaba por su vida, pero el tigre no hacia caso de sus alaridos.

Es así como el conejo intenta convencerlo diciéndole que el es dueño de unas vacas, que si le perdona la vida, le dará una vaca para que se alimente por varios días.

Al tigre le agrado la idea. Entonces se fueron los dos juntos a donde estaban las vacas. ¿Qué creen que paso luego?

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Cierto día, un conejo pequeño y dócil estaba descansando en una pradera cuando de repente saltó sobre él, sin que pudiera darse cuenta, un enorme tigre.

El conejo, asustado, solo pudo gritar:

– ¡No me comas, tigre!

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El tigre se extrañó, y le dijo:

– Conejo, he estado observándote durante días, esperando paciente para escoger el mejor momento. Estoy hambriento, y te voy a comer.

El conejo, lejos de rendirse, y aún sabiendo que estaba metido en un buen problema, intentó lo siguiente:

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– Tigre, ¿acaso no me has visto? ¡Estoy muy delgado! Si me comes, apenas te serviré de aperitivo. En cambio, soy dueño de un rebaño de vacas muy grandes y apetitosas. Su carne es muy sabrosa. Si me perdonas la vida, te regalaré una y podrás así tendrás comida para varios días.

El tigre entonces recapacitó. ¿Y si fuera verdad? Una vaca resolvería su problema de cazar para comer durante varios días.

– ¿Es cierto lo que me dices, conejo? ¿No me estarás engañando?

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– No, no, señor tigre. No osaría en engañarte. Mis vacas están en lo alto de esa ladera – dijo el conejo señalando a lo alto de una colina cercana- Si quieres, vamos hasta allí y te las enseño.

El tigre y el conejo se dirigieron hacia la colina. Cuando estaban cerca de la cima, el tigre vio unos bultos parduzcos a lo lejos. El conejo paró y le dijo:

– ¡Ahí están, ahí están! Yo subiré para que bajen. Espera aquí, tigre, y la vaca correrá ladera abajo. En cuanto la tengas cerca, atrápala.

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Al tigre le gustó la idea de no tener que subir el resto de la colina, pues ya estaba bastante cansado.

– De acuerdo, conejo, esperaré aquí a la vaca. Ten cuidado con engañarme, que te estaré vigilando.

El conejo subió a la cima de la colina. Pero los bultos que el tigre creía ser vacas, en realidad eran enormes piedras. El conejo, con ayuda de una rama y a modo de palanca, consiguió hacer rodar una de las enormes piedras y gritó:

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– ¡Vaca vaaaa! ¡Atrápala, tigre!

El tigre, deslumbrado por el sol que lucía en lo alto de la colina, solo pudo ver un bulto que se acercaba, y cuando al fin se dio cuenta de que en realidad era una piedra, era demasiado tarde.

¡Ya la tenía encima! Echó a correr. pero la piedra le pasó por encima. Quedó tan magullado que en cuanto pudo se fue corriendo, asustado, para no volver nunca más.

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Moraleja del conejo y el tigre: nunca juzgues a los demás pro su aspecto o tamaño, pueden llegar a ser sumamente inteligentes y astutos.

Los dos conejos

Esta fábula de conejos narra la historia de un conejo que era perseguido por dos perros, el conejo corrió tan rápido que logro dejar un poco atrás a ambos canes.

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Sin embargo, en medio de su huida encuentra a otro conejo que comienza a hablar con él, y a debatir de qué raza son ambos perros.

Mientras estos dos conejos discuten sobre la raza de ambos canes, los perros llegan hasta donde ellos esta. ¿Cómo creen que termina la historia?

Por entre unas matas,
seguido de perros
-no diré corría-
volaba un conejo.

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De su madriguera
salió un compañero,
y le dijo: ‘detente,
amigo, ¿qué es esto?’.

‘¿Qué ha de ser? -responde el conejo-;
sin aliento llego…
Dos pícaros galgos
me vienen siguiendo’.

‘Sí -replica el otro-,
por allí los veo…
Pero no son galgos’.
‘¿Pues qué son?’.
‘Podencos’.

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‘¿Qué? ¿Podencos dices?’
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo’.

‘Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso’.
‘Son galgos, te digo’.
‘Digo que podencos’.

En esta disputa
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.

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Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.

Moraleja de los dos conejos: nunca pierdas la vista de aquello que es más importante.

El conejo y el león

Esta fábula es una pequeña extracción de un libro de psicoanálisis, donde un celebre estudioso noto como en medio de la selva, aparecen en escena un león y un conejo, ninguno se había percatado de la presencia del otro.

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Pero al hacerlo, ambos animales reaccionaron por naturaleza. El león rugió y mostró ampliamente su melena, mientras que el conejo lo observo detenidamente, y utilizo toda su fuerza para correr.

Al caer la tarde vio aparecer, por un lado, al conejo; por otro, al león.

En un principio no sucedió nada digno de mencionarse, pero poco después ambos animales sintieron sus respectivas presencias y, cuando toparon el uno con el otro, cada cual reaccionó como lo había venido haciendo desde que el hombre era hombre.

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El león estremeció la selva con sus rugidos, sacudió la melena majestuosamente como era su costumbre y hendió el aire con sus garras enormes; por su parte, el conejo respiró con mayor celeridad, vio un instante a los ojos del León, dio media vuelta y se alejó corriendo.

De regreso a la ciudad el célebre psicoanalista publicó cum laude su famoso tratado en que demuestra que el león es el animal más infantil y cobarde de la selva, y el conejo el más valiente y maduro.

El león ruge y hace gestos y amenaza al universo movido por el miedo; el conejo advierte esto, conoce su propia fuerza, y se retira antes de perder la paciencia y acabar con aquel ser extravagante y fuera de sí, al que comprende y que después de todo no le ha hecho nada.

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Moraleja del conejo y el león: las cosas no son siempre como parecen. Las apariencias suelen engañar.

El hormiguero y el conejo

La siguiente fábula de conejos cuenta la historia de un grupo de hormigas que vivían en un hormiguero.

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Ellas tenían tiempo recolectando comida para el invierno, sin embargo, por ahí se la pasaban dos conejos traviesos que no median sus juegos.

Cierto día uno de los conejos tropezó con el hormiguero y lo destruyo. Muy apenado le pide disculpas a las hormigas, y estas le dicen que debe ayudar a reparar el hormiguero. ¿Qué creen que hizo el conejo?

En un frondoso bosque en el que varias especies compartían hogar, había un hormiguero en el que las pequeñas hormigas se disponían a reunir comida para el invierno.

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Mientras eso sucedía, dos juguetones conejos pasaban por los alrededores: iban y venían corriendo hasta que uno de ellos pasó sobre el hormiguero destruyendo parte de él. Al darse cuenta de lo que había hecho, el conejo volvió a donde las hormigas y les dijo:

—Lo siento mucho, la próxima vez tendré más cuidado.

—Si de verdad lo sientes, ayúdanos a reparar el daño; aún tenemos mucho trabajo —replicaron las hormigas y el conejo accedió.

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Días después, el conejo volvió a pasar corriendo por las cercanías, pero esta vez porque era perseguido por un depredador de la zona.

Cuando las hormigas se dieron cuenta de esto, decidieron ayudar al conejo como éste lo había hecho previamente; todas ellas treparon en el puma que la seguía dejándole ronchas en todo el cuerpo, por lo que el animal tuvo que retirarse a sanar sus picaduras.

Moraleja del hormiguero y el conejo: siempre hazte responsable por tus errores, y repáralos, para que no dejes enemigos regados por el camino

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La mariposa y los conejos

Esta fábula de conejos cuenta la historia de un hermoso y presumido conejo que poseía un hermoso y suave pelaje. Todos los animales que vivían cerca de el, lo admiraban y llenaban de halagos.

Cierto día una mariposa cayó por accidente al rio y se estaba ahogando. El señor topo le pidió al conejo que la salvara porque él era el mejor nadador.

Sin embargo, el conejo no quiso, porque vio el agua negra y pensó que su pelaje se arruinaría. En eso sale de la nada un conejo feo, y se lanza al rio. ¿Cómo continua esta historia?

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En un claro del bosque vivía un conejo muy hermoso, con la cola esponjada y la piel resplandeciente. Era tan bonito que todos los animales se detenían para verlo y dedicarle halagos, y él, sintiéndose más importante de lo que era, alzaba la nariz y se sentía mejor que los demás. Lo que no sabía era que muy pronto, iba a recibir una lección.

Aquel día una pequeña mariposa volaba por encima del río. De pronto, por accidente, cayó al agua y empezó a ahogarse ante la mirada asustada del resto de los vecinos.

El topo, como buen amigo suyo, fue a pedirle ayuda al conejo.

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—Conejo, usted sabe nadar muy bien —le dijo con apuro—, por favor, ¡salve a la mariposa! La pobrecita se está ahogando y no hay nadie que se atreva a ir por ella.

Pero el conejo miró en dirección al río e ignorando a la mariposita, arrugó la nariz con crueldad y dijo:

—¡Yo no voy a meterme ahí ni por todas las zanahorias del mundo! ¿Ya viste lo sucia que está el agua? Un agua tan negra como esa no puede ser buena para mi piel.

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El topo intentó convencerlo de cambiar de opinión, le rogó y le suplicó mirando con angustia a la mariposa, que apenas y podía mantenerse a flote. Pero por más que hizo, el conejo no quiso hacer nada.

En ese momento, un segundo conejo apareció en el claro. Era un animal muy feo, con el pelaje enredado y que estaba en los huesos. Apenas y le dio tiempo de decirle buenos días al topo, porque fue y saltó al agua para rescatar a la mariposa.

Todos los animales lo miraban asombrados. Nadie nunca había sido amable con él debido a su desagradable apariencia. Sin embargo ahí estaba, dispuesto a dar su vida por salvar la de esa pequeña criatura.

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Cuando el conejo salió del río, llevando a la mariposa en la cabeza, los animalitos aplaudieron y lo ovacionaron como a un héroe, mientras que la mariposa se abrazó a él, agradecida.

—¡Qué malos hemos sigo contigo! —le dijo el topo— Ahora sabemos bien que la belleza exterior no es tan importante. Lo que de verdad importa, es tener un buen corazón.

Y he aquí que como el agua había lavado toda la suciedad del conejito, ahora él ya no se veía tan mal. Los animales lo ayudaron a secarse y cuando terminaron, su piel lucía tan suave y almidonada como la del conejo guapo, y su cola parecía una bolita de algodón. Ahora él era el animal más bello del claro, y no solo por fuera, sino también por dentro.

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Desde ese día nadie volvió a admirar al primer conejo, pues aunque seguía siendo lindo por fuera, por dentro seguía siendo malo y presumido.

Moraleja la mariposa y los conejos: las cosas más importantes en esta vida no es el dinero o la belleza externa, sino tener un corazón noble y presto para ayudar a los demás

Tío Tigre y Tío Conejo

Esta fábula de conejos cuenta la historia de un astuto conejo que al verse amenazado por la muerte inminente logra engañar a un feroz tigre.

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Este conejo convence al tigre de no comérselo porque es muy flaco y desnutrido, pero que el tenía muchas vacas jugosas y gordas que le podía dar si lo dejaba vivir.

Al tigre le gusto la idea, y ambos fueron a la cima de una colina a buscar a las vacas. Sin embargo, las vacas en realidad eran enormes rocas. ¿El tigre se pudo comer las vacas?

Una calurosa mañana, se encontraba Tío Conejo recolectando zanahorias para el almuerzo. De repente, escuchó un rugido aterrador: ¡era Tío Tigre!

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—¡Ajá, Tío Conejo! —dijo el felino—. No tienes escapatoria, pronto te convertirás en un delicioso bocadillo.

En ese instante, Tío Conejo notó unas piedras muy grandes en lo alto de la colina e ideó un plan.

—Puede que yo sea un delicioso bocadillo, pero estoy muy flaquito —dijo Tío Conejo—. Mira hacia la cima de la colina, ahí tengo mis vacas y te puedo traer una. ¿Por qué conformarte con un pequeño bocadillo, cuando puedes darte un gran banquete?

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Como Tío Tigre se encontraba de cara al sol, no podía ver con claridad y aceptó la propuesta. Entonces le permitió a Tío Conejo ir colina arriba mientras él esperaba abajo.

Al llegar a la cima de la colina, Tío Conejo gritó:

—Abre bien los brazos Tío Tigre, estoy arreando la vaca más gordita.

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Entonces, Tío Conejo se acercó a la piedra más grande y la empujó con todas sus fuerzas. La piedra rodó rápidamente.

Tío Tigre estaba tan emocionado que no vio la enorme piedra que lo aplastó, dejándolo adolorido por meses.

Tío Conejo huyó saltando de alegría.

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Moraleja de Tío Tigre y Tío Conejo : siempre es más importante ser astuto e inteligente, que fuerte y arrogante.

El conejo Perico

La siguiente fábula de conejos narra la historia de un astuto y travieso conejo llamado Perico. El cual, vivía tranquilamente en una colonia.

Sin embargo, existía un temido lobo que con su escopeta aterrorizada a todos los animales.

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Les robaba y si se resistían les disparaba o golpeaba. Cierto día el lobo se presento donde estaba el conejo Perico, pero él ya había pensado en un ingenioso plan para deshacerse de él. ¿Qué creen que hizo el conejo Perico?

Había una vez un conejo muy astuto y travieso llamado Perico, que tenía un espléndido pelaje color blanco y una bella y arreglada casita, en la que era muy feliz.

Perico tenía por costumbre ir cada tarde a un profundo pozo en el que se tiraba a descansar mientras tomaba el sol y bebía rica agua cada vez que la sed asomaba a su cuerpo.

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Sin embargo, un día esta costumbre de Perico le trajo una mala pasada. Resulta que cerca de allí pasó el malvado lobo, que con su escopeta y fiereza tenía asustados a todos los animales de la comarca, a los que robaba sus pertenencias.

Aquel que se resistiese a las amenazas del malvado animal podía pagar con su vida o, en el mejor de los casos, llevarse una fea herida producto del perdigonazo que el lobo les lanzaba con su arma.

Tan cerca estaba el lobo de Perico ese día, que este no vio cómo evitar al fiero animal y entendió que lo mejor era pensar un buen plan y rápido.

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Así, cuando el lobo llegó al pozo ya el conejo lo tenía todo ideado.

-Dame todas tus pertenencias sin chistar o pagarás con tu vida –dijo con fiereza el temido animal.

Pero Perico hizo como si no lo hubiese escuchado y fingió estar llorando y lamentándose por algo mayor que el resto de sus pertenencias.

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-¿Por qué precisamente hoy tenía que pasarme esto a mí? –gemía Perico.- Venir a perder exactamente hoy mi gran medalla de oro.

Al escuchar hablar de oro el lobo se desentendió de todo lo demás.

-¿Cómo que oro? ¿Qué medalla? ¿Dónde? –preguntaba incoherentemente a Perico.

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Astutamente este le dijo:

-Una medalla de oro muy grande que mi familia siempre ha poseído y que tontamente se me ha escabullido de las manos, para ir directo al fondo del pozo. Tendré que sumergirme y buscarla.

-Alto ahí orejón –ordenó el lobo. –La buscaré yo pues será para mí esa medalla, así que quieto, no te muevas y explícame sin chistar dónde exactamente se cayó.

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Sin pensarlo el lobo se desprendió de su ropa y escopeta, y descendió al fondo del pozo.

Buscó y buscó, pero no hallaba nada, solo escuchaba la bulliciosa risa de Perico, que lo había engañado fácilmente.

-¿De qué ríes? –preguntó a Perico.

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-Pues vea usted, me río de que vino a robarme y ahora será usted el dañado. Me llevaré sus ropas y su escopeta, y más nunca asustará ni robará a ningún otro animal –explicó el conejo, que dicho y hecho, dejó desnudo y desarmado en el fondo del pozo al tonto lobo.

Cuando este pudo salir del pozo fue motivo de burla por andar desnudo. Más nunca estafaría ni haría temer a nadie más, y todo gracias a la astucia del conejo Perico.

Moraleja del conejo Perico: nunca subestimes la astucia e inteligencia de los más pequeños, porque te puedes llevar grandes sorpresas.

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El Conejo Temeroso

Esta fábula de conejos narra la historia de un conejo temeroso, que se la pasaba encerrado en su agujero para evitar morir afuera. Este conejo siempre pensaba en la muerte, y se asustaba de cualquier sonido o sombra.

El sabia que debía hacer algo para corregir aquel miedo, pero no sabía que. Cierto día, el conejo temeroso salió de su agujero y noto como las pequeñas ranas se escondían al verlo. ¿Por qué creen que sucedía esto?

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Estaba un conejo en su agujero, pensando y meditando sobre su vida: Todo el tiempo tenía miedo, cualquier sombra o sonido lo asustaba. Todo el tiempo se encontraba nervioso, pensando en que algo malo en cualquier momento le iba a pasar.

«De seguro algún sabio me diría: «¡Corrige tu problema!», pero, ¿Cómo corrijo el miedo? Hasta los humanos llegan a tener tanto miedo como yo»

Mientras caminaba fuera de su madriguera, escucho un pequeño ruido. Caminando de nuevo a su madriguera, vio como al pasar por una charca, las ranas se iban alejando y escondiendo de el.

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Pensó, que el también causaba el mismo miedo que sentía. ¿Cómo puedo causar ese miedo en otros animales, siendo que yo también tengo ese miedo?

Moraleja del conejo temeroso: es normal tener miedo, ya que, todos le temen a algo, sin embargo, no dejes que ese medio defina tu vida o la gobierne.

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