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+5 Fábulas de navidad ¡Historias navideñas con grandes lecciones!

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La navidad es la mejor época del año, sobre todo para los más pequeños de la casa. En esos días se conmemora el nacimiento del niño Jesús, y ese mismo día los niños suelen recibir regalos si se han portado bien durante todo el año. Es así, como los niños esperan con ansias esas fechas.

Las fábulas de navidad suelen tomar experiencias navideñas y las convierten en historias con grandes lecciones. La navidad es la época perfecta para ser generoso, solidario, y sobre todo una buena persona. Inculca en tus hijos estos valores, a través de hermosas fábulas de navidad.

+5 Hermosas fábulas sobre la navidad (Cortas y Largas)

De seguro no sabías que existían fábulas de navidad. Es que la verdad, no son muy comunes. Es por eso que te dejamos acá las mejores seis, para que conozcas como son

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El arbolito de Navidad

Esta fábula de navidad narra la historia de una familia muy pobre, que al acercarse la navidad no tenían nada que llevar a la mesa. Es así como el padre de la familia decide vender unos arboles de navidad para ganar dinero y poder comprar un rico pavo para su familia.

Se levanto muy temprano y fue a cortar varios pinos, sin embargo, paso algo de tiempo y nadie le compraba los arboles así que, decidió regalarlos a las familias más pobres.

En la noche de navidad, el hombre llego a su casa, y encontró la mesa llena de comida. ¿Quién cree que ayudo al hombre  su familia?

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Érase una vez, hace mucho tiempo, una isla en la que había un pueblecito. En ese pueblecito vivía una familia muy pobre. Cuando estaba próxima la Navidad, ellos no sabían cómo celebrarla sin dinero.

Entonces el padre de la familia empezó a preguntarse cómo podía ganar dinero para pasar la noche de Navidad compartiendo un pavo al horno con su familia, disfrutando de la velada junto al fuego.

Decidió que ganaría algo de dinero vendiendo árboles de Navidad. Así, al día siguiente se levantó muy temprano y se fue a la montaña a cortar algunos pinos.

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Subió a la montaña, cortó cinco pinos y los cargó en su furgoneta para venderlos en el mercado. Cuando solo quedaban dos días para Navidad, todavía nadie le había comprado ninguno de los pinos.

Finalmente, decidió que puesto que nadie le iba a comprar los abetos, se los regalaría a aquellas personas más pobres que su familia. La gente se mostró muy agradecida ante el regalo.

La noche de Navidad, cuando regresó a su casa, el hombre recibió una gran sorpresa. Encima de la mesa había un pavo y al lado un arbolito pequeño.

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Su esposa le explicó que alguien muy bondadoso había dejado eso en su puerta.

Aquella noche el hombre supo que ese regalo tenía que haber sido concedido por la buena obra que él había hecho regalando los abetos que cortó en la montaña.

Moraleja del árbol de navidad: siempre has el bien, así no tengas mucho con que contribuir. El bien que haces siempre se te regresa.

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El niño descalzo

La siguiente fábula de navidad cuenta la historia de Pierre un pobre niño que había perdido a sus padres y vivía con una tía malvada.

Su tía nunca le demostraba cariño, ni afecto, era tan mala que ni lo felicitaba el día de su cumpleaños, pero a pesar de ser tan mala aquella mujer, Pierre tenía un corazón noble y bondadoso. Su tía era muy avara y no le compraba zapatos a Pierre, es por esto, que los suyos estaban feos y desgastados, pero los usaba igual.

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El 24 de diciembre Pierre estaba contento porque ya pronto tendría regalos debajo del árbol. Pero al salir de la misa, vio a un niño pobre que vestía de blanco y no tenía zapatos, así que él le dio los suyos. ¿Quién creen que era ese niño?

Pierre era un niño que había perdido a sus padres y vivía con su tía, una mujer muy egoísta y avariciosa. Ella nunca le demostraba cariño. Ni siquiera le felicitaba por su cumpleaños. El pequeño, sin embargo, tenía un corazón bondadoso. Su tía era tan avara, que desde hacía tiempo no le compraba zapatos. Pierre se tallaba él mismo unos zuecos con un poco de madera.

El 24 de diciembre, Pierre estaba muy nervioso, ya que sabía que esa noche vendría Papá Noel. Esta deseando llegar a casa para dejar sus zuecos junto a la ventana. Sin embargo, al salir de la Misa del Gallo, Pierre vio a un niño muy pobre que tiritaba de frío en un rincón de la acera. No tenía zapatos y vestía de blanco. A Pierre le dio tanta pena, que se quitó uno de sus zuecos y se lo ofreció al niño.

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Al regresar a casa, la tía de Pierre se enfureció al verle.

– ¡Ya has perdido uno de tus zuecos!- le gritó al niño- Ahora querrás tallar otro con uno de mis troncos para la chimenea. ¡Me lo tendrás que pagar! Por malo, esta noche en lugar de Papá Noel, vendrá el tío Latiguillo y te traerá carbón.

Pierre se fue muy triste a su cama. Pero antes dejó el zueco que le quedaba junto a la chimenea.

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Al día siguiente, Pierre se llevó una gran sorpresa. Se levantó muy temprano, porque apenas podía dormir, y junto a la chimenea descubrió todos los regalos que deseaba recibir: abrigos, ropa nueva, zapatos, cuadernos para el colegio y algún juguete. Pierre fue corriendo a la ventana y al mirar al cielo, descubrió el trineo de Papá Noel que se alejaba. A su lado, viajaba un niño vestido de blanco. El niño al que le regaló su zueco. ¡Era el niño Jesús!

Moraleja del niño descalzo: has el bien sin mirar a quien

El hombre de jengibre

Esta fábula de navidad cuenta la historia de una viejecita que en noche buena decidió hornear unas ricas galletas. Con mucho amor y cariño horneo a un hombre de jengibre.

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Lo coloco en el horno, y al momento de sacarlo, el hombre de jengibre salió corriendo y cantando. Y así la viejecita corrió detrás de él, pero luego el hombre de jengibre se encontró con un cerdo y un pato, y todos deseaban comérselo.

Pero ninguno pudo alcanzarlo, hasta que se topo con un astuto zorro. ¿Cómo creen que continua la historia?

Érase una vez, una mujer viejecita que vivía en una casita vieja en la cima de una colina, rodeada de huertas doradas, bosques y arroyos. A la vieja le encantaba hornear, y un día de Navidad decidió hacer un hombre de jengibre. Formó la cabeza y el cuerpo, los brazos y las piernas. Agregó pasas jugosas para los ojos y la boca, y una fila en frente para los botones en su chaqueta. Luego puso un caramelo para la nariz. Al fin, lo puso en el horno.

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La cocina se llenó del olor dulce de especias, y cuando el hombre de jengibre estaba crujiente, la vieja abrió la puerta del horno. El hombre de jengibre saltó del horno, y salió corriendo, cantando:

– ¡Corre, corre, tan pronto como puedas! No puedes alcanzarme. ¡Soy el hombre de jengibre!

La vieja corrió, pero el hombre de jengibre corrió más rápido. El hombre de jengibre se encontró con un pato que dijo

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– ¡Cua, cua! ¡Hueles delicioso! ¡Quiero comerte!

Pero el hombre de jengibre siguió corriendo. El pato lo persiguió balanceándose, pero el hombre de jengibre corrió más rápido. Cuando el hombre de jengibre corrió por las huertas doradas, se encontró con un cerdo que cortaba paja. El cerdo dijo:

– ¡Para, hombre de jengibre! ¡Quiero comerte!

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Pero el hombre de jengibre siguió corriendo. El cerdo lo persiguió brincando, pero el hombre de jengibre corrió más rápido. En la sombra fresca del bosque, un cordero estaba picando hojas. Cuando vio al hombre de jengibre, dijo:

– ¡Bee, bee! ¡Para, hombre de jengibre! ¡Quiero comerte!

Pero el hombre de jengibre siguió corriendo. El cordero lo persiguió saltando, pero el hombre de jengibre corrió más rápido. Más allá, el hombre de jengibre podía ver un río ondulante. Miró hacia atrás sobre el hombro y vio a todos los que estaban persiguiéndole:

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– ¡Paa! ¡Paa! – exclamó la vieja

– ¡Cua, cua! – graznó el pato

– ¡Oink! ¡Oink! – gruñó el cerdo

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– ¡Bee! ¡bee! – baló el cordero

Pero el hombre de jengibre se rió y continuó hacia el río. Al lado del río, vio a un zorro. Le dijo al zorro:

– He huido de la vieja y el pato y el cerdo y el cordero. ¡Puedo huir de ti también! ¡Corre, corre, tan pronto como puedas! No puedes alcanzarme. ¡Soy el hombre de jengibre!

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Pero el zorro astuto sonrió y dijo:

– Espera, hombre de jengibre. ¡Soy tu amigo! Te ayudaré a cruzar el río. ¡Échate encima de la cola!

El hombre de jengibre echó un vistazo hacia atrás y vio a la vieja, al pato, al cerdo y al cordero acercándose. Se echó encima de la cola sedosa del zorro, y el zorro salió nadando en el río. A mitad de camino, el zorro le pidió que se echara sobre su espalda para que no se mojara. Y así lo hizo. Después de unas brazadas más, el zorro dijo:

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– Hombre de jengibre, el agua es aun más profunda. ¡Échate encima de la cabeza!

– ¡Ja, Ja! Nunca me alcanzarán ahora rió el hombre de jengibre.

– ¡Tienes la razón! chilló el zorro.

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El zorro echó atrás la cabeza, tiró al hombre de jengibre en el aire, y lo dejó caer en la boca. Con un crujido fuerte, el zorro comió al hombre de jengibre.

La vieja regresó a casa y decidió hornear un pastel de jengibre en su lugar.

Moraleja del hombre de jengibre: no te aferres a las cosas, siempre busca el lado positivo de todo.

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Una lección para Jaime

Esta fábula de navidad cuenta la historia de Jaime un niño caprichoso y malcriado que quería toda clase de juguetes para navidad. Todo juego y  juguete que veía en la calle lo quería para él, y lo iba anotando en su lista para Santa Claus.

Sus padres intentaban explicarle que Santa no siempre puede traer todos los regalos, porque hay muchos niños en el mundo. Pero Jaime no entendía, el solo lloraba y hacia pataletas. Es así como sus padres deciden darle una lección.

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Le escriben a Santa y le dicen que le lleve todos los regalos que Jaime pidió, para darle una lección. ¿Qué creen que paso?

Jaime era un niño muy caprichoso. Siempre estaba pidiendo. Desde hacía semanas no paraba de pedir regalos y juguetes porque sabía que se acercaba la Navidad. Todo cuento que veía, quería que se lo trajera Papá Noel.

Sus papás trataban de explicarle que en el saco rojo de Santa Claus, aunque era mágico, no cabría todo, porque también debía llevar juguetes para el resto de niños de todos los rincones del mundo. Pero, Jaime no quería entenderlo. Se tiraba al suelo y montaba una pataleta. Fue entonces cuando sus papás decidieron darle un escarmiento.

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Llegó el día de Navidad. Y con él los abuelos, los tíos y los primos para disfrutar de una gran comida y celebrar todos juntos el día. Pero Jaime apenas tuvo tiempo de saludarles y comer porque se pasó toda la mañana sentado al pie del árbol de Navidad abriendo sus regalos.

Y es que, sus papás habían escrito una carta a Papá Noel pidiéndole que le trajeran a Jaime todo cuanto había pedido para que aprendiera una importante lección. Mientras sus primos jugaban entre ellos, reían, salían a la calle a hacer un muñeco de nieve y una guerra de bolas de nieve; Jaime no cesaba de desenvolver paquetes.

Al principio era divertido, pero con el paso de las horas ya no le hacía ilusión rasgar los papeles ni descubrir el juguete que había dentro. Jaime estaba triste y agotado. Tenía más juguetes que nunca, pero había sido el peor día de Navidad de su vida. De fondo podía oír brindar a su familia, cantar canciones populares y reírse mientras contaban anécdotas. Y él se lo estaba perdiendo todo.

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Y así, Jaime entendió que lo importante de la Navidad no son los juguetes, sino el poder disfrutar de la familia y los amigos. Comprendió que es más importante compartir nuestro tiempo con las personas que queremos que convertirse en el niño con más juguetes del mundo

Moraleja de una lección para Jaime: lo más importante de la navidad es poder compartir con tus familiares y seres queridos, no son los regalos.

Caos mágico

La siguiente fábula de navidad cuenta la historia del mundo de fantasía donde vivía Papa Noel. Todos en aquel lugar estaban atareados y agotados por tantas cartas que leer y regalos que elaborar.

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Desde los duendes, hasta las hadas estaban asustados de no cumplir con los encargos, ya que, el reloj marcaba que pronto sería noche buena. Es así como Papa Noel, decidió proyecta algo en el cielo del mundo de fantasía, para darle animo a sus habitantes. ¿Qué creen que se proyecto en aquel lugar?

Tan solo faltaba una semana para la noche de Navidad y aún quedaba mucho trabajo por hacer. En el Mundo de Fantasía se seguían recibiendo cartas con peticiones para Papá Noel. Todos estaban dando lo mejor de sí mismos, pero el calendario marcaba en rojo el día 25 de diciembre y los nervios hacían pensar que no iban a llegar a tiempo con todos los regalos empaquetados.

Mamá Noel vivía al borde de un ataque de nervios. Por sus manos pasaban cientos de cartas a la hora; cartas que ella debía distribuir entre duendes, enanos, hadas, gnomos y elfos para que encontraran en el almacén mágico el regalo solicitado. Después este sería incluido en el saco mágico con el que Papá Noel surcaría el cielo montado en el trineo que debía conducir el reno Rudolf.

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Todos estaban agotados, apenas tenían fuerzas. Todo el Mundo de Fantasía estaba lleno de celofán de colores, cajas de diferentes tamaños, cintas brillantes, purpurina… ¡reinaba el caos! Las hadas apenas podían revolotear ya que llevaban días, incluso algunas semanas, sin dormir. Los enanos no recordaban un trabajo tan duro, ni cuando en los cuentos tenían que trabajar en la mina. Todos empezaban a pensar que los niños ya no sabían imaginar, porque cada año pedían más regalos.

Papá Noel sabía que no podía decepcionar a los más pequeños de las casas. Así que se le ocurrió una gran idea. Reunió a todos los habitantes de Mundo Fantasía en la Gran Plaza de los Sueños. Les hizo mirar al cielo y proyectó sobre las nubes las caritas de todos los niños del mundo mientras se escuchaba la risa de estos.

Al instante las fuerzas volvieron a los duendes, enanos, hadas, gnomos y elfos que rápidamente emprendieron el trabajo. Todos habían comprendido por qué trabajaban tan duro. Y es que, la ilusión de un niño es lo que mantiene vivo al Mundo de Fantasía, a ella le debe su existencia. Se dieron cuenta de por qué hay que fijarse siempre en las pequeñas cosas, porque son los gestos más sencillos los que más ilusionan. ¡Ahí radica la magia! ¡Ese el verdadero espíritu navideño! Si los niños dejan de imaginar y de soñar, la fantasía desaparecerá. Si todos los niños mantienen siempre la ilusión, Papá Noel acudirá a su cita navideña.

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¡Ho, Ho, Ho

Moraleja del caos mágico: los detalles más pequeños e insignificantes son los que mas puedes llegar a ilusionar.

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